EL NO BLANQUEAMIENTO DE STALIN

27 octubre, 2015 at 8:30 am

En el post de la semana pasada me referí al número extraordinario de HISPANIA NOVA que pondrá al descubierto el blanqueamiento a que han sometido la figura de Franco el profesor Stanley G. Payne y el periodista Jesús Palacios montándose al caballo de una presunta objetividad. Como el primero tiene a gala mostrar en su currículum alguna que otra incursión por la política soviética de los años treinta y cuarenta en relación con España me permitiré en este post llamar la atención de mis amables lectores acerca de una obra nueva sobre Stalin que combina tres características, propias de cualquier ejercicio historiográfico, de las que carece la mencionada biografía “objetiva”.

StalinLa primera característica es que se trata de un libro no muy largo (con notas e índices no llega a las 400 páginas) que une los conocimientos aportados por obras serias previas sobre Stalin y la URSS de su tiempo y los que se derivan de un estudio sistemático de las fuentes primarias relevantes. Nuestros blanqueantes autores rehuyen lo primero y se pasan por el forro lo segundo.

La siguiente caraterística es que el peso de los argumentos descansa esencialmente en obras y fuentes rusos, prestando eso sí siempre atención a las aportaciones de autores extranjeros. Es lo normal en cualquier trabajo de historia nacional. Son los historiadores del país en cuestión quienes se encuentran en mejores condiciones para entender las fuentes y registrar las sinuosidades de una trayectoria política. Descartado el aficionado Palacios, hubiera debido corresponder a Payne la tarea de asumir la interpenetración de fuentes primarias y secundarias.

La tercera es que el autor de la biografía, Oleg V. Khlevniuk, tiene detrás de sí una obra impresionante caracterizada por el desbrozamiento continuo y permanente de fuentes primarias. Algo que el profesor Payne jamás ha hecho, ni probablemente se le ha ocurrido, en relación con las españolas.

Finalmente una cuarta característica que me ha llamado la atención es que Khlevniuk no alberga el menor recelo en referirse a Stalin con su título de vozhd. Es el que se le daba. Como a Hitler el de Führer o a Franco el de Caudillo o a Mussolini el de Duce. Nadie puede saltar sobre tales hechos.

¿Cuáles son los resultados? El primero es que Khlevniuk tiene buen cuidado de reconocer las principales aportaciones realizadas por especialistas extranjeros cuando todavía no se habían abierto los archivos soviéticos. Destaca, en particular, y en esto no puedo sino reconocer su acierto, las obras de Adam B. Ulam y Robert Tucker, que constituyeron hace ya muchos años mi primera introducción al tema.

El segundo es que Khlevniuk, historiador brillante y sumamamente cuidadoso, es muy consciente de cuando sus afirmaciones están basadas en EPRE y/o literatura secundaria y cuando por los huecos que existen en los archivos o por la inaccesibilidad de documentos -en general relacionados con las autoridades a cargo de la seguridad del Estado- ha de utilizar hipótesis insuficientemente contrastadas.

El tercero es la EPRE se utiliza siempre críticamente. Los documentos por sí solos no hablan. Hay que explorarlos con cuidado y en conexión con su origen, el contexto y las finalidades a que sirven. En todos los casos Khlevniuk dedica el espacio necesario a familiarizar al lector con interpretaciones lo más congruentes posibles.

En modo alguno se trata de una biografía blanqueadora de Stalin. Los rasgos caracteriales que fueron combinándose para integrar su personalidad se discuten extensamente. Su comportamiento se pasa por un estrecho cendal documental, tanto dado a conocer en la época como el que se refleja en sus papeles. Mal orador, solía dar órdenes, instrucciones y explicaciones por escrito. En ocasiones Khlevniuk lo contrapone con el que presentaba una propaganda obsesionante e invasiva del tejido social.

Estamos muy lejos de la actitud de Payne/Palacios de liquidar la responsabilidad del Caudillo en cuatro páginas por la represión multimodal que abatió sobre España desde 1936 a 1951 y que luego continuó con otros métodos, algo más “civilizados”.

Nada de lo que antecede significa que Franco y Stalin fueran comparables ni en personalidad, comportamiento, objetivos y nivel y alcance de sus respectivas decisiones dictatoriales. El origen, contexto y situación geográfica y geopolítica de sus dictaduras no lo permiten.

De lo que se trata es de destacar hasta qué punto, y en el plano estrictamente deontológico y metodológico, la biografía de Payne/Palacios es falaz. Por lo demás, ninguno de ambos autores hubiesen tenido necesidad de a acudir a ejemplos lejanos porque uno más próximo lo tenían bien cerca: la biografía de Franco escrita por Paul Preston hace ya bastantes años. Los procedimientos heurísticos del historiador británico se asemejan, como es lógico, a lo que todo biógrafo serio suele hacer, al menos en lo que se refiere al conocimiento lo más exhaustivo posible de los archivos en los que se remansa la evidencia primaria relacionada con el biografiado y en la utilización juiciosa, que no sesgada, de la literatura secundaria.

En Rusia, como en España, los últimos veinte o veinticinco años han sido de floración de una literatura histórica de base empírica que ha puesto de relieve hasta extremos insospechados el funcionamiento de las respectivas dictaduras y el papel estelar que en ambas tuvieron los dictadores en la cúpula. También subsiste una literatura mediocre, apologética, generosa con respecto a ellos. Aberraciones para apaciguar los sentimientos de sectores sociales desvalidos al verse confrontados con sus pasados.

En español se han traducido varias biografías de Stalin (no siempre buenas) e incluso algún autor español se ha atrevido a escribir una de por sí. Entiendo, sin embargo, que la biografía de Khlevniuk necesitaría una traducción urgente. La versión en inglés es brillante y si no se hiciera del ruso directamente podría acudirse a la publicada en un idioma más asequible.

Aviso a los navegantes: cuando yo estaba haciendo mis pinitos por los archivos moscovitas años atrás, Khlevniuk fue una de mis referencias. Sus interpretaciones de la relación entre Stalin y la guerra civil, que era el objeto de mi investigación, se vieron perfectamente documentadas en la EPRE que pude localizar. Para Khlevniuk el episodio no era ni es marginal. La experiencia española aceleró la paranoia de Stalin contra una eventual “quinta columna” y encontró su reflejo en la aceleración del terror de los años 1937 y 1938. El tratamiento que de este período no ya oscuro sino oscurísimo y desgarrador ofrece Khlevniuk es, en mi opinión, una de las aportaciones más brillantes, y desasogantes, del libro.

La referencia es: Olg V. Khlevniuk, Stalin. New Biography of a Dictator, traducción del ruso de Nora Seligman Favorov, Yale University Press, New Haven y Londres, 2015.

EL BLANQUEAMIENTO DE FRANCO

20 octubre, 2015 at 8:30 am

En el post de la semana anterior me referí a un esfuercillo de la Comunidad de Madrid para que las tiernas conciencias de los escolares madrileños no se contaminasen demasiado con las lacras del pasado. Bien mirado todo, es un progreso. Ahora que se acerca el XL aniversario del fallecimiento del Caudillo no faltarán los elogios a su figura inmortal y a la probidad de su régimen. Aquí en Bruselas me llegan ecos apagados. Lo que más sigo son los libros y, aparte de las memorias del antiguo ministro Utrera Molina, no he detectado ninguno medianamente serio que trate de echar un salvavidas a la fenecida dictadura y a su conducator. Con una excepción relevante a la que ya he aludido brevemente en este blog en alguna ocasión.

homepageImage_es_ESEsta excepción es la biografía de Franco, aparecida en septiembre del año pasado, debida a la labor conjunta del profesor Stanley G. Payne y del periodista Jesús Palacios. No se le ha hecho, que yo sepa, la justicia que merece. Pero, como todo llega (hasta el pago de los impuestos y el último momento) también ha llegado la hora de anunciar aquí el esfuerzo de un grupo de historiadores españoles por rellenar tan sensible hueco.

Poco después de que aparezca este post se colgará en la red en el portal de la revista Hispania Nova, de la Universidad Carlos III, el primer número extraordinario de esta publicación. Es una revista de corte netamente académico cuyos artículos se someten a una crítica inter pares por otros historiadores que no son conocidos de los autores de los mismos. En total habremos participado en el proyecto cerca de una treintena.

El número estará dedicado monográficamente al análisis crítico de dicha biografía. Representa un esfuerzo que se ha prolongado casi un año. Personalmente me gustará ver la reacción de los biógrafos, si es que la tienen, y sobre todo el sentir de los medios sociales de la derecha neo, para y profranquista, que de todo hay en la España de nuestros días.

Responde a un intento de acercar a la calle, gratuitamente, los resultados de la investigación más reciente y, a diferencia de tan estimados biógrafos, quienes a ella hemos contribuido no nos resistimos a pasar una revista ejemplar a los resultados de los esfuerzos académicos y no académicos sobre temas muy debatidos que ellos pasan un poco por alto. No por casualidad.

Algunos de los puntos centrales sobre los que recae nuestra atención son, aparte del carácter de la dictadura (sobre la cual tan amables hagiógrafos no se molestan en decir sino unas cuantas ñoñerías), la tonalidad y las manifestaciones, pluriformes, de lo que cabe considerar como la represión multimodal más sangrienta, sostenida y duradera de toda la historia de España. Como suena. No menos de tres largos artículos, con más de un centenar de páginas, se dedican a poner de relieve las distorsiones, manipulaciones, omisiones y blanqueamientos de que se han hecho reos de lesa historia los mencionados biógrafos.

El número no está impregnado de esa actitud tan típicamente francesa que hace algunos años llevó al florecimiento de la egohistoria, es decir, al estudio de la interacción entre la carrera y personalidad de un historiador y su producción historiográfica. Pero no falta del todo. Se echa de menos que entre tantos admiradores de la obra y milagros de nuestros dilectos biógrafos ninguno haya efectuado, a mi conocimiento, una disección analítica de los altos y bajos a lo largo del tiempo de su recorrido académico o para-académico y de su historiografía. Así, otros tres artículos tratan de cubrir este hueco, en particular en relación con la obra de quien algunos han caracterizado “príncipe de los hispanistas”. Las referencias a su coautor son, me temo, mucho más cortas pero no por ello menos apropiadas. Nuestros lectores juzgarán.

Como sus admiradores siempre han afirmado que Franco fue todo un maestro en el manejo de las relaciones exteriores y que promovió, además, la modernización y crecimiento de la economía española (“con Franco se vivía mejor”) también se pasarán por el tamiz crítico las siempre ocurrentes afirmaciones de nuestros autores. A diferencia de ellos, que dicen haber manejado una bibliografía que, evidentemente, desconocen en numerosos casos, nuestras referencias a fuentes secundarias, elegidas cuidadosamente de entre aquéllas que han abierto brecha y que se han basado en fuentes primarias, son fiables. Los lectores podrán comprobarlo.

No hemos dejado pasar ninguna afirmación que blanquee al insigne Caudillo sin someterla a crítica. Admito, sin embargo, que las 350 páginas del número preparado con ocasión del XL aniversario no cubren todos los aspectos de la magna biografía de nuestros celebrados autores. Nos ha parecido, sin embargo, que como una primera aproximación a la que diversos sectores de la sociedad española podrían considerar como el rien ne va plus de las biografías de Franco son suficientes. Siempre conviene dejar alguna que otra bala en la recámara.

El número extraordinario de Hispania Nova, al ser una edición digital, tiene una gran virtud. Podrán leerlo todos los interesados por la historia de España más o menos reciente doquiera estén. Ya sea en Alaska, la Patagonia, los fiordos noruegos o las cálidas costas de los mares del Sur. No habrá que ir ni a librerías ni a bibliotecas. Un ordenador y un ratón, además de 350 hojas de papel (la mitad si se utilizan las dos caras), serán suficientes.

¡Ah! y como a los autores que participamos en este número, todos bregados en la investigación genuina, no nos asustan las controversias académicas, esperamos que nuestro modesto análisis de la obra cumbre del profesor Payne y del periodista Palacios incite, quizá, a algunos de nuestros colegas en la Academia, ya sea en España o en el extranjero, a participar en un debate de altura. A ver si podemos establecer aquí una reedición de la Historikerstreit (la querella de los historiadores) que tanto bien hizo por rasgar ciertas veladuras que impedían a numerosos sectores de la sociedad alemanas una confrontación efectiva con los horrores de su pasado. Con la diferencia de que en nuestro país siempre ha habido una resistencia soterrada a comulgar con ruedas de molino y a atragantarse con el pasado de plastilina que construyó el franquismo.

El número extraordinario de Hispania Nova se titula Sin respeto por la Historia. Una biografía de Franco manipuladora.

Los interesados podrán descargarla gratuitamente en

http://www.uc3m.es/hispanianova

Estará disponible a finales de octubre, a tiempo para encarar la marcha hacia el 20N en este último mes que queda. Buena lectura.

¿Influir en tiernas conciencias a la mayor gloria de…?

13 octubre, 2015 at 8:30 am

En el último post me hice eco de una noticia acerca de la aparición de un manualito para los alumnos de 6º curso de primaria en la Comunidad de Madrid. Ha despertado la indignación de varias asociaciones de padres. Mi librero me lo ha enviado. Tiene 103 páginas. La inversión es de 26 euros. Supera en la relación dimensión/precio a buen número de libros para la Universidad. Como los escolares a que va destinado suelen tener en torno a los 11 años preveo que a los padres les aguardan todavía desembolsos nada desdeñables. Una vez que los alumnos lo hayan digerido pasarán al 1º de ESO con la base adquirida. Aquí me propongo decir algunas palabras sobre esa base “histórica”. También mis dos hijos pasaron por un nivel similar, aunque no en la Comunidad de Madrid.

EspeEl manualito se descompone en cuatro partes: España moderna y actual, su geografía, la Unión Europea y geografía de Europa. La autora parece ser de lengua inglesa y lo ha redactado, también en inglés, sobre una idea de colegas de su misma expresión lingüística. [Como vivo en Bélgica soy muy susceptible en esta materia]. Han sido ayudadas por un equipo español. Lo han publicado dos editoriales, Macmillan y Edelvives.

Las objeciones de las asociaciones de padres se han dirigido contra el contenido relacionado con la historia de España. La descripción del manual se remonta preceptivamente hasta los tiempos de Carlos IV y llega hasta nuestros días.

Concentrar el siglo XIX y casi el primer tercio del XX en media docena de páginas, ampliamente ilustradas, es toda una proeza. No lo es en modo alguno lo que se afirma de la guerra civil y de la dictadura. De la primera casi nada. Empezó y terminó. Se omite toda referencia a sus causas (quizá una discusión en torno a una mesa de café). Hay dos apostillas ulteriores. De la segunda se afirma que, eso sí, lo fue y que metió en la cárcel a unas 26.000 personas por sus ideas políticas. No identificadas. Esto es todo lo que hay sobre la represión. También se pasó mucha hambre (la autora utiliza el fuerte término de “starvation“) paliada, supongo que quiere insinuar, por el racionamiento. La transición se despacha en cuatro líneas. Se lee, eso sí, que se abrieron las cárceles y que se disolvió la policía secreta. Menos mal. ¿Qué haría ese tipo de policía? Rien de rien.

De los grandes literatos españoles solo se mencionan dos nombres: Pérez Galdós y Baroja. Son preceptivos. Poner a García Lorca o a Antonio Machado no es obligatorio. Tampoco a alguna mujer. Como genios de la pintura aparecen Salvador Dalí y Picasso, que “se consideraba a sí mismo como comunista“. Menos mal. Una docena de líneas se refieren al País Vasco y la guerra. Los vascos recibieron ayuda extranjera ¿cual, please? Y a otra cosa mariposa.

Cinco páginas describen la arquitectura política española. Una se dedica al Reino Unido con un párrafo a Francia. Solo se mencionan a los dos monarcas y a Adolfo Suárez. A este se le otorga un recuadro con una docena de líneas. Para que los infantes salgan con ideas bien puestas se les exponen fotografías de cuatro ministros de Educación: Pilar del Castillo, Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy e Ignacio Wert. Todos ellos, como es de todos bien sabido, han dejado una huella profunda, ¿y perenne?, en la historia de la educación española.

La más bonita del libro es, con gran diferencia, la página 94. Tiene tres recuadros. El primero se dedica a la guerra de la independencia. El segundo a la civil. Traduzco este:

Madrid fue atacada continuamente por los nacionales durante los tres años de guerra civil entre 1936 y 1939. Tuvo ayuda de tropas rusas (sic) así como de comunistas, anarquistas y socialistas alemanes y británicos (sic). También de anarquistas aragoneses. Los nacionales contaron con la ayuda de tropas italianas y alemanas enviadas por Mussolini y Hitler. No fueron suficientes para capturar Madrid. Los nacionales también atacaron Guadalajara pero los republicanos los derrotaron de nuevo. Finalmente el desacuerdo (sic) entre el Ejército republicano y los anarquistas (sic) permitió a las tropas nacionales entrar en la ciudad el 27 de marzo de 1939“.

¿Qué revisores españoles son responsables de tamañas burradas?

El tercer recuadro me ha inspirado la elipsis del título de este post:

Esperanza Aguirre, presidenta del Partido Popular en Madrid desde 2004, es una figura política clave. Fue la primera mujer presidente del Senado y titular de Educación, Cultura y Deportes. En realidad, ha tenido muchos cargos durante su carrera política. Antes de ser presidenta de Madrid fue senadora también por Madrid tras obtener 1,55 millones de votos. Es decir, un 50 por ciento del total. Estableció un record ininterrumpido en términos de los votos recibidos por una persona. Durante su mandato como presidenta de Madrid construyó ocho hospitales y más de 88 escuelas públicas, muchas de las cuales son bilingües”.

Preguntas:

1. ¿Es aceptable que un librito como este sea el texto recomendado para el último curso de enseñanza primaria en la Comunidad de Madrid?

2. ¿Dónde leerán sus criaturitas alguna línea de lo que ha sido la historia de España desde la dimisión de Adolfo Suárez? Han transcurrido unos añitos.

3. ¿No tienen derecho los pequeños madrileños a saber algo más de la España de nuestros días? ¿O se deja para la ESO donde se empieza con Atapuerca?

4. ¿Qué responsabilidad tienen los revisores y, sobre todo, las editoriales a la hora de producir este bodrio nada inmune a los errores, insinuaciones y omisiones?

5. ¿Por qué no se ha encargado a un autor español que redacte un texto menos basura y se traduzca después al inglés?

6. ¿Quién ha tomado la decisión de hacer la pelota de manera tan descarada a la Excma. Sra. Doña Esperanza Aguirre?

7. ¿Se conoce alguna declaración de la “expresidenta de Madrid” distanciándose de tan burdas alabanzas? O, colateralmente, ¿tiene alguna brizna de vergüenza torera, ella que ama tanto las corridas?

A mí me ha dado cierto apuro leer el manualito y recuerdo que el marco general del currículum lo establece el MECD, pero que lo desarrollan las comunidades autónomas que tienen competencias en Educación (se da la paradoja de que el territorio en el que el MECD las tiene plenas se reduce a Ceuta y Melilla). No comment adicional, por favor. Para la Comunidad de Madrid, lo único que pide dicho currículum en lo que se refiere a la España contemporánea es lo siguiente:

17. Sitúa cronológicamente los períodos de la República, la Guerra Civil y el franquismo.

18. Conoce algunas fechas importantes de la actual democracia: la Constitución Española (1978), la incorporación de España a la Comunidad Económica Europea (1986) y la sustitución de la peseta por el euro como moneda corriente (2002)“.

No veo ninguna referencia a la necesidad de meter el nombre de la Excma. Sra. Doña Esperanza Aguirre ni de sus predecesores, todos eminentes políticos del PP o próximos al mismo (el inolvidable caso de Wert no puede eludirse), en las tiernas conciencias de los niñitos madrileños.

¿Creerán los autores, editores y responsables educativos que con tan endebles palitos será posible armar, en la época del internet del futuro, una concepción primaria eficaz de la historia de España en la mente de los jóvenes madrileños? Ja, ja, ja.

OBJETIVIDAD, IMPARCIALIDAD Y EL “LIBRILLO”

6 octubre, 2015 at 8:30 am

En este post argumento sobre el fundamento heurístico de mi “librillo” y la conexión con las premisas axiológicas en que se basa. Todo ser humano contempla el mundo en que vive o la representación que se hace del pasado reciente a través de una retícula de valores. Es imposible no hacerlo. No somos chimpancés, calamares o piedras. Tal retícula está influída por numerosos factores que han ido desvelando, entre otras, la sicología, la antropología y la sociología. Unos son de naturaleza personal, otros proceden del medio. Unos se absorben en la familia. Otros fuera de ella, generalmente en un proceso de socialización dominado por la enseñanza escolar. No hay historiador que escape a ello.

Libro texto Comunidad de MadridNingún sistema político moderno deja a sus futuros ciudadanos al albedrío de una enseñanza no reglada. El tiempo de esta periclitó hace varias generaciones. Ahora bien, ese pasado comúnmente admitido, transmitido en base a un currículo generalmente explícito, no es estático. De lo contrario, el historiador desaparecería en un mundo orwelliano en el que las necesidades del presente y las conveniencias del futuro definen una interpetración impuesta respecto a lo que se deba creer y no creer. Tal mundo orwelliano florece en las dictaduras. Es incompatible con una sociedad que valore la libertad y la democracia y en la que se acepten plenamente el disentimiento y la heterodoxia.

El pasado, escribió L. P. Hartley en una novela famosa, The Go-Between, es “un país extraño” en el que las cosas “se hacían de manera diferente”. Como está pasado no es fácil reconstruirlo, aunque se intenta desde la más remota antigüedad. Hoy nos apoyamos en una metodología adecuada, con base científica y criterios específicos de calidad, contrastabilidad y “falsabilidad”. No llegamos a pretender la sedicente exactitud de otras ciencias sociales (a la cabeza de las cuales la economía siempre ha defendido sus pretensiones) pero tampoco nos limitamos a la recreación literaria. Una novela histórica ni es historia ni la sustituye.

Todo esto, sucintamente expuesto, viene a cuento porque existe una tendencia entre ciertos historiadores que destacan orgullosamente que la historia es la exposición de “datos”, de “hechos”. Una entelequia como otra cualquiera porque ni unos ni otros existen por sí solos. Sus consecuencias y su contextualización son los que les dotan de significación. Un “dato” puede no existir para un historiador hasta que otro le atribuye un significado determinado. La recuperación de ciertas dimensiones de la historia medieval (antes un amasijo informe de gestas, reyes y trobadores) lo ha puesto de relieve. Esta atribución es, esencialmente, valorativa y el historiador la lleva a cabo desde su peculiar retícula axiológica, desde su cosmovisión o, si se me apura, desde su ideología.

¿Indica esto que todas las atribuciones son igualmente aceptables? La respuesta es no. Para que una atribución pueda mantenerse en pie tiene que estar conectada con un hecho cuya existencia se haya demostrado por los procedimientos de criba propios de la hermeneútica histórica. De aquí que, en último término, toda afirmación debe estar íntimamente relacionada con el sustrato que la inspira. Debe estar documentada, probada, evidenciada.

Es entonces cuando surge un segundo problema. Si el historiador se acerca a los hechos provisto de una cosmovisión particular, de una ideología, ¿cómo demostrar que una es mejor que otra? Aquí es imprescindible diferenciar entre objetividad e imparcialidad, que no son términos sinónimos.

En mi opinión es historiador objetivo aquel que basa su argumentación en “hechos”, “datos”, “evidencias” susceptibles de contrastación. Dicha argumentación puede ser objeto de análisis intersubjetivos y resulta, por ende, refutable en mayor o menor medida. En una palabra, sus argumentos pueden evaluarlos otros historiadores con referencia a dichas evidencias, nuevas o menos nuevas, quizá abiertas a interpretaciones varias pero tanto o más constreñidas cuanto más abundantes y amplios sean el análisis y contextualización a que abocan. La imparcialidad es otra cosa: está relacionada con valores comúnmente aceptados, que son a su vez producto de la historia y, por definición, contingentes. No hay historiador imparcial, aunque lo parezca. Incluso las guerras medas siguen suscitando discusiones. El debate científico abarca todas las áreas del conocimiento y la historia no solo no es una excepción, sino que es un terreno muy abonado para el mismo.

¿Ejemplos de valores como enraizados en la historia? Durante casi todo el pasado para el cual disponemos de evidencias físicas, culturales o documentales la esclavitud no se puso en discusión con carácter general. Desde principios del siglo XIX fue atacada. Hoy existe en ciertas regiones pero tiende a esconderse o a camuflarse. La sociedad actual no la acepta. Lo mismo cabría afirmar de valores tales como la democracia o los derechos humanos (que a su vez han experimentado un proceso de densificación desde los de naturaleza política a otros de índole social, económica, de género y, como ha reconocido valientemente el Papa, también medioambiental). Sus contenidos eran desconocidos o limitados en el pasado. Hoy no.

De aquí se desprende que el historiador, aunque familiarizado con los valores de ese país extraño que es el pasado, no pueda por menos de abordarlos desde su manifestación presente. ¿Quién se atrevería hoy a defender la esclavitud? ¿O la mera reducción de los derechos humanos a los de naturaleza estrictamente política? ¿Cómo justificar el fascismo, el nazismo, el comunismo?

No extrañará, pues, que mi “librillo”, tal y como he expuesto en posts precedentes, necesite ser complementado. Ningún historiador decente puede permanecer impasible ante la violación de la libertad o de los derechos humanos por las dictaduras del siglo XX. ¿Cómo exculpar a Hitler, a Stalin, a Mao Tse Tung? O, más próximo a nosotros, ¿cómo exculpar a Franco?.

Todos ellos tuvieron a su servicio historiadores y corifeos que presentaron una visión del pasado deformada pero coherente con los objetivos ideológicos de sus respectivas dictaduras: imponer un futuro racialmente homogéneo tras una pugna en pos de la supremacía o la conquista del paraíso con un Estado periclitado y en el cual la felicidad individual se armonizaría con la felicidad social.

De Franco puede decirse que no aspiró a sentar las bases para llegar a una situación finalista. Se contentó con mantenerse en el poder todo el tiempo que permaneciera con vida. Si acaso esperaba algo fue que su peculiar concepto de “democracia orgánica” le sobreviviese. No duró dos años.

Sin embargo, todavía existen -y existirán quizá durante un par más de generaciones- quienes se reclamen de las pretendidas bondades del franquismo. Un caso curioso y que tiene mucho que ver con un proceso de socialización por la vía de la enseñanza reglada que adolece de fallos inmensos. Ni ha roto con el pasado ni ha suministrado a los ciudadanos, presentes o futuros, el conocimiento y el instrumentario analítico para pensar críticamente sobre el pasado común de una sociedad en rápido proceso de mutación como es la española. Una sociedad que sigue necesitando de buenas dosis de concienciación histórica.

¿Ejemplo último? Según la prensa, el manualito para los alumnos de sexto de primaria en la Comunidad de Madrid que ha aflorado hace unos días y que contiene, al parecer, (no lo he leído), una impresionante serie de sesgos en los que destaca el nulo sentido del pudor de su alabadísima expresidenta. Encargo un ejemplar de manera inmediata. A lo mejor da materia para futuros posts.