UN FRANQUISMO, ¿IMPERECEDERO?, QUE SIGUE MINTIENDO (I)

28 septiembre, 2021 at 8:30 am

Angel Viñas

La única forma que se me ha ocurrido para llevar un blog semanal es programar los sucesivos posts con cierta antelación. Así, al menos, puedo pensar y reflexionar un poco para abordar esta agradable tarea que empecé, por sugerencia de Carmen Esteban de la Editorial Crítica, en diciembre de 2013. La he mantenido con una sola interrupción que recuerde, a finales del año pasado y principios de este, porque la carga de trabajo, con un nuevo libro a punto de salir, era ya humanamente insoportable. A la rentrée de este año, la carga había disminuído, pero solo ligeramente. Por eso no quise reaccionar en caliente a una noticia aparecida en LA RAZÓN, un periódico madrileño muy connotado. Me apresuré, eso sí, a subirla a Facebook y a Twitter tan pronto la leí. Fue en un día en que estaba atareado con visitas médicas que suelo hacer durante el mes de septiembre.

Los amables lectores quizá recuerden de qué noticia se trataba. El artículo del mencionado periódico, anticipatorio y supongo que redactado a petición de los interesados, versó sobre una asociación a punto, al parecer, de crearse. Como es preceptivo, sus promotores habían presentado sus estatutos al Ministerio del Interior con el fin de obtener la preceptiva inscripción en el oportuno registro. Sin ella no podría dar comienzo a sus actividades. Se trata de una denominada ASOCIACIÓN NACIONAL DE VÍCTIMAS DEL FRENTE POPULAR (en lo sucesivo ANVFP).  

LA RAZÓN no indicó el nombre de los firmantes de tal iniciativa. Se limitó a señalar que detrás de ella se encontraba un grupo de personas de talante conservador (sic) y entre las mismas algunas relacionadas, aunque a título particular, con la FNFF. Esta Fundación sigue en el cartelero y corren rumores varios sobre ella. No siempre tranquilizadores para la misma. Según informó el periódico, la iniciativa fue una reacción al proyecto de Ley de Memoria Democrática, cuyos trámites de cara a su aprobación en el Congreso ya han comenzado.

Al parecer,  la fundamentación del “nasciturus” (permítaseme esta analogía un tanto impropia) estriba en que la interpretación que de la historia de la República y de la guerra civil ha venido esparciéndose en España desde hace años choca con la realidad histórica. Ni más ni menos.  Esta última, para los progenitores de la mencionada criatura a punto, o no, de nacer, se caracterízaría por los siguientes rasgos fundamentales:

  1. La guerra civil fue inevitable.
  2. La buscó y promovió el Frente Popular.
  3. El Frente Popular fue, en consecuencia, responsable de la contienda.
  4. El lado nacional se vio obligado a defenderse por natural espíritu de supervivencia.
  5. La reconciliación entre los españoles la promovió el bando vencedor.
  6. En ella se incluyeron a los descendientes de quienes habían provocado y perdido la contienda.
  7. En la España de Franco ocuparon “puestos relevantes en todos los estamentos sociales, culturales, económicos y políticos, sin ser discriminados por su ideología”.

Los amables lectores tienen la posibilidad de aprender más sobre los fines de la futura Asociación acudiendo al articulo mencionado y a otros a que dio lugar.  A lo mejor, incluso, la FNFF lo ha divulgado. Servidor se limita a la noticia original y  se permite observar que las siete afirmaciones anteriores son, pura y simplemente, otras tantas mentiras.

LA HISTORIOGRAFÍA QUE HA IDO HACIÉNDOSE EN ESPAÑA Y EN GRAN PARTE DEL EXTRANJERO SOBRE EL FRENTE POPULAR Y LA GUERRA CIVIL DISCREPA ABIERTAMENTE DE LOS POSTULADOS 1 a 4.

IGUALMENTE LA QUE HA IDO APARECIENDO, TAMBIÉN EN ESPAÑA Y EN EL EXTRANJERO, SOBRE EL PERÍODO 1939-1975 NO PARECE QUE COMPARTA LOS POSTULADOS 5 A 7.

Lo que antecede no significa que no haya habido políticos y periodistas en primer lugar y luego comentaristas, influencers y algún que otro historiador que las hayan defendido, en todo o en parte.¡Faltaría más! Fuera de España se trata de un número limitado (e incluso algunos de ellos no sé si aceptarían la totalidad de tales afirmaciones). Algo de eso sé, sin autoproclamarme especialista en lo que se escriba en el extranjero, que es por cierto donde radico.

Tanto personalmente como con apoyo y  en colaboración con el profesor Juan Andrés Blanco, que acaba de jubilarse como catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Salamanca, edité en 2014 y 2017 respectivamente dos gruesos ensayos sobre la historiografía española y extranjera entonces más reciente sobre la guerra civil y sus antecedentes. La mayoría refuta tales aserciones, salvo por lo general en países que han tenido la desgracia de padecer una dictadura de signo contrario y en los que, por consiguiente, no se ha sido nunca suficientemente antisoviético. (Ambas obras se encuentran en ediciones digitales, la primera en la revista STUDIA HISTORICA. HISTORIA CONTEMPORANEA  y  la segunda en Marcial Pons digital).

Los postulados en cuestión también se han abordado, sucintamente, en otros dos títulos que he tenido el honor de dirigir: En el combate por la Historia (Pasado&Presente, Barcelona) y en una crítica a la biografía de Franco escrita por el profesor Stanley G. Payne y el exCEDADE Jesús Palacios Tapias aparecida en edición digital bajo el título Sin respeto por la Historia. Una biografía de Franco manipuladora (https://e-revistas.uc3m.es/index.php/hispnov/issue/view/448).  Igualmente lo he hecho en varios artículos. Varios publicados en este blog mismo.

Confieso que no he vuelto al tema en los últimos cinco años. A lo mejor en la Hungría de Orbán o en una Polonia sumida en las pesadillas de su historia, las cosas han cambiado algo, habida cuenta del acercamiento entre los gobiernos respectivos sobre el que informa la prensa. En la Francia donde trepa Le Pen todo lo que puede existen, naturalmente, unos cuantos parafascistas que escriben para los iniciados.

No he contado los historiadores que han participado en todas estas tareas, pero quizá no me equivoque si han sido cerca de una cincuentena, de variadas universidades, en España y en el extranjero, o expertos reconocidos en su campo.

Desde luego me siento con fuerza para rebatir los cuatro primeros postulados (de los que se desprende el resto y que por eso he reproducido en negritas).  He reexaminado  los antecedentes de la guerra civil en la senda que habían hollado ya muchos otros historiadores. Los de corte más nítidamente franquista, de los que parece beber la nonata Asociación, surgieron en los tiempos de la guerra misma, que había que justificar con argumentos espurios.  No les he pasado revista (ya lo hizo Herbert R. Southworth en El mito de la Cruzada de Franco a principios de los años sesenta del pasado siglo). En la huella de obras más recientes he ido directamente a los archivos donde se encuentra si no toda la documentación sí al menos una parte sustancial de la misma que alumbra el proceso.

Tampoco pretendo haber descubierto el equivalente del huevo de Colón pero que, yo sepa, pocos habrán sido los firmantes de la solicitud de inscripción en el registro del Ministerio del Interior (aunque a lo mejor me equivoco) que se hayan molestado en recorrer como servidor archivos (públicos y privados) españoles, alemanes,  italianos, británicos, franceses y rusos, y, en particular, entre los primeros los carlistas, los monárquicos y los militares y cruzado las informaciones en ellos contenidas. Si lo han hecho han guardado para sí cuidadosamente tan reveladoras evidencias por lo que se ha publicado del tenor expuesto por los solicitantes es pura basura.

Como LA RAZÓN ha preferido no dar los nombres de los nuevos cruzados no haré más comentarios y así no tengo que calificarlos. Una cosa es la mera propaganda, incluso la trasnochada o descerebrada, y otra muy diferente la historia sobre un pasado que ya no existe.

Simplemente afirmo que mienten y desafío, por ejemplo, a la FNFF a que demuestre que no lo hace, que dice la verdad y que publique sus papeles. No puedo pedirlo a una nonata asociación, pero si llega a nacer, que también se dé por desafiada.

(continuará)

INFORME SOBRE EL CASO JUAN DE LA CIERVA: UNA VERSIÓN ALTERNATIVA (II)

21 septiembre, 2021 at 8:30 am

SEGUNDA PARTE

JdlC en Londres

Es difícil encontrar algún libro que se refiera a los momentos iniciales del golpe de Estado y su repercusión internacional en el que no figure, con mayor o menor brevedad, la actuación del ingeniero murciano en el alquiler del Dragon Rapide. Siempre en conexión con el corresponsal de ABC en Londres, Luis Antonio Bolín. Se han explorado menos los antecedentes de dicho alquiler y la significación oculta tras el vuelo. En estos dos aspectos el funcionario que suscribe ha de remitirse a dos de su libros (La conspiración del general Franco y El primer asesinato de Franco, Crítica, Barcelona, 2ª edición revisada, 2012 y 2018 respectivamente, en colaboración).

Una primera referencia a la actividad previa de JdlC en Londres fue casi coetánea de los acontecimientos. Se ha mencionado frecuentemente en la literatura en lengua inglesa pero menos en la española y, ciertamente, no en la historiografía franquista o proclive a los sublevados. Se trata de unas memorias, aparecidas en Londres en 1937 y tituladas Georgian Adventure. The Autobiography of Douglas Jerrold (se citan según la edición especial del “Right” Book Club, publicadas al año siguiente). Una sucinta referencia biográfica al autor se encuentra en . https://en.wikipedia.org/wiki/Douglas_Francis_Jerrold, si bien est funcionario se halla en profundo desacuerdo con la afirmación de que el avión fuese tripulado por dos agentes del servicio de inteligencia británico. No está demostrado documentalmente hasta el momento, aunque al menos uno de ellos sí había tenido contactos con el servicio de inteligencia militar (que no es lo mismo que el Secret Intelligence Service o MI6). En este último ingresó tras la guerra civil española.

Jerrold (p. 362) describió las actividades previas a la sublevación de un grupo de españoles e ingleses entre los cuales figuraron el propio exrey Alfonso XIII, el duque de Alba, Ramiro de Maeztu, Antonio Goicoechea, el marqués Merry del Val, José Calvo Sotelo y JdlC aparte de él mismo. Reconoció no haberse encontrado nunca con el líder monárquico. Sí se sirvió de sus discursos para publicar un panfleto, en contra del gobierno republicano, en conexión con Bolín y el marqués del Moral. Apareció en 1933 y ha de situarse en el contexto de la campaña antirrepublicana que los exiliados monárquicos promovieron también en Francia. Más detalles sobre las actividades de este grupo se encuentran en Enrique Moradiellos (Neutralidad benévola. El gobierno británico y la insurrección militar española de 1936, Pentalfa, Oviedo, 1990) y, en el plano de la política interna británica, en Andrew Roberts, Eminent Churchillians, Phoenix, Londres, 1995).

En julio de 1936 Bolín llamó a Jerrold con un asunto urgentísimo. En un almuerzo al día siguiente Bolín y JdlC le contaron que en las últimas semanas el inventor del autogiro había estado muy atareado y envuelto en las brumas de un secreto impenetrable (sic). Había estado ocupado en Londres y en París con los preparativos del golpe. El y Bolín querían que Jerrold les proporcionara contacto con algún amigo suyo y dos o tres rubias que pudieran fingir un viaje de placer a África. Jerrold, después de alguna reflexión, sugirió el nombre de un exmilitar con experiencia de situaciones broncas en Marruecos, México e Irlanda del Norte. Era cierto. Más tarde, en presencia de los dos conspiradores, Jerrold convenció al excomandante (en realidad capitán) Hugh Pollard de que volase en el Dragon Rapide a Canarias para trasladar a Franco a Marruecos. Con otros detalles poco trascendentes las tres páginas en las que Jerrold (370-372) describió este encuentro muestran dos cosas: JdlC llevaba tiempo participando en actividades subversivas en las dos capitales mencionadas (en esto coincidió años después Maiz, que no hizo la menor referencia a las memorias de Jerrold) y que, en combinación con este último y con Bolín, fue obviamente uno de los motores que llevó a la aventura del avión.

Las memorias de Bolín (España, los años vitales, Espasa-Calpe, Madrid, 1967, y en edición ligeramente diferente inglesa Spain: The Vital Years, Cassell, Londres 1967) alumbraron, por parte española, la cuestión. Pocos han sido los historiadores que las hayan cuestionado. El funcionario que suscribe lo ha hecho sistemáticamente porque Bolín, además de ser un ególatra, mintió de forma descarada.  Es imposible negar que JdlC estuvo implicado en el tema como extensión de sus actividades antirrrepublicanas. El análisis de estas últimas fue completado por  Moradiellos (189-192, 200-207, 271-273) y Gerald Howson (Armas para España. La historia no contada de la guerra civil española, Península, Barcelona, 1998, 91, 94,101, 123).

De notar es que una parte de la historiografía franquista no ocultó del todo, pero sí describió limitadamente, las actividades suplementarias de JdlC en la adquisición de unos cuantos aviones civiles para los sublevados tras el golpe  (Ramón Salas Larrazábal, Historia del Ejército Popular de la República, Editora Nacional, 1973, I, 370). Podrían aducirse más títulos.

Enjuiciamiento de la actuación de JdlC

El funcionario que suscribe apela al mejor critierio de V.E. en la confianza de que no llegue a creer que en las líneas que siguen pretende atribuirse méritos que no le corresponden. Ha de confesar, no obstante, que ha sido uno de los pocos autores en someter al duro contraste con la evidencia primaria relevante de época las numerosas versiones sobre los antecedentes del vuelo, sus finalidades (que no fueron solo la de trasladar a Franco a Marruecos), las dificultades que el Gobierno de la República encontró a la hora de obtener material de guerra en el extranjero y, no en último término, las actividades de JdlC. Siempre, como es lógico, remitiéndose también a lo que historiadores precedentes habían escrito al respecto.

Tal enmarque lo comenzó en sus libros La soledad de la República  (Crítica, Barcelona, 2006, I),  La conspiración del general Franco (2011 y, en particular, 2012, II), Las armas y el oro (Pasado&Presente, 2013, III) y, junto con el Dr. Miguel Ull y el primo hermano del que suscribe, Cecilio Yusta Viñas,  El primer asesinato de Franco. La muerte del general Balmes y el inicio de la sublevación (Crítica, 2018, IV). Posteriormente abundó en algunos extremos en el marco más concreto de la conspiración contra el Gobierno legítimo de la República (¿Quién quiso la guerra civil?, Crítica, 2019, V).

JdlC suele aparecer en ellos de refilón (por ejemplo, en I, 41, 75; en III, 36, 253, 458; en IV, 28-32), explicando sus cualidades específicas que le hacían particularmente importante para intervenir en el alquiler del Dragon Rapide, reduciendo los méritos que se autoatribuyó Bolín y con referencias a sus actividades como asesor de la “Junta Nacional” en París encargada de obtener material de guerra. En V, 320 y 322, abundó en la significación de su viaje a Roma, por orden de Alfonso XIII, para apoyar las gestiones con el fin de facilitar la entrega de material de guerra. Varias de sus actividades, contextualizadas, se expusieron en II, 28-34 y 50s, esencialmente.

Según Jesús Salas Larrazábal (Guerra Aérea, I, 1998, 14, 16) la razón por la cual JdlC se trasladó a Inglaterra fue porque “no encontró en España el apoyo necesario para poder desarrollar su invento a escala industrial”. Continuó el proceso de “mejoras continuas del autogiro y el modelo C.8.II logró cruzar el canal de la Mancha en 1928 y al año siguiente recorrió el trayecto Madrid-Lisboa”. Dicho autor también mencionó (114s) las adquisiciones de material aéreo en las que participó el ingeniero murciano. No dijo una palabra, sin embargo, de su papel más político, quizá por desconocerlo, que sí descubrió Moradiellos en tanto que presidente de la “Junta Nacional” establecida en Londres y que no experimentó demasiados entorpecimientos por las autoridades británicas. En su obra póstuma (La intervención extranjera en la guerra civil española, Galland Books, 2017) este funcionario ya no ha encontrado ninguna referencia a JdlC ni tampoco a las reacciones que el estallido de la sublevación provocó en el Reino Unido.  Algo sorprendente, dado  que  el periodista inglés Peter Day (Franco´s Friends. How British Intelligence Helped Bring Franco to Power in Spain, Biteback, 2011, traducida al castellano en 2015 en Tusquets) había llamado la atención sobre ciertos aspectos no desdeñables, algunos de los cuales  había anticipado Moradiellos.  

Entre ellos, y no sin una brizna de exageración y diversos errores que este funcionario también ha puesto de relieve en sus obras, figuran los manejos y las facilidades que JdlC encontró en los medios aeronáuticos británicos e incluso en el propio Foreign Office, aunque su deseo de poder charlar con el primer ministro Stanley Baldwin no fue atendido. Quizá merezca la pena destacar que del trabajo de Day el funcionario que suscribe se hizo eco inmediatamente en Viñas, II, III y IV.  No lo hizo así Salas Larrazábal, quien por no citar no cita ni a Moradiellos.

Corresponde a Maiz (II, 318-320)  el indudable mérito de haber reproducido una carta de JdlC fechada en Londres el 19 de setiembre al general Mola en la que le dio cuenta de sus actividades en Alemania, entre otros con Canaris y representantes de la industria, relativas al suministro de municiones para los sublevados. De esta carta se han hecho eco numerosos autores que no han negado su autenticidad. Uno de los últimos ejemplos es el general José García Rodriguez (Conspiración para la rebelión militar del 18 de julio de 1936, Silex, Madrid, 2013, 434-436)   Una fotocopia del original se encuentra en el archivo del Centro de Documentación del Bombardeo de Gernika y está en poder de quien suscribe.

También copió Maiz (II, 317s) una posterior carta de JdlC a Mola desde Londres “a finales de septiembre de 1936”. Ni el original ni una copia se encuentran en el fondo documental de su nombre en el Archivo General de Navarra. No se reproduce aquí por carecer, en la opinión de este funcionario, de la debida sustentación documental, pero podría ser verídica. Muestra que JdlC estaba en aquel momento en contacto con directivos de la Abwehr y también con el traficante de armas Josef Veltjens, un personaje bien conocido.

Así, pues, y salvo mejor opinión en contrario, es difícil negar que el ingeniero JdlC no estuviera en contacto con representantes de la conspiración monárquica tanto en Londres como en España. Tampoco es extraño, constatada su amistad con Bolín, aunque luego este último fue un tanto parco en sus alabanzas. De creer a Maiz, sus relaciones con Mola fueron, en la medida de lo posible, bastante fluídas. Aunque el funcionario que suscribe no comparte la idea de la asociación de Mola con agentes de la Abwehr antes del golpe (algo que solían subrayar los autores empeñados en demostrar la complicidad nazi con la sublevación), y para las cuales no se ha encontrado la menor referencia en los archivos alemanes, sí le parece muy verosímil que JdlC hubiese tenido relaciones que apuntaban al Tercer Reich. La cuestión es desde cuándo, si antes o después de la sublevación. Se trata de un tema que no carece de significado histórico y político. Como es notorio, la mayor parte de la documentación de la Abwehr se destruyó durante la segunda guerra mundial.

Es más, a medida que pasaba el tiempo JdlC fue expandiendo sus actividades. El 14 de noviembre, poco antes de su inesperado accidente, presidió la delegación franquista en la que también participó Joaquín Bau para negociar los términos de las relaciones comerciales y de pagos bilaterales entre los sublevados y las autoridades británicas (Moradiellos, 348).

Conclusión

En definitiva, JdlC estuvo en una posición privilegiada en Londres y su actividad pregolpista fue conocida del rey Alfonso XIII. No hay por qué dudar de las afirmaciones de Bolín a este respecto, apoyada en los papeles conservados por Pedro Saínz Rodríguez. Es totalmente impensable que los monárquicos hubiesen obviado informar a JdlC de lo que se tramaba. No era solo el vuelo del Dragon Rapide a Canarias. Era también la adecuada preparación de un golpe de Estado y de una guerra que, en el peor de los casos, se estimaba corta.

Es posible que existan papeles todavía ignorados sobre las actividades de JdlC al servicio de los sublevados. Es verosímil que el ingeniero murciano los hubiese conservado en Londres. Pereció el 9 de diciembre de 1936 en el accidente del Douglas DC -2 de la KLM cuando intentó despegar en un vuelo regular a Amsterdam desde el aeropuerto de Croydon. Sus andanzas durante los meses de octubre y noviembre siguen siendo desconocidas. A juzgar por su supuesta segunda carta a Mola de septiembre es altamente probable que continuaran la misma pauta, e incluso más acentuada, que hasta aquel momento.

No corresponde a este funcionario valorar la importancia técnica o tecnológica de la aportación del ingeniero JdlC al desarrollo aeronáutico.

Este informe se ha redactado con el fin de poner en conocimiento de V.E. las actividades de JdlC en apoyo a los conspiradores primero y de los sublevados después en relación con el golpe de Estado de julio de 1936, tal y como se desprenden de la literatura consultada. Es una literatura  que está por cierto al alcance de cualquier historiador.

Tampoco corresponde al funcionario que suscribe examinar si, en virtud de los criterios oportunos, tales actividades son compatibles o no con la línea política establecida por la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, y todavía vigente. Este funcionario es de la opinión personal que no lo son y queda a la disposición para cualquier aclaración ulterior que se considere necesaria.

V. E. decidirá.

Angel Viñas

[ESTE INFORME FICTICIO EN DOS PARTES ES MI RESPUESTA A LA DESINFORMACIÓN QUE SE HA DISTRIBUIDO SOBRE EL TEMA. YA REDACTADA LA SEGUNDA PARTE EL PROFESOR JAVIER GUILLAMÓN HA TENIDO LA DEFERENCIA DE ENVIARME EL QUE HIZO A PETICIÓN DEL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA. NO ME HA HECHO CAMBIAR UNA SOLA PALABRA.

ESTOS DOS POSTS SON TAMBIÉN LA RESPUESTA A LOS MEDIOS QUE HAN DIFUNDIDO LO QUE NO ES SINO BASURILLA HISTÓRICA.  ME RESERVO EL DERECHO DE VOLVER AL TEMA SI EL GOBIERNO DE LA COMUNIDAD DE MURCIA SIGUE SIN HACER PÚBLICO EL SEGUNDO INFORME QUE HA MANEJADO.

QUISIERA, POR ÚLTIMO, SEÑALAR QUE LA ACTUACIÓN DEL PROFESOR GUILLAMÓN ME PARECE UNA MUESTRA DE CORRECCIÓN ACADÉMICA QUE, NATURALMENTE, NO HAY QUE PENSAR QUE DEBAN TENER EL GOBIERNO DE MURCIA Y SUS CONSEJEROS. ENGAÑARÁN A SU ELECTORADO, PERO POSIBLEMENTE NO A LOS QUE ENTIENDEN LOS PORMENORES DE LA SUBLEVACIÓN DE 1936 Y SUS ANTECEDENTES].

INFORME SOBRE EL CASO JUAN DE LA CIERVA: UNA VERSIÓN ALTERNATIVA (I)

14 septiembre, 2021 at 8:30 am

ÁNGEL VIÑAS

La prensa de derechas, particularmente la murciana, pero ahora también algún título de la madrileña, viene subrayando que el autor de estas líneas es un historiador despreciable y que por puras razones ideológicas presentó en su momento al Gobierno de España un informe sucinto sobre el caso JdlC para evitar que el aeropuerto de Murcia recibiera el nombre glorioso del inventor del autogiro. Tanto el Gobierno regional como sus tentáculos mediáticos han abundado en la idea y alertado al público de la existencia de, al menos, otros dos informes, no dados a conocer, de los que se afirma rebaten los argumentos que en su momento aduje. Puede ser, pero nadie, que servidor sepa, ha escrito algo en contra de algunas pruebas documentales que aparecieron en tres entregas en el periódico digital InfoLibre con la reproducción de un informe manuscrito de JdlC sobre sus andanzas en ayuda a los sublevados y que dirigió al general Mola en septiembre de 1936.

Más que dar una respuesta directa a la desinformación difundida y a unos informes desconocidos  he preferido preparar un escrito que no existió. En él, con el lenguaje formal que solía utilizarse cuando servidor era un joven funcionario, me dirijo a la Superioridad, con las proclamaciones de subordinación correspondientes a aquella época, para demostrar las implicaciones de la participación de JdlC en la conspiración. He utilizado material (libros) accesible a cualquiera y fáciles de encontrar en bibliotecas. Supongo que también será accesible a los doctos historiadores presumiblemente bien retribuídos por el Gobierno de la Región de Murcia. Aservidor no le pasó jamás por la mente solicitar un miserable céntimo. La redacción de mi sucinto informe al Gobierno no me llevó más de un par de horas.

En este post presento, pues, a mis amables lectores y a mis numerosos detractores un ingenuo informe alternativo. Ruego a los primeros tengan la bondad de no reirse demasiado. Lo he escrito con la mayor seriedad posible, dada la repercusión mediática del caso.

INFORME QUE SOMETE EL CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE Y TÉCNICO COMERCIAL Y ECONOMISTA DEL ESTADO, JUBILADO, ANGEL VIÑAS

“Excmo. Sr.

El funcionario que suscribe tiene el honor de elevar a conocimiento de V.E. el informe en anexo acerca de la petición del Gobierno de la Región de Murcia para modificar el nombre del aeropuerto correspondiente. La urgencia me impide extenderme más de lo estrictamente necesario para la comprensión del caso.

De Bruselas para Madrid a x de octubre de 2020.

Fdo     Angel Viñas

Anexo

El Gobierno de la Región de Murcia ha sometido a la preceptiva autorización su deseo de que se designe en el futuro el aeropuerto de la misma con el nombre de Juan de la Cierva, en virtud de los notables méritos contraídos por dicho ingeniero y que condujeron a la invención del autogiro. Se plantea la cuestión de dilucidar si tal petición es compatible o no con el espíritu que anima la vigente Ley 52/2007, de 26 de diciembre.

Tras un análisis del comportamiento de Don Juan de la Cierva (en adelante JdlC) en la preparación y desarrollo del golpe de Estado de 17-18 de julio de 1936 el funcionario que suscribe eleva a la superior consideración de V.E. las siguientes informaciones avaladas por la literatura disponible. Anticipo que desde el punto de vista estrictamente histórico la connivencia y participación de JdlC con y en los preparativos del golpe de Estado de 1936  y sus consecuencias es difícilmente rebatible, salvo mejor opinión en contrario.

Introducción

De tiempo lejano, es decir, desde la guerra civil misma, la participación de las potencias del Eje en los preparativos de la misma ha sido evocada repetidamente en la literatura. El funcionario que suscribe, tras extensas investigaciones al respecto, llegó a la conclusión de que el Tercer Reich no parece que hubiese participado. Sí lo hizo, sin la menor duda, la Italia fascista, lo cual lleva a dudar de la pertinencia del adjetivo ya  adherido en la época al denominado “Alzamiento Nacional”.

Tal conclusión está basada en un análisis de la literatura disponible y de los archivos alemanes a los que en su momento tuvo acceso este funcionario y que se materializó en sus libros La Alemania Nazi y el 18 de Julio (Alianza Universidad, Madrid, 1974; reedición revisada en 1977, y más ampliada en 2001 bajo el título Franco, Hitler y el estallido de la guerra civil). Sin embargo, existen motivos para pensar que tales investigaciones no están suficientemente fundamentadas ya que adolecen de una cierta falta de concreción en vista de la carencia de documentos de archivo que ratifiquen sus resultados más allá de toda duda posible.  

PRIMERA PARTE

 JdlC y Mola antes del 18 de julio

La información sobre la activa participación de JdlC en los preparativos del golpe de 18 de julio de 1936 la expuso uno de los testigos más cercanos al general Mola. Fue Bernardo Félix Maiz, ayudante civil del mismo tras su llegada a Pamplona. Escribió tres libros en diversos momentos del tiempo sobre los antecedentes y, por último, sobre las divergencias que, según afirmó, surgieron tras la sublevación entre Mola y Franco.

En su obra inicial, Alzamiento en España. De un diario de la conspiración (2ª edición, 1952, Editorial Gómez, Pamplona), que es la que este funcionario guarda en su biblioteca, JdlC aparece en varias páginas. En su segundo libro, Mola, aquel hombre. Diario de la conspiración (Planeta, Barcelona, 1976), lo hace en muchas más. Conjugando ambos títulos (I y II, en lo sucesivo) puede llegarse a una idea bastante completa de la participación del ingeniero murciano en la conspiración contra el Gobierno legítimo de la República.

El 12 marzo de 1936 Mola se reunió con los generales Fanjul y Rodríguez del Barrio para pasar revista a la situación. En ella se indicó que era “preciso también sondear los grupos políticos a los que se consideraba dispuestos a participar en la conjura y buscar personal que colaboraran en el proyecto”. Se habló, entre otros, de JdlC (II, 63). Esto indica que se pensaba contar con él ya en fecha tan temprana. JdlC, sin embargo,  no aparece en Maiz  hasta finales de junio (II, 137). En este momento Mola le entregó en Pamplona un troquel-modelo para la fabricación de la munición correspondiente al fusil de infantería. La idea era que, con dicho troquel, en el extranjero fuera posible fabricar tal tipo de cartuchería. Así fue. El ingeniero andaba entonces por España haciendo gestiones no precisadas, pero relacionadas con aviones (II, 204). En tal ocasión debió de recibir dicha pieza.

También en el mismo mes de junio ya se estaban encargando de las “gestiones para adquirir un aparato de gran radio de acción con destino al general Franco”  Kindelán, Luca de Tena, Bolín y JdlC (II, 175).

Tales gestiones se iniciaron en París por el marqués de Luca de Tena y en Londres por JdlC y Luis Antonio Bolín. Una noticia fechada en esta última ciudad el 7 de julio aseguró que “el asunto no se había resuelto todavía” (II, 202), pero no cabe duda de que las gestiones prosiguieron con éxito ya que, probablemente poco después, “el general Kindelán informó sobre los obstáculos con que tropiezan en Londres JdlC y Antonio Bolín (…) Últimamente la intervención de un inglés, mister Pollard, amigo de La Cierva, parece decidir la adquisición de un aparato con destino a una expedición cinegética por tierras de África” (II, 238). A esta cuestión  se referirá la segunda parte del presente informe.

El 14 de julio Mola esperaba ansiosamente noticias de Ceuta, Santa Cruz de Tenerife y San Juan de Luz. Se envió “un mensaje al teniente coronel Baselga requiriendo noticias del avión de Croydon, porque sin duda La Cierva sabría su paradero. Baselga podía comunicarse con La Cierva” (II, 274). Maiz escribió poco después (II, 275) que Bolín, “junto con el señor La Cierva había gestionado el alquiler del aparato”. Según Wikipedia, Eduardo Baselga fue detenido en San Sebastián el 14 de agosto. Compareció ante un consejo de guerra sumarísimo y fue fusilado pocos días después.

JdlC no actuaba en el vacío. Maiz afirmó que también participaba en las gestiones anticipatorias de la sublevación en conexión con un agente del servicio de inteligencia militar nazi (Abwehr) que dirigía el famoso almirante Canaris. Dicho agente (“WIM”) había suministrado al capitán Barrera “dos señas y contraseñas para que sean utilizadas por don Juan de la Cierva. Barrera se las entregó al general. Es un asunto exclusivo del trío Mola-La Cierva-WIM” (II, 281). Según esta fuente Manuel Barrera era el ayudante del coronel García Escámez y figura en la lista de miembros de la UME compilada según los datos obtenidos por el Negociado de Control de Nóminas del Ministerio de la Guerra, ubicado en la DGS y que el funcionario que suscribe dará a conocer en su próximo libro, El gran errror de la República.

En su primera obra Maiz ofreció algunos detalles complementarios sobre la conexión Mola-JdlC-Abwehr. Parecen un tanto fantasiosos, pero nadie -salvo servidor- los ha impugnado. El 27 de junio, el agente 6-WIW-9 (no se sabe si era WIM u otro) había comentado al general que “el tono católico en la próxima guerra civil española creemos que no será del agrado de Hitler. Sin embargo … “ (I, 189s) Ya recogió, en el mes de julio pero sin fecha, que “Mola ha tenido noticias por una persona cercana al aviador Gándara, que se encuentra en Francia, de la salida de Londres, ruta Tánger, del avión que ha de transportar al general Franco (…) Las gestiones del señor La Cierva, junto con el señor Bolín en Londres, para el logro del avión, han tenido éxito. Es un aparato de gran radio de acción. Lleva un nombre: “Dragon Rapid”  “ (sic) (I, p. 262).  

Probablementte se trató de Joaquín de la Gándara y Plazaola, marqués de la Gándara. Había participado en el 10 de agosto de 1932 y combatido la “revolución de octubre” en 1934 en Guipúzcoa. Era miembro destacado de Renovación Española, el partido monárquico cuyos dirigentes desarrollaron las conexiones previas con la Italia fascista de cara a la sublevación. Comandante de un Tercio de Requetés murió a los pocos días del estallido. Existe una referencia al mismo, que el funcionario que suscribe no ha comprobado, en la obra del marqués de San Juan de Piedras Albas, Héroes y mártires de la aristocracia española (Madrid, S. Aguirre, 1945, citada extensamente por Alfonso Bullón de Mendoza, “Aristócratas muertos en la guerra civil española” (https://dialnet.uniroja.es).

Incidentalmente, esta información refuerza la tesis de que la mayor responsabilidad por el desencadenamiento de la guerra civil corresponde a los monárquicos alfonsinos. Fueron quienes, junto con los carlistas, más contribuyeron a la subversión del Ejército desde 1934, tal y como ha expuesto quien esto escribe en ¿Quién quiso la guerra civil  (Crítica, Barcelona, 2019) y que reiterará, desde otro ángulo, en El gran error de la República (ibid, a aparecer en 2021).

 Maiz (I, 263s) explicitó en un apunte anterior al 13 de julio las gestiones de las que se encargaría JdlC de la siguiente forma:

Recibirá instrucciones en breve para un posible desplazamiento a Londres y Berlín. Asunto de municiones. Es una de las grandes preocupaciones del  general (…) La industria privada de armamento de guerra se prestará a servir mediante un pago al contado. Fábricas alemanas, austríacas y polacas están en condiciones de hacerlo. Hacen falta libras (…) Berlín y Londres serán los centros de actividad del señor La Cierva. Voy a anotar los nombres de dos personas que en Alemania van a intervenir desde el primer momento de las gestiones. Son el almirante Canaris y Von Veltjens (sic) (…) Se ha salvado una gran contrariedad: el calibre de nuestro fusil. Se ha resuelto porque el general Mola guarda un pequeño paquete que encierra una “pieza” que en su día el señor La Cierva llevará para solucionar rápidamente lo que podría encerrar una gran contrariedad”  Es obvia la responsabilidad que contraía JdlC en allegar recursos no ya para la sublevación sino para toda una guerra.

Efectivamente, según el citado autor (Maiz, II, 317-321), Mola había pensado (con razón, debería añadirse) en la posibilidad de que el golpe no triunfara y que diese paso a toda una contienda. Para ello, contaba con JdlC ya en la tercera decena del mes de junio cuando inició una operación oculta que el ingeniero bautizó con el nombre de Operación Faubourg y que involucraba al Tercer Reich.  De ella no se ha encontrado, que se sepa, ninguna otra referencia y no cabe descartar que se tratara de un caso de desinformación  por parte del dicho autor.

Conclusiones parciales

Esta primera parte del presente informe se ha limitado a la actuación desarrollada por JdlC antes del golpe de Estado. De ella se desprende que en una fecha no determinada, pero que cabe por lo menos situar en marzo de 1936, el nombre de JdlC se asoció de inmediato a los planes subversivos de los conspiradores.

Los contactos que identificó Maiz reflejan que JdlC estuvo en relación más o menos continua con Mola y que esta se densificó a medida que se acentuaban los preparativos. Tal contacto parece que tuvo lugar principalmente gracias a viajes de JdlC a España (de los que no se tiene demasiada noticia), pero también por medios indirectos tales como mensajeros.

El papel de JdlC se sitúa en el relato de Maiz en dos niveles: el primero en conexión con la supuesta actividad, todavía no documentada, de los agentes de la Abwehr nazi próximos a Mola; el segundo, con los preparativos en conexión con el marqués de Luca de Tena y el corresponsal en Londres del periódico ABC, Luis Antonio Bolín, para alquilar un avión que pudiera extraer a Franco de Canarias y transportarlo a Marruecos. De recordar es que Luca de Tena renunció a la dirección del periódico por lo cual pudo dedicarse enteramente a la preparación de la sublevación desde su previsor autoexilio en Francia.

[Continuará en el blog la semana próxima, pero en la realidad alternativa la segunda parte figuraría inmediatamente después de la primera]

 

VOLVIENDO AL TAJO: SEPTIEMBRE DE 2021

7 septiembre, 2021 at 8:30 am

ÁNGEL VIÑAS

Al reemprenderse las actividades escolares me gustaría poder decir que vuelvo a ellas, a través de este blog, con renovadas fuerzas. Por desgracia, no sería del todo cierto. En los últimos tiempos he estado trabajando en cuatro proyectos. Dos en colaboración y otros dos solito. De los primeros he terminado uno. No me corresponde el principal papel, que han asumido los dos compañeros restantes. Me he limitado a escribir una biografía, género que se me da bastante mal. Espero que el libro resultante salga durante este curso. No gustará a muchos autores y lectores en la derecha española y que tanto saben, o dicen que saben, sobre la represión republicana, pero que casi ignoran la propia o vuelven, casi siempre, al tema de Paracuellos…

Confieso que la continuada pandemia y las medidas restrictivas subsiguientes han sido demoledoras para quienes, como servidor, tratamos de abordar cuestiones sobre las que no se había escrito antes,  escrito poco  o escrito mal. Personalmente siempre he pensado que para repetir lo que otros han investigado bien no merece la pena escribir. Por el contrario, no tengo inconveniente en sacar los colores a quienes, sobre lo que me interesa, no lo han hecho adecuadamente en mi modesta opinión.  Este curso seguiré, pues, tratando de ver claro en algunos de los capítulos de nuestra historia en los que, por falta de EPRE, no había podido avanzar más, pero que hoy sí será posible hacerlo tras sucesivas rondas de desclasificaciones. Hay, evidentemente, que estar al loro y aprovechar las ocasiones. Una de ellas me la deparará el caso Juan de la Cierva. Otro, y permanente, el general Francisco Franco.

A lo largo de mi carrera, en la Universidad y en la Administración, he aprendido varias cosas. Entre ellas que a los españoles no nos gusta demasiado ser objeto de ironía y sarcasmo. Los aplicaré ahora. Me siento, en gran medida, poco vulnerable porque tras pasar casi cuarenta años fuera de España estoy acostumbrado, afortunada o desgraciadamente, a otras mores.

El descubrimiento de nueva EPRE sigue siendo una tarea penosa y más en la actualidad porque dirigir a distancia la búsqueda de papeles lleva tiempo, consume energías y, no en último término, absorbe muchos fondos. (Incidentalmente, brindo esta reflexión al darling de la derecha española, catedrático jubilado en una Universidad norteamericana, que no la ha practicado nunca y, me temo, dada su provecta edad -más avanzada que la mía- que tampoco lo hará en el futuro. Se necesita una cierta experiencia de archivos, lugares que él no ha frecuentado).

De todas maneras, confío en que los resultados a que llegue estén en consonancia con mis expectativas. Demostrarán, una vez más, lo que nunca me he cansado de afirmar una y otra vez en este blog. No hay historia definitiva, porque como el pasado no existe, a lo único a lo que podemos acogernos es a las representaciones que de él nos hacemos. La gran diferencia entre unos historiadores y otros la marca el análisis crítico y contextualizado lo más generosa y ampliamente posible de las evidencias que de tal pasado vayamos descubriendo en el incontenible proceso histórico.

En este verano me he sentido atraído por dos de las tres conmemoraciones que en él se han celebrado: el centenario de Annual y el quinto (!!!) centenario de la toma de Tenochtitlán. Historia esta última, para mí, muy vieja. Por el contrario, no me ha llamado la atención el 450 centenario de la batalla de Lepanto. Pero, además, la crisis de Afganistán y el torbellino de noticias que ha generado me han tenido muy ocupado, siquiera como mero lector. Al fin y al cabo, se vive en el presente (que mañana será pasado).

Las razones de mi interés son distintas. Me han preocupado desde hace tiempo las consecuencias de las campañas de África en que se empeñó la Monarquía alfonsina y, como me ha llegado nueva EPRE, me he lanzado a pergeñar una docena de artículos sobre un tema que ya había tocado superficialmente. No revelo ningún secreto si digo que está relacionado con la no concesión de la Cruz Laureada de San Fernando al capitán Francisco Franco. Los resultados aparecerán poco a poco en otro medio digital. Confío que gusten a muchos y disgusten también a muchos otros. Aspiro, como se verá en el último artículo, a incitar a la publicación -por quien la tenga- de más EPRE. Si no hay historia definitiva, tampoco hay historiadores de este carácter.

La conquista de México, que ha generado tantas discusiones en los últimos tiempos, es lo que más me ha atraído. Por dos razones: la primera porque desde que tenía unos 16 años me impactó mucho el libro de un periodista republicano (que también escribió sobre Annual), Luis de Oteyza. Se titulaba Los dioses que se fueron. Me lo regaló un tío mío. Hoy cabe encontrarlo de lance en internet, pero prefiero mantener el recuerdo porque si lo leo es casi seguro que no me gustará. Luego me fui haciendo una pequeña colección de novelas sobre la conquista de Mesoamérica en varios idiomas. Todavía conservo algunas, pero de la mayoría ya me he deshecho. En mi casa no caben muchos más libros.  

Explico esto porque después de las novelas pasé a convertirme en lector de historia. Para mí, la biografía de Cortés de Salvador de Madariaga, así como el libro de lord Hugh Thomas, me parecieron deslumbrantes. Siempre he tenido un poco a México en mi corazón desde que fui por primera vez en los años setenta. Viene esto a cuento porque en este verano he leído un libro de Camilla Townsend, The Fifth Sun. A new history of the Aztecs, que confío se publique pronto en castellano. Hacía tiempo que no había vuelto al tema, pero Townsend me ha recordado algo a lo que, oscuramente, he ido llegando al buscar conexiones sobre la escritura de la historia y sobre las relaciones entre historia y memoria.

Los lectores no tendrán dificultad en comprender que este último es un tema que va a estar en el candelero en los próximos meses tan pronto como empiece a debatirse en el Congreso de los Diputados el Anteproyecto de Ley de Memoria Democrática.

Townsend, una historiadora norteamericana de la que no conozco otra obra, ha vuelto a los textos en náhuatl de las memorias que pergeñaron los descendientes de los aztecas derrotados por Cortés y sus aliados indígenas (que constituían, con gran diferencia, la mayor parte de las fuerzas vencedoras) y que habían reflejado en las transcripciones hechas por los religiosos españoles que se preocuparon de estudiar sus costumbres y su pasado. Eran, por así decir, la memoria “colectiva” -tal concepto dicen algunos historiadores y sociólogos que no existe y que solo existe la individual. En este caso sí cabe emplear el adjetivo “colectivo” porque no hay otras memorias individuales. Las transcripciones de hace varios siglos se han transformado en EPRE, un recurso singular que abre una ventana sobre la mejor comprensión de un pasado remoto.

De aquí la importancia de seguir recuperando recursos culturales o recuerdos transmitidos entre las generaciones que permitan documentar los sentimientos, las reflexiones, los miedos y las angustias de quienes fueron objeto de represión por los sublevados y los perpetradores de 1936 en adelante. En esto la historiografía española sigue las huellas de otras corrientes extranjeras que desde hace muchos años se preocuparon por dejar constancia en todo lo posible de los recuerdos e impresiones de los supervivientes de la Shoah. Que el actual gobierno de Varsovia trate de obstaculizar la exploración del pasado polaco está en consonancia con los berridos de su derecha más brava. Roguemos al Señor porque la nuestra, carpetovetónica, no les imite cuando llegue su momento.

Así, pues, no hay que jugar, como hace una parte del PP, Ciudadanos y sobre todo Vox, con la denigración de la memoria. Con minúsculas y con mayúsculas. Ambas conforman un pasado  que no termina de pasar porque, con todos los respetos al recuerdo de los millones de víctimas de la Shoah, el “equivalente” español son las víctimas de la represión franquista.

Un resumen de la Causa General, aparecido en 1943 y que una editorial astorgana ha publicado ya en tercera edición con el subtítulo, ¡oh, cuán intencionado!, de “la otra memoria” y un prólogo del historiador cortesano por excelencia del franquismo, Ricardo de la Cierva, cumple para los vencedores tal función de recuerdo. Sin embargo, se trata de un somerísimo trasunto del tipo de información recogida en varios millares de legajos, hoy perfectamente accesibles al público en el portal de archivos españoles, PARES.

Debo establecer la hipótesis que dicho resumen, que careció de seguimiento, escogió los aspectos más duros de la supuesta vesania republicana. Como si esta estuviera en los genes de la izquierda de la época (algunos médicos militares los buscaron afanosamente) y hubiera sido, como la franquista, una actividad desarrollada con el consentimiento, impulso y dirección de las autoridades.

En este sentido, me permito hacer una sugerencia a la editorial de la Universidad de Extremadura: ¿por qué no republica una obra agotada, que hace cerca de quince años ya puso en el mercado, de Raúl C. Cancio Fernández, Guerra civil y tribunales: de los jurados populares a la justicia franquista (1936-1939)? La investigación, desde luego, no ha parado en este transcurso del tiempo, pero sería una buena forma de acompañar el debate parlamentario que abrirá la LMD. En su momento, Cancio puso en contexto la realidad pasada y sobre la cual incidió la LMH de Rodríguez-Zapatero.

Así, los amables lectores y el público en general tendrán la oportunidad de constatar hasta qué punto han avanzado, han retrocedido o se han estancado los portavoces de la derecha en sus repetitivas cantinelas de cara a un tema todavía tan sensible. Y, naturalmente, el reflejo correspondiente que de ello harán sus tribunas mediáticas y sus influencers, que también tratan de mantener enhiesta su “representación” del pasado, a pesar de todas las evidencias acumuladas en contra. Los sublevados mataron mucho más. Es lo que todavía hay que escamotear.

¡Feliz rentrée! y ¡feliz vuelta al tajo!