Hacia el 18 de Julio: una pequeña reflexión

16 Julio, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Esta semana, excepcionalmente, añado al post sobre las responsabilidades por el bombardeo de Gernika una somera reflexión sobre las incurridas hace ahora 81 años. Es más que verosímil que las revistas de historia y los periódicos dediquen algún espacio al recuerdo. Suele ser algo habitual casi todos los aniversarios. El 18 de julio de 1936 es una fecha señera en la historia de España. Punto. Un poco como también lo es el 2 de mayo de 1808 que tanto celebró una de las expresidentas de la Comunidad de Madrid de cuyo nombre no quiero acordarme.

En realidad, a los historiadores franquistas no les pasó desapercibido el carácter de ruptura que ambas fechas significaron en relación con la evolución precedente. Todavía recuerdo un horrible panfleto (creo que fue premio extraordinario del doctorado en Ciencias Políticas) de un teniente general llamado Chamorro. Trazó un paralelo entre ambas fechas forzando todo lo que cabía forzar. Naturalmente, el libro fue declarado de interés para el Ejército. Lo cual supondría, imagino, que las bibliotecas militares lo comprarían a espuertas. Quizá hasta lo hicieron segmentos de la oficialidad.

Aquí quiero traer a colación un aspecto particular. Todavía no se han apagado los ecos de una reciente obra que ponía a caldo las elecciones de febrero de 1936 y deslegitimaba al Gobierno salido de ellas. Tal obra prosigue una tradición que se remonta a los comienzos mismos del golpe y está en el surco abierto por el infame dictamen sobre la ilegitimidad de los poderes actuantes en 18 de julio de aquel año. A la Fundación Nacional Francisco Franco no se le escapó el hilo conductor que, eso sí con la boca pequeña, negaron sus autores. ¡Faltaría más! No en vano se presentan, en su propia autoconcepción, como historiadores “científicos” y en modo alguno “de combate”. Alguna revista académica prepara ya una larga reseña sobre los esfuerzos de tan denodados “científicos”. La han precedido comentarios de varios historiadores que han subrayado la inanidad de numerosas afirmaciones de quienes, en realidad, son “combatientes por la verdad de las derechas”.

Personalmente tengo curiosidad por saber cuántos esforzados historiadores o gacetilleros pro-franquistas, neo-franquistas, para-franquistas o, simplemente, en la misma cuerda que los autores del mencionado libro han encontrado tiempo, ganas y documentos para  derrumbar y hacer pedazos otra tesis, que ya arrumbaba otro de los mitos centrales de la versión pro-franquista del “18 de julio”.

Tal tesis es que no fueron los falangistas (lumpen o no lumpen) los que más se preocuparon de debelar por las armas al Gobierno republicano sino los políticos y militares alfonsinos, reaccionarios, de Renovación Española, que habían ido calentando motores y ambiente. Todos, ni siquiera hay que decirlo, monárquicos de pelo en pecho.

Lo hicieron mediante una campaña de propaganda que presentó al país al borde del abismo. Exageraron a todo trapo las violencias de la primavera de 1936 y OCULTARON que ya desde el mes de marzo contaban con una sustanciosa donación del banquero Juan March (medio millón de libras de la época) para adquirir material aeronáutico en Italia. No para hacer ejercicios de vuelo que tanto agradarían a algunos conspiradores como Kindelán.

También cabe esperar con expectación si alguno de tantos y tan eminentes investigadores está teniendo más suerte que servidor y ha descubierto (probablemente en archivos particulares) documentación que permita aclarar las negociaciones que en aquella primavera tuvieron los conspiradores monárquicos con los fascistas italianos. Los resultados se conocen hoy y para contrastarlos no hay que desplazarse a Roma, Berlín o Washington. Basta con darse un pequeño garbeo por un conocido archivo sito en la madrileña calle de Alcalá, casi enfrente de la estatua ecuestre del general Espartero. Cabe, incluso, compatibilizarlo con otro no menos interesante paseito por el Parque del Retiro que ya ha reencontrado su antiguo esplendor.

Mientras tanto, ¿ha explicado algún historiador o gacetillero pro-franquista, neo-franquista, para-franquista o simplemente de derechas cómo se llegó al compromiso fascista de suministrar bombardeos, cazas y transportes amén de unos cuantos hidroaviones -que supongo interesarían a March para proteger su feudo insular? Porque la primera hornada, que se pagó a toca teja, estaba prevista para el mismo mes de julio.

Personalmente no conozco a ningún autor que haya hecho incursiones en terreno tan poco propicio. A mi humilde entender no es nada sorprendente. El resultado contractual explica que los superpatriotas monárquicos no tuvieron el menor empacho en llegar a acuerdos con los fascistas italianos mientras su propaganda (¡oh, páginas del venerable ABC de la época!) se deshacía en “informaciones” sobre la inminencia de una revolución izquierdista amparada, ¡cómo no!, por los brazos de la hidra que emanaba de la Komintern. (Posteriormente, según el profesor Payne para quien el comunismo ya no tiene atractivo, la hidra en realidad habría sido socialista-revolucionaria).

Ni siquiera el más eminente hagiógrafo de “San” José Calvo Sotelo parece haber hecho progresos en la aclaración de las conexiones operativas con los fascistas del tan idolatrado “proto-mártir”. Una pena. Pero quienes ni lo idolatran ni tampoco lo consideran proto-mártir están en su derecho al especular en lo que hubiera podido pasar de haberse enterado el Gobierno de lo que a todas luces era una conspiración que caía dentro de los supuestos del código penal de la época y estaba, además, amparada por una potencia extranjera. No la URSS sino la Italia fascista.

En lo que a mí respecta, reconozco que los antecedentes del 18 de julio de 1936 me han llevado siempre por la calle de la amargura. En mi tesis doctoral abordé el análisis de los antecedentes de la intervención nazi en la sublevación y en la guerra civil. Hace de eso más de cuarenta años. Se dice pronto. Casi otros tantos pasé estrujándome las meninges por si habría habido o no alguna conexión operativa por parte fascista, aparte de la financiación a la Falange joseantoniana. Tras abordarla, he seguido “machacándome” para indagar algo más de lo que ya se conoce en lo que se refiere a las vetas todavía oscuras del 18 de julio de 1936.

El año próximo aparecerá un libro colectivo en el que se reflejarán los progresos. Pero ya adelanto que son insuficientes. Para avanzar será preciso entrar en archivos privados. De quienes dejaron testimonio (los marqueses de Luca de Tena, el expreceptor del rey Juan Carlos, Eugenio Vegas Latapié, Pedro Sainz Rodríguez, Juan Antonio Ansaldo, etc.) no cabe fiarse del todo. Hubo personajes más prometedores.

¿Cuál es mi impresión al día de hoy? La de que los monárquicos con Sanjurjo al frente preparaban una restauración de la monarquía, quizá tras un período de subsistencia de la forma republicana de gobierno mientras asentaban un régimen militar fuerte, con Sanjurjo. Pero su idea era que Calvo Sotelo se pusiera a la cabeza del Ejecutivo. Esto tenía la ventaja de atraer a Mussolini para que pensase en un trasunto español de Italia: un régimen fascistizado, de tipo monárquico, con un rey como figura bastante hueca y un dictador civil en la figura de Calvo Sotelo.

Tengo que decir que algunos papeles dispersos en un archivo privado, pero de acceso público, apuntan en esa dirección, pero son insuficientes. ¿Adónde habrán ido a parar los documentos de un contrabandista de postín, hoy desconocido, como el posterior marqués de Desio? Él debería haber sabido mucho de tales temas.

(Este pequeño post aparece exactamente el 16 de julio. Tiene su explicación en el manuscrito ya en manos de Crítica).