LA VERDAD SOBRE FRANCO: EL QUE DIFUNDE NETFLIX

16 noviembre, 2021 at 8:30 am

UN COMENTARIO MÍNIMO (Y III)

Ángel Viñas

Los comentarios en los dos posts anteriores no son especialmente perceptivos. No abordan lo que, desde un punto de vista global resulta más interesante. Que yo sepa ningún comentarista español ha captado o, si alguien lo ha hecho, no le ha dado mayor importancia. Pero no hay que olvidar que se trata no de un documental hecho para españoles, sino en primer lugar para alemanes. Y que, en segundo lugar, gracias a la plataforma Netflix, cabe captarlo en el amplio mundo. Desde esta doble perspectiva, alemana y mundial, hay dos aspectos que me gustaría subrayar.

El primer aspecto es la relevancia de uno de los términos con que el guion se refiere a Franco. Se le trata de “Despot” a lo largo de todo el programa. La traducción inmediata sería “déspota”. No es una denominación demasiado utilizada en nuestro idioma (incluso, en ciertos contextos y en lenguaje coloquial puede reducirse su acepción primigenia: “este niño es un déspota; no nos deja tranquilos un segundo”)

Sin embargo, Despot y déspota tienen en ambos idiomas una acepción común. En alemán es alguien que gobierna sin limitación alguna (unumschränkt Herrschender) Lo dejo escrito tal y como lo define el Duden, el diccionario de referencia en los países de aquel idioma. Pues bien, en castellano “déspota” es quien gobierna sin sujeción a ley alguna. Lo copio del DRAE.

¿Qué significa esto? Simplemente que los dos países, Alemania y España, han estado sujetos a períodos bajo figuras que en ambos idiomas corresponden a la misma tipología. En el primero durante los doce años en los que Hitler aplicó el Führerprinzip.  En España, mucho más tiempo y en el que Franco se sirvió de lo que, con cierta sorna, he denominado el Francoprinzip. Los juristas de la dictadura, siempre “pelotas”, sumisos y muy bien retribuidos, tradujeron en términos más almibarados con el concepto, para mí un tanto raro (pero no soy jurista) de “leyes de prerrogativa”. ¿Qué prerrogativa?

En definitiva, los dos conceptos se refieren a lo mismo. Hitler y Franco fueron la última fuente de ley. Esto es algo que en la democrática España no suele subrayarse pero que servidor sí lo hace en el programa. 

El segundo aspecto es que a lo largo del mismo se mantiene la caracterización de la dictadura de Franco como Schreckensherrschaft.  Este término, si volvemos al Duden, significa régimen de terror. Pero, ¿cómo se utiliza en este idioma, que es en el que se ha preparado originalmente el programa? Pues, simplemente, para caracterizar, entre otras, a la dictadura nacionalsocialista. Es decir, un oyente alemán se ve alentado a divisar en el caso de España una similitud con la gran dictadura del siglo XX en Alemania que tanto ayudó a Franco.

Por supuesto que la española reviste caracteres propios y no es equiparable a la nacionalsocialista. Siquiera por una razón: esta se basó en la primacía absoluta a dar a la “sangre”, a la “raza”. Una estúpida creencia en una biología incipiente se convirtió en el mecanismo que posibilitaría, tal era la mitología nazi, acceder a la supremacía primero europea, luego universal. Se era ario o no se era. Se formaba parte de la Herrenrasse o no se formaba. Judíos, eslavos, gitanos no eran hombres o mujeres. Eran subhumanos. Untermenschen.  

Es obvio que, a lo largo del tiempo, surgió el concepto de los “asimilados”. Entre ellos los italianos fascistas (“arios del sur”) y los españoles. Luego, en la segunda guerra mundial, el concepto se estiró aún más hasta comprender a indios (de la India) y musulmanes. Algunas Waffen SS se convirtieron en una mezcolanza de “razas”, pero desde luego los judíos sufrieron un holocausto, la Shoah, de seis millones de personas. Una mancha indeleble sobre Hitler y su dictadura que no se borrará fácilmente.  No dice nada, pues, en favor de la franquista el verse asimilada en alguna medida a la nacionalsocialista y el programa subraya que lo fue desde el principio.

He leído algunos artículos en la prensa española en los que los autores se han congratulado de que por fin la verdad sobre Franco se haya proyectado en un programa de televisión hecho por alemanes.  Se les ha olvidado señalar, o quizá no lo sepan, que para el oyente alemán puede tener otra connotación. Durante muchos años las derechas de la República Federal propiciaron en el largo periodo de la guerra fría gestos cordiales o muy cordiales en favor de Franco. El contrapunto que ofrece este programa es, pues, muy de agradecer, porque hoy da un poco de vergüenza leer las declaraciones que en su momento hicieron destacados políticos de la CDU y de la CSU. Aquí también el guion ha fallado un pelín porque podría haber preguntado al efecto a alguno de los académicos alemanes (Aschmann, Bernecker, Collado Seidel) a los que han acudido y que, de seguro, no hubieran tenido empacho en traer a colación varios ejemplos.

Una pequeña objeción. En el último capítulo, potpurri-resumen, hay una referencia al temor a una guerra civil que habría habido en España durante la transición, sobre todo después del 23-F. Me deja sorprendido. No lo  percibí. También es verdad que me dediqué más a trabajar en los archivos del franquismo (Presidencia del Gobierno, Banco de España, Ministerio de Hacienda, etc.), amén de algún extranjero, que a preocuparme de una eventualidad que me parecía extraña. ¿Quiénes y con qué medios la habrían desencadenado frente al formidable aparato militar y de sguridad de la dictadura? ¿Dónde estaban los equivalentes de Hitler, Mussolini, Salazar y Stalin para echar una manita a unos y otros? ¿Qué hubieran hecho los dirigentes franceses, británicos, italianos, alemanes, portugueses (tras la revolución de abril),  belgas, etc.?  Tal vez podría haberse postulado que los norteamericanos no hubiesen reaccionado. ¿Qui lo sà? Con los hacedores que había en el Washington de entonces, ¿qué les hubiera importado más? ¿Democracia en España? ¿O seguridad para sus bases?

El programa finaliza con una invocación:  ESPAÑA TIENE UN PROBLEMA CON SU HISTORIA.

Es verdad. Pero, ¿qué historia? Sin duda no con la Reconquista, aunque algunos sigan defendiendo sus leyendas y otros echándolas abajo. Tampoco con el descubrimiento,  conquista, colonización y explotación de América, aunque ahora haya resucitado tras los centenarios redondos de la caída de Tenochtitlán y de la independencia de México. ¿Con la leyenda negra?, que ya empezó a desmontar Julián Juderías, entre otros, hace bastantes añitos?. ¿Con la pérdida del Imperio en el pasado siglo, a pesar de la abundante literatura generada a ambos lados del Atlándico? No hablemos de la interminable guerra de Marruecos, objeto último de la “misión civilizadora” de la PATRIA.

¿Imaginan los lectores a las masas españolas, tras uno u otro estandarte, saliendo a las calles para echarse ladrillazos en favor de alguna de las interpretaciones de una historia tan larga y accidentada? Evidentemente, no. Todo con lo que ciertos periódicos, programas de TV y numerosas redes cuatreriles nos atiborran ahora sobre tales y otros periodos son trampantojos para reactivar una renovada “Formación del Espíritu Nacional”. Lo hacen con fines bastardos, aunque no similares a aquellos de “por España hacia Dios” (nadie sugiere, en el siglo XXI, el “Imperio”).

España no tiene un problema con su historia. España tiene, por el contrario, un PROBLEMAZO MAYÚSCULO con su guerra civil y con su dictadura subsiguiente. No ha pasado por la experiencia formativa de la mayor parte de los paises europeos occidentales a partir de 1939.  No es extraño que sobre guerra civil y dictadura sigan tejiéndose leyendas, unas más absurdas que otras, pero siempre leyendas.

No es explicable de otra manera que el programa alemán en cuestión haya suscitado tanta repercusión, al dejar ver en la pequeña pantalla lo que innumerables historiadores españoles y no españoles venimos diciendo desde que se restablecieron la libertad de prensa y las demás libertades democráticas.

Las representaciones del pasado son difíciles de cambiar y, naturalmente, se mezclan con las luchas políticas y sociales del presente. Pero no hay que confundir los períodos. Franco no salvó a España. Salvó, si acaso, a una parte de SU España, aunque es difícil pensar que de no haber habido sublevación hubiese existido tal necesidad.

El golpe de Estado se hizo con argumentos espurios, inventados, para restaurar la Monarquía y destrozar las reformas modernizadoras de la República, similares a las de otros países occidentales en el mismo período.

Franco traicionó a la Corona y hundió a España en un pozo profundo tras hacer fusilar a decenas de millares de compatriotas por haber sido republicanos, liberales, socialistas, comunistas, anarquistas, protestantes, librepensadores, masones, ateos, etc. Es decir, todo lo que se dijo que era destructor de las esencias patrias. ESPAÑA, DEBÍA VOLVER A LOS TIEMPOS DE UNA INQUISICIÓN RENOVADA, ENLAZANDO CON UNA ÉPOCA GLORIOSA.

Desde hace unos veinte años se resalta de nuevo el “terror rojo” (como si no se hubiera hecho nada al respecto entre  1936 a 1975), pero ¿por razones históricas? ¿O más bien para acallar o justificar el “terror blanco”, salvador, porque no se decía que España iba a caer en las garras moscovitas?. ¿La muestra?: Paracuellos, otra vez en las redes por estas fechas. En realidad, el objetivo es contraponer algo a los resultados que arrojan las FOSAS del olvido que van abriéndose poco a poco.

Estos ´ultimos son aspectos que a algunos sectores de la clase política y mediática española les cuesta trabajo admitir. ¿Por qué? No porque de pronto hayan recuperado una memoria olvidada, sino porque las concepciones dominantes sobre el pasado influyen sobre el presente y, por consiguiente, sobre el futuro. En las pugnas por el pasado lo que está en juego, en parte, es el futuro de la democracia en España.

Aquí ha sido posible documentar hasta cierto punto lo que fue nuestro pasado INMEDIATO, a pesar de las masivas destrucciones documentales ordenadas por algunos gerifaltes en la Transición, bien conocidos y que seguramente están tan tranquilos con su dios y con su conciencia. Quedan, sin embargo, muchos más papeles. QUE SE ABRAN CUANTO ANTES LOS ARCHIVOS TODAVÍA CERRADOS Y, SOBRE TODO,  QUE SE LES DOTE DE LOS MEDIOS PERSONALES Y MATERIALES NECESARIOS PARA ATENDER A LAS DEMANDAS DE INFORMACIÓN que irán en aumento.

¿Para qué seguir teniendo en cuenta los embelecos con los que algunos siguen rodeando a un dictador narcisista, cruel, embustero, traidor y no en último término muy interesado en llenarse los bolsillos mientras sus soldados se desangraban en los frentes o en los hospitales? Como émulo del Führer, sí,  pero ¿no han ajustado las cuentas con sus pasados respectivos los países que se desembarazaron, o fueron desembarazados, de la bota nazi?

FIN

LA VERDAD SOBRE FRANCO: EL DOCUMENTAL QUE DIFUNDE NETFLIX

9 noviembre, 2021 at 8:30 am

UN COMENTARIO MÍNIMO (II)

Ángel Viñas

Antes de escribir este post he visto de nuevo el primer capítulo porque me habían llamado la atención algunas cosas y quería cerciorarme de no haberme equivocado. Al volver a visionarlo me he dado cuenta de que ahora se ha alterado en comparación con lo que vi hace un mes. Al menos en este país.  En la primera ocasión se presentaba a Mola como cabeza de la conspiración. Ahora esto ha desaparecido. En otra ocasión servidor intervenía por primera vez para hablar de la conspiración de Franco en Canarias y que inició con el asesinato del general Balmes. Ahora también ha desaparecido. Esto no lo había soñado porque en uno de los artículos de prensa que me han llegado al ordenador leí un artículo publicado en un diario catalán en el que el autor, que quizá sepa del tema mucho más que servidor, afirma que tal asesinato no se ha demostrado. Es bueno, en general, ser descreído, pero ¿también ante pruebas anatómicas y fisiológicas?

Más serio me parece que el documental siga afirmando que el asesinato de Calvo Sotelo fue la chispa que prendió la sublevación. Tanto Bernecker como Collado Seidel podrían haber rectificado este camelo que todavía continúa difundiéndose en el extranjero. Por otro lado, teniendo en cuenta que lo que más suena a los alemanes es la victoria de Franco en la guerra civil gracias, entre otros factores, a la intervención nazi, creo que esta debería haberse cuidado un poco más. Ciertamente, el profesor Bernecker lo expresa con claridad rotunda en su intervención. Por ejemplo, cómo se mantuvo a lo largo del tiempo, cómo los nazis fueron satelizando a la economía española, primero lentamente, luego más de prisa. Hay abundante literatura al respecto de historiadores alemanes, españoles y británicos, más que sobre ningún otro período de la historia contemporánea de España. Comprendo que sintetizar es difícil.

Sin embargo, me pareció un descuido importante identificar al teniente coronel (coronel en España) Wolfram von Richthofen nada menos que como jefe de la Legión Cóndor. En 1937 era su jefe de Estado Mayor. El responsable de la misma era, en aquel momento y desde el principio, el general Hugo Sperrle, un aviador un tanto brutal que después se hizo muy famoso en la segunda guerra mundial. Ya en 1940 ascendió al más alto escalón militar que era el de mariscal del Aire. Ciertamente, también lo hizo von Richthofen. Los dos estuvieron implicados en la destrucción de Gernika. Ahora todo esto también ha desaparecido. No se dice, y esto me parece muy mal, que según dispuso Hitler en octubre de 1936, la Legión Cóndor actuaría a las órdenes directas de Franco, con Sperrle a su cabeza y responsable solamente ante él. El ukase del Führer lo transmitió Canaris. También es muy lógico que cineastas alemanes recojan escenas de una película de propaganda alemana de 1936. PERO NO ES LA CORRECTA. En ella el locutor habla de la Legión Cóndor y de la ayuda material a Franco. Durante toda la guerra civil de esto no se dijo nada en público. Se hizo después. Tanto desde el punto cinematográfico como histórico se trata de un error garrafal.

En el programa hubiera debido participar más extensamente, en mi opinión, Stefanie Schüler-Springorum, que escribió una notable monografía sobre el papel de la Cóndor en la guerra civil y también en la destrucción de la villa foral y los ligó a una evolución del arma aérea en la cultura y sociedad germanas de la época y que, por consiguiente, debería sonar más a los espectadores alemanes.  A muchos de los oyentes quizá se les haya pasado un detalle: a apagar los fuegos que los aviones nazis y fascistas ocasionaron en la villa foral no fueron los bomberos de San Sebastián, en la otra zona. También esto ha desaparecido. En definitiva, me da la impresión de que he visto dos versiones ligeramente diferentes del programa para mercados diferentes,  

No entraré en algún que otro pequeño error sobre la guerra civil. Sí me ha llamado la atención que se afirme que Barcelona, al igual que Madrid, soportó durante muchos meses el cerco de Franco. Aparece un señor que estuvo en la caída de la Ciudad Condal y dice algo así como que fue tan súbita que ya no se pudo tirar un tiro al día siguiente. ¿Alguien lo había pensado realmente? La entrada fue un paseo militar.  

Se dicen cuatro cosas, archisabidas, de las Brigadas Internacionales, quizá porque en Alemania todavía quedan antiguos ciudadanos de la parte oriental en la que durante años y años se difundió largo y tendido la actuación de las mismas. Incluso altos cargos del régimen comunista militaron en ellas.  La literatura en alemán es, por consiguiente, no pequeña. Sin embargo, lo que se subraya es la participación de los intelectuales, que fueron cuatro gatos. Y se muestra a Hemingway quien nunca estuvo en ellas. Se presentan totalmente desconectadas de la ayuda a la República por la URSS.

Los restantes capítulos siguen la trayectoria de Franco desde 1939 hasta su final, con una referencia al 23-F en un resumen de la totalidad en el quinto y último episodio. Aunque creo que pudieron haberse dicho algunas cosas más respecto a tan largo período cambiando ligeramente los acentos, no he detectado errores graves (no mencionaré los leves), aunque sí algunas afirmaciones quizá un tanto pintorescas (Beevor destaca, muy convencido, que como quiera que se exportó mucho ganado de cerdo y vacuno al Tercer Reich, los españoles se acostumbraron a comer pescado; otra persona dice que todo catalán era sospechoso para el régimen, olvidándose de los muchos que apoyaron a Franco; un tercer interviniente afirma que la autonomía de Cataluña como en la II República ya se solicitó en los años sesenta,  pero, ¿quién la solicitó con vistas a recuperarla).

Hay que reconocer que en el programa no se han suavizado las referencias a la multirepresión que el déspota Franco condujo sin piedad (erbarmungslos), con ejecuciones a la orden del día (an der Tagesordnung). Es de agradecer que, en particular, se haya dedicado tiempo a evocar una actuación tan monstruosa como fue el Kinderraub,  con un número de afectados estimados en unos 300.000 (la España de Franco dejó chiquita a Argentina en su época más oscura. Fue también muchísimo más larga la etapa que duró la sustracción sistemática de recién nacidos a sus padres, diciéndoles que habían fallecido). Toda una operación supersecreta para atender las demandas de los turiferarios del régimen, con la colaboración de médicos, enfermeras, monjitas de la caridad, etc.  ¿No se enteró la Jerarquía católica española? ¿Ha dicho algo la Conferencia Episcopal? No sigo el tema y me alegraría conocer si  en alguna ocasión lo han lamentado públicamente.

En el cuarto episodio se deja en claro que el crecimiento económico de los años sesenta no se debió a Franco (de hecho él intentó mantener todo lo que pudo su autarquía que generaba grandes ventajas a ciertos círculos del poder muy allegados). Luego se aprovechó de sus resultados y los gacetilleros, más los franquistas redivivos, siguen presentándolo como su gran éxito: FRANCO CREÓ LA CLASE MEDIA. Abundan las supercherías sobre la dictadura. Ninguna tan boba como esta. Desgraciadamente, alguien retiró del Archivo de la Presidencia el discurso en el que Franco anunció a sus nuevos ministros en la Comisión de Asuntos Económicos, tras el cambio de gobierno de febrero de 1957, cuáles eran sus ideas en materia de estrategia para la economía española. Se resumen en las siguientes pregunta y respuesta: ¿No hay gasolina? ¡Utilícen el guayule!.

Más énfasis explicativo se pone en el boom del turismo en los años sesenta. Recoger que en Mallorca había flamencos huídos de su país por haber sido de las SS y que lo hablaban en su refugio anecdótico. ¿Significativo? Por supuesto, no falta el drama: emigración, sí; divisas, también. Toda la afluencia de moneda extranjera generadas por ambos fenómenos, imprevistos en las batallitas internas del régimen a lo largo de los años cincuenta (porque la lanzada en favor del aflojamiento del dogal de la autarquía precedió en varios años a la llegada al poder de los tecnócratas del Opus Dei) fue lo que permitieron, durante una decena de años, echar al cajón de los trastos rotos los mecanismos, intervenciones y obstáculos que habían convertido a la economía española en el hazmerreir de Europa. ¿Un mérito de Franco?

Sin embargo, el programa no toca el tercer elemento de la tríada salvadora: la inversión extranjera. Hasta 1959 España estuvo cerrada a cal y canto. No era atractiva. Sobre todo, como consecuencia de la visión hipernacionalista del régimen, para contentar a la oligarquía que le había apoyado y a las gritonas masas falangistas:  la nacionalización de las líneas ferroviarias en RENFE, la cuasi-colonial presencia británica en las minas de Riotinto y la no menos afrentosa actitud de Telefónica, cuando era casi de propiedad norteamericana y había cometido el gravísimo error de servir también a la República. A partir de 1945, la inversión extranjera nunca se vio demasiado atraída por España. Con la liberalización de la economía los capitales extranjeros pronto afluyeron a contribuir lo suyo a la por algunos denominada “década prodigiosa”, aunque sus resultados se distribuyeron muy desigualmente.

(continuará)

LA VERDAD SOBRE FRANCO: EL DOCUMENTAL QUE DIFUNDE NETFLIX

2 noviembre, 2021 at 8:30 am

UN COMENTARIO MÍNIMO (I)

Ángel Viñas

Hace como unos tres años (ya no recuerdo la fecha) vinieron a verme varios colaboradores de la segunda cadena alemana de televisión pública (ZDF) para grabarme declaraciones. Habíamos estado en contacto previo. Querían hacer un documental sobre Franco. Naturalmente acepté. Se emitió en Alemania y me enviaron amablemente una copia. Por eso de que siempre ando falto de tiempo, creo que no lo tuve para verlo entero y me olvidé del caso.

NETFLIX lo proyecta ahora en España y, al menos, también en Bélgica. También debo confesar que me enteré por chiripa, buscando alguna película para entretenerme, porque los dos últimos meses han sido de campeonato en plan de trabajo. Creo que llegué a ver, medio dormido, el primer capítulo. En Bélgica se emite en el original alemán, pero con subtítulos en inglés o francés. Los intervinientes hablan cada uno en su propio idioma y lo hacen, pues, en alemán (Brigitte Aschmann, Walther Bernecker, Carlos Collado Seidel, Stefanie Schüler-Springorum, los tres últimos buenos amigos míos: a la primera solo la conozco por sus obras), en inglés (Antony Beevor y Paul Preston) o en castellano/catalán. Quisiera destacar que la locutora alemana tiene una voz extremadamente agradable, que incita a seguir con atención el relato y, en ocasiones, a vibrar con él. El texto, con gran frecuencia, es brillante. Chispea.

Como sigo terriblemente ocupado no pensé en ver la totalidad del programa. Dada la repercusión que ha tenido en España, a tenor de algunos artículos de prensa que he leído y lo que han comentado los amables lectores, lo he visionado y escribo este post para responder a las preguntas que me han dirigido algunos o comentarios que han hecho en Facebook y Twitter. No se trata de hacer una crítica, porque se trata de un programa de divulgación, para extranjeros, y hay que tratarlo como tal. No es la transcripción de un simposio científico.

Mi primera impresión es que, si se compara el programa con algunos otros de los que se han emitido por la televisión pública en Alemania sobre Hitler y el nacionalsocialismo, resulta bastante contenido. Es decir, podría -y en mi modesta opinión debería- haber sido mucho más duro con Franco. Si no como con Hitler (el mal absoluto) al menos situarlo, como corresponde, en el tercero o cuarto escalón entre los dictadores europeos. Dejo al cuidado de los amables lectores identificar a quienes le superaron en maldad.


Mi segunda impresión es que el programa es un tanto desigual, pero esto tampoco es ninguna crítica ya que desde el primer momento estuvo orientado a un público alemán, poco conocedor de la historia española. El capítulo inicial, sobre la juventud de Franco y su papel en la guerra civil, es el que contiene algunos errorcillos que podrían haber sido fácilmente subsanados por alguien -alemán o no alemán- que esté al tanto de lo que se publica sobre este período, en especial en los medios académicos.  

Mi tercera impresión es que nada de lo que el programa contiene puede chocar a ningún historiador español normalito. O a algún historiador extranjero que no se haya dejado comer el coco por las bobadas que abundan en la prensa española y en la discusión política sobre el pasado español. Es decir, que no emule a los numerosos aficionados o gacetilleros que escriben y dejan constancia de sus “doctas” tesis y afirmaciones en medios o publicaciones de la derecha o de la extrema derecha. Una cosa es dar la batalla por la opinión pública (muy movediza) y otra, muy diferente, es escribir historia. Esta última no puede cambiarse aunque sí manipularse en cuanto a sus “representaciones” se refiere.

Mi cuarta impresión es que entre los comentaristas que en el programa aparecen, y quizá por razones económicas o de facilidad de rodaje, “ni son todos los que están, ni están todos los que son”.  Un programa alemán debería haber hecho más uso, en mi modesta opinión, de más historiadores alemanes o de haber interrogado más ampliamente a los tres que en él aparecen (Carlos Collado es hispano-alemán, vive y trabaja en Alemania y tiene una amplia historiografía en tal idioma).

Aunque estas líneas no deben ni pueden entenderse como crítica a ninguno de los intervinientes que en el programa aparecen (y ciertamente no a los testigos o víctimas),  me pregunto cuáles son las cualificaciones históricas de uno que, en lo que servidor sabe, no ha escrito demasiado (si es que ha escrito algo) sobre la España de después de la guerra.

Naturalmente, desde el punto de vista de un espectador extranjero (primero alemán, luego de otras nacionalidades a los que llega Netflix) lo que se conoce sobre historia de España es muy diferente según las épocas y países. Probablemente a los alemanes les sonará más la guerra civil que los períodos sucesivos. Siquiera por la intervención nazi, absolutamente vital para el triunfo de Franco y porque la literatura académica y no académica en alemán sobre la guerra civil es más extensa que sobre cualquier otro período. Solo de lejos se le acerca un poco el período de España y la segunda guerra mundial.

Con todo, alguien que conozca medianamente el paño no hubiese incurrido en algunos errorcillos. Dejo de lado que la fecha en la que Franco ascendió a la jefatura de la Legión (Tercio de Extranjeros) está bastante bien establecida. El guionista solo hubiera debido echar un vistazo a la entrada “Francisco Franco” en Wikipedia en alemán. Habría comprobado que asumió tal jefatura en 1923. No tal y como se presenta en el programa. También habría podido leer algunas características de su gestión en África que no son precisamente demasiado halagüeñas y que apenas si afloran en el documental, salvo por alguna que otra afirmación de uno de los intervinientes y, en mi opinión, no contrastada.

A los amables lectores no les extrañará que haya prestado bastante atención a cómo se presentan los pormenores de la forma en que se gestó la intervención nazi en la guerra civil. Dos cosas me han sorprendido un pelín. La primera que en el comentario se diga que ya antes de 1936 los nazis habían establecido bases (Stützpunkte) en España. El vocablo tiene en ambos idiomas una acepción muy precisa que no se ajusta a la realidad. Otra cosa es que, naturalmente, el partido nazi hubiese extendido sus largos tentáculos en España (como en muchos otros terceros países) entre la colonia alemana. La segunda que se haya admitido la, en mi opinión, errónea afirmación de Sir Antony Beevor de que Franco y Canaris (el jefe del servicio de inteligencia militar o Abwehr) hubieran conspirado conjuntamente de cara a la futura sublevación. No conozco a ningún historiador que lo haya demostrado documentalmente. Tampoco está probado que se conocieran antes de julio de 1936.

Si Sir Antony llega a conocer esta afirmación mía le invito modestamente a que dé a conocer sus pruebas. Todos los rumores al respecto que se esparcieron, particularmente por historiadores comunistas que quisieron conectarlos con Canaris, y por autores que quisieron exonerarlo en la mayor medida posible de su cooperación con el régimen nazi, no están basados en documento alguno. Y sí, por el contrario, existe EPRE que reconoce que el 18 de julio sorprendió, al menos, a uno de los agentes de la Abwehr en España. Lo mismo le pasó al que estaba incrustado en la embajada. No es de extrañar, ya que en los planes de la Abwehr para el año 1936, que se han exhumado de la oscuridad de los archivos, España no tenía prioridad alguna. (No necesito ahora recurrir al inefable B. Félix Maiz y sus fantasiosos agentes secretos de Canaris en amable coyunda con Mola y Juan de la Cierva).

Esto no es un punto académico. Es vital para la comprensión de cómo se gestó la intervención. Nazi. Sin embargo, el programa no menciona un aspecto crítico: en febrero de 1936 el teniente general Sanjurjo y el teniente coronel Beigbeder, sí visitaron Berlín y no precisamente con buenas intenciones. Su viaje incluso apareció reseñado en Pravda. No lograron nada. Sabemos que hubo otros contactos que tampoco consiguieron nada. Todos ellos estaban orientados por los monárquicos alfonsinos o por los carlistas, ante todo PATRIOTAS. Los nazis, en la primavera de 1936, se dedicaban a lo suyo: a incrementar el control sobre la colonia alemana y, naturalmente, a la propaganda. Para ello contaban con la colaboración de eminentes periodistas, pero ¿quién recuerda hoy a Eugenio Montes o a César González Ruano?

(continuará)