UN CHORRO DE LIBROS SOBRE LA GUERRA CIVIL

10 marzo, 2015 at 8:30 am

El año pasado fue el LXXV aniversario del final de la guerra civil. Con este motivo a lo largo del mismo se publicaron dos libros, uno de Ángel Bahamonde y otro de Paul Preston. En las primeras semanas del presente año ha aparecido un tercero, de Francisco Alía. También se ha publicado la enésima versión de un compendio divulgativo sobre la guerra civil en su conjunto debido al profesor Stanley G. Payne, del que prefiero no hablar. Aquí no se trata comentar los méritos de las obras referidas. Me limito a señalarlas.

 1Sin títuloEl director de la revista STUDIA HISTORICA. HISTORIA CONTEMPORANEA, de la Universidad de Salamanca, profesor Juan Andrés Blanco, me encargó hace dos años la preparación del volumen de la revista correspondiente al año 2014. Debía tener un objetivo preciso: dar a conocer análisis valorativos sobre la bibliografía aparecida en los últimos años sobre la guerra civil. Ya he hecho alguna referencia aislada al mismo en este blog.

Hoy, a comienzos de este mes de marzo, el volumen está en la calle. Me apresuro a señalar que será el último de la revista que se publica en papel. A partir de ahora, los futuros números serán electrónicos, consultables en la red. Dadas las premuras financieras por las que pasan las Universidades españolas, gracias al simpar Gobierno del que hemos disfrutado en los últimos tres años, no hay otra alternativa para las publicaciones científicas. Incluso quizá sea mejor si al cabo de cierto tiempo su consulta no se hace depender de una suscripción a las mismas.

En cualquier caso, los lectores que quieran consultar este número de STUDIA HISTORICA pueden acudir a las bibliotecas universitarias en donde es verosímil que lo encuentren.

Todos los autores (unos 36) que hemos participado en esta aventura hemos recibido el número en pdf así como una separata de nuestros respectivos artículos en el mismo formato. La idea es que cada uno cuelgue el suyo en la red como mejor entienda para contribuir a su divulgación. La tirada de STUDIA HISTORICA es, por obvias razones, bastante corta a pesar de que está en el nivel más elevado para medir su impacto. Uno de esos indicadores que tanto gustan a la ANECA, con independencia de la calidad. Me dicen que hasta se computan las referencias negativas.

No obstante me atrevo a asegurar que todos los autores que han colaborado en este número han demostrado ampliamente su calidad académica. Los artículos han pasado por una evaluación externa (aparte de las dos o tres internas) y solo se han registrado dos casos curiosos. Para un artículo no se encontró un evaluador. ¡Caramba! Para otro, la evaluación fue mala. Sospeché detrás de ella una animosidad personal (desgraciadamente frecuente en ciertos colegas), releí minuciosamente el artículo y sugerí al director que lo dejáramos. Tengo curiosidad por ver si tal evaluador, cuyo nombre ignoro, se atreve a dar la cara públicamente.

En este post quisiera hacer notar algunas características del número. Por edad, fui uno de los lectores que, allá a finales de los años sesenta, adquirí la bibliografía sobre la guerra civil que dirigió el entonces funcionario del Ministerio de (Des)información y Turismo Ricardo de la Cierva. Ya estaba lanzado a la conquista de la cátedra (que logró en forma de agregaduría pocos años más tarde). Tal bibliografía fue un auténtico desastre que en otro régimen que no hubiera sido la dictadura franquista le hubiese inhabilitado para lograrla. Herbert R. Southworth, el autor de El mito de la Cruzada de Franco, escribió un durísimo artículo contra ella y calificó de «bibliófobos» a sus autores. Al lector que le interese ojearlo puede acudir a la reedición de dicho libro preparada por Paul Preston que se encuentra fácilmente en el mercado y que lo contiene como anexo. Le aseguro que no se aburrirá.

La primera característica es que, naturalmente, en el caso de STUDIA HISTORICA no se trata de una mera recopilación bibliográfica sino de un análisis crítico de la literatura más relevante. Esta se ha dividido en varios campos (aspectos bélicos, internacionales, económicos, narrativos, espaciales, locales, etc.) y también por orígenes.

He procurado que estos fuesen los más amplios posibles. Así seleccioné autores que pudieran informar de lo publicado en diversas tradiciones historiográficas extranjeras. Ante todo las más conocidas (francesa, británica, alemana, italiana, norteamericana) pero también otras que lo son menos. En la historiografía occidental he incluido, por ejemplo, la nórdica. En la de la Europa central figuran autores de Polonia, Rumania, la República checa, Eslovaquia, Hungría y la ex Yugoslavia). Un artículo específico recoge los cambios en la historiografía rusa. Lamento no haber localizado a nadie que pudiera escribir desde Bulgaria, Grecia y Holanda.

La idea que ha estructurado el volumen fue doble: dar a conocer a los extranjeros interesados la situación del debate historiográfico en España y trasladar al lector español la que se dibuja en tales tradiciones extranjeras.

Se pusieron limitaciones. Los españoles debían centrarse en los títulos de libros (no artículos) aparecidos entre 2006 y 2013. La razón se encuentra en que en aquel año se celebró en Madrid un congreso internacional sobre la guerra civil, dirigido por Santos Juliá. Los extranjeros tuvieron más latitud y, en general, se han remontado en el tiempo para explicar los cambios de paradigma tras el desplome de los sistemas de «socialismo realmente existentes» en los que la historiografía -un arma de combate- estaba sometida a una censura implacable.

Me he llevado sorpresas. Por ejemplo, al comprobar la pervivencia en ciertos historiadores o escritores extranjeros de algunos de los elementos esenciales de los «camelos» franquistas. Como si el tiempo se hubiera congelado. Como si en España -o en sus respectivos países- no se hubiese avanzado en el desmontaje de las mentiras de Franco y de su régimen.

Incluso en estos tiempos en que las obras, o noticia de ellas, se difunden en las redes y/o pueden adquirirse fácilmente por vía electrónica, algunos autores parecen vivir en la época en la que la comunicación era difícil y el intercambio académico hiperlimitado. O tal vez sea influya otra posibilidad: el que también en el extranjero siempre ha habido una tradición historiográfica de apoyo a Franco y a su dictadura. Quizá por motivos ideológicos o crematísticos. En la época de la guerra fría, desde cuyas perspectivas tanto se distorsionó la guerra civil española, nunca se era suficientemente anticomunista. En los países del Este, la versión oficial fue antonómica: nunca se era suficientemente antiburgués o anticapitalista.

Ello puede explicar la floración en estos últimos de autores que, a fuer de anticomunistas, siguen comulgando con los principios ideológicos inspiradores de la dictadura de Franco.

A pesar de todas las dificultades como coordinador del número me alegra mucho haber comprobado que tanto en España como en el extranjero existen historiadores para quienes la historia no es un juguete (algo que no podría aplicarse a algunos salva-patrias de dentro de casa) y que están dispuestos a romper una lanza para identificar las buenas y las malas obras, la miel y la hiel. Todos han participado, por supuesto, gratuitamente. Por el bien de la Historia y en favor de la ruptura de barreras. Muchos dicen que buscan la verdad, pero no abundan los que hacen algo para llevarlo a la práctica. Volveré sobre el tema.

(El índice de la revista puede consultarse en el siguiente enlace

http://agenciabarreiroforever.blogspot.com.es/2015/01/revista-studia-historica-historia.html )

Segundo congreso internacional de Historia militar

3 marzo, 2015 at 8:30 am

Ya me he referido en este blog en alguna ocasión a la Asociación de Historia Militar (ASEHISMI) de la que, no por méritos propios sino por la bondad de algunos amigos, soy en la actualidad presidente. Dentro de pocos meses saldrá un volumen, publicado por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de la UNED, con las actas del primer congreso que tuvo lugar en Burgos el año pasado en el mes de mayo. Daré cuenta aquí de cuando aparezca.

qrB6ssqaAhora quisiera anunciar que, un año más tarde y esta vez en Logroño, tendrá lugar el segundo congreso de la ASEHISMI. Hemos pensado que, dado el auge que en los últimos tiempos ha tenido en España la novela de carácter histórico, sería oportuno analizar, de la mano de novelistas y de historiadores, las relaciones entre los dos géneros de narrativa. Personalmente a mi me gustan mucho algunas novelas y algunos novelistas históricos. No necesariamente españoles, aunque reconozco abiertamente mi admiración por Almudena Grandes desde que leí su novela El corazón helado. No había visto ninguna obra de ficción que recrease tan, en mi opinión, certeramente la atmósfera opresiva de aquel Madrid bastante aislado hacia el final de la guerra civil. Para lo que ahora estoy trabajando tampoco me es fácil sustraerme a la atomósfera y circunstancias descritas en Las tres bodas de Manolita, en esta ocasión también porque la novela transcurre en gran parte en el barrio de Madrid en el que yo nací.

Pero, razones personales aparte, hemos tratado de conseguir que vengan a Logroño el mes de mayo autores que suelen aunar las dos condiciones: primero la de historiadores y novelistas y como discussants los que, como quien esto escribe, quizá por falta de imaginación y de talento narrativo nos hemos quedado tan solo en lo primero.

El congreso empezará el 27 de mayo y lo hemos dividido en cinco sesiones siguiendo un criterio cronológico: de la historia antigua a la historia del tiempo presente, pasando por la medieval, la moderna y la contemporánea. Terminará el viernes 29.

En historia antigua Javier Negrete disertará sobre las batallas de los antiguos en las novelas históricas de tema militar y le responderá Fernando Quesada, de la Universidad Autónoma de Madrid, contraponiendo las fuentes clásicas y la novelístical.

En historia medieval un novelista y profesor de la Universidad de Granada, José Soto Chica, tomará como ejemplo Heraclio y la última gran guerra de la antigüedad y le responderá Alejandro Rodríguez de la Peña, profesor de la Universidad San Pablo – CEU, con una ponencia sobre el basileus bizantino en la época de Heraclio.

Enrique Martínez Ruiz nos hablará sobre historiadores modernistas y novela histórica y le responderá el profesor David García Herrán, de la Universidad Carlos III de Madrid, sobre literatura e historia de la España moderna.

Como contemporaneísta me siento muy feliz de que Almudena Grandes haya accedido a hablarnos sobre historia y ficción: la escritura a través del espejo y de que su discussant sea mi compañero de fatigas Fernando Hernández Sánchez (Universidad Autónoma de Madrid) del que en un plazo muy próximo la editorial Crítica publicará un libro soberbio sobre los tiempos de plomo en España. Fuera de la guerra civil, dejo a la curiosidad de los lectores que adivinen de qué período se trata. El hablará sobre lo que va del relato autobiográfico a las fuentes primarias

Por último en el capítulo de Historia del tiempo presente, es decir, casi antesdeayer, Julián Delgado nos ilustrará sobre el sueño del Sahara y José Luis Rodríguez Jiménez, de la Universidad Rey Juan Carlos, responderá aludiendo a la «marcha verde». También editorial Crítica publicará un poco más adelante el último trabajo de este autor sobre la descolonización del Sáhara occidental, sus antecedentes y sus consecuencias.

En www.asehismi.es encontrarán los lectores datos adicionales sobre el previsto congreso en el que también se leerán las comunicaciones que se hayan presentado.

Naturalmente a mí me alegraría mucho si algun@s de l@s lector@s se animase a darse una vuelta por Logroño y, más aún, si presentara alguna comunicación.

En cualquier caso la nueva historia militar está viva en este país y yo espero que este segundo congreso dé testimonio de su vitalidad y de sus perspectivas de evolución. Combinar historia y ficción es un ejercicio estimulante y si, como espero, ponencias y comunicaciones entreabren nuevas perspectivas, desde una forma de contemplar la relación propia de autores e historiadores españoles, creo que ASEHISMI prestará un buen servicio al futuro auge de la historia y de la novela histórica en España.

 Más información en http://asehismi.es/ii-congreso-internacional-de-historia-militar/

EU-USA. Especulaciones para el futuro

24 febrero, 2015 at 8:30 am

Todo negociador que se precie es consciente de dos proverbios: el primero dice que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones; el segundo es no menos conocido: el diablo se esconde en los detalles. La habilidad del negociador estriba en resguardarse en todo lo posible de los efectos de ambos y en proteger el más amplio núcleo de sus pretensiones o intereses. La consulta hecha por la Comisión reveló múltiples temores de los ciudadanos europeos. También los objetivos instrumentales que concurren en la posición negociadora.

 

Comisión Juncker

Esta es una situación ideal para los norteamericanos que imagino estarán examinando con 103.400 lupas o más todas y cada una de sus líneas. No extrañará que diversos Estados miembros (entre ellos alguno de los que despreciaba el comisario de Gucht) se hayan esforzado por robustecer la espina dorsal de los negociadores.

Según noticias de prensa (no tengo otras fuentes de información) varios políticos responsables de Francia y Alemania han criticado la inclusión del ISDS en el proyecto de acuerdo. El secretario de Estado francés para el Comercio Exterior Matthias Fekl ha declarado que el ISDS permitiría que tribunales privados a sueldo de empresas multinacionales determinasen la política de Estados soberanos, sobre todo en ámbitos tales como la salud y el medio ambiente. La ministra federal de Medio Ambiente, Barbara Hendricks, también ha afirmado que el ISDS no hace falta. El presidente del SPD y vice-canciller y ministro de Economía Sigmar Gabriel ha exigido a la Comisión que extraiga las oportunas consecuencias de la consulta. Si Francia y Alemania mantuvieran unidas sus fuerzas en este tema (el Senado francés ya se ha opuesto) la influencia conjunta con la del Parlamento Europeo se hará sentir indiscutiblemente. Que sea duradera es otro tema.

Un repaso, incluso somero, de la prensa europea de opinión permite entrever un alto grado de escepticismo, en particular en este mes en que ha tenido lugar otra ronda negociadora. La noción de que el TTIP pueda concluirse en el corriente año es improbable. El Parlamento Europeo (PE) ya ha dado a conocer sus propias reservas. En la última reunión de su Comisión de Comercio Internacional se advirtió una brecha clara entre la derecha y la izquierda, incluida la fracción socialdemócrata. Para mayo próximo se esperan las recomendaciones del PE. Si la brecha entre derecha e izquierda continúa abierta, la Comisión Juncker, que ha hecho del TTIP una de sus prioridades políticas, puede pasar un mal rato. Muchos sospechan, o temen, que podría demostrarse demasiado blanda con los intereses de las grandes empresas multinacionales. Su intención de crear un Regulatory Cooperation Body (RCB), es decir un grupo de expertos que examine las propuestas de regulación relevantes para el buen funcionamiento del TTIP, no ha despertado un entusiasmo delirante pero habrá que esperar a saber más detalles, previstos para abril.

En los próximos meses podremos esperar un gran número de noticias más o menos contradictorias en los medios de comunicación y en las redes sociales, una intensificación de la campaña de las grandes empresas a favor del TTIP, una nueva valoración que atienda a las preocupaciones sociales por parte de la Comisión y tal vez una cierta reordenación de las tendencias de la sociedad civil a medida que las opiniones en liza continúen organizándose.

Todo ello me parece muy correcto. De la misma forma que los ciudadanos critican a sus gobiernos, también deben darse cuenta de que la Unión Europea no está por encima de ellos. Son los gobiernos nacionales quienes se sirven de la Unión para gestionar políticas que no pueden abordar en solitario por sí mismos. La política comercial fue una de las primeras políticas comunitarizadas. No podía ser de otra manera entonces, hace más de cincuenta años. No puede ser de otra forma hoy.

De cara a una potencia económica como Estados Unidos, los países europeos aislados son meros peones, incluso los más grandes. Sus mercados individuales cuentan, pero no demasiado. En su conjunto, sin embargo, tienen un atractivo formidable que ha ido robusteciéndose a medida que la integración se ha reforzado y ampliado. Un pastel muy goloso para los norteamericanos.

Personalmente tengo la sospecha de que a la Comisión Barroso le faltaron cintura y mano izquierda. Por consiguiente es de esperar que la actual Comisión trate de evitar que el diablillo se esconda en los detalles, oscurecidos adecuadamente por formulaciones hipertécnicas, y que degluta para la opinión público los análisis finos que llevaron al venerable, y conservador, Times de Londres a afirmar que el TTIP (ATCI) promete ofrecer la mejor oportunidad de recuperación de las sufrientes economías europeas. Quizá pudiera ser una condición necesaria pero ¿también suficiente?. En el Parlamento Europeo no se es tan optimista a juzgar por el reciente informe Lange que también confirma muchas de las dudas expuestas en posts anteriores.

Diversos comentaristas han argumentado que entre los rasgos de un futuro más o menos verosímil se encuentran la posibilidad de introducir cambios que den mucho más juego a los tribunales nacionales, que se prevean mecanismos de apelación, que se incremente la transparencia de los procedimientos, que se respeten rígidamente las exclusiones en materia cultural y de servicios de interés público. O que se abandone la idea de una cláusula ISDS. Podríamos tener negociaciones externas (con USA) e internas (con los Estados miembros y el PE) para rato. Con resultado incierto. El nuevo Gobierno griego ya ha amenazado con no ratificar el TTIP. ¿Otro farol?

En el interín, y para terminar: probablemente el hecho de estar en Bruselas me ha impedido darme cuenta de la postura del Gobierno español ante los problemas que suscitan las negociaciones. Al menos, he de confesar que ignoro (mea culpa) si ha dicho algo serio y profundo, meditado, sobre cuál es su posición, por ejemplo, en cuanto el equilibrio desregulación/regulación y/o sobre el ISDS. Sin duda se me ha pasado.

Sí recuerdo haber leído en EL PAIS en diciembre un artículo bajo la firma conjunta de los comisarios Malmström y Arias Cañete en el que, desde el punto de vista de la Comisión, se apresuraron a presentar, al mes y medio de tomar posesión de sus nuevos cargos, una imagen mirífica de los beneficios que aportaría la ATCI.

Soy consciente de no haber abordado todas las cuestiones importantes que suscita la ATCI pero este es, al fin y al cabo, un blog de historia y no de cuestiones actuales. Más información, esencialmente factual, puede encontrarse en el link

http://ec.europa.eu/trade/policy/in-focus/ttip/about-ttip/process/#_state-of-play

UE-USA: El discutido papel de los tribunales arbitrales

17 febrero, 2015 at 8:30 am

La segunda objeción planteada desde la sociedad civil a lo que ha ido conociéndose sobre las negociaciones UE-USA afecta a dimensiones algo más técnicas y que no suelen ser la comida diaria que sirven, en general, los medios de comunicación social. Tiene que ver con el instrumento de solución de diferencias entre inversores extranjeros y Estados. El acrónimo inglés es el que más frecuentemente se utiliza: ISDS (Investor State Dispute Settlement). Se trata de un mecanismo jurídico que permite a un inversor extranjero plantear una reclamación a un Estado no ante los tribunales del mismo sino ante un tribunal arbitral internacional y privado si cree que el Estado ha podido violar las reglas que protegen sus derechos, es decir, en este caso las que figuren en el TTIP (ATCI).

TTIPLos defensores parten de hechos incontrovertibles. Existen en el mundo más de 3000 acuerdos de comercio e inversión contraidos por unos 180 países con cláusulas que permiten el recurso a tribunales arbitrales privados. En principio, el TTIP no representa nada extraordinario. Los ISDS correspondientes se reflejan en una variadísima gama de modalidades, de diversa generación. No existe un régimen multilateral al respecto. Las sentencias arbitrales son, por consiguiente, heterogéneas y con frecuencia contradictorias. Se han multiplicado en las actuales circunstancias de crisis económica. Aunque la última generación concede importancia a temas tales como la protección medioambiental, la salud y los derechos humanos varios países han empezado a restringir la utilización de dichas claúsulas.

En el caso de la UE (a diferencia de lo que ocurre con sus Estados miembros) se han negociado ISDS en la Carta de la Energía de 1994. También con Singapur y Canadá que no se han ratificado todavía. Con Estados Unidos la UE aborda una auténtica aventura. No en último término porque los norteamericanos cultivan con esmero una tradición litigiosa muy coriácea. Pero es que, además, hasta ahora solo nueve miembros de la UE tienen acuerdos bilaterales con cláusulas ISDS. Si se lograse negociar un ISDS adecuado con Estados Unidos sus defensores argumentan que aumentaría la posibilidad de extenderlo a otros partenaires estratégicos, por ejemplo China o México. En definitiva es un tema cuya importancia no puede minusvalorarse. Sin embargo Australia tiene un acuerdo comercial con Estados Unidos sin ISDS porque se trata de países que poseen sistemas nacionales muy arraigados de resolución de disputas entre inversores extranjeros y el Estado. Esta es la postura adoptada en el reciente Informe Lange, del presidente socialdemócrata alemán de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo. Lo piensan muchos otros.

A fortiori, los miembros de la UE también disponen de tales sistemas. Existe pues el temor que mecanismos privados, sin demasiado control, puedan horadar las bases del derecho internacional. Los ISDS confieren poder, permiten crear obligaciones y discriminan en favor de las grandes empresas que pueden permitirse pagar fácilmente los costes de un arbitraje, con frecuencia muy elevados. Ni que decir tiene que la transparencia de tales mecanismos es casi nula ya que no existen reglas o códigos que restrinjan ni la composición ni la discrecionalidad de sus miembros, muchos de los cuales proceden bien de gabinetes de abogados especializados o de multinacionales.

Uno de los casos que más frecuentemente suele aducirse es qué pasaría si un tribunal de tales características fallase en contra de un reglamento o una directiva comunitarios. Lo normal es que se determine una compensación financiera en favor del inversor que puede ser también muy elevada. ¿Quién la pagaría? ¿El presupuesto de la Unión?. ¿Qué otras obligaciones se derivarían de tales fallos?

Los críticos no olvidan que el futuro TTIP (ATCI) podría contener un ISDS parecido al que ya se ha negociado con Canadá (aunque este acuerdo todavía no se ha ratificado) pero que tal ISDS es muy similar al propuesto en su día por Estados Unidos. Y no se deja de hacer hincapié en que el ISDS para el caso canadiense sigue dejando a los miembros de los tribunales de arbitraje un margen de interpretación muy importante.

Por encima de estos dos grandes temores flota, en diversos ambientes, la sospecha de si el TTIP (ATCI) no pondrá un marcha un proceso que socave aun más los fundamentos del modelo socio-económico de la UE, que en los últimos años ha experimentado cambios de gran importancia a consecuencia de una desregulación que a muchos parece no va por el buen camino. En último término el TTIP recoge los temores de amplios segmentos de la población que han visto cómo se han expandido en los Estados miembros de la Unión las desigualdades sociales y ha retrocedido la capacidad normativa pública.

No extrañará que, en tales condiciones, la Comisión Barroso, enfrentada a un encrespamiento social creciente, decidiera en marzo de 2014 recabar información on line de las organizaciones de la sociedad civil, ciudadanos e interesados su opinión sobre el TTIP. Fue un paso de gigante. El plazo de consulta expiró en julio. En cuatro meses se recibieron cerca de 150.000 respuestas. La casi totalidad de las respuestas se presentaron a través de plataformas de grupos de interés y, como señala la Comisión, contienen respuestas negativas predefinidas. Participaron además unos 3.000 ciudadanos y unas 450 organizaciones, en particular ONG, grupos empresariales, sindicatos, asociaciones de consumidores, bufetes de abogados y el mundo académico.

En términos generales la Comisión, en su análisis de las respuestas, las dividió en tres categorías: a) con oposición o preocupaciones con respecto a la ATCI en general; b) con respecto al ISDS; c) con comentarios pormenorizados sobre el enfoque general seguido por la UE. Las respuestas y el análisis están disponibles en la red. También el mandato de negociación se desclasificó sin gran alharaca. (Muchos ni se han enterado).

El comentario oficial sobre los resultados, publicado en enero de 2015, señaló que las «respuestas de las dos primeras categorías indican claramente la preocupación de numerosos ciudadanos de toda Europa por la ATCI en general y por el principio mismo de la protección de las inversiones y la solución de diferencias entre inversores y Estados». En desglose, tales preocupaciones abarcaron la protección del derecho a legislar por los Estados o la UE; el establecimiento y funcionamiento de los tribunales arbitrales; la relación entre los sistemas judiciales nacionales y el mecanismo de solución de diferencias previsto y la introducción de un procedimiento de apelación contra las resoluciones de los tribunales.

La nueva comisaria de Comercio, la liberal sueca Cecilia Malmström, no tardó en declarar que la consulta mostró claramente que existía un enorme escepticismo en lo que se refería al ISDS.

(Continuará)

EU-USA: se levanta la tormenta

10 febrero, 2015 at 8:30 am

De cara al público la Comisión solía maquillar , hasta cierto punto, las implicaciones sociales de ciertas políticas. Ahora bien, esto ya no es posible del todo en casos en los que las consecuencias se desparraman, cada vez con mayor intensidad, por las sociedades europeas. Ejemplifica el alto grado de interpenetración de las economías y la incidencia de nuevas pulsiones integracionistas sobre dimensiones esenciales de lo que todavía queda de soberanías nacionales. Y es mucho. Para bien o para mal, la experiencia ha mostrado que si se desea mejorar la integración hay que integrarse más. De lo contrario surgen situaciones que generan agravios comparativos o ventajas competitivas. Como no hay armonización de la fiscalidad directa han salido a la luz casos en los que se revela, por ejemplo, la pugna por atraer inversiones extranjeras gracias a un menor nivel de imposición. El escándalo luxemburgués acaba de ponerlo de relieve.

Karel de GuchtLa idea de Brittan, ampliada, resurgió durante la recién expirada Comisión Barroso a propuesta del presidente Obama y en plena crisis monetaria, financiera e institucional. Del tema se encargó (no por casualidad) el comisario de Comercio, Karel de Gucht. Liberal flamenco muy controvertido en Bélgica [se sugiere echar un vistazo a Wikipedia en francés. La entrada en la versión castellana es muy breve y completamente obsoleta]. Abanderó un tipo de librecambismo que le enfrentó con varios políticos franceses a quienes acusó de «proteccionistas», como si hubieran incidido en un pecado nefando difícilmente perdonable. Apoyado por Barroso, se manejó mejor que Brittan. El proyecto de mandato de negociación tuvo una trayectoria no demasiado dilatada, se filtró por los distintos escalones del Consejo de la Unión y se aprobó el 14 de junio de 2013. Los funcionarios debieron trabajar como esclavos durante casi cuatro meses. Ningún Estado miembro rompió filas. La totalidad de mandato no se hizo pública, pero esto es algo relativamente normal. La conocían los Gobiernos y las burocracias de los Estados miembros y, de buena o mala gana, todos le dieron su respaldo.

Como organismo político la Comisión no es insensible a las ideologías. Si la mayor parte de los Gobiernos de los Estados miembros de la UE es de derechas, la Comisión se orientará también en esta dirección. Si predominan los Gobiernos socialdemócratas o liberales irá en estos sentidos. El juego en el colegio en el que se fragua la toma de decisiones es más sutil. Los intereses ideológicos no son los únicos en presencia. También tienen importancia los específicamente nacionales y la necesidad de conseguir mayorías cómodas de tal suerte que se eviten votaciones y den al exterior sensación de fortaleza y unidad.

El lector no debe dejarse deslumbrar por el caso del presidente de la Comisión que es el cargo en que se refleja más nítidamente el choque de las orientaciones ideológicas. En las últimas elecciones al Parlamento Europeo tal circunstancia ha quedado clara. Los grupos políticos filtraron a sus candidatos a la Presidencia de la Comisión y lograron, con gran berrinche del primer ministro británico, que fuesen aceptados por los Gobiernos de las mismas cuerdas. Esto, sin embargo, no quiere decir que en las próximas elecciones en 2019 vuelva a repetirse el fenómeno.

La oposición contra el TTIP (ATCI) pronto adquirió dimensiones realmente extraordinarias. Las negociaciones las había llevado a cabo la Comisión, negociador por la UE, que informa con regularidad de su marcha a los Estados miembros en el seno del Consejo. Antes, mucho antes, la Comisión negociaba en presencia de funcionarios de los Estados miembros que no intervenían pero vigilaban. El negociador, en consecuencia, tenía que demostrar sus cualidades como tal a dos bandas encontradas. Con el sistema actual la calidad de la información que se suministra puede no reflejar bien los altos y bajos de todo proceso negociador. Algunos se enteran mejor de lo que realmente pasa. Otros no. Nada de lo que antecede significa que el negociador por la Unión no sea excelente. En el caso del TTIP (ATCI) lo es. De ello puedo dar testimonio personal.

Es imposible, con todo, mantener bajo cuerda la marcha del proceso. Tampoco es recomendable. En las negociaciones que aquí nos interesan los resultados parciales (cualificados por el principio de que nada es final hasta que todo se haya negociado) fueron transpirando hacia los medios de comunicación y las redes sociales. Noticias ciertas y rumores abultados despertaron alarma. Las implicaciones de la ATCI son, en efecto, enormes. No tardaron en acudir a las barricadas numerosas ONGs, fuerzas de la sociedad civil, expertos, etc, tanto a la derecha como a la izquierda del espectro ideológico. Tampoco faltaron organizaciones, generalmente empresariales o sindicales, que defendieron sin reparos temas en los que tenían un interés eminente. Economistas y juristas apoyaron a los dos bandos. Pronto cristalizaron dos objeciones absolutamente fundamentales. La primera atañe a la determinación del equilibrio deseable entre regulación y desregulación. La segunda se refiere al riesgo de que ciertos poderes de los Estados miembros pudieran verse disminuídos como resultado de las negociaciones.

La primera objeción, muy articulada por las organizaciones sindicales aunque no solo por ellas, pone el acento en que las negociaciones parecía que iban inclinándose demasiado en el sentido de una desregulación demasiado amplia con el fin de estimular la competencia a escala internacional. Esto significa facilitar el acceso de los productos de ambas partes al mercado opuesto. En teoría económica la competencia incita a mejorar los niveles de eficiencia y productividad. Pero en un mundo en el que no reina el tipo de competencia perfecta de los libros de texto han surgido temores de que el TTIP (ATCI) pudiera hacer recaer principalmente el impacto de la desregulación sobre la mano de obra. En claro: los trabajadores y los pequeños empresarios. Si en un país X los niveles de protección laboral, alimentaria, sanitaria, de salubridad pública, medioambientales, etc., son netamente inferiores a los del país Y, el juego de la libre competencia tenderá a inducir a este a rebajar los niveles con el fin de reducir sus costes y defenderse de la agresividad comercial de X.

En tal perspectiva suele afirmarse que un acuerdo equilibrado debería optar no tanto por favorecer la libre competencia sino por promover una cierta igualización en los niveles de protección de cada parte. Para muchos no está demostrado que el resultado conseguido hasta ahora lo logre en grado suficiente. Tras esta argumentación late la noción de que los mecanismos de protección europeos son, en muchos casos, superiores a los de Estados Unidos. Las feroces discusiones entre republicanos y demócratas por introducir un sistema de seguro médico obligatorio que ni siquiera es un remedo de los europeos no han hecho sino agudizar la preocupación.

También se aduce que en el sector servicios existen numerosas limitaciones a la libre competencia perfectamente motivadas en la medida en que la educación, la salud o el suministro de bienes públicos, por citar unos cuantos ejemplos, no deben quedar sometidos en la mayor medida posible al imperio del mercado, ni a escala nacional ni internacional. Esto conecta con una discusión que se da en casi todos los Estados miembros entre la derecha y la izquierda sobre la ampliación de las medidas privatizadoras. No hay que recordar lo que pasa en España en el campo de la sanidad.

En un acuerdo con Estados Unidos, afirman las posturas críticas, sería necesario que para cada uno de los sectores productores de bienes públicos se determinasen las circunstancias, modalidades y extensión de las respectivas aperturas del mercado sin dejar demasiado al automatismo de la libre competencia internacional. Favorecer esta debería ser un objetivo instrumental y, por consiguiente, más o menos maleable en función de las disposiciones que se negocien entre las partes. Como siempre, hay que ver los detalles. En general, la nueva Comisión Juncker se ha comprometido a no disminuir los niveles europeos. ¿Lo conseguirá?

(Continuará)

Dos paradigmas sobre la Guerra Civil Española

6 febrero, 2015 at 7:54 am

Subo aquí un enlace con el PDF de ‘Dos paradigmas sobre la Guerra Civil Española’, publicado el pasado diciembre en Revista del Vinalopó.

Lectura online aquí:

DosparadigmassobreGCE

El artículo contrapone los dos paradigmas de la Guerra Civil: el canonizado por la dictadura franquista, apoyado por los recursos del Estado, justificador de la sublevación militar como medida preventiva que legitimó el 18 de julio; y el defensor de la legalidad republicana, apoyado desde los liberales a los comunistas. El paradigma franquista resultó conveniente para algunos historiadores occidentales, que justificaron al autoproclamado Centinela de Occidente.

Nota: no soy responsable de la traducción al inglés del Abstract.

UE-USA: Una relación comercial complicada. Prehistoria

3 febrero, 2015 at 8:30 am

Me pregunta un amable lector si no puedo decir algo sobre el TTIP. Es decir, sobre lo que en castellano se denomina formalmente Asociación Trasatlántica de Comercio e Inversión (ATCI) pero que casi todo el mundo conoce por su acrónimo inglés. Hay una entrada en Wikipedia en español a la que remito. No me basaré en ella. Supongo que dicho lector lo que quiere saber es lo que pienso como antiguo funcionario de la Comisión. Es notorio que el tema ha generado multitud de discusiones y una amplia literatura. Fuera de las políticas sectoriales (agrícola y tal vez pesquera en primer lugar) quizá sea uno de los temas que más ha penetrado en la sociedad europea y más pasiones ha levantado. No es de extrañar porque la Comisión Europea no ha tenido demasiada mano izquierda en su presentación y porque son legítimos algunos de los temores que suscitan diversos aspectos del proyecto. Trataré de exponer mi punto de vista en cuatro posts. Los problemas complicados no admiten respuestas o soluciones simples. Por supuesto, no pretendo tener razón. Trataré de enfocar el tema en base a algunas lecturas y a mi propia experiencia como negociador comunitario durante muchos años.

banderas usa ue En el complicado nudo de relaciones transatlánticas destaca una cierta antinomia. Los Estados Unidos apoyaron, por un lado, la construcción europea. Deseaban que la naciente Comunidad fortaleciera las economías y sociedades de la Europa occidental frente al peligro comunista. Además, los países de ambos grupos (más Canadá y menos Irlanda) participaban en un mismo esquema de seguridad anclado en la OTAN. Adicionalmente, un país con peso, Reino Unido, tenía y tiene una relación especial con Estados Unidos, independientemente de la que le une con Canadá. Por otro lado se levantaron mil y uno obstáculos, diferencias, controversias, tensiones, etc. de naturaleza comercial. Los norteamericanos, negociadores durísimos, siempre entendieron que una cosa era la política y la seguridad y otra los negocios. Poco a poco fueron solventándose los problemas más urgentes, en parte acolchados por la participación de la UE y de los Estados Unidos en las rondas comerciales multilaterales donde la Comisión negoció por la Unión. Como era lógico y estaba previsto en los Tratados. En el curso de esta larga relación que se inició en los años sesenta las dos partes aprendieron a conocerse mejor, con sus defectos y con sus virtudes. Las tensiones siempre se encauzaron.

La idea de intensificar los intercambios bajo una nueva fórmula, compatible con el GATT y luego con la OMC, la intentó la Comisión (durante el período de gestión del presidente Jacques Santer) y no llevó a ningún resultado. Fue un tema que generó ríos de tinta y que es fácil rastrear en las hemerotecas. Lo impulsó la ambición de uno de los vicepresidentes de la Comisión, sir Leon Brittan (después lord Brittan, recientemente fallecido). Quiso construir una diluida zona de librecambio entre las dos orillas del charco allá por los comienzos de 1997 bajo la llamativa vitola de «Un nuevo mercado transatlántico».

Este empeño tuvo tres características notables. La primera que no figuró en el programa político de la Comisión para 1998, algo sorprendente. La segunda que tampoco lo mencionó el presidente Santer en su discurso sobre el estado de la Unión ante el Parlamento Europeo en octubre de 1997. Cosa no menos sorprendente. La tercera que el Parlamento no lo recogió en su resolución sobre el programa de trabajo de la Comisión aunque sí apoyó explícitamente el proyecto de cumbre UE-América Latina, por el que otro de los vicepresidentes de la Comisión, Manuel Marín, bregaba incansablemente.

Brittan improvisó. Él alude en sus memorias al proyecto en un tono de innecesaria autocongratulación y levantó una algarada cuando lo dio a conocer a los dos meses y pico después. La algarada estaba, en mi opinión, justificada. El proyecto implicaba una reducción considerable de los obstáculos técnicos a los intercambios, el compromiso político de suprimir los derechos aduaneros sobre los productos industriales antes de 2010, la creación de un espacio de librecomercio para los servicios y una amplia liberalización en los ámbitos de las licitaciones públicas, la propiedad intelectual y las inversiones. Con el fin de no agitar fuertemente el trapo rojo ante los franceses, Brittan dejó fuera los sectores agrícola y audiovisual.

Si no recuerdo mal, la reacción fue fulminante. El resultado hubiese revolucionado las relaciones económicas y comerciales internacionales y afectado de manera radical a la economía europea cuando se disponía a prepararse para lanzar la moneda única, el euro, ya de por sí un shock de consecuencias no siempre previsibles. Naturalmente fue inevitable que muchos especularan sobre si Brittan seguía la estrategia británica tradicional de querer aguar la construcción comunitaria. Él lo negó siempre.

Hubo batallas intensas en el seno de la Comisión. Los entonces dos comisarios franceses se destacaron por su oposición. El proyecto se aguó más y el colegio terminó aprobando una versión edulcorada. No sirvió para nada. En París el propio presidente de la República, entonces Jacques Chirac, se encargó de torpedear los planes de Brittan y de la Comisión y atacó ferozmente al vicepresidente. Es obvio que en tales condiciones la unanimidad necesaria no podía conseguirse en el Consejo de Ministros. A la resistencia numantina de Francia se asociaron varios Estados miembros que mostraron su desazón ante las ideas de la Comisión.

Suele afirmarse (antes y ahora) que la Comisión es un organismo técnico dirigido por tecnócratas y con un ideario neoliberal poco menos que fijado en sus genes. Por supuesto que la Comisión tiene que proponer soluciones técnicas a problemas o cuestiones veces muy técnicas. De lo contrario, ¿quién lo haría? Pero esto no es toda la historia. Los comisarios no siempre son técnicos. Con frecuencia ocupan carteras de cuyo contenido no tienen demasiada idea previa. Al igual que sucede con los ministros en los Gobiernos nacionales. Casi siempre son políticos que se basan en una cultura adquirida en duras pugnas en los países de que proceden. En los últimos años el perfil político de los comisarios se ha incrementado. Ya no es extraño ver, por ejemplo, a exprimeros ministros entre sus filas. Por otro lado, no ha habido en la historia de la Comisión colegios más políticos que en las épocas en que Hallstein o Delors fueron presidentes y ninguno de ellos fue primer ministro en su país. Todo esto tiene consecuencias y no es difícil que los planteamientos tecnocráticos de los funcionarios se recorten. Como en las Administraciones nacionales.

(Continuará)

INTRANSIGENTES (EN HOMENAJE A CHARLIE HEBDO)

27 enero, 2015 at 8:30 am

 

Algunos de los columnistas de EL PAÍS (Francisco G. Basterra, Manuel Rivas, Manuel Vicent, entre otros) han recordado directa o indirectamente, en relación con los numerosos comentarios que suscitan los recientes atentados en París que la absolutización de creencias religiosas no es algo por lo que haya atravesado y atraviesa el Islam solamente. Ocurre en otras religiones.

Portada CH enero15En punto a horrores se ha hecho referencia al calvinismo desatado en Ginebra en los albores de la Reforma o a la guerra de Treinta Años que asoló a Europa. Algunos han rozado también la utopía nacional-católica que protegió con ardor la dictadura franquista.

No soy un historiador del hecho religioso pero siempre he encontrado en él cosas interesantes. En esta coyuntura, sin embargo, no he visto (mea culpa) que nadie haya hecho alusión a uno de los documentos más reveladores de la intransigencia como fue la Carta Colectiva del Episcopado Español de 1937, una sarta de disparates históricos. No ha sido repudiada. En realidad la Iglesia Católica, que yo sepa, no ha pedido jamás perdón por haber recubierto con sus bendiciones la represión franquista en la guerra y después. Sí ha aprovechado su involución de los últimos quince o veinte años (no sabemos todavía lo que nos depara el futuro) para subir a los altares, o a los prealtares, a numerosas víctimas del «terror rojo». Todo esto es sobradamente conocido.

No es posible comparar (sería profundamente ahistórico) los atentados terroristas de unos yihadistas alucinados y las prácticas cohonestadas desde las alturas del poder eclesiástico contra los «rojos» y demás «ralea» que constituía, para la coalición vencedora en 1939, la tan traída y llevada «anti-España». Los resultados desembocaron en una gran mortalidad pues el terror del Estado y las bendiciones de la Iglesia suele ser letal. También en España. No es de extrañar que, en ocasiones, las viñetas de Charlie Hebdo tomaran como diana la supuesta defensa de la civilización cristiana por un Pinochet, los coroneles griegos o Franco.

Pero yo quisiera, en este post, traer a colación una muestra de intolerancia, intransigencia y soberbia que figura tanto en el makeup sicológico de los yihadistas como en los genes de la Iglesia de la VICTORIA.

Como la guerra civil fue una guerra contra el MAL absoluto según predicaron los Señores Obispos, se sobreentendió que quienes se separaran de él y buscaran su redención, ya fuese en este valle de lágrimas o en la otra vida, debían abjurar de sus aberraciones. Las que subyacieron a un comportamiento político inspirado por el Maligno.

Curiosamente ni los numerosos historiadores eclesiásticos, que los hay y muy buenos, ni los cualificadísimos portavoces intelectuales que han disertado largo y tendido acerca de la maldad intrínseca del Islam han echado un vistazo atrás y se han preguntado qué hizo la Iglesia Católica tras su VICTORIA en España. No faltan libros. Sin ir más lejos puedo recomendar la lectura del de Gutmaro Gómez Bravo y Jorge Marco, La obra del miedo. Violencia y sociedad en la España franquista (1936-1950), Península, Barcelona, 2011, que muestra la profunda complicidad de los católicos, legos o seglares, en la represión. Se entiende que, ante todo, para salvar almas…

Desde el punto de vista de historia de las ideas, que en los últimos años ha vuelto a ponerse de moda para denigrar en todo lo posible la experiencia republicana y sus fuentes, es muy relevante un documento que descubrió hace algunos años un denodado investigador, Guillermo Portilla, al preparar su tesis doctoral que afortunadamente fue convertida en libro: La consagración del Derecho Penal de autor durante el franquismo. El Tribunal Espaecial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (Comares, Granada, 2010). Portilla le agrega un impresionante apéndice documental entre el cual figura el compromiso que la autodenominada Santa Madre Iglesia exigía, para reabrir las puertas de su gracia, a todo el que deseara volver a su seno abjurando de sus perniciosas creencias anteriores de índole laicista, liberal, masónico, socialista o comunista. Por no hablar de las de ateos y librepensadores. Me pregunto qué habrían dibujado los humoristas de Charlie Hebdo, vilmente asesinados, de haberlo leído. En efecto, el descarriado debía hacer profesión de fé de que

«la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana es la única y verdadera Iglesia fundada por Jesucristo en la tierra, a la cual de todo corazón me someto. Creo todos los Artículos que me propone creer; repruebo y condeno cuanto Ella reprueba y condena y estoy pronto a observar cuanto me manda, y especial prometo creer»:

(Agárrese el lector que ahora vienen curvas)

«la doctrina católica sobre la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y la unión hipostática de las dos naturalezas, divina y humana; la divina maternidad de María Santísima, así como su integérrima virginidad e Inmaculada Concepción; la presencia verdadera, real y sustancial del Cuerpo, juntamente con la Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía; los siete Sacaramentos instituidos por Jesucristo para salvación del género humano, a saber: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Extremaunción, Orden y Matrimonio; el Purgatorio, la resurrección de los muertos, la vida eterna; el Primado, no tan solo de honor sino también de jurisdicción, del Romano Pontífice, sucesor de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles y Vicario infalible de Cristo; el culto de los Santos y de sus imágenes; la autoridad de las apostólicas y eclesiásticas tradiciones y de las Sagradas Escrituras, que no deben interpretarse y entenderse sino en el sentido que ha tenido y tiene la Santa Madre Iglesia Católica; y todo lo demás que por los Sagrados Cánones y por los Concilios Ecuménicos, especialmente por el Sagrado Concilio Tridentino y por el del Vaticano ha sido definido y declarado…»

En resumen, la negación pura y dura de una gran parte de las corrientes intelectuales que han hecho el mundo occidental y en particular la Europa de nuestros días. También a Charlie Hebdo. Es fascinante la reivindicación del Concilio de Trento (1545-1563), aquella vuelta de espaldas a una naciente Europa nueva y cuando la España católica en el siglo XVI se oponía ferozmente a la Reforma. Continuó oponiéndose a las Luces. Esta actitud podría ser un baremo. ¿Para qué?

Para hacer la cuenta de la vieja. Entre el final del Concilio de Trento y el momento en que se escribió el texto arriba transcrito transcurrieron unos 370 años. Dado que los ataques yihadista-terroristas en el corazón de Europa no tienen ni siquiera veinte, bien podría pensarse que sería necesario esperar otros trescientos y pico para pronunciar un juicio sólido, fundado en hechos históricos (futuros), acerca de si el yihadismo forma parte esencial y permanente del ADN de la religión bajo la cual se cobija. Deseemos que no sean tantos y confiemos en que la Unión Europea también sirva para atajar tamañas aberraciones.

Dos postdatas.

1. Escuchado en la tienda donde suelo comprar el periódico. El kiosquero dice a un cliente: «Vamos a ver si las instituciones europeas hacen ya algo en contra de estos terroristas».

2. Página de una revista belga de gran difusión. La caricatura de un dibujante ante su mesa de trabajo. El lápiz apunta hacia un cartel en el que en letras gruesas se lee: «Charlie akbar». En justa correspondencia, en Francia ha florecido el grito Je suis Ahmed.

A lo mejor son orientaciones que no estaría mal seguir, en lo posible.

Franco y la aparición de la televisión en España

20 enero, 2015 at 8:30 am

Después de la serie de posts relacionados con los análisis efectuados por los británicas sobre las Fuerzas Armadas durante el franquismo quizá no venga mal aligerar un poco el tono de los siguientes. En esta ocasión presento una noticia que me sorprendió al ojear viejos papeles y que espero sea del interés de los lectores. Es, por lo menos, curiosa pero, como tantas otras cuestiones de historia contemporánea, poco concluyente.

Si se pregunta a los alumnos, ya sea en Bachillerato o en la Universidad, cuándo hizo acto de presencia la televisión en España lo más probable es que acudan rápidamente a Mr Google en demanda de información. Es lo que ha hecho un servidor. Confieso paladinamente no haber tenido la menor idea de este tema hasta hace unos meses. Después de ojear algunas páginas en la red he llegado a saber que ya antes de la guerra civil se hablaba de la televisión (y se utilizaba este término) pero que no fue hasta la contienda cuando apareció físicamente en España. Mr Google recoge la afirmación de que fue en noviembre de 1938 cuando técnicos nazis hicieron una demostración a Franco a través de un sistema que llamaron fonovisión. Al parecer, era una especie de video asociado a un teléfono.

franco TVDiez años más tarde se produjeron las primeras demostraciones públicas de televisión en España. Las hicieron las casas Philips y RCA. Tuvieron gran éxito. Es una información que conviene estrujar un poquito. En 1948 España estaba metida en lo que presuntuosamente solía -y suele- denominarse el «cerco internacional». Que dos importantes multinacionales «se descolgaran» en la época en Madrid y Barcelona muestra una constante que marcó todo el período franquista. A ciertos gobiernos extranjeros podía no gustarles Franco y su dictadura pero el mercado español, !ah!, eso era otra cosa. No carecía de atractivos. Recordaremos que en aquellos momentos los dos únicos países en que ya existían emisiones regulares de televisión eran Estados Unidos y la Gran Bretaña. Aquí hubo que esperar a 1951-1952 para que TVE diera comienzo a emisiones de prueba.

No estoy en condiciones de saber si lo que antecede, que he tomado de internet sin grandes dificultades, se ajusta a la realidad o varía algo de ella. Pero sí he descubierto algunos papeles que precisan la primera aparición de un aparato de televisión en plena guerra civil.

Fue un regalo a Franco de la embajada del Tercer Reich. Debió de ser, efectivamente, en el año 1938. El aparato o aparatos en cuestión se instalaron en los bajos del edificio que ocupó en Burgos el Ministerio de Hacienda. De ellos se responsabilizó el jefe del Servicio de Radio de dicho ministerio. El porqué de esta adscripción no lo hemos averiguado. Es un tanto sorprendente. ¿Acaso no había servicios análogos en el Cuartel General, en la Delegación del Estado para Prensa y Propaganda, en la incipiente Radio Nacional, también apoyada con material y técnicos nazis?. Había iniciado sus emisiones públicas en enero de 1937. Incluso existía un Departamento Nacional de Cinematografía, creado en abril de 1938 que poco después empezó a producir un noticiario, antecesor del nunca olvidado NO-DO ¿Para qué iban a servir tales aparatos en Hacienda? Ni que decir tiene que en las memorias de Larraz, a la sazón Director General en el mismo y poco después ministro del ramo, no hay la menor referencia. No sabemos si llegaron a funcionar o cómo. Lo que sí sabemos es que en el Cuartel General y su sucesor no se utilizó la denominación «fonovisión» sino la de, pura y simplemente, televisión.

La información que antecede se desprende de las reclamaciones que desde la Jefatura del Estado se hicieron a finales de 1939 y a principios de 1940 al ministro de la Gobernación. En ellas se ordenó el traslado de los aparatos a las oficinas de Franco. Esto significa que ya no se conservaban en Hacienda, a lo mejor empolvados. También conviene recordar que el ministro de Gobernación en aquella época era el cuñado, Ramón Serrano Suñer. Simultaneaba el cargo con el muy importante de presidente de la Junta Política, al que había accedido en octubre. El «segundo hombre del Nuevo Estado» no hizo, al parecer, el menor caso. Las razones no están documentadas.

Ya en mayo de 1940, en plena batalla de Francia, es decir, cuando las tropas alemanas batían a los ejércitos aliados, los allegados de Franco volvieron a reclamar los aparatos para que se instalaran en las dependencias de «Su Excelencia el Jefe del Estado» (nosotros abreviamos siempre con SEJE). Es de suponer que en esta ocasión la renovada reclamación fue atendida.

Lo que no está claro es porqué el interés de Franco en tener próximos a él los aparatitos en cuestión. ¿Es que deseaba recibir mensajes alemanes por medios que entonces serían relativamente seguros?

La evidencia documental en que se reflejó el anterior episodio se limita simplemente a señalar que SEJE ya se dignaría disponer sobre el uso futuro. Si lo hizo, ¿cuántos se enteraron?. Las cuestiones se multiplican. ¿Quiénes asegurarían la utilización? ¿Españoles, alemanes? Sabemos que progresivamente la embajada fue llenándose de técnicos de comunicación y, claro, de expertos en actividades de espionaje.

No hay que olvidar que entre mayo de 1940 y mayo de 1941 uno de los problemas esenciales con los que hubo de lidiar SEJE estribó en decidir si entraba o no en la guerra al lado del Tercer Reich. Es uno de los temas perennes de la historiografía pro-franquista que tanto ha ensalzado la «hábil prudencia» de Franco a la hora de lidiar con tal cuestión.

Mientras no se haga más luz sobre el destino de los aparatos podríamos suponer que Serrano Suñer, que quería por todos los medios hacerse con la cartera de Asuntos Exteriores, no deseaba desprenderse de ellos. A lo mejor alguno de los amables lectores sabe más sobre la historia de la televisión en España.

Para quienes estén interesados en la utilización de los medios de comunicación (prensa, radio, cine) de cara a exaltar hasta el delirio, mintiendo con frecuencia como bellacos, la figura de Franco remito a la obra de Laura Zenobi titulada La construcción del mito de Franco. Este año se cumple precisamente el XL aniversario de su fallecimiento.

2015: un año de incertidumbres

13 enero, 2015 at 8:30 am

El año que ahora ha comenzado es muy verosímil que entre en la historia, quizá no en la grande, grande, pero probablemente en la que constate la acentuación de tendencias preocupantes ya existentes en nuestras sociedades, en particular en la Unión Europea.

Hubo una época en que me tocó hacer predicciones. ¿Qué podía ocurrir en relación con ciertos temas? En algunas de las que hice a medio plazo acerté, más o menos, en ocasiones. En las que se referían al corto plazo me equivoqué casi siempre. De aquella época me quedé con dos afirmaciones. La primera se debe a un primer ministro japonés, hoy olvidado, Yasuhiro Nakasone. Venía a decir que en política aventurarse una pulgada hacia adelante equivalía a adentrarse en territorio desconocido. Ni que decir tiene que Nakasone era extremadamente conservador. La segunda afirmación se atribuye, dicen los expertos que sin razón, a otro primer ministro conservador, esta vez británico, Harold Macmillan. Todos los mejores planes, vino a decir, pueden estropearse por obra gracia de acontecimientos imprevisibles. ¡Events!

Naturalmente, de seguir a la letra la metodología implícita en tales afirmaciones podríamos cerrar la tienda. ¿Qué tendrían que ofrecer los expertos en ciencias sociales?

De cara a 2015 podemos, al menos, estar seguros de una cosa. En nuestra Unión Europea de todos los pecados va a haber toda una serie de procesos electorales. Algunos serán muy importantes y podrían tener alcance sistémico. Otros tendrán impactos más bien nacionales y de efecto más reducido.

banderas griega y UEEl próximo domingo, 25 de enero, tendrá lugar el primero: las elecciones generales en Grecia. La prensa, estos días, está llena de artículos que recogen las escaramuzas previas a una contienda electoral de potenciales resultados sistémicos. Unos tratan de amedrentar a los griegos advirtiendo contra un verosímil triunfo de Syriza (aunque no consiga la mayoría absoluta) y sus consecuencias sobre la permanencia de Grecia en el euro. Otros abanderan algunas de sus promesas de renegociar el lastre de la deuda, dado que las políticas de austeridad han hundido a amplios sectores de la población en la indigencia. De la forma en que la Unión Europea trate los resultados de la contienda electoral dependerá la imagen que ofrezca al resto de los países de la zona euro y más allá.

En Francia están previstas elecciones departamentales en marzo. Tras el reciente atentado terrorista en París ¿quién sabe cuál va a ser la reacción del electorado? Todo hacía prever prever que el xenófobo y extremista Frente Nacional, la ultraderecha, ganará posiciones. Podemos anticipar la habilidad con que Marine Le Pen aprovecherá esa eventual onda expansiva. Hay comentaristas franceses que ya le conceden posibilidades en las elecciones presidenciales. Francia, y no Grecia, puede convertirse a medio plazo en el gran problema de la Unión Europea.

Para mayo se esperan las elecciones generales británicas. De ganar los conservadores, y si el primer ministro David Cameron se atiene a sus repetidas promesas, renegociará los términos de participación del Reino Unido en la Unión Europea, aunque ello implique una modificación de los Tratados. Cameron jugó fuerte en el pasado referéndum escocés. En esta ocasión puede encontrarse con la horma de su zapato. Si, por otra parte, el partido laborista se hunde en Escocia el panorama político británico quedará completamente reconfigurado para los próximos cuatro o cinco años, sin contar con que los perrillos de UKIP seguirán mordiendo en los talones a los conservadores.

(Advertencia al Gobierno español, sea el que sea: una modificación de los Tratados, equivalente a destapar la caja de los truenos, ofrece posibilidades para llevar a la mesa muchos desiderata, algunos de interés para el Estado español. Otros miembros actuarían de forma similar. Por consiguiente, hay que plantear la posibilidad de que la eventual «renegociación» termine no abriendo la caja).

Luego llega Dinamarca. Cualquiera que sea el resultado los efectos sistémicos sobre la Unión Europea serán reducidos. Eso sí, Dinamarca ha desempeñado en el pasado un papel de seguidor aplicado de ciertas tendencias preocupantes como el lento desmantelamiento del Estado de bienestar y restricciones en política de asilo e inmigración. Actualmente su habitual Gobierno de coalición ha corregido el tiro, pero otro podría volver a las andadas (como hacen ahora los Países Bajos y Austria)

Después viene España. Copiadora, en general, de las políticas de austeridad que están destrozando la cohesión social en Unión Europea, todas las lecturas son posibles. Es improbable que ninguna de ellas tenga efectos sistémicos. Sí los tendrá, y muchos, para los sufridos ciudadanos a quienes el Gobierno ha manipulado, mentido y demostrado que la derecha española, en comparación con la de los años de paz republicanos, no ha aprendido demasiado de la Historia.

Quedan elecciones parlamentarias: en principio están previstas en Polonia, Finlandia y Portugal. No me atrevo a pronunciarme sobre sus consecuencias, sistémicas o no. Prefiero llamar la atención sobre el protagonista de los últimos años en la Unión y sus políticas de austeridad a ultranza: Alemania.

En la perspectiva del largo período, es decir, desde la mitad del siglo XIX, Alemania ha sido casi siempre uno de los grandes desestabilizadores de Europa. Antes lo fue Francia. Las generaciones actuales han conocido, naturalmente, otra Alemania: la hundida tras la segunda guerra mundial, la encorvada por el lastre de los crímenes sin paralelo del nazismo, la buena y modosita alumna más paneuropea que todos los demás europeos juntos, la locomotora económica, la dividida territorialmente, el excitante escenario del hundimiento del muro de Berlín y de la reunificación…

Menos atención despertaron algunos de sus golpes de efecto en la crisis de los Balcanes, cuando empezó a mostrar de nuevo músculo diplomático. Pero también es verdad que ni el Reino Unido ni Francia mostraron un comportamiento que les hiciese merecedores a demasiados laureles. Hoy Alemania combina prepotencia y una cierta retracción. Es una mezcla peligrosa. No se limita a lo económico. Tiene efectos en el plano político y, en particular, en el terreno de las relaciones intra-europeas.

En las últimas semanas la prensa se ha hecho eco de la xenofobia latente que parece haber despertado Pegida (y que recuerda al Front National francés). Recordemos incidentalmente que también el NSDAP empezó siendo pequeño.

¿Advertencias? La combinación entre nacionalismo (de los Estados pero también de índole subestatal) y crisis económica y social ha tenido efectos perversos en la historia contemporánea de Europa. ¿Habremos vencido los europeos nuestros demonios familiares? Las respuestas irán aclarándose a lo largo de este año. Un año de incertidumbres.