Kindelán y la ofensiva de Vizcaya

4 julio, 2017 at 8:35 am

Ángel Viñas

En fiel aplicación de sus objetivos de exoneración de los mandos de Franco, el general Salas Larrazábal ocultó en todo lo posible las implicaciones de la coordinación de las fuerzas aéreas (alemana, italiana y española) en la preparación del avance contra Vizcaya en la medida en que pudieran afectar al Alto Mando franquista. En la edición 2012 de su magna obra reprodujo en el anexo 10 (pp. 218s) una orden para la colaboración y apoyo de las Fuerzas Aéreas con las Brigadas de Navarra como si procediera de la propia Legión Cóndor según podría desprenderse de su membrete (Libro 11, documento 352, Legión Cóndor I/a). Reconozco humildemente ignorar tal tipo de signatura.

Afortunadamente en el Centro de Documentación del Bombardeo de Gernika se encuentra una selección de documentos de la Jefatura Regional Aérea del Norte, 3ª Sección, Operaciones. Esta Jefatura dependía del general jefe del Aire, Alfredo Kindelán. No es una selección demasiado amplia. Comienza con una copia de la anterior orden mencionada por Salas. Tiene como fecha la el 29 de marzo de 1937. Esto es, el mismo día en que Vigón firmó por orden de Mola la orden general para iniciar la invasión. Sorprende que Salas, al reproducirla, pusiera bajo su título este último día como fecha. ¿Quiere con ello indicar que fuera de la Cóndor se recibió en el mismo momento en que comenzaba la ofensiva?

Esta pregunta debemos contestarla con una rotunda negativa. El día 29 ya era, ciertamente, tardío pero puede explicarse por las discusiones que sabemos generaba la utilización del arma aérea, al menos la alemana, y que von Richthofen reflejó en su diario. El que la segunda orden se emitiera coincidiendo con la firmada por Vigón nos hace pensar que se trata de un indicio de que no emanó de la Cóndor sino del mando español o, como alternativa, que los mandos inferiores se hubiesen puesto ya de acuerdo previamente sobre las especificaciones. Lo cual no significa que dejaran en la ignorancia a sus mandos respectivos. Ni los españoles ni mucho menos los alemanes eran ejércitos tribales.  Es decir, es imponsible pensar que  Mola no estuviese de acuerdo con Kindelán y con los mandos de las aviaciones extranjeras.

Ahora bien, este era, precisamente, el procedimiento que se había seguido con la Cóndor a tenor de los “protocolos de actuación” que hemos señalado en un post anterior y cuando la Legión actuaba de bombero desde por lo menos diciembre de 1936.

Mola, general del Ejército del Norte, refrendó (a no ser que introdujera algunos cambios) el resultado de las negociaciones a nivel de Estados Mayores y en las cuales había estado representado por, entre otros, el coronel Juan Vigón.  Suponemos que la Jefatura del Aire cursó la orden a la Legión Cóndor que se encargó de distribuirla entre los mandos operativos de las fuerzas aéreas que actuarían en el teatro. Nos parece imposible que la Cóndor pudiera dictar una orden que también implicaba, y mucho, al Ejército de Tierra español. A este le correspondía, en efecto, la puesta en práctica del plan de ataque centrado en la ruptura del frente, combinando antes fuego artillero y el avance inmediato de la infantería.

Nuestra tesis, aparte de que es lógica (¿iban a dejarse dar órdenes Franco y Mola por los alemanes gracias a acuerdos aceptados simplemente por Vigón?), tiene también confirmación en otro documento. Afortunadamente Salas lo reproduce. Es el anexo 7 de su obra (pp. 212-214). Anterior a los del 29 de marzo.

Curiosamente, ¿o no por curiosidad?,  Salas se abstiene de fecharlo pero en esta ocasión no hay la menor duda de que se trata de un documento de procedencia franquista. Se inició con una rotunda afirmación: “Las instrucciones del Mando Superior establecen como rasgos esenciales” y sigue un largo detalle en relación con tres operaciones sucesivas. Contenía un apartado específíco sobre la “cooperación de las Fuerzas del Aire”.  El Mando Superior, obvio es decirlo, no podía ser Sperrle. Tampoco Kindelán. Sería o bien Mola o Franco. En cualquier caso, ¿puede pensar el amable lector que este último no estuviese al corriente? ¿Qué se hubiera tumbado a la bartola?

A tenor de tan interesante documento, “el detalle de la intervención de las Fuerzas Aéreas deberán (sic) regularse por acuerdo directo entre los mandos ejecutantes”. ¿Y quiénes eran estos? Pues los del Ejército de Tierra y de la Aviación. Es decir, Mola y Kindelán. Lo normal.

El documento también señaló que “no es posible establecer de antemano un plan completo de cooperación de las Fuerzas del Aire, aparte de la misión de vigilancia…” Para el día D se preveían “bombardeos previos de acuartelamientos y depósitos. Reiterados, si es posible, sobre Elorrio y Durango”.  Obsérvese que el conocido bombardeo de Durango tuvo un origen claro: el mando franquista.

¿Qué significa esto? Pues, simplemente, que dicho mando era flexible. Estableció un cuadro general y poco después reiteró los procedimientos plasmados en los “protocolos de actuación” que ya conocemos. Las fuerzas aéreas intervendrían a petición del  Ejército de Tierra.

Había correspondido a los mandos inferiores poner a punto los detalles. Salas, siempre “técnico”, escamoteó la reunión crítica que el 26 de marzo sostuvieron von Richthofen y Vigón, a pesar de que ya la citó Maier: entre sus resultados cabe destacar la determinación en común de la hora del ataque que dependería del tiempo, es decir, de los factores meteorológicos. También convinieron que la concreción del arma aérea dependería de la luz verde que diesen la artillería y la infantería, informando de que ya se encontraban en las posiciones de ataque y prestas para pasar a la ofensiva. Si Vigón dio el OK es obvio que no pudieron ignorarlo Solchaga (al frente de las Brigadas de Navarra), Mola, Kindelán y Franco. ¿O es que un coronel tenía carta blanca para asumir compromisos con una fuerza extranjera sin que se enterasen sus superiores?

Nosotros postulamos que existió una estrecha coordinación en el plano estratégico, operativo y táctico. Se había preparado, evidentemente, desde antes del comienzo de la ofensiva y si bien es cierto que los mejores planes pueden chocar con la realidad, lo que en parte ocurrió el 31 de marzo, ¿iban españoles, alemanes e italianos a desechar todo el trabajo efectuado hasta entonces?

No es pues de extrañar en absoluto que la orden del 29 de marzo sobre el apoyo a las Brigadas de Navarra, con la que hemos iniciado este post, previera la más estrecha colaboración de la aviación con las tropas de tierra. El lenguaje no deja lugar a dudas: “tiene que actuar en el día del ataque en estrecha colaboración con las tropas de tierra. Es preciso que la infantería propia con la mayor rapidez posible y sin pérdida alcance las posiciones enemigas”.

Después del ataque habría que actuar con el más fuerte fuego posible de ametralladora sobre movimientos reconocidos en los objetivos y en las posiciones. Salas distorsiona esta frase y, prudentemente,  elimina todas las referencias a que las unidades, después de los bombardeos y de regreso a sus bases para recargar bombas, tenían que dar cuenta de estar preparadas para actuar de nuevo. También elimina (ignoro porqué) la participación de los Junker en acciones con otras escuadrillas, que sí menciona. Pequeños detalles…

Todo lo que antecede muestra que Muñoz Bolaños exagera al afirmar que Vigón, “ocho días antes del inicio de la ofensiva, no tenía ningún conocimiento del papel [de la Aviación] y lo que resultaba más extraño, quién la iba a mandar”.

Tal papel, no hay que olvidarlo, se había abordado desde el primer momento una vez que los alemanes incitaron el desplazamiento hacia el Norte. En cuanto a lo segundo, Franco no se retrató hasta el último momento pero cuando lo hizo se decantó, naturalmente, por Kindelán.

Muñoz Bolaños ha aportado un documento (pp. 177-179) que esgrime como la prueba definitiva de “que no existía un mando unificado en la aviación sublevada, más allá de la jefatura suprema que Franco ejercía, actuando la Legión Cóndor y la Aviazione Legionaria con “autonomía excesiva” “ (p. 181).  Los documentos anteriores apuntan en sentido contrario. Lamento tener que corregirle la plana. El hacerlo es un tema que queda para el post siguiente. No por mantener en suspenso a los lectores sino porque los posts de esta serie gernikesa están resultando demasiado largos.

La Cóndor deja de ser el “bombero” de Franco

27 junio, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

En los posts anteriores he hecho hincapié en el papel táctico de la Cóndor. El apoyo a las fuerzas de tierra, el bombardeo de posiciones republicanas, el dog fighting con la aviación soviética etc, no eran acciones en las que la Legión pudiera desplegar su fuerza al completo. De nuevo la destrucción de su documentación no permite colmar todas las lagunas. Tenemos que movernos por indicios. Eso sí, son suficientes para derrumbar otro de los grandes mitos franquistas: el genial estratega que según dicen fue Franco decidió por fin el 21 de marzo llevar la guerra al Norte y cursó las órdenes oportunas a la Cóndor.

El profesor Joseba Agirreazkuenaga presentó en el reciente simposio sobre el bombardeo de Gernika un plano fotográfico alemán de Bilbao en el que se reseñaban toda una serie de objetivos militares. Lleva como fecha la del 20 de diciembre de 1936. Se compuso cuidadosamente gracias a numerosas fotografías aéreas. Sobre su significación puede debatirse. Como señala dicho autor, después de estudiar detenidamente la prensa de la época, “las autoridades limitaron la información sobre el impacto de los bombardeos y los muertos, en particular después del del 4 de enero, para impedir nuevos asaltos a la cárceles y para que no afectara a la moral de la población”. Este bombardeo es muy conocido pues causó una reacción de venganza que condujo, según Carmelo Landa Montenegro, al asesinato de 225 personas encarceladas en varios lugares. Una reacción, por lo demás, única.

Es posible que hubiese una relación entre las consecuencias y las órdenes de Franco de dos días más tarde sobre el no bombardeo de ciudades, salvo autorización previa. No lo sé, pero para mi argumentación no es relevante.

Lo que sí es relevante es otro aspecto: el interés por actuar en el Norte al filo del cambio de año. Si fue solamente alemán, quizá Franco -obsesionado por Madrid- les llamase la atención. Si fue un interés conjunto pudo haber otras motivaciones. En ambos casos una conclusión se impone: en la medida en que lo que más necesitaba era que la Cóndor actuase de apagafuegos, Franco no dejaba rienda suelta a sus aliados. Tampoco cabe concluir necesariamente que Franco dedicara una especial atención al frente Norte a finales de 1936, como señala Muñoz Bolaños en una obra todavía muy calentita (p. 134).

Lo que está fuera de toda duda es que algunos nazis sí habían empezado a pensar en una ofensiva en la zona norte a principios de enero. El mapa aludido no es un suficiente indicio. Schüler-Springorum (p. 186 de su libro en alemán de 2010) indica que en el informe de un militar del Tercer Reich que visitó España figuraban como posibles objetivos en el Norte: “fábricas de armas y de municiones, instalaciones portuaria, depósitos de víveres y eventualmente ataques terroristas para apoyar negociaciones”. Las itálicas son mías y probablemente significan que por parte de algunos alemanes se las tenía en mente (tras la experiencia de los bombardeos de Madrid) para aflojar la moral de la resistencia vasca. El general Salas, escribiendo años después de Schüler-Springorum, todavía no se había enterado. Muñoz Bolaños (pp. 134s), por su lado, transforma erróneamente dicho informe en supuestas prioridades de Sperrle para la actuación en Vizcaya. Pues no. No está firmado por el general en jefe de la Cóndor y sí por un militar que visitó España.

Más interesante es que Salas recuperase un proyecto de operaciones de Mola fechado el 26 de enero y un boceto de plan firmado, antes del 9 de febrero, por el general jefe de la 6ª división para actuar en el Norte. Ahora bien, tan ensalzado autor en ningún momento menciona (como tampoco lo ha hecho ningún historiador pro-franquista que servidor conozca) que en el diseño de la campaña del Norte la contribución nazi fue muy importante y, probablemente, decisiva. También a Salas se le olvidó señalar que tales documentos ya los había reproducido Martínez Bande en su monografía sobre la guerra en Vizcaya y que los había caracterizado, con razón, de “idea primitiva para la invasión” de lo que quedaba de Euzkadi.

¿Por qué aportaron los militares nazis su savoir faire a una redeficinión estratégica? Tradicionalmente se ha indicado que los alemanes tenían sumo interés en hacerse con el control de la minería del hierro de Vizcaya. Este era una materia prima que, como las piritas, el Tercer Reich deseaba ardientemente para su rearme. Yo mismo he escrito algún artículo al respecto. Fue una condición necesaria pero no suficiente.

La documentación alemana hace pensar que también tuvieron un papel otras razones de tipo estratégico, militar y sicológico. Entre las primeras, la posibilidad de utilizar la Legión Cóndor en bloque, que era para lo que se había creado, a manera de puño de hierro que horadase las defensas republicanas. Desde el punto de vista militar para conseguir la superioridad material con respecto al adversario, eludiendo nuevas confrontaciones en un frente bien defendido como era el central. Finalmente, en una perspectiva de agrietamiento de la moral enemiga para compensar dos circunstancias negativas: el Jarama no había sido una victoria clara y Guadalajara fue la derrota táctica de un ejército, el italiano, aliado al español.

Sperrle nunca pensó que la ofensiva en el Norte condujera a la rápida conclusión de la guerra, pero sí que favorecería “la recuperación del prestigio de las armas nacionales” y que, tarde o temprano, determinaría el resultado en el Centro. Esto nos parece bastante más realista, con independencia de que está inscrito en la reconstrucción alemana de la campaña. En cualquier caso, no cabe descartar motivos adicionales que aquí no interesan.

Desgraciadamente no sabemos las razones de la inicial reticencia de Franco. Se afirma en general que estaba obsesionado con la captura de Madrid. Que lo había estado parece indudable, pero servidor ha argumentado que hacia febrero de 1937 se había dado cuenta de que a él lo que le interesaba era una guerra larga manteniendo a la par su casi inmaculado prestigio de general invicto. Este es un tema que requeriría un tratamiento pormenorizado. Este no es el lugar.

El hecho es que Sperrle y von Richthofen, amén de Mola y otros generales franquistas, unieron fuerzas y consiguieron que Franco diera, efectivamente, la luz verde a la ofensiva en el Norte el 20 de marzo. Ya Klaus Maier indicó que lo que el Generalísimo aceptó fueron las propuestas alemanas y de sus propios militares. Ergo, no se habían establecido de forma puramente endógena (hispánica) y  operando  los mílites franquistas en el vacío sin relación con la Cóndor. Sería, por lo demás, algo totalmente impensable dado que se habían acostumbrado a acudir a ella para cualquier cosa. No en vano Ries y Ring, poco sospechosos de “anti-condorismo”, calificaron la actuación de la Legión en el  período anterior como la propia de unos “bomberos” (Feuerwehr) de Franco. Por contraposición, en la futura campaña los planes de Sperrle eran que la Cóndor actuase tal y como se había previsto en el documento 113. Ni que decir tiene que con el beneplácito de Berlín.

El 24 de marzo von Richthofen se puso en marcha para discutir aceleradamente los detalles de la futura cooperación. Se multiplicaron las reuniones en Vitoria y Burgos. Naturalmente hubo un toma y daca. No en vano las culturas militares diferían. Las posibilidades de acción también. Por parte franquista participaron, amén de varios jefes y oficiales que no merece la pena detallar, los generales Kindelán, López Pinto y Solchaga y, como peón de brega, el coronel Juan Vigón. Este sería el hombre clave de la coordinación nazi-franquista.

Sobre el comienzo de la ofensiva ninguno sabía todavía nada, porque Franco se había reservado la determinación de la fecha. Para algo era el supreme commander. Lo que rápidamente quedó en claro es que, como ya señaló Maier, las fuerzas de tierra franquistas deseaban tener la máxima coordinación con la aviación. Los mandos subalternos españoles no eran particularmente tontos y comprendían, a nivel operativo, que sin los aviones nazi-fascistas el avance de la infantería se vería dificultado de manera considerable.

Cualquier historiador mínimamente competente puede acudir a la documentación alemana relevante en busca de mayores detalles. No es necesario que se desplace a Friburgo. No. Está depositada en copia en el Centro de Documentación sobre el bombardeo de Gernika en la villa foral. ¿Cuántos gacetilleros franquistas se han dado por allí un garbeo?

De lo que antecede, expuesto con toda brevedad, es prácticamente imposible no extraer dos conclusiones: la primera es la primacía absoluta de Franco y a cuyas decisiones se subordinó Sperrle, en cumplimiento de las instrucciones plasmadas en el documento 113. La segunda es que, de cara a la próxima campaña, españoles y alemanes empezaron a montar los pilares para una estrecha coordinación táctica y operativa y con participación algo más que directa de generales y jefes del Ejército del Norte. ¿Debemos suponer que Franco no se enteraba?

Salas, negacionista de la responsabilidad del mando franquista en la catástrofe de Gernika, se vio incluso obligado a reconocer, de forma indirecta, la primacía de Franco en la relación con los alemanes. Por ejemplo, al señalar que en enero se había negado a la supuesta petición de Sperrle de bombardear Bilbao en represalia por la ejecución de un aviador alemán derribado. Se trata de una información para la que no da fuente, salvo que se trata de un detalle que le transmitió verbalmente un amigo suyo que tampoco identifica,  pero el episodio en sí es muy conocido. [Que Salas pida que le crean sur parole es el colmo]. O al indicar que fue el “mando nacional” el que decidió (sic) concentrar en los aeródromos de Burgos y Vitoria el grueso de la Cóndor. Si lo decidió, es obvio que los alemanes  siguieron sus órdenes.

La ofensiva en Vizcaya dio comienzo, como es sobradamente conocido, el 31 de marzo de 1937. Le precedió una orden general de operaciones que Vigón firmó dos días antes, el 29, en nombre de Mola. En ella se incluyó un apartado muy sobrio: “El general en jefe de las fuerzas aéreas dispondrá la forma de cooperación durante la preparación y asalto a las posiciones”. ¿Y quién era el “general en jefe”? Alfredo Kindelán, receptor de la orden para su cumplimiento. Pero…

Muñoz Bolaños ha hecho mucho hincapié en que “Kindelán no iba a determinar los objetivos aéreos de la campaña”  (p. 144). Esta es una afirmación que va, lo quiera dicho autor o no, en el mismo sentido que una de las tesis principales de Salas: fue la Legión Cóndor la que actuó en operaciones aéreas como “autoridad suprema” en el Norte. A mi me parece, sin embargo, que no fue así y que  ambos autores  han desarrollado una argumentación basada en conocimiento imperfecto.  Probarlo exige un tratamiento específico. Es, en efecto,  un punto central. A decir verdad, el central para dilucidar la cuestión de las responsabilidades en la destrucción de Gernika.

Las motivaciones tácticas, los mandos franquistas y la Legión Cóndor

20 junio, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

La historia de la Legión Cóndor es bastante conocida. Aunque la gran masa de documentación que generó fue destruída en uno de los bombardeos de Berlín en la segunda guerra mundial, los mandos alemanes ordenaron una multitud de análisis en profundidad sobre su papel, las operaciones en que participó, las dificultades que encontró, las experiencias que realizó y las lecciones que podrían extraerse de su empleo de cara a la planificación de la futura guerra aérea, etc. Muchos de tales estudios se conservan.

No hay que pedir a los gacetilleros pro-franquistas que se desplacen a los archivos militares de Friburgo y analicen pormenorizadamente tales estudios. Un breve resumen breve se conoce desde hace muchos años de la pluma del exteniente coronel de la USAF Raymond L. Proctor. Su libro, aunque a veces se cita, no parece que se haya abordado desde la perspectiva que nos ocupa en estos posts.

Digamos simplemente que los problemas con que se toparon los alemanes fueron muy numerosos. Entre ellos el que mayor atención ha recibido de los historiadores pro-franquistas es la sorpresa de los rubios aviadores de la Cóndor al tener que combatir contra sus homólogos soviéticos. Resultó que, en general, el material alemán era de bastante inferior calidad. Por otro lado, una cosa era la guerra sobre el papel, tal y como se diseñaba en Berlín, y algo muy diferente la que se dirimía en España.

Además, los mandos franquistas se mostraron pedigüeños. Habían recibido una perita en dulce y, naturalmente, quisieron degustarla  hasta los límites de lo posible. Las consignas del documento 113 se revelaron, en un principio, ilusorias. La Cóndor se convirtió en un apagafuegos y se la empleó de las más diversas formas y en los más diversos papeles. Todos ellos, sin excepción, de naturaleza táctica. Las premuras no daban tiempo para contemplar grandes maniobras estratégicas.

Así que, en el plano táctico, nada mejor que estandarizar procedimientos. Algo que por otra parte era necesario para introducir a la Cóndor en apoyo inmediato de las fuerzas franquistas, en particular del Ejército de Tierra. No conozco a ningún autor, pro-franquista o pro-Cóndor, que haya profundizado en este terreno. Tal vez porque todos ellos siguen deslumbrados por las proezas en combate de los jóvenes guerreros rubios del Norte.

Es sorprendente, en particular, que tampoco figure de forma prominente en ninguna de las tres versiones del bombardeo y destrucción de Gernika debidas al general de división en el Ejército del Aire Jesús Salas Larrazábal. Comblemos, un pelín, tan desafortunado vacío.

Las peticiones de apoyo a la Cóndor se hicieron a través de formularios estandarizados que provenían de la Jefatura del Aire, es decir, del general Kindelán. Supongo, y no es demasiado suponer, que de uso estaría enterado Franco. Las emitía la 3ª Sección, es decir, la de Operaciones. Especificaban el objetivo de la petición, las referencias oportunas para evitar despistes y, cuando era preciso, se adjuntaban los anexos correspondientes. Todo, como se ve, algo burocrático pero imprescindible entre fuerzas aéreas que no compartían ni un idioma en común ni tradiciones comunes.

Los formularios se dividían en tres secciones: información, misión y ejecución. Algo absolutamente normal. En lo que respecta a información se incluían apartados sobre la situación propia, el enemigo y la misión de otras fuerzas aéreas (solo había dos: las italianas y las propias). La segunda sección, generalmente breve, especificaba la tarea que debía cumplirse. La tercera, muy interesante, desglosaba la idea general de la maniobra; la constitución de la fuerza y la organización del mando correspondiente; las condiciones de la ejecución; los enlaces y comunicaciones; eventualidades y, por último, diversas prescripciones. Los formularios identificaban los destinatarios y el número de copias. Las órdenes iban numeradas correlativamente. Todo normalito, pero de lo que se desprende una conclusión inequívoca: era mejor no dejar mucho al azar.

En un mundo ideal el historiador iría rápido y veloz, como corresponde, a buscar las órdenes que se hubieran emitido en el entorno temporal de Gernika. Hélas! Una mano misteriosa las ha hecho desaparecer. Para mi ensayo sobre los fallidos intentos del general Salas Larrazábal de exonerar al Alto Mando franquista no encontré ninguna. Pero sí hallé algunos ejemplares de los formularios ya estandarizados que se utilizaron para cursar peticiones a la Cóndor en diciembre de 1936.

El momento es muy importante. Significa que tan pronto como desembarcaron las últimas unidades de la Legión y empezaron a entrar en combate, alguna mente privilegiada se preocupó de organizar un sistema de transmisión de órdenes que fuese claro y transparente. Pregunta: ¿podría haberse puesto en práctica sin que el augusto Generalísimo no hubiese tenido conocimiento de él? Para mi, la duda ofendería.

Teniendo en cuenta que el Ejército de Franco no era el de una tribu de zulúes en el siglo XIX, no hay que esforzarse demasiado para concluir que desde el primer momento el mando español se preocupó de integrar la actuación de la Cóndor en sus dispositivos de guerra. Las órdenes siempre fueron precisas con respecto al objetivo.

Así, por ejemplo, el 9 de diciembre se pidió a la Cóndor que aprovisionara el Santuario de Santa María de la Cabeza; el 13 que bombardease El Carpio, Montoro, Bujalance y las trincheras y avanzadas enemigas; el 19 que reconociera las vías de comunicación que conducían a la zona de operaciones de Córdoba. Como vemos, tres tipos de operaciones. Naturalmente hubo muchísimas más. Destaca un aspecto que ya fue constante en aquella época temprana: el apoyo aéreo a las fuerzas de tierra y de naturaleza esencialmente táctica. Apoyo que en la campaña del Norte sería fundamental.

¿Y de quién procedían las órdenes? Pues del general jefe del Aire o del general en jefe del Ejército del Sur, el villano Queipo de Llano. ¿Cabría extrapolar a la campaña del Norte y pensar que los actores serían el mismo Kindelán y el terrorista sin fisuras que fue Mola? La respuesta es afirmativa.

Las misiones que hemos indicado se detallaron específicamente y se dieron informaciones sobre el contexto (“idea general de la maniobra”). Sobre la constitución de la fuerza se cursaron instrucciones precisas cuando se involucraba la aviación propia pero, prudentemente, se dejó al mando de la Cóndor la determinación de sus unidades. El receptor nominal era, naturalmente, su jefe de EM, el coronel (el empleo inmediatamente superior al que tenía en la Luftwaffe) Wolfram von Richthofen. Esto último, incidentalmente, significa que el cargo no lo ostentaba Alexander von Scheele, a pesar de que diversos historiados pro-Franco lo presentan así.

Que al mando franquista le preocupaba sobremanera el tema de la coordinación se advierte en las descripciones relativas a las condiciones de ejecución, enlaces y comunicaciones y restricciones eventuales. Cuando la participación italiana era deseada también se especificaba su naturaleza (“una patrulla de Fiat”, en servicio de protección; “no actuarán sin previo aviso ninguna otras fuerzas aéreas distintas de las de la Legión Cóndor”).

En definitiva, como señalaron Proctor y Corum, pero sin extraer demasiadas conclusiones en este tema, los planes y deseos españoles se transmitían a la Cóndor a través de sus responsables y se hacían desde las alturas de los mandos franquistas correspondientes.

Naturalmente, podría plantearse alguna pregunta. Por ejemplo, eso fue en diciembre de 1936 o en enero de 1937 pero, ¿en Gernika?

Así que, como verán los amables lectores, ya vamos acercándonos al tema de las responsabilidades.  Y aquí hay que volver al general Salas.

En la tercera y última versión de sus camelos al respecto (publicada por la editorial Galland) Salas continuó sacando pecho. En la página 339, anexo 63, recopió el ya adelantado en la segunda, de 1987, página 66), sin indicación de fuente (¡faltaría más!) y reprodujo un precioso documento. Argumentó que Franco, después de denegar a Sperrle la autorización de bombardear Bilbao, dio instrucciones por escrito al respecto y Kindelán transmitió al supuestamente prepotente comandante en jefe de la Cóndor el 6 de enero de 1937.

Un lector pro-franquista apresurado respiraría. Haría mal. Sin duda impulsado por su entusiasmo negacionista lo cierto es  Salas “se pasó”. Es correcto que las instrucciones de Franco establecieron taxativamente que “sin orden expresa no se bombardeará ninguna ciudad ni centro urbano” (punto nº 1). También lo es que en el punto nº 3 se ordenó que “cuando se bombardeen objetivos militares en las poblaciones o próximos a ellas, se cuidará de la precisión del tiro con objeto de evitar víctimas en la población no combatiente”. El lector respiraría aliviado a la vista de tan precisas instrucciones.

De ahí a concluir que los alemanes obraron a capricho solo hay un paso. Esto es, por cierto, lo que ya adujeron aquellos adalidades del honor de Franco que fueron Vicente Talón y Ricardo de la Cierva. Lamentablemente, la presunta solicitud del Generalísimo por los “rojos” o los “separatistas” está totalmente fuera de lugar. Salas reprodujo, sí, el documento pero “se olvidó” comentar y explicar que el segundo punto de las instrucciones afirmaba, no menos taxativamente, que “esta clasificación (sic) sufrirá modificaciones parciales según las circunstancia y su vigencia terminará el 31 de enero”. Las itálicas son mías.

Es decir, tales instrucciones no sirven de guía, salvo que se hubieran ampliado, para lo que ocurrió a finales de abril de 1937. Que yo sepa nadie ha publicado tal ampliación y, en cualquier caso, ¿quién ha demostrado que en Gernika no se dieron cita aquellas “circunstancias” que modificaban las instrucciones?.

No se preocupe el lector: todavía hay más. En él próximo post desharemos otro mito franquista y pondremos a Sperrle en el lugar que le correspondía a tenor del famoso documento 113.

La Legión Cóndor y los mandos franquistas: el comienzo

13 junio, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

En este post voy a desarrollar una reflexión sobre los comienzos de lo que terminaría siendo uno de los núcleos centrales de la discusión, al parecer cerrada definitivamente para los historiadores neo-franquistas, en torno a la destrucción de Gernika: la atribución de responsabilidades. Ni que decir tiene que los franquistas, puros y duros, se la echan exclusivamente a los alemanes. ¡Hay que salvar el honor militar de Franco!. Por ello una de las cosas que menos sorprende es la escasa atención que los historiadores españoles y extranjeros han prestado (salvo alguna que otra pequeña excepción) a las relaciones operativas entre los mandos franquistas y alemanes tal y como se configuraron tras la llegada de la Cóndor.

Que a ello no se haya dedicado con intensidad quien pasa por ser el gran manitú de las interpretaciones neo-franquistas sobre la destrucción de Gernika, el ya fallecido general de división Jesús Salas Larrazábal, no es sorprendente. Que ninguno de sus numerosos seguidores hayan osado adentrarse por terreno tan poco explorado tampoco. Así que cuando el año pasado el Ministerio de Defensa y la Comisión Española de Historia Militar de la Real Academia de la Historia publicaron un grueso volumen titulado Historia Militar de España en la edad contemporánea, de 1898 a 1975, me abalancé sobre él para ver si había alguna nueva revelación. Una decisión muy sabia, habida cuenta de la discusión que se ha reencendido con ocasión de este LXXX aniversario.
Tal volumen contiene un capítulo (“Guerra aérea sobre España”) escrito por el coronel de Aviación Don Jaime de Montoto y de Simón, diplomado de Estado Mayor y licenciado en Geografía e Historia. Lo recomiendo calurosamente como ejemplo de la tergiversación que subsiste en torno a las responsabilidades por la destrucción de Gernika. Además, contiene algunos errores fácticos que dicho autor hubiera podido subsanar fácilmente de haber leído alguna obra reciente sobre la Legión Cóndor (por ejemplo, la de Stephanie Schüler-Springorum). Así quizá no hubiese escrito que fue “un cuerpo de aviadores voluntarios” o que su primer jefe fue el coronel (sic) Alexander von Scheele. Desinformación y mezcla de churras con merinas. Von Scheele fue el comandante del primer grupo de aviadores alemanes que llegó a España a principios de agosto de 1936 y los componentes de la Cóndor fueron voluntarios en solo el aspecto formal. ¿Quién iba a negarse a seguir las “invitaciones” del mando a participar en una aventura en un país exótico?

El gran conocedor de la guerra aérea que sin duda es el coronel de Montoto no ha roto la menor lanza a la hora de ubicar la responsabilidad por el desastre de Gernika en el mando alemán y el  franquista.  Su argumentación, que continuaré en un próximo post, peca de inconsistente y de carencia de profundidad analítica. Por un lado, reconoce que “inicialmente Kindelán tuvo dificultades para ejercer el mando supremo de las tres aviaciones (nacional, Legión Cóndor y Aviación Legionaria), ya que al principio era el jefe de la fuerza más débil. Derrochó prudencia y diplomacia hasta que las circunstancias cambiaron y su autoridad fue plenamente aceptada por italianos y alemanes…” (p. 254).

Pero (esta preposición da mucho juego) por otro lado no dice en qué momento del tiempo ocurrió ni hace la menor referencia a la manifestación de las limitaciones impuestas por el doc. 113. ¿Cuándo, en efecto, cambiaron las circunstancias?). ¿Desdeñó Sperrle sus instrucciones? ¿O lo hizo, acaso, su sucesor? ¿O descubrió el mando alemán en Berlín que era mejor seguir las consignas de Franco? El lector del ilustre coronel se queda a la luna de Valencia.

Es necesario, pues, profundizar un poco en el tema. Me parece notable que, salvo error u omisión (de los que nadie está totalmente a salvo), sean escasos los historiadores, militares o no, españoles o extranjeros, que se hayan dado cuenta de la significación de algunas cuestiones, conocidas sí, pero poco analizadas.

1ª La Cóndor se envió para estimular una conducción más rápida de la guerra por parte de Franco y en la esperanza de que tomara pronto Madrid. ¿O no fue así? Dado que Madrid continuó resistiendo, el 18 de noviembre de 1936 el Tercer Reich y la Italia fascista reconocieron como Gobierno de España al aparatito ad hoc montado por Franco tras su “exaltación” a la Jefatura del Estado. El establecimiento de relaciones diplomáticas tuvo impacto en la representación alemana en la ya autodenominada “España nacional”. La asumió el general Wilhelm Faupel, nazi convencido, quien presentó credenciales a finales de mes, precisamente cuando terminaban de llegar la Cóndor y su impedimenta. Warlimont y von Scheele se marcharon, pero antes el primero tuvo que volver inmediatamente a Salmanca a petición de Faupel para que le echara una mano como asesor militar. Los dos pronto chocaron y Warlimont se trasladó poco después al Tercer Reich, donde recibió el mando de un regimiento de artillería. El 21 lo recibió el propio Hitler. El contexto, en el que se examinaba la posibilidad de acrecentar fuertemente la ayuda nazi-fascista, no es relevante para nuestros propósitos.

2ª Un historiador militar normalito se habría preguntado cómo se organizó de entrada la cooperación entre las tres aviaciones. El general Salas no lo hizo. El coronel de Montoto tampoco se lo ha planteado. Sin embargo, se trata de una cuestión importante. Se sabe desde tiempo inmemorial que los aviones de la Cóndor no tardaron demasiado en entrar en combate. Suponemos que bajo mando alemán pero en estrecha relación con el franquista. ¿Cómo se llevó a cabo esta cooperación en el plano operativo? No hay que olvidar que el doc. 113, tan mencionado por numerosos autores, fue silente al respecto.

3ª Hay que tener en cuenta otra circunstancia. El Ejército español, sublevado o no, no tenía la menor experiencia de colaboración con fuerzas extranjeras. Siempre había sido un ejército para el interior. A lo sumo podría mencionarse los cortos, y muy circunscritos, contactos con los franceses tras el desembarco en Alhucemas. No conozco a nadie (sin duda por remediable ignorancia) que haya profundizado en las enseñanzas que se extrajeron de aquella breve cooperación. Los alemanes e italianos, por el contrario, tenían  más, aunque tampoco demasiadas. Los primeros habían efectuado experiencias en la Europa central y oriental con los aliados austro-húngaros y turcos. También en el Oriente Medio. Los segundos, con la Entente en el frente italiano del norte, al menos a nivel de Estados Mayores. Es decir, en su apertura a otras culturas militares superaban netamente a los españoles. Con todo, es inevitable que hubiera contactos inmediatos sobre cómo organizar las operaciones futuras. ¿Alguien ha encontrado los papeles que las ilustren? ¿Dónde están las minutas que se redactaran por parte española? Misterio. ¿O no se redactaron? ¿Deberíamos concluir que los sublevados se comportaban como un ejército tribal?

4ª Creo que la respuesta a esta última pregunta, que ya se planteó Herbert R. Southworth, es negativa. Por ahora podemos suponer que las consideraciones tácticas predominarían sobre las estratégicas. Los nuevos aviones alemanes participarían en operaciones del primer tipo, contribuyendo a solventar todo tipo de urgencias. Es decir, salvo que se demuestre lo contrario Sperrle no podría aplicar todas las amplias prerrogativas de que disfrutaba para el empleo de la Cóndor. Su misión fundamental estribaba en ayudar a Franco y, mientras no se demuestre lo contrario, hemos de pensar que a ello se dedicó desde el primer momento. Hubiera sido muy interesante que el general Salas o el coronel de Montoto hubieran aplicado su inigualable conocimiento de los recovecos de la guerra en el aire a explorar esta primera fase de las operaciones de la Cóndor y la relación entre los mandos respectivos.

5ª Afortunadamente, un historiador norteamericano, el ex teniente coronel y aviador Raymond  L. Proctor suministra algunos detalles que, hasta cierto punto, permiten rellenar varias lagunas. Por él conocemos que Sperrle empezó a dictar órdenes el 5 de noviembre, antes de que llegaran los primeros contingentes de la Cóndor. Que Varela, en su ataque a Madrid, solicitó en varias ocasiones apoyo aéreo a la aviación alemana e italiana. También sabemos que el 15 de noviembre se registró la primera participación en combate de los aviones de la Cóndor cuando empezaron a bombardear -tal y como prescribía el doc. 113- los puntos de desembarco del material soviético. Que tres días más tarde se emplearon a fondo en el bombardeo de Madrid en acciones que duraron hasta el 22. Que el 27 sus aviones respondieron a peticiones urgentes de Queipo de Llano y descargaron repetidamente bombas sobre las tropas republicanas que cercaban el Santuario de Santa María de la Cabeza a la vez que dejaron caer cuantiosos suministros a sus defensores, etc.

Así, pues, como conclusión para este post cabe pensar que, mientras no se demuestre lo contrario, los nuevos apoyos aéreos nazis se concentraron en realizar operaciones de carácter esencialmente táctico. No se olvidaron otras de mayor calado potencial, como los intentos de interrumpir el suministro de armas soviéticas a la República. Señalemos, no obstante, que desde el primer momento hubo algunas fricciones entre los mandos franquistas y el alemán. En diciembre, una vez completado el envío de la totalidad de la Legión en su primera encarnación, Sperrle adoptó una decisión que disgustó a los españoles. Los aviones alemanes apoyarían la batalla por Madrid solo por la noche para limitar las pérdidas que pudieran ocasionar los cazas soviéticos. A tal efecto se concentrarían en el bombardeo de la carretera y el ferrocarril que comunicaban Madrid con Valencia.

No nos consta que de ello se derivasen consecuencias duraderas para la cooperación futura entre nazis y franquistas. Tampoco es exagerado afirmar que no tardarían en perfeccionarse las líneas esenciales de la misma en el plano operativo. Algo que, de nuevo, los historiadores pro-franquistas (no digamos nada de los gacetilleros de turno) se han abstenido cuidadosamente de abordar. A tal aspecto dedicaré el próximo post. Como los lectores observarán, conviene aproximarnos metódicamente al tema central de esta serie.

Condiciones para el empleo de la Legión Cóndor. Comentario.

6 junio, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Dado que el documento reproducido en el post anterior se conoce desde, por lo menos, 1950 cuando fue publicado en inglés, a los lectores no les extrañará que haya sido objeto de numerosas interpretaciones. Hay algunas, debidas a historiadores pro-nazis o pro-franquistas, realmente pintorescas. Aquí solo haré una exégesis interna, combinada con la adecuada contextualización del documento 113. Los lectores se darán pronto cuenta de que no se trata de un ejercicio vano y de que constituye la base para abordar uno de los aspectos más discutidos en relación con la destrucción de Gernika, seis meses y medio más tarde.

  1. Como pone de relieve la comunicación al embajador alemán en Roma, la decisión de enviar refuerzos aéreos a España se adoptó formalmente el 30 de octubre, pero esto no significa que fuese como reacción a la incipiente ayuda soviética a la República.

Ciertamente, que los soviéticos habían ya enviado hombres y armamento al Gobierno español lo sabían los alemanes. Pero no solo los alemanes. En los Archivos Nacionales de Londres se encuentran numerosos telegramas que dan cuenta de los rumores sobre la eventual ayuda soviética, que Moscú por cierto había espejeado claramente ante el Comité de No Intervención, caso de no detenerse el apoyo nazi-fascista a Franco. El anuncio, sabemos hoy, lo redactó el propio Stalin. Nazis y no nazis pronto tuvieron una prueba contundente. El torpedero Luchs fotografió en Cartagena el desembarco de la carga del Komsomol el 15 de octubre. El representante en España del Alto Mando alemán, teniente coronel Walter Warlimont, ordenó inmediatamente que aviones de los ya enviados a Franco bombardeasen el puerto. Es obvio que no lo haría sin concertación con los sublevados. En Cartagena había otros barcos, de distintas nacionalidades, y en la ciudad actuaban agentes consulares (honorarios o no). No hay que ser un lince para pensar que transmitieron informaciones a las capitales.

También sabemos que Franco (¡oh, Franco!) afirmó ante el cónsul general italiano en Tánger, cuando se entrevistó con él secretamente en Sevilla el 20 de septiembre, que existía una gran posibilidad de que los rusos intervinieran en España. Afirmó que planificaría su avance hacia Madrid para evitar que le cayese encima el mal tiempo antes de ocupar la capital y de que la ayuda soviética se materializara. Los británicos interceptaron el telegrama italiano. Sería muy interesante examinar sus prisas porque no da la impresión de que acelerara los preparativos. ¿Por qué?

  1. La fecha en que los alemanes empezaron a planear la formación del futuro “cuerpo de aviación” que menciona el documento 113 está muy discutida en la literatura. Numerosos historiadores proclives a Franco la retrasan todo lo posible para presentarla como reacción a la ayuda soviética. Otros, entre los que me cuento, la interpretan como medida preventiva. La inmensa mayoría que yo sepa no se entrevistaron con Warlimont. Aparte de servidor lo hizo, y dejó constancia de ello, el expiloto norteamericano Raymond L. Proctor. Según Warlimont, Canaris se entrevistó con Franco el 30 de octubre, es decir, en la misma fecha en que se envió el documento 113. Proctor afirma, citando a Warlimont, que Franco se sorprendió mucho porque no había pedido nada y, en realidad, “no lo quería”.

Podemos dudar de esta afirmación. A mi no me dijo Warlimont que estuviera presente en la entrevista entre Canaris y Franco. Lo que es más que probable que  sorprendiera al ya Generalísimo fuesen las condiciones pero no se dice no a una perita en dulce. Si había pedido en julio aviones a diestro y siniestro (léase a Hitler y Mussolini) y los había recibido en mucha mayor cuantía sin que nadie haya documentado protesta alguna por su parte, ¿iba a hacerlo a finales de octubre?  Digamos, de paso, que las afirmaciones y leyendas (como las asumidas acríticamente por R. Hidalgo Salazar y que tantos autores pro-franquistas han propagado a la mayor gloria del futuro Caudillo) son en parte una invención. Al menos no se ha encontrado ninguna evidencia que las respalde en el sentido de que no se mostrara encantado. Supondremos que Canaris, perro viejo en lides españolas, presentaría las condiciones con toda la suavidad posible. Algo que, por otra parte, también haría cualquier diplomático avisado.

Proctor tuvo, además, la oportunidad de poder entrevistarse con el comandante Hermann Plocher y el relato que de ello hace es muy plausible. Plocher fue destinado al grupo de planificación del futuro “cuerpo aéreo” a mitad de octubre. Los historiadores pro-franquistas se olvidan del episodio. ¿ Por qué? Porque significa que, por lo menos, antes de la llegada de la ayuda soviética a la República ya se había autorizado el comienzo del ejercicio de planificación.

  1. La fijación anti-soviética y pro-franquista de tantos y tan reputados expertos ha llevado a muchos a menospreciar una de las apreciaciones del posterior general Erwin Jaenecke, que estuvo en el ajo de la creación de la Cóndor. Según este militar, Hitler no estaba demasiado interesado en aquellos momentos en que la Italia fascista se hiciera con una posición demasiado fuerte en el Mediterráneo. A pesar de todas las simpatías entre los dos dictadores el amor no generaba retornos. Que Jaenecke luego aludiera a la ayuda soviética no debe hacer olvidar ese vectorcillo italiano.
  2. Pocos son los historiadores pro-franquistas, si hay alguno, que hayan hecho hincapié en que las decisiones de apoyo a Franco (político, diplomático, militar) se tomaron siempre en las capitales del futuro Eje. No hubo negociaciones con el general rebelde. Roma y Berlín decidieron siempre en función de sus propios intereses y apreciaciones. A veces tuvieron en cuenta a sus representantes sobre el terreno. En otras, no. Franco, con frecuencia a través de sus subordinados, terminó implorando más y más ayuda y a veces se le concedió en todo o en parte. O se la negaron. O le sometieron a chantaje, que de todo hubo en la Viña del Señor.
  3. La condición más importante de las expuestas a Franco fue, sin duda, la primera. El comandante en jefe alemán era quien sería responsable del manejo de la Cóndor y respondería únicamente ante Franco. Los autores pro-franquistas, en general, no han ilustrado demasiado bién cómo se instrumentó la coordinación con las fuerzas españolas e italianas. La llegada a la España de Franco de un contingente aéreo alemán con sus estructuras verticales de mando planteaba un problema estratégico, operativo y táctico. Sperrle no podría hacer lo que quisiera. Tampoco podía imponer sus concepciones como si estuviera actuando en una colonia imperial de antes de la Gran Guerra. Los italianos y los españoles no carecían de Aviación. ¿Cómo coordinar el empleo? Es obvio que esto no podía hacerse al nivel de Franco. ¿Había otros escalones con los que interactuar? Plantear la pregunta equivale a responderla: claro que la había. Era la Jefatura del Aire, al mando de la cual se encontraba nada menos que el general Kindelán.
  4. Este caballero tenía varias cualidades sobresalientes. Era monárquico a machamartillo. Solía visitar en Roma a Alfonso XIII. Estuvo metido hasta los ojos en la conspiración del 18 de julio. Sus contactos previos con los fascistas italianos están todavía por descubrir. Personalmente, me parece imposible que las negociaciones entre los monárquicos (calvosotelistas, de Renovación Española) y los fascistas para la adquisición masiva de material aéreo italiano antes de la sublevación se hicieran sin que él las conociera. ¿Quién podía dar el visto bueno a la firma de los contratos con la SIAI el 1º de julio de 1936? Algo en que los historiadores pro-franquistas, siempre prudentes, siguen sin querer inmiscuirse. ¡Quelle horreur! Calvo Sotelo a pachas con el Duce.

Kindelán fue, además, uno de los generales que con mayor vigor defendió la candidatura de Franco a la jefatura suprema de los sublevados por mor de su supuesto monarquismo. Parece raro que el Generalísimo no consultara con él en temas de aviación.

  1. Es más, suponemos que Kindelán incluso tendría algo que ver con Warlimont. Antes de que finalizara octubre de 1936 el Tercer Reich había enviado a España, según unos entusiastas de la Cóndor (Karl Ries y Hans Ring), 20 aviones Heinkel 46; uno He 50; 24 Heinkel 51; 2 He 60; 2 He 70; 2 Henschel 123; 28 Junkers 50; 3 Me Bf 109 y 5 correos. A lo mejor hubo más. No es importante para nuestros propósitos. ¿Con quién hablaba Warlimont acerca de su empleo? Algunas veces, suponemos, con Franco, pero lo más verosímil es que hablara con Kindelán. Con la llegada de los nuevos refuerzos, que respondían ya a otros planteamientos, los interlocutores inmediatos habrían de ser Franco y Kindelán. ¿O no?

Por eso en el próximo post no reproduciré verbatim ningún documento sino que exploraré cómo empezó a hacerse la coordinación entre tres fuerzas aéreas. Algo, todo hay que decirlo, que no me parece que ningún historiador pro-franquista lo haya documentado. No es una casualidad. Como tampoco lo es que el gran manitú de las “espirituales” leyendas sobre Gernika, el general Jesús Salas Larrazábal, haya pasado como un relámpago por el tema abordado en este post y el precedente. Si alguien no me cree que consulte su opus publicado en la meritoria editorial Galland Books, página 41. [Supongo que el nombre es un homenaje a tan heroico as de la Luftwaffe] y confirmará lo que escribo. Son cosas que pasan…

Condiciones para el empleo de la Legión Cóndor

30 mayo, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Este es un documento muy notorio. En general se le glosa. Aquí se reproduce con exactitud. Toda serie de posts que quiera abordar el tema de las responsabilidades implicadas en el bombardeo y destrucción de la villa foral ha de incluir el, por así decir, acta de bautismo de la Legión Cóndor. Adelanto ya, porque quien avisa no es traidor, que la cadena de mando inscrita en el presente documento siguió teniendo validez el 26 de abril de 1937. Es una tesis que ha sido “contestada” desde que los historiadores pro-franquistas no pudieron evitar tener que reconocer que había habido un bombardeo nazi. No lo hicieron por gusto, pero incluso ellos tuvieron que rendirse a la evidencia que dio a conocer un historiador militar alemán, el entonces comandante de la Luftwaffe Klaus A. Maier, precisamente en el año en que murió Franco.

 

No. 113

El ministro de Asuntos Exteriores von Neurath al embajador von Hassell

Berlín, 30 de octubre de 1936

Querido Hassell,

Te adjunto copia de las instrucciones que ha firmado hoy mismo el ministro de la Guerra tras consultar conmigo y con el almirante Canaris, ya regresado a España, y con el general de división Sperrle, que mañana viaja también a España vía Roma.

En respuesta a tu telegrama nº 229 quisiera observar  que seguimos en lo posible con la idea de proceder al reconocimiento del Gobierno de Burgos tan pronto tenga lugar la toma de Madrid. No nos parece conveniente enviar antes a Burgos “delegados” o  “agentes”. Entre otros motivos porque lo hiciéramos el general Franco podría verse alentado a proseguir sus tácticas dilatorias. Así pues comunicaremos a Attolico [embajador italiano en Berlín] cuando venga a vernos que mantenemos el acuerdo de proceder al reconocimiento conjunto de Franco una vez caiga Madrid y que, inmediatamente después, también enviaremos un encargado de negocios ante el gobierno de Burgos. Al mismo tiempo romperemos las relaciones con el hasta ahora Gobierno de España, retiraremos nuestra embajada de Alicante y comunicaremos a la española en Berlín que su actividad ha terminado. Esta forma proceder es más que obvia y nunca hemos pretendido otra cosa.

Con mis más cordiales saludos

Tuyo

Neurath

Anexo

Berlín, 30 de octubre de 1936

Instrucciones

Para almirante Canaris

general de división Sperrle

Asuntos Exteriores (para Roma)

Con el ruego de proceder a ejecución conforme

Es absolutamente preciso defender el siguiente punto de vista ante el general Franco:

1 El Gobierno alemán considera, en atención al previsible reforzamiento de la ayuda rusa a los rojos, que el tipo de combate seguido hasta ahora por los blancos tanto en tierra como en el aire no garantiza el éxito. De continuar tal comportamiento dilatorio por muy metódico que sea  (el no aprovechamiento de la por el momento favorable situación en tierra y aire y la dispersión en la utilización del arma aérea) se pondría en riesgo lo hasta ahora conseguido.

La rápida toma de Madrid es de la mayor importancia desde el punto de vista político porque, en tal caso, tendrá lugar el reconocimiento por parte de Alemania e Italia del gobierno blanco. Con ello se sentarán las bases para adoptar medidas de apoyo mucho más amplias.

2 La premisa para un mayor apoyo de la fuerza aérea es la siguiente:

  1. El mando de las unidades alemanas en España debe corresponder al comandante en jefe alemán. El será el único asesor del general Franco en relación con el cuerpo aéreo alemán y solo responderá ante él personalmente por todas las medidas que adopte. Hacia el exterior se mantendrá la dirección española.
  2. Incorporación de todas las unidades alemanas que hoy se encuentran en España (aviación, antiaéreas, comunicaciones y servicios correspondientes) a la fuerza aérea por formar según el apartado a).
  3. Protección de las bases aéreas alemanas por medio de fuerzas de tierra suficientes y que serán reforzadas en caso necesario.
  4. Conducción más activa y mejor planificada de la guerra en las operaciones de tierra y aire. Todas ellas al servicio de la rápida captura de los puertos más significativos para los refuerzos rusos.

3 En el supuesto de que el general Franco acepte sin reserva las condiciones anteriores, se considerará continuar movilizando más ayuda alemana.

Véase anexo

Anexo a las instrucciones

Por parte alemana se piensa enviar las siguientes unidades militares:

Un grupo de bombarderos

Un grupo de cazas

Una escuadrón de aviones de reconocimiento lejano

Una escuadrilla de aviones de reconocimiento próximo

Dos compañías de comunicaciones

Dos compañías de servicios

Tres baterías antiaéreas pesadas

Dos pelotones con proyectores

Fuente: Akten zur Deutschen Auswärtigen Politik, tomo III, Deutschland und der Spanische Bürgerkrieg, Imprimerie Nationale, Baden-Baden, 1951, pp. 106s.

El comentario correspondiente se efectuará en el próximo post.

Sobre la destrucción de Gernika: desmintiendo algunas falsedades

23 mayo, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Es axiomático que cuatro ojos ven más que dos. Por la misma razón, ocho ven, probablemente, más que cuatro. Es un axioma que estoy siguiendo con el texto de un futuro libro sobre Franco en el que he ido trabajando a lo largo de los últimos dos años con tres colegas. Ya terminado provisionalmente, están examinándolo en varios temas respetados expertos. Cuando se publique, en febrero/marzo del año próximo, confío en que no dé demasiadas alegrías a la FNFF ni a la galaxia de protectores y protegidos suyos que gira en torno a ella. Nos reiremos mucho.

Viene esto a cuento para dar a conocer mi alegría por haber circulado la semana pasada el documento de von Richthofen. Esto ha permitido a un historiador alemán, el doctor Ingo Nebel, asentado algún tiempo en Gernika y con quien coincidí en la villa foral hace un mes, llamarme la atención sobre la autoría del documento reproducido literalmente en el post precedente. Su autor no fue el jefe del Estado Mayor de la Cóndor sino alguien, si se me apura, más relevante para nuestros propósitos. Se trató de otro militar del mismo apellido, aunque no pariente, Joachim. Trabajaba en el Ministerio de Aviación, desde el cual se dirigía, supervisaba y analizaba la actuación de la Cóndor. Es decir, desde el centro del poder aéreo nazi. Por desgracia, y como es sabido, los archivos de la Cóndor los destruyó uno de los frecuentes bombardeos aliados de la capital del “Reich de los mil años” que tanto admiraron nuestros fascistas autóctonos. Lo que queda son documentos que figuraban en los archivos de otros departamentos.

El documento lo halló la profesora Stephanie Schüler-Springorum en un archivo intermedio militar alemán próximo a Berlín y lo mencionó específicamente en su libro sobre la Legión Cóndor (Krieg und Fliegen). Volvió a hacerlo en la traducción parcial de su libro en castellano, publicada por Alianza Editorial. A pesar del tiempo transcurrido no conozco a ningún historiador académico (salvo el profesor Xabier Irujo) que se haya servido de él. No hablemos de los periodistas pro-franquistas y aficionados que han disertado largo y tendido sobre el bombardeo en este año del ochenta aniversario.

Tras leer Krieg und Fliegen me puse inmediatamente en contacto con Stefanie quien, amablemente, me envió una copia. Siempre que he aludido a Gernika he aludido a la ella y a Xabier. Ahora aludo, con sumo agrado al doctor Nebel. Nunca hay que vestirse con galas ajenas.

Confieso que no me percaté en absoluto de que la autoría pudiera ser otro von Richthofen. El último renglón (“En la próxima oportunidad se enviarán a los servicios centrales proyectiles italianos de diferentes potencias”) me hizo parecer obvio que la procedencia era del jefe de EM, aunque ahora puede entenderse de otra forma. La firma, en efecto, era la de Joachim, a mayor abundamiento también teniente coronel. Avisaba, simplemente, que pronto se recibirían en Berlín muestras de las bombas italianas De todas las formas, lo traduje el documento tal cual y no se me ocurrió quitar el 2 tras el nombre del autor, que firmaba con este guarismo para diferenciarse el otro. Hoy, a la luz de esta circunstancia, me parece mucho más importante que antes el primer elemento que, en mi opinión es preciso subrayar. La fecha del documento: 28 de mayo.

Para entonces hacía más de un mes que se había producido el bombardeo y el escándalo internacional que generó estaba en plena efervescencia. Es comprensible que el autor, bien consciente de las repercusiones que había tenido en países un tanto sospechosos de lo que tramaba el Tercer Reich en general y en España en particular, tuviera cierto cuidado a la hora de redactarlo. Dicho esto, quisiera resaltar unos cuantos aspectos que llaman la atención.

  1. En la acción, como sabemos, participaron aviones italianos. Pero de esto von Richthofen 2 no hizo la menor mención. También señaló una estimación de daños que, aunque elevada, redujo sustancialmente. Cabría pensar que no era esencial para su argumentación.

En esta perspectiva dos temitas llaman la atención. El primero es que, según él, los alemanes no vieron a ningún habitante cuando visitaron la ciudad. ¿Por qué lo omitiría, cuando sabemos que, efectivamente, se habían presentado en ella poco después de su conquista? ¿Acaso se habrían escondido los gernikeses entre los escombros de sus destruidas viviendas mientras extranjeros rubios y de rutilante uniforme pudiera extasiarse ante su desolación? ¿Habrían sido evacuados para que no pudiera haber el menor contacto entre ellos?  Son preguntas retóricas. El segundo temita, más sobresaliente en mi humilde opinión, es que tampoco mencionó en ningún momento algún porcentaje o número aproximado de víctimas. Lo hizo en los casos de Durango y Eibar (disminuyéndolos) pero no en Gernika. ¿Por qué? La cuestión es para mosquear a cualquier lector.

  1. No mencionó von Richthofen 2 la participación, esencial, de cazas, alemanes e italianos, que ametrallaron a la población con gran entusiasmo. Como el cazador a la hora de pegar tiros a los conejos. [Inciso: recuerde el lector La caza, de Saura, y al enriquecido franquista que interpretó Alfredo Mayo].También cabría argumentar que la descripción de la acción no era objeto de su informe. Pero esto significa que, obviamente, no puede entenderse como un documento que refleje, siquiera a grandes rasgos, lo sucedido sino solo una parte. ¿Cuál? La que en mayo de 1937 más podría interesar en las instancias superiores de la Luftwaffe. ¿Y cuál era esta? Los resultados de lo que, entre otras finalidades, los alemanes perseguían en la campaña del Norte, que desde Berlín se monitoreaba con suma atención. Es decir, el examen comparativo de las técnicas de lanzamiento de bombas y la composición de su carga que MEJOR pudiera destruir las villas, pueblos y ciudades del Norte de España.
  2. Así llegamos al núcleo del documento. Con vistas a una guerra aérea del futuro, que previsiblemente se desencadenaría sobre países tales como Francia, Bélgica, Luxemburgo, Holanda y Polonia, todos ellos limítrofes del Tercer Reich y obstáculos a la política expansionista de Hitler, los alemanes quisieron hacer experimentos. No es una casualidad que von Richthofen 2 iniciase su informe señalando las semejanzas entre el tipo de casas del País Vasco con el que predominaba en las futuras víctimas de la agresión hitleriana. Centrándose en este aspecto, caminaba sobre seguro y podría tener la certidumbre de que su informe se acogería con interés porque de él podrían extraerse conclusiones operativas. De aquí que la carga de bombas que afirma se utilizó sobre Gernika recayera, esencialmente, en la combinación de las de mayor tamaño (250 kilos) con las incendiarias.
  3. En este sentido, von Richthofen 2 siguió un razonamiento lógico al colocar a Gernika como el punto culminante de una escalada de bombardeos sobre ciudades relativamente pequeñas y que habían acometido los italianos. Se encontró con que tanto las técnicas de lanzamiento de estos últimos como sus espoletas de acción retardada producían “excelentes” resultados. Había, pues, que abandonar las bombas de 50 kilos. Para abarcar todo el posible horizonte de destrucción convendría, además, cubrir los huecos existentes entre las de 100 y de 250 kilogramos. Estas últimas eran las de efecto más destructivo pero con pesos intermedios podría alcanzarse, tal vez, una mayor flexibilidad.
  4. En consecuencia, el informe debe entenderse como limitado a lo que su título indica. Efectos en el sentido más material y concreto posible: es decir, físicos. De lo que se trataba, insisto, era de destruir edificios de la forma más eficaz y rotunda imaginable. Sin, por supuesto, verse limitados por molestos constreñimientos relacionados con la suerte de los habitantes. Sin exagerar lo más mínimo, cabría afirmar que en el mando de la Luftwaffe se anticipaba ya, en Berlín, lo que iban a ser algunos de los bombardeos que puso en práctica en la campaña de Polonia dos años después. Pero no se anticiparon los que el Tercer Reich iba a recibir en sus ciudades en cuanto se puso de relieve la superioridad estratégica de la RAF, potenciada por la de la USAF.
  5. Es de notar la secuencia seguida por los alemanes. Lo primero que había que hacer era abrir las casas. Después una lluvia de incendiarias se abatiría sobre la ciudad. Cuando los servicios de bomberos se pusieran en marcha llegaría la hora de lo que cabría calificar de bombardeo en profundidad o bombardeo pesado. Estaba destinado a aniquilar todos los esfuerzos por extinguir los incendios y romper los conductos por los que discurría el agua. ¡Aleluya, aleluya!.
  6. Naturalmente, el informe no mencionó para nada la supuesta actuación de dinamiteros “rojos”, o de gudaris dispuestos a sacrificar su ciudad para poder echar después la culpa a los “nacionales”, o el supuesto objetivo del ataque que habría sido la destrucción de un puente de piedra sobre la ría (que no resultó dañado) y demás pamplinas que esmaltaron, y todavía esmaltan, la propaganda y las distorsiones pro-franquistas. Da, en particular, un mentís rotundo a las afirmaciones de algún que otro bondadoso testigo clerical que se prestó al jueguecito malabar que constituyó el “informe Herrán”. Una mentira piadosa siempre viene bien porque, ya sabemos, la jerarquía la perdonará tras la debida confesión. Incidentalmente, dicho informe ha sido presentado y se presenta en la historiografía afin a los “nacionales” como el documento más fidedigno de lo que ocurrió en la villa foral (aunque no lo mencionara el historiador de la corte de Franco hasta que no tuvo más remedio, ya que en inglés se conocía desde los años de la guerra civil).
  7. Obsérvese que tampoco mencionó von Richthofen 2 en ningún momento el tipo de colaboración que había existido entre los mandos alemanes, italianos y españoles. Tampoco era el propósito del informe pero, como veremos en un post ulterior, no lo necesitaba. En Berlín se conocía perfectamente.

Hubiera sido pedir mucho a los periodistas y sedicentes expertos pro-franquistas que hubiesen hecho algo parecido. A lo más que muchos de ellos llegan es a trasponer, cual palabras de evangelio, las curiosas tesis del general de división, ya fallecido, en el Ejército del Aire Jesús Salas Larrazábal. Como siguen vivitas y coleando tendré que volver sobre ellas. Pero antes es necesario profundizar en algunas otras dimensiones que, aunque conocidas, o se tratan someramente o se desfiguran. ¡Hay que salvar a Franco!. Lo veremos en los próximos posts. Y, como afirma el dicho, ¡que salga el sol por Antequera!

Gernika: un experimento, coronado con éxito, en la destrucción de ciudades en la guerra civil española

16 mayo, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

El pasado mes de abril se conmemoró el LXXX aniversario del bombardeo y destrucción de Gernika. Los medios, en papel y digitales, se hicieron eco. Con posiciones muy varias. Las hubo factuales. No faltaron en los últimos, sobre todo de extrema derecha, opiniones pintorescas. Algunos autores me distinguieron con sus improperios. Un honor. Me horrorizaría que me hubiesen alabado, incluso mínimamente. Tampoco conozco a ninguno que se haya destacado por sus aportaciones en investigación de base.

Inmediatamente anuncié en Facebook que daría a conocer varios documentos seleccionados, pero que la extrema derecha prefiere ignorar y que, por supuesto, no se ha molestado en buscar. Tras su publicación haré en el post siguiente varios pequeños comentarios.

Interrumpo, pues, la serie dedicada al hambre en la postguerra. Volveré a ella, no quedan ya muchos posts, tras este intervalo dedicado al inagotable tema de Gernika.

Me permitiré, eso sí, no nombrar ni a los escribidores a sueldo ni a quienes se auto-presentan como “historiadores” o “periodistas”. Les dejo que se cuezan en sus certidumbres a prueba de bombas

La traducción del original alemán es de mi propia cosecha. Ha sido revisada por un amigo mío, antiguo coronel y hoy profesor de Universidad.

 

 

INFORME DEL TENIENTE CORONEL DE LA LUFTWAFFE (ACTUANDO EN ESPAÑA CON EL EMPLEO DE CORONEL) WOLFRAM VON RICHTHOFEN SOBRE BOMBARDEOS DE CIUDADES EN LA PRIMERA FASE DE LA CAMPAÑA DEL NORTE

 

Legión Cóndor                                                                          SECRETO

S/88, Sección Ia                                                                  28 de mayo de 1937

Distribución: Wilde, LA, LCh, LC II Ch, LC II 5, 2 L, S/88 Ia, S/88 Ic, borrador al archivo

 

EFECTO DE LOS BOMBARDEOS SOBRE CIUDADES ESPAÑOLAS

(FRENTE DE VIZCAYA)

(Informa v. Richthofen)

En el transcurso de las últimas cuatro semanas los españoles blancos han bombardeado varias ciudades en el frente de Vizcaya. Los ataques se repitieron varias veces al día y se lanzaron proyectiles de diversos tipos y potencia. Una corta visita al teatro de operaciones tras la captura de dichas ciudades ha dado los siguientes resultados:

 

  1. Tipo de construcción de las ciudades del norte de España

A diferencia de las edificaciones del sur, con una altura máxima de tres pisos, tejados planos y paredes de ladrillo relativamente blandas, lo que se encuentra en el norte son casas de tres y cuatro pisos y que en general cuentan con sótano. Sus muros exteriores tienen un espesor de entre un ladrillo y medio y dos ladrillos macizos o son de piedra natural (basalto o piedras de cantera) y del mismo espesor. La estructura de los tejados es de madera cubierta. La construcción es similar a la que predomina en las pequeñas ciudades de los países occidentales que nos son vecinos.

Su situación geográfica en los valles implica que las ciudades examinadas, y cuya población oscila entre 2.000 y 3.000 habitantes, tengan una alta densidad de edificación. Por lo general dos o tres calles en paralelo discurren por el fondo del valle y las casas están muy pegadas entre sí. En las laderas de los montes hay caseríos aislados algo más pequeños. No existen calles que se entrecrucen ni edificios en las partes traseras.

La riqueza mineral de la zona ha favorecido la aparición de una industria del metal bastante activa, lo que se traduce en la presencia de numerosas fábricas de armamento y que por lo general cuentan con plantillas de entre 50 y 200 hombres. Los talleres están ubicados en edificios de tres a cuatro pisos, como ocurría en la Alemania del norte entre 1910 y 1914.

 

  1. Efecto de los bombardeos

Los objetivos principales de los ataques aéreos en dicha zona fueron Durango, Eibar y Guernica. Dado que los ataques se repitieron hasta cuatro veces al día y que se lanzaron proyectiles rompedores alemanes, de 50 y 250 kilos, e italianos, de 50, 100 y 250 kilos asi como bombas incendiarias el análisis de los efectos de cada uno de estos tipos ha sido bastante difícil de evaluar. Los resultados que han podido comprobarse son los siguientes:

 

a) Durango

Bombardeado predominantemente con proyectiles rompedores italianos de 50 kilos. Cada avión lanzó tres proyectiles por procedimientos mecánicos en cada ataque. Los dispositivos pertinentes los llevan todos los aviones italianos aquí presentes. Desde una cota de 1000 metros aproximadamente los impactos de cada lanzamiento se distribuyeron en un área de entre 100 y 150 metros cuadrados.

Los daños comprobados se tradujeron en la destrucción de la estructura del tejado y del piso superior de las edificaciones. Una vez que se ha determinado y se ataca el objetivo, la técnica italiana de lanzamiento logra relativamente muchos blancos, sobre todo en el caso de impactar sobre bloques de casas. El porcentaje de daños oscila en torno al 55 por ciento de todas las edificaciones.

El número de personas muertas ronda, según las declaraciones de los habitantes, en torno a las 50 (sic) y corresponde en su mayor parte a la población civil. En cuanto se produjo el primer ataque esta no huyó hacia los bosques vecinos, como ocurrió con las tropas que había en la ciudad y otros habitantes que permanecieron en ellos en espera de que terminase el bombardeo. No había refugios. Cuando se visitó la ciudad no es de extrañar que los habitantes dieran la impresión de estar deprimidos pero no tardaron en ponerse a trabajar con vehemencia a fin de reparar en lo posible sus casas, destruídas por el bombardeo y por las sevicias de los dos bandos.

El efecto de los proyectiles rompedores alemanes de 50 kilos, que se lanzaron tanto aquí como sobre otras ciudades en pequeñas cantidades, fue similar al de los italianos.

 

b) Eibar

Se utilizaron principalmente proyectiles rompedores italianos de 100 kilos. En caso de hacer blanco dichos proyectiles atraviesan los cuatro pisos y alcanzan el sótano. No pudieron examinarse los embudos al quedar rellenados por los cascotes. Los muros no se desplomaron. Por lo demás la destrucción fue total. El efecto de la explosión se proyecta en particular hacia arriba. Las casas contiguas no resultaron demasiado afectadas.

Los repetidos ataques desde una cota de solo 600 a 800 metros, que facilitó la ausencia de cualquier tipo de defensa antiaérea o terrestre, también dieron buenos resultados aquí. Se vieron favorecidos por el procedimiento de lanzamiento italiano y el grado de destrucción alcanzado ascendió al 60 por ciento.

Cuando finalizaron todos los ataques y la presión de la infantería blanca se hizo cada vez mayor, los rojos abandonaron Eibar. Al retirarse arrojaron bidones de gasolina sobre las casas que bordeaban la calle mayor y los prendieron fuego.

Las bombas incendiarias italianas lanzadas poco antes del último ataque tuvieron como efecto más notable el incendio de unos talleres en los que se fabricaba armamento. La estructura de madera del tejado y del piso superior se quemó totalmente al igual que ocurrió con el mobiliario.

Los restantes edificios no se prestaron a la utilización de bombas incendiarias dado el elevado grado de destrucción a que ya habían sido sometidos.

La cifra de muertos se sitúa en torno a los 200 paisanos. La forma y el número de tropas rojas que perecieron no han podido determinarse. La población utilizó en gran medida los refugios construidos por los rojos – unos siete espacios en los sótanos de casas de cuatro pisos, con las ventanas y puertas protegidas con sacos de arena. Los proyectiles rompedores hicieron blanco en dos de esos refugios.

Los rojos evacuaron a la mayor parte de la población. Fue fácil observar la impresión causada por los acontecimientos precedentes en los pocos habitantes que permanecieron en la ciudad. Declararon que también tenían la intención de abandonarla para asentarse en otra comarca.

 

c) Guernica

Se utilizaron proyectiles rompedores alemanes de 250 kilos en la modalidad de lanzamiento individual y sucesivo (Reihenwurf). Tras atravesar toda la casa la detonación tiene lugar a ras del suelo produciendo embudos de unos 0,75 metros de profundidad. La casa se desploma por completo, incluídos sus muros exteriores. Los edificios vecinos muestran grietas considerables en ellos. También se utilizaron bombas incendiarias.

La destrucción de la ciudad se produjo de la manera siguiente: en el primer ataque se utilizaron ante todo bombas incendiarias que provocaron numerosos incendios en las cubiertas de los edificios. Esto resquebrajó su estructura. En los siguientes ataques se emplearon proyectiles rompedores de 250 kilos que destruyeron las conduccioness de agua, lo que impidió las labores de extinción.

Cuando estos proyectiles impactaron sobre un edificio el objetivo se desplomó totalmente. El número de blancos no fue tan elevado como en Eibar o en Durango. Aisladamente cayeron proyectiles en lugares no edificados y produjeron el embudo típico de los de 250 kilos.

Los cuatro factores ya mencionados

  • resquebrajamiento de las casas provocado por las bombas incendiarias
  • interrupción del suministro de agua y del tránsito
  • completa destrucción del edificio en el caso de un blanco perfecto (con proyectiles rompedores de 250 kilos)
  • quebranto sufrido por los muros cuando el proyectil impacta en sus inmediaciones (id.)

provocaron un grado de destrucción de la villa próximo al 75 por ciento, con un volumen de lanzamiento de 31.000 kilos de bombas desde una cota comprendida entre 600 y 800 metros.

Al visitar la ciudad no se vio a ningún habitante de los que no huyeron.

 

3) Conclusiones

En los repetidos ataques a Durango, Eibar y Guernica en abril de 1937 se lanzaron proyectiles rompedores de 50 kilos alemanes e italianos, del mismo tipo italianos de 100 kilos y alemanes de 250 kilos además de bombas incendiarias. El efecto constatado sobre las edificacioness que tanto se parecen a las de las pequeñas ciudades de Europa occidental de similar grado de edificación fue el siguiente:

  1. El proyectil rompedor de 50 kilos (alemán e italiano) destruye los tejados y el piso superior, sin que peligren los pisos inferiores o los edificios colindantes.
  2. El proyectil de 100 kilos (italiano) destruye completamente las edificaciones de cuatro alturas.
  3. El proyectil de 250 kilos (alemán) provoca el desplome total del inmueble, incluidos sus muros, y daña los colindantes.
  4. La técnica de lanzamiento italiana de tres proyectiles simultáneamente (Koppelwurf) permite alcanzar un número de blancos más elevado y un efecto superior sobre los bloques de casas que su lanzamiento individual y sucesivo. Ahora bien, solo es pertinente cuando la cobertura aérea del objetivo está garantizada, ya que si no se incrementa el número de blancos fallados.
  5. Las bombas incendiarias alemanas provocan el incendio de los tejados y debilitan por consiguiente la estructura de todo el edificio.
  6. El efecto moral de los ataques con proyectiles rompedores de 100 y 250 kilos es muy elevado. No existen posibilidades de protección en los refugios a no ser que éstos sean de construcción especialmente resistente.

Trasladado lo que antecede a las circunstancias existentes en Europa central y occidental cabe afirmar que el empleo de proyectiles rompedores de 50 kilos no provoca la total destrucción de las edificaciones. Parece oportuno utilizar espoletas de retardo como las que disponen, según hemos observado aquí, los italianos de 100 kilos.

El efecto del proyectil rompedor de 100 kilos es suficiente para destruir en amplia medida edificios muy consistentes (entre ellos, los de carácter industrial). En lo que se refiere a los bloques de viviendas, es mucho más efectiva la técnica de lanzamiento italiana.

El   alto grado de destrucción que provoca el proyectil rompedor de 250 kilos no lo hace idóneo para atacar objetivos relevantes.

Se sugiere desarrollar un proyectil rompedor de entre 100 y 150 kilos. También sería deseable probar las posibilidades de lanzamiento con diversos tipos de proyectiles.

En la próxima oportunidad se enviarán a los servicios centrales proyectiles italianos de diferentes potencias.

 

Borrador redactado por

von Richthofen

Teniente coronel

 

[Los comentarios mínimos pertinentes aparecerán en el próximo post]

 

80º aniversario del bombardeo de Gernika

15 mayo, 2017 at 1:47 pm

Ángel Viñas en Gernika con el hijo de George Steer, Paul Preston, Xabier Irujo y Nicolas Rankin, biógrafo de Steer. (Fotografías de Vincent West)

El lado negro del “Imperio” franco-falangista

9 mayo, 2017 at 8:35 am

Ángel Viñas

Mientras en Madrid Franco y Serrano se entregaban a los sueños de la lechera para ver si de la milagrosa botella de tan digna campesina salían las arenas y riquezas de los territorios norteafricanos que los malvados franceses se obstinaban en conservar, los británicos empezaron a pasar a la segunda fase de su identificación de las condiciones alimenticias reales que existían en la España franquista. No les bastaron los informes consulares o de personas relacionadas con el circuito diplomático. Una segunda oportunidad se la deparó el control de correspondencia que llegaba al Reino Unido. Esta durísima medida se había introducido tan pronto como estalló la guerra en 1939. Las cartas de los ciudadanos británicos y de otros países que, desde la Europa no ocupada por los nazis, escribieran a sus familiares y amigos podían dar pistas muy importantes sobre las condiciones reales que en ella existían. De pronto, la España de Franco subió rápidamente los peldaños en la escalera de atractividad. Las cartas, naturalmente, se abrían. Se copiaba lo que interesaba y luego se cerraban y enviaban a sus destinatarios. Se hacían informes periódicos. Por desgracia, no se conservan -o no he localizado- todos, pero algunos de los que fotocopié sirven para dar una idea.  

Los redactores de un informe fechado el 29 de octubre de 1940, fecha que he escogido como la más próxima a la reunión de Hendaya, se disculparon por reiterar hechos y comentarios en torno a las horribles condiciones económicas que prevalecían en España y que se acumulaban de forma monótona. No olvidaron destacar que, después de unas cosechas bastante pobres, en particular de trigo, el racionamiento del pan se había intensificado y que las penurias alimenticias no podían sino empeorar. El coste de la vida había aumentado en términos alarmantes; el mercado negro crecía exponencialmente; si bien la gente rica podía obtener todo lo que necesitaba las clases medias y trabajadoras se las veían y deseaban para sobrevivir. Añadiré que esta era la España social que uniría a todos los españoles, en los desvaríos falangistas, en la búsqueda del Imperio.

Una persona que había visitado España escribió desde Lisboa:

No es exagerado afirmar que la mitad de la población pasa hambre, que casi una tercera parte no come lo necesario y que el resto vive como reyes sin preocuparse un comino de los demás.

En dichas circunstancias muchos miembros de la colonia británica tenían que desplazarse a Portugal para adquirir productos de cara al invierno. Temían que, de no hacerlo, sus hijos también pasaran hambre.

En las zonas de Cádiz y Algeciras la situación era particularmente desastrosa. Un marinero que llegó a finales de septiembre escribió que cuando puso su ropa a secar se la robaron durante la noche. Añadió:

este viaje a España me ha abierto los ojos (…) En Cádiz tuvimos que regalar la mitad de nuestras provisiones. En Algeciras se nos da media cesta de pescado por una cucharada de azúcar o de té o un cigarrillo. La gente hace cualquier cosa con tal de que les demos un par de rebanadas de pan blanco (…) En lo que se refiere a vestimenta, todos van en harapos[1].

Esto era, sin duda, cierto. Entonces y después. Así, por ejemplo, el 27 de octubre de 1941 el gobernador civil y jefe provincial de Abastos escribió a la CAT y al ministro de Gobernación indicando que Cádiz era una de las provincias más desabastecidas de España. El número de defunciones se había elevado a límites insospechados. Se necesitaban víveres urgente y desesperadamente. El lector incrédulo podría desconfiar de la carta del marinero, pero ¿de una comunicación tan oficial?

Incluso en Canarias, las islas afortunadas, había carencias enormes de alimentos y otros productos. Apenas si se podía obtener azúcar. El pan era escaso y de muy mala calidad. La situación no había. De nuevo los lectores que no se fíen de la carta que contenía estos datos pueden acudir a las investigaciones del historiador canario Juan José Díaz Benítez y verán muchos más.

Otro informe de los censores, fechado el 26 de diciembre, constató sobriamente que no se había producido la menor mejora en las condiciones económicas, sobre todo en lo que se refería a la situación alimenticia. Continuaba causando enormes sufrimientos a los pobres y generaba preocupación en la Administración. Según un observador norteamericano las condiciones variaban:

Las mayores necesidades se ubican en la zona que se sitúa al sur de la línea que va desde Badajoz (…) y pasa por Madrid y el noroeste, entre Barcelona y Lérida (…) En Almería hay mucha mayor evidencia de hambre que en ningún otro lugar.

La siguiente referencia a los estragos del hambre provino de Bilbao y confirmaba las observaciones de Starkie en el post anterior:

Se ha estado reacondicionando la calle principal y la semana pasada dos hombres se desplomaron muertos mientras trabajaban por falta de alimentación.

De algo similar, pero referido a la capital, informó el embajador alemán en Madrid en un despacho del 11 de diciembre.

Un inglés escribió desde Huelva:

Pagamos a una asistenta para que nos limpie el gallinero todos los días pero la pobre apenas si puede andar, mucho menos trabajar, por falta de comida. Algunos hombres casi no pueden tenerse en pie pero deben ir al tajo porque de lo contrario no ganarán nada. No hay seguridad social ni ayuda de ningún tipo.

Este es uno de los ejemplos que también ha mencionado Miguel Ángel del Arco en un artículo en el que ha recopilado una selección de florilegios extraídos igualmente de los archivos británicos.

Desde Málaga se afirmó:

Es horrible ver una larga procesión de gente hambrienta que viene a mi casa todos los días para mendigar unos mendrugos de pan. Con mucha frecuencia acuden hasta treinta.

De una multitud de cartas interceptadas se dedujo en Londres, correctamente, que lo que más se necesitaba era pan. Cuando aparecía seguía siendo negruzco y estaba muy adulterado. Las autoridades acentuaban el racionamiento y dividían a la población en tres categorías. Los de la primera, que tenían ingresos por encima de cierto nivel, no recibían nada. El trabajo, si lo había, estaba muy mal organizado y los suministros de alimentos no se distribuían bien. No se practicaba ningún tipo de control para que los pobres recibieran vitaminas. Obvio: menos bocas que alimentar. Los sistemas eran extremadamente primitivos y carentes de higiene. Sin embargo, en Madrid la gente con dinero comía bien y muchos preferían irse habitualmente al restaurante.

Abundaban los rumores de que los alimentos se exportaban a Alemania en pago de la deuda de guerra. Era cierto. La gente reaccionaba mal. Algunos suministros procedían de Portugal, a pesar de la vigilancia de las autoridades del país vecino. El contrabando era generalizado. En el sur podía obtenerse algo de Gibraltar y también de Tánger.

Puede verse a montones de españoles pobres que cruzan la frontera todos los días a trabajar en Gibraltar y que regresan a sus casas por la noche. Todos llevan paquetes o cestas con comida. No es exagerado decir que son millares.

Desde Barcelona se insistió:

Todo está encareciéndose por días. Faltan muchas cosas. Otras se estropean. Apenas se puede ir en tranvía sin que se pare. Pasan semanas antes de que lo arreglen y como no hay piezas de repuesto no tarda en escacharrarse totalmente.

Son estas unas meras pinceladas de carácter impresionista. Si los observadores extranjeros veían los estragos del hambre en la población en libertad, ¿qué pasaría con las masas de reclusos? Aquí la obra de Moreno Gómez ha ensamblado datos escalofriantes. Los informes sobre la dieta hipocalórica que se practicó, por ejemplo, en la cárcel de Córdoba son literalmente espeluznantes. Los reclusos debían “subsistir” con una dieta oficial de 800 calorías diarias pero que con frecuencia se reducía a 400. Los directores de la prisión y muchos de los carceleros, los médicos y los guardias (a veces identificados, para su eterna infamia, con nombres y apellidos)  hacían su agosto con el estraperlo y las sisas a costa de los detenidos. Las condiciones sanitarias eran con frecuencia infrahumanas, comparables a las de los campos de concentración más duros del Tercer Reich y, en algunos casos, se acercaban peligrosamente a las de los campos de exterminio. La gente moría como moscas.

Los condenados a muerte que fallecían en la prisión rendían un último servicio a la PATRIA pues así se evitaba tener que malgastar balas para liquidarlos. Algo parecido a lo que hacían los Einsatzgruppen en la URSS matando de un solo tiro a la madre y al niño. En una docena de cárceles se han contabilizado, calculando hacia lo bajo, más de 6.000 muertes por enfermedad, básicamente derivadas del hambre. Como hacían los nazis en los campos de concentración más duros y, por supuesto, en los de exterminio.

¿Por qué iban a preocuparse los cancerberos y sus jefes franquistas, militares o civiles? De lo que se trataba era de romper la moral, la espina dorsal y la voluntad de resistencia de la anti-España antes de proceder, cuando fuese necesario, a su aniquilación física.  Habrá que suponer que “alguien” (¿de la ACNP tal vez? y desde luego de la CAT) tendría una migaja de responsabilidad por lo que acontecía. Que yo sepa, pocos son los autores que se la han exigido. Ya se sabe: “por el Imperio, hacia Dios”.