El Oro de Moscú: respondiendo a Vox (II)

20 octubre, 2020 at 8:30 am

Ángel Viñas

Hace unas semanas escribí, reteniéndome la risa, un post sobre la interpretación de VOX  sobre la evacuación el famoso “oro de Moscú”. Luego fui al hashtag #orodemoscú donde se encuentran auténticas maravillas de mala uva, mala milk y mala interpretación. Reproducidas por muchas personas. Alguna miles de veces. Es evidente que servidor no puede ni quiere oponer sino una pequeña puntualización histórica a una horterada que mezcla burradas y hechos innegables. No es negable, por ejemplo, que el Gobierno de Largo Caballero en octubre de 1936 enviase casi tres cuartas partes de las reservas de oro del Banco de España a Moscú. Es un hecho tan cierto como que los mendaces autores voxistas terminarán donde todos lo hacemos: en el cementerio. Pero mientras llega ese momento pueden hacer mucho daño a la conciencia histórica y política de los españoles con sus camelos trumpianos o, si prefieren que no los ligue con tal adalid del universo universal, me contentaré con dejarlos en abyectos.  

Sin embargo, nadie podría decir que los camelistas de VOX son equívocos en su mensaje. Ruego a los lectores que hagan una pequeña operación aritmética para calibrar la significación de la cifra de 141 años que figura en su tuit. Es el resultado que se obtiene tras restarla al año actual, 2020: 1.879. Sin duda los autores estiman en alto grado el coeficiente intelectual de sus lectores (aunque tal vez con reservas, como veremos seguidamente).

Si apelamos a Mr. Google en busca de socorro y ponemos en el “busca” 1879 + PSOE nos lleva a la página correspondiente de Wikipedia. Como es sabido no es siempre una fuente fiable sobre todo en temas históricos y políticos pero en este caso no falla: nos informa que fue en tal año cuando se fundó dicho partido en una pequeña taberna llamada Casa Labra que estaba (no sé si con la pandemia sigue en la misma dirección o ha cerrado sus puertas) en una calle pegada a la Puerta del Sol madrileña.

Es decir, para los lectores lo que el tuit transmite es la idea que, desde su misma fundación, el PSOE se dedicó con fruición a robar. ¿A quién?:  ¿Al Estado?, ¿Al Gobierno?, ¿Al Ayuntamiento?, ¿a las empresas municipales?, ¿a las cajas de ahorro?, ¿a las tiendas de empeño?. ¿En el Rastro? No se especifica: simplemente afirma con envidiable rotundidad pero paradójicamente con escasa concreción:  “a lo público”.

Personalmente desafío a los grandes “historiadores” (entre comillas) que sin duda han  cavilado durante largas horas para lanzar este tipo de campañas (el hashtag da para mucho recorrido) a que den ejemplos, referencias, autores serios que la avalen. En primer lugar hay que tener en cuenta que las concomitancias del PSOE con lo “público” empiezan realmente en 1931, el año fundacional de una República a la que rápidamente empezaron a combatir los monárquicos, muchos conservadores, los beatos, los carlistas, los prefalangistas y falangistas con sus habituales armas, es decir, con la subversión, el engaño, la mentira, una propaganda anticipo de la actual y una conspiración apoyada ¡oh, cielos!, por la Italia fascista. En segundo lugar no conviene olvidar que durante ese período el PSOE estuvo en el gobierno únicamente desde la etapa del provisional (abril de 1931) hasta las elecciones de septiembre de 1933. ¿Podrían demostrar con evidencia primaria relevante de época los “gentlemen” de VOX que Largo Caballero, Prieto y De los Ríos metieron la mano en los caudales públicos? De lograrlo harían un gran favor a la historiografía. ¿Lo hicieron tal vez en lo que algunos dieron en llamar la “primavera trágica”, de febrero a julio de 1936? El PSOE no estuvo en el Gobierno. No llegó a él hasta septiembre del mismo año y, esto sí es cierto, no lo abandonó hasta el final de la guerra civil. ¿Podrían los historiadores de VOX demostrar cuándo los ministros socialistas se enriquecieron durante el conflicto?

Claro que entonces cabría pedir a tan ilustres tejedores de leyendas que tuvieran la amabilidad de explicar a los españoles que no vivimos aquellas circunstancias tan dramáticas cuál fue el comportamiento financiero, y cómo lo calificarían, que NO exhibió públicamente el héroe inmarcesible, la figura estelar, el superhombre que salvó a la PATRIA de los demonios del comunismo, del socialismo, del anarquismo, del liberalismo, de la masonería, de los rosacruces, de los ateos, de los librepensadores y otros productos del averno. Me refiero, claro está, a Su Excelencia el Jefe del Estado (SEJE), generalísimo de los Ejércitos, jefe del gobierno y, por añadidura, del partido único de longitud kilométrica que duró hasta poco después de la muerte de tan excelso y exaltado lider. Al fin y al cabo es posible demostrar con papeles que guarda celosamente la Fundación Nacional que lleva su nombre que mientras sus soldados morían en los frentes y se desangraban en los hospitales de la retaguardia él se había ocupado de conseguir una meta tan histórica como la de ganar la guerra: la de forrrse el riñón. Es más,  continuó después como demuestran papelines conservados en el Archivo de Palacio en plan de importador (no inscrito en el registro de comerciantes) de un producto como el café, casi inencontrable para el ¿99 por ciento? de los españoles de la época.

También tendrían que demostrar tales agitadores no de medio pelo sino de abundante tupé que que antes de la denostada Segunda República los gobiernos de la Monarquía (incluída su fase dictatorial primorriverista) habrían sido un dechado de virtudes y que no existió corrupción económica y financiera entre las filas de los esclarecidos gobernantes que España padeció durante tanto tiempo. Dado que la historiografía más solvente lo presenta como un tiempo en que tal fenómeno hizo estragos supongo que lo tendrán difícil.  

Volvamos al hashtag. Desde que el profesor Enrique Fuentes Quintana (qepd), a la sazón director del Instituto Fiscales del Ministerio de Hacienda y posterior vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, me pidió en 1974 que explorase el temita del “oro de Moscú” me puse a la tarea. No creo que ninguno de los historiadores voxistas (si los hay, que den un paso al frente) se hayan dejado muchas pestañas consultando la documentación del archivo (hoy) del Banco de España, pero entonces también del Centro Oficial de Contratación de Moneda, del Instituto Español de Moneda Extranjera, del Ministerio de Hacienda y de algunos otros repositorios, públicos y privados, incluso en el extranjero para desentrañar lo que pasó con el dichoso oro.

Es muy simple. Se utilizó para pagar armas soviéticas con las cuales defenderse de una rebelión apoyada por personajes tan recomendables como Hitler y Mussolini e, indirectamente, por las democracias occidentales (Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Suecia, Suiza, Bélgica, Dinamarca, Noruega, Países Bajos, etc.) que le negaron en coro el derecho a su legítima defensa a través de dos mecanismos:

  • Con el cortocircuito de la Sociedad de Naciones, única organización con capacidad para sancionar a los agresores contra uno de sus miembros
  • El Comité de No Intervención, sin carta ni tratado fundacional alguno y establecido para más inri en Londres, cerca de unos cuantos esforzados enterradores bien entrenados en China o Etiopía.

Ahora bien, con armas solo no era posible resistir. No sirven para comer ni para producir (excepto muertes, heridos y destrucciones). Hubo que financiar todo el esfuerzo de la economía no bélica. Es decir, pagar las importaciones de bienes de todo tipo (desde materias primas, productos semi y manufacturados, energéticos, alimenticios) y también el sector bélico del aparato productivo. Tales importaciones también  había que pagarlas. ¿Con qué? Con las divisas obtenidas por la venta del oro a la URSS. Este arreglo de concepción tan simple lo he ido desmenuzando en media docena de libros, concretando más cada vez, aunque todavía no he terminado. 

¿Y qué hizo Franco? Algo mucho más simple: endeudarse. Es decir, endeudarse hasta las cejas con Juan March, las potencias fascistas y otros suministradores occidentales. Los más importantes de entre estos últimos incluso pensaron que tras ganar la guerra, el Caudillo acudiría a ellos y a la sacrosanta City. ¡Error! ¡Error gravísimo! Franco, lógicamente, prefirió tornarse hacia sus aliados, hacia quienes le habían ayudado a ganar su guerra: es decir, a las potencias fascistas. Y no pagó su deuda del todo a quien más le apoyó: la Alemania hitleriana,. Lamentablemente, gracias al mayor genio militar de todos los tiempos (Hitler: Gröfaz, para los entendidos) el Tercer Reich fue perdiendo poco a poco su guerra mientras sus conciudadanos desparramaban su sangre a chorros (¡por das Vaterland!) y los más listos se dedicaban a masacrar judíos, resistentes y a todo el que se ponía por delante. Así que, a partir de cierto momento, el inefable y supervictorioso Caudillo, gran estratega, envió a su camarada de lucha anticomunista un sentido ¡auf Widersehen! Supongo que el Señor, en su infinita sabiduría, sabrá qué hacer con la memoria de ambos. El pueblo alemán ha ajustado cuentas con su exFührer. El español, todavía no con el suyo.

¿Quedan cosas por descubrir sobre “El oro de Moscú”? La respuesta es afirmativa pero son relativamente menores. ¿Han hecho, por ventura, algo al respecto los sin duda reputados, pero ampliamente desconocidos, historiadores de tan excelsos y patrióticos partidos como los que se han compinchado recientemente en el Excmo. Ayto de Madrid? La respuesta es no.  

Otros historiadores no han estado de acuerdo siempre con todas mis afirmaciones. Lo normal. Escribir historia es un tejer y destejer continuos. Pero algunos contribuimos a alumbrar el pasado y otros, en este caso el PP, C´s y VOX, lo dificultan todo lo que pueden. En lo que a mí respecta no me parece aceptable dejar pasar afirmaciones “trumpianas” ya que, al menos todavía, no “gozamos” de las bendiciones de un esclarido Trump español.

Pero es que, además, VOX o sus consejeros en materia de historia ignoran hasta lo que les favorece. ¿Por qué no publican, por ejemplo, un extracto con comentarios de algunos de los pronunciamientos magistrales, más o menos solemnes, de SEJE sobre “el oro de Moscú”? Enseñarían algo a sus votantes de la actualidad. Claro que hay un peligro: que pudiesen comprobar cómo el nuevo partido realmente no tiene demasiada imaginación en comparación con el invicto e inolvidable Caudillo.  Daré algún ejemplo en el próximo post y así todos tendremos oportunidad de seguir riendo. Es lo mejor que cabe hacer en tiempos de pandemia.

Respondiendo a Vox sobre el mito del «Oro de Moscú»

29 septiembre, 2020 at 10:33 am

ÁNGEL VIÑAS

Este post interrumpe la serie que había comenzado a principios de este mes con la reanudación del curso académico y escolar, pero ya anuncié en el anterior que lo haría.

El 14 de septiembre de 1936 dio comienzo la evacuación de las reservas de oro y plata así como de billetes de curso legal de las cámaras acorazadas del Banco de España para su traslado a los polvorines de La Algameca en el puerto de Cartagena. De aquí la mayor parte del metal amarillo se transportó un mes más tarde en cuatro mercantes soviéticos a Odesa. Es la base del mítico “oro de Moscú”, una de las excusas, si no la más importante, que blandió la dictadura franquista para “explicar” la desastrosa situación de la que no salió la economía española durante los años cuarenta (añadió la segunda guerra mundial y, para colmo, el no menos mitificado “cerco internacional”).También sirvió para arrojar al más tenebroso pozo de la historia al régimen republicano y a sus dirigentes, primero y ante todo, a los comunistas y  socialistas. De los primeros ya no se habla mucho. De los segundos no se cesa.

En este año de desgracia pandémica VOX ha encontrado, por consiguiente, al principal “culpable”. Véase el twit que ha enviado a este blog un amable lector:

Si en el lapso de un día o dos ese twit se reprodujo 153.000 veces servidor no aspira a que unos cuantos posts que se ríe a carcajadas tengan tamaña difusión. Diré, en principio, que aducir que  milicianos socialistas, en plan de gánsteres armados de ametralladoras Thomson, hicieran un atraco al venerable establecimiento de la plaza de la Cibeles madrileña es un poco exagerado. Que se llevaran “más de 500 toneladas” no lo es menos.

También diré que, salvo por VOX y su aparato mediático, pocas son las voces que se han levantado para recordar y maldecir tal supuesta efemérides del 14 de septiembre. A mí ni se me había ocurrido pensar en la fecha, pero no puedo permanecer en silencio (“quien calla otorga”) ante la desfachatez de ese partido y de cierta prensa que se ha hecho eco de sus estupideces.

La realidad es muy diferente del supuesto “latrocinio”. La evacuación del oro respondió a una necesidad perentoria. Después de la caída de Irún y de Talavera de la Reina las tropas sublevadas habían conseguido dos cosas: la primera, cerrar la frontera con Francia; la segunda, acercarse peligrosamente a Madrid. Esto había ocurrido en poco más de mes y medio desde que estalló la planeada revuelta contra la República con, ¿debemos subrayarlo una vez más?, la ayuda de dos reconocidos  supergánsteres internacionales como fueron Mussolini (que ya venía ayudando a los conspiradores desde 1932) y de Hitler (que se decidió a la semana de producido el golpe).

La idea de poner a salvo las reservas había aflorado en el mes de agosto con los anarcosindicalistas como principales proponentes. Sus proyectos los rechazó el Gobierno Giral y la CNT/FAI no se atrevió, lógicamente, a hacerlo por su cuenta y riesgo.

Los historiadores de VOX no han dicho nada, que se sepa, acerca del “oro de París”. Tampoco lo dijo la dictadura que probablemente desean blanquear. Pero el hecho, que descubrió servidor en 1974/75 y publicó al año siguiente (el libro fue inmediatamente secuestrado), es que a los pocos días del golpe, el 21 de julio, el Gobierno Giral empezó a preparar la expedición y venta al Banco de Francia de pequeñas cantidades de oro para obtener divisas papel (francos, libras esterlinas, dólares norteamericanos). Se necesitaban para adquirir armamento en el extranjero. (Los sublevados no tuvieron problemas: fascistas y nazis, cogiditos de la mano, suministraron a crédito y los primeros aviones italianos contratados el 1º de julio de 1936 los pagó Juan March, siempre generoso).

Tampoco se les ha ocurrido a los propagandistas de VOX decir una palabra que los sublevados se enteraron inmediatamente de lo que pasaba con el mítico ORO. Hasta el despreciable general Cabanellas, jefecillo de la autodeclarada Junta de Defensa Nacional, puso el grito primero en el cielo escribiendo al gobernador del Banco central del país vecino el 3 de agosto oponiéndose de manera insolente a todas las operaciones que ordenara el Gobierno español (la JDN se consideraba ya como tal, aupada en hombros por el fervor popular, pero también por las bayonetas y un terror ciego). El 8 escribió también al ministro de Asuntos Exteriores francés (Yvan Delbos, antirepublicano de pro) y más tarde a través de la prensa francesa y por último ante el Banco de Pagos Internacionales de Basilea.

Para encontrar las cartas hay que leer, al menos, algún libro, pero si van al portal del BOE (que seguro conocen) y buscan en la serie histórica los boletines de la JDN el decreto de la misma de 14 de agosto comprobarán que los sublevados estaban bien enterados de lo que pasaba. Se declaró como “delito de traición el cometido con las exportaciones de oro del Banco de España”. Luego hubo otro del 25 que, prepotentemente, declaraba nulas las operaciones resultantes. A finales de setiembre, conocida ya la salida de Madrid, Cabanellas tuvo el tupé de apelar nada menos que a la Sociedad de Naciones. Al gobierno republicano (regalo esta perla a VOX para su futura propaganda) lo calificaba el general de la blanca barca como “el Soviet de Madrid” y cabeza de una “banda internacional”. ¿No es bonito? El lector ve que no es necesario acudir, de entrada, a Franco.

Naturalmente, ni en agosto ni en septiembre de 1936 ningún país civilizado, ayudara a la República o no, iba a considerar “legítima” a una banda de salteadores de uniforme que se arrogaban hablar en nombre del pueblo español, además de representantes de la Nación. Fascistas, nazis y salazaristas terminarían haciéndolo, pero todavía habría de pasar algún tiempo. No se les adelantaron ni siguieron muchos: solo un par de pequeñas repúblicas centroamericanas dirigidas, ¡cómo no!, por militares.

Pregunta a VOX: si los milicianos socialistas arramplaron con el 72 por ciento de las reservas metálicas del Banco de España, ¿adónde fue el 28 por ciento restante? ¿Lo rescató acaso el “Caudillo” a lo largo de sus cuarenta años de “magistratura”? ¿Se volatilizó en una atmósfera corrosiva que deshacía el metal amarillo como si fuera un disolvente venusiano? Misterio.

Pues no. No ocurrió nada de eso. Fue siempre una moda de los historiadores franquistas confundir al personal (quiero decir a sus lectores) la no recuperación del oro vendido al Banco de Francia con el oro remanente que quedó en el país vecino, a consecuencia de la devaluación del franco, del depósito que en sucursal del Banco emisor francés en Mont-de-Marsan la República hizo en 1931. Ese remanente pertenecía a España pero los tribunales franceses, siempre respetuosos con el honor de Marianne, hicieron todo lo posible por no retornarlo a los republicanos hasta que, ¡oh, milagro!, se reconoció a Franco en febrero de 1939 y poco más tarde se devolvió a este. Confundir churras con merinas es un artilugio muy querido de ciertos historiadores pero el oro de Mont-de-Marsan nunca fue el “oro de París”.

La salida del oro de Madrid fue una medida de prudencia. También salió de la capital el Gobierno republicano a principios de noviembre (algunos hablaron en la época de huida). Sin oro, no era posible mantener la resistencia. España apenas tenía divisas. Había acumulado oro amonedado (no como algunos autores norteamericanos o franceses dicen del tiempo de los aztecas) y sobre todo en lingotes y es cierto que, en términos de reservas metálicas, las españolas eran las cuartas del mundo (después de USA, Francia y Reino Unido, aunque excluyendo de la comparación las soviéticas). Así que el dilema era evidente (aunque tal vez no haya calado en los dirigentes de VOX): si caían en poder de los sublevados, adiós, bye-bye, a toda posibilidad de resistencia; si no caían, pero Madrid quedaba aislada o con comunicaciones cortadas, ¿cómo iban a utilizarse desde la Plaza de la Cibeles? Es muy verosímil que, de haber permanecido en la capital, Franco hubiese mostrado algo más de interés por tomarla a sangre fuego y no se hubiese demorado.

¿No saben los historiadores de dentro de VOX, si es que hay alguno, lo que hicieron varios países de cara al posterior conflicto europeo? Recordémoslo a ellos y también a los lectores. Por ejemplo, los franceses, que se suponía disponían del mejor ejército de la época (no era el caso del español),  empezaron en noviembre de 1939 (a los dos meses de estallar el conflicto) a enviar oro a Nueva York, Fort-de-France (capital de La Martinique) y Kayes (en la colonia que hoy es Mali). Los belgas enviaron las suyas a Francia (y cayeron en poder de los alemanes, ¡quelle douleur!, por lo cual les fueron restituidas después de la guerra gracias al oro depositado en Nueva York). Los expertos mencionarán otros ejemplos. Hay para toda una panoplia de gustos.

En definitiva, el Gobierno republicano fue prudente. Tuvo la autorización del presidente de la República merced a un decreto reservado (de la víspera) del presidente Azaña. En esto también se seguían precedentes. Las ventas de oro se legalizaron a posteriori, pero con la vista puesta en otras siguientes, por otro decreto de igual característica del 30 de agosto, es decir, bajo el Gobierno Giral. “En evitación de posibles alarmas en el interior y recelos en el exterior, interesa quede en suspenso su publicación hasta que el Gobierno lo considere oportuno”. Normal.

¿Piensan los propagandistas a sueldo de VOX que tales operaciones deberían haberse voceado por los mercadillos y pasado por las Cortes? Si es así serían un tanto ignorantes. Incluso el tan amado Caudillo se parapetó detrás de un artilugio fenomenal, su voluntad fue ley, trasunto aprovechado del Führerprinzip nazi para, entre otros resplandecientes actos, hacer legal sus apropiaciones de dineros que no le pertenecían ¿Han dicho algo al respecto? No me consta. Lo cual es sorprendente porque tal principio duró tanto como él en vida.

A mitad de septiembre las milicias socialistas (más comunistas, anarquistas, republicanas, etc) se dedicaban preferentemente a luchar como podían para contener a los sublevados. ¿Iban a hacerse cargo del traslado? En realidad todo apunta a que los del PSOE estuvieron en lugar secundario. El acondicionamiento de las cajas necesarias para el traslado se hizo por cuenta del Gobierno y con la vigilancia de números de los Carabineros (que dependían del Ministerio de Hacienda y se habían mostrado leales) mientras se entregaban a la labor los empleados correspondientes y, en particular, los miembros del sindicato de Banca y Bolsa. Hay varios testimonios al respecto. ¿No los conocen los expertos de VOX?

Finalmente, ¿qué tiene que ver esto con la “memoria histórica”? Nada. Lo que hay es historia. Documentada. Analizada. Expuesta al público (con toda modestia por un servidor en repetidas ocasiones pero ya desde 1976). Y sobre los 140 años de historia, en lo que se refiere a latrocinios, encomiendo encarecidamente a los panfletarios voxistas que empiecen a refutar, documentalmente, la extensa experiencia de depredación de las élites españolas durante la Restauración y la dictadura primorriverista, como ha efectuado hace pocos meses Paul Preston en su último libro.

Mientras  los trileros de VOX recargan pilas invito a los lectores que tengan la amabilidad de echar un vistazo a una antología de los ilustrados comentarios de quienes se han dejado embaucar por tan significado partido.

Aquí va una muestra:

https://twitter.com/hashtag/OroDeMosc%C3%BA?src=hashtag_click

(continuará)