Las motivaciones tácticas, los mandos franquistas y la Legión Cóndor

20 Junio, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

La historia de la Legión Cóndor es bastante conocida. Aunque la gran masa de documentación que generó fue destruída en uno de los bombardeos de Berlín en la segunda guerra mundial, los mandos alemanes ordenaron una multitud de análisis en profundidad sobre su papel, las operaciones en que participó, las dificultades que encontró, las experiencias que realizó y las lecciones que podrían extraerse de su empleo de cara a la planificación de la futura guerra aérea, etc. Muchos de tales estudios se conservan.

No hay que pedir a los gacetilleros pro-franquistas que se desplacen a los archivos militares de Friburgo y analicen pormenorizadamente tales estudios. Un breve resumen breve se conoce desde hace muchos años de la pluma del exteniente coronel de la USAF Raymond L. Proctor. Su libro, aunque a veces se cita, no parece que se haya abordado desde la perspectiva que nos ocupa en estos posts.

Digamos simplemente que los problemas con que se toparon los alemanes fueron muy numerosos. Entre ellos el que mayor atención ha recibido de los historiadores pro-franquistas es la sorpresa de los rubios aviadores de la Cóndor al tener que combatir contra sus homólogos soviéticos. Resultó que, en general, el material alemán era de bastante inferior calidad. Por otro lado, una cosa era la guerra sobre el papel, tal y como se diseñaba en Berlín, y algo muy diferente la que se dirimía en España.

Además, los mandos franquistas se mostraron pedigüeños. Habían recibido una perita en dulce y, naturalmente, quisieron degustarla  hasta los límites de lo posible. Las consignas del documento 113 se revelaron, en un principio, ilusorias. La Cóndor se convirtió en un apagafuegos y se la empleó de las más diversas formas y en los más diversos papeles. Todos ellos, sin excepción, de naturaleza táctica. Las premuras no daban tiempo para contemplar grandes maniobras estratégicas.

Así que, en el plano táctico, nada mejor que estandarizar procedimientos. Algo que por otra parte era necesario para introducir a la Cóndor en apoyo inmediato de las fuerzas franquistas, en particular del Ejército de Tierra. No conozco a ningún autor, pro-franquista o pro-Cóndor, que haya profundizado en este terreno. Tal vez porque todos ellos siguen deslumbrados por las proezas en combate de los jóvenes guerreros rubios del Norte.

Es sorprendente, en particular, que tampoco figure de forma prominente en ninguna de las tres versiones del bombardeo y destrucción de Gernika debidas al general de división en el Ejército del Aire Jesús Salas Larrazábal. Comblemos, un pelín, tan desafortunado vacío.

Las peticiones de apoyo a la Cóndor se hicieron a través de formularios estandarizados que provenían de la Jefatura del Aire, es decir, del general Kindelán. Supongo, y no es demasiado suponer, que de uso estaría enterado Franco. Las emitía la 3ª Sección, es decir, la de Operaciones. Especificaban el objetivo de la petición, las referencias oportunas para evitar despistes y, cuando era preciso, se adjuntaban los anexos correspondientes. Todo, como se ve, algo burocrático pero imprescindible entre fuerzas aéreas que no compartían ni un idioma en común ni tradiciones comunes.

Los formularios se dividían en tres secciones: información, misión y ejecución. Algo absolutamente normal. En lo que respecta a información se incluían apartados sobre la situación propia, el enemigo y la misión de otras fuerzas aéreas (solo había dos: las italianas y las propias). La segunda sección, generalmente breve, especificaba la tarea que debía cumplirse. La tercera, muy interesante, desglosaba la idea general de la maniobra; la constitución de la fuerza y la organización del mando correspondiente; las condiciones de la ejecución; los enlaces y comunicaciones; eventualidades y, por último, diversas prescripciones. Los formularios identificaban los destinatarios y el número de copias. Las órdenes iban numeradas correlativamente. Todo normalito, pero de lo que se desprende una conclusión inequívoca: era mejor no dejar mucho al azar.

En un mundo ideal el historiador iría rápido y veloz, como corresponde, a buscar las órdenes que se hubieran emitido en el entorno temporal de Gernika. Hélas! Una mano misteriosa las ha hecho desaparecer. Para mi ensayo sobre los fallidos intentos del general Salas Larrazábal de exonerar al Alto Mando franquista no encontré ninguna. Pero sí hallé algunos ejemplares de los formularios ya estandarizados que se utilizaron para cursar peticiones a la Cóndor en diciembre de 1936.

El momento es muy importante. Significa que tan pronto como desembarcaron las últimas unidades de la Legión y empezaron a entrar en combate, alguna mente privilegiada se preocupó de organizar un sistema de transmisión de órdenes que fuese claro y transparente. Pregunta: ¿podría haberse puesto en práctica sin que el augusto Generalísimo no hubiese tenido conocimiento de él? Para mi, la duda ofendería.

Teniendo en cuenta que el Ejército de Franco no era el de una tribu de zulúes en el siglo XIX, no hay que esforzarse demasiado para concluir que desde el primer momento el mando español se preocupó de integrar la actuación de la Cóndor en sus dispositivos de guerra. Las órdenes siempre fueron precisas con respecto al objetivo.

Así, por ejemplo, el 9 de diciembre se pidió a la Cóndor que aprovisionara el Santuario de Santa María de la Cabeza; el 13 que bombardease El Carpio, Montoro, Bujalance y las trincheras y avanzadas enemigas; el 19 que reconociera las vías de comunicación que conducían a la zona de operaciones de Córdoba. Como vemos, tres tipos de operaciones. Naturalmente hubo muchísimas más. Destaca un aspecto que ya fue constante en aquella época temprana: el apoyo aéreo a las fuerzas de tierra y de naturaleza esencialmente táctica. Apoyo que en la campaña del Norte sería fundamental.

¿Y de quién procedían las órdenes? Pues del general jefe del Aire o del general en jefe del Ejército del Sur, el villano Queipo de Llano. ¿Cabría extrapolar a la campaña del Norte y pensar que los actores serían el mismo Kindelán y el terrorista sin fisuras que fue Mola? La respuesta es afirmativa.

Las misiones que hemos indicado se detallaron específicamente y se dieron informaciones sobre el contexto (“idea general de la maniobra”). Sobre la constitución de la fuerza se cursaron instrucciones precisas cuando se involucraba la aviación propia pero, prudentemente, se dejó al mando de la Cóndor la determinación de sus unidades. El receptor nominal era, naturalmente, su jefe de EM, el coronel (el empleo inmediatamente superior al que tenía en la Luftwaffe) Wolfram von Richthofen. Esto último, incidentalmente, significa que el cargo no lo ostentaba Alexander von Scheele, a pesar de que diversos historiados pro-Franco lo presentan así.

Que al mando franquista le preocupaba sobremanera el tema de la coordinación se advierte en las descripciones relativas a las condiciones de ejecución, enlaces y comunicaciones y restricciones eventuales. Cuando la participación italiana era deseada también se especificaba su naturaleza (“una patrulla de Fiat”, en servicio de protección; “no actuarán sin previo aviso ninguna otras fuerzas aéreas distintas de las de la Legión Cóndor”).

En definitiva, como señalaron Proctor y Corum, pero sin extraer demasiadas conclusiones en este tema, los planes y deseos españoles se transmitían a la Cóndor a través de sus responsables y se hacían desde las alturas de los mandos franquistas correspondientes.

Naturalmente, podría plantearse alguna pregunta. Por ejemplo, eso fue en diciembre de 1936 o en enero de 1937 pero, ¿en Gernika?

Así que, como verán los amables lectores, ya vamos acercándonos al tema de las responsabilidades.  Y aquí hay que volver al general Salas.

En la tercera y última versión de sus camelos al respecto (publicada por la editorial Galland) Salas continuó sacando pecho. En la página 339, anexo 63, recopió el ya adelantado en la segunda, de 1987, página 66), sin indicación de fuente (¡faltaría más!) y reprodujo un precioso documento. Argumentó que Franco, después de denegar a Sperrle la autorización de bombardear Bilbao, dio instrucciones por escrito al respecto y Kindelán transmitió al supuestamente prepotente comandante en jefe de la Cóndor el 6 de enero de 1937.

Un lector pro-franquista apresurado respiraría. Haría mal. Sin duda impulsado por su entusiasmo negacionista lo cierto es  Salas “se pasó”. Es correcto que las instrucciones de Franco establecieron taxativamente que “sin orden expresa no se bombardeará ninguna ciudad ni centro urbano” (punto nº 1). También lo es que en el punto nº 3 se ordenó que “cuando se bombardeen objetivos militares en las poblaciones o próximos a ellas, se cuidará de la precisión del tiro con objeto de evitar víctimas en la población no combatiente”. El lector respiraría aliviado a la vista de tan precisas instrucciones.

De ahí a concluir que los alemanes obraron a capricho solo hay un paso. Esto es, por cierto, lo que ya adujeron aquellos adalidades del honor de Franco que fueron Vicente Talón y Ricardo de la Cierva. Lamentablemente, la presunta solicitud del Generalísimo por los “rojos” o los “separatistas” está totalmente fuera de lugar. Salas reprodujo, sí, el documento pero “se olvidó” comentar y explicar que el segundo punto de las instrucciones afirmaba, no menos taxativamente, que “esta clasificación (sic) sufrirá modificaciones parciales según las circunstancia y su vigencia terminará el 31 de enero”. Las itálicas son mías.

Es decir, tales instrucciones no sirven de guía, salvo que se hubieran ampliado, para lo que ocurrió a finales de abril de 1937. Que yo sepa nadie ha publicado tal ampliación y, en cualquier caso, ¿quién ha demostrado que en Gernika no se dieron cita aquellas “circunstancias” que modificaban las instrucciones?.

No se preocupe el lector: todavía hay más. En él próximo post desharemos otro mito franquista y pondremos a Sperrle en el lugar que le correspondía a tenor del famoso documento 113.

La Legión Cóndor y los mandos franquistas: el comienzo

13 Junio, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

En este post voy a desarrollar una reflexión sobre los comienzos de lo que terminaría siendo uno de los núcleos centrales de la discusión, al parecer cerrada definitivamente para los historiadores neo-franquistas, en torno a la destrucción de Gernika: la atribución de responsabilidades. Ni que decir tiene que los franquistas, puros y duros, se la echan exclusivamente a los alemanes. ¡Hay que salvar el honor militar de Franco!. Por ello una de las cosas que menos sorprende es la escasa atención que los historiadores españoles y extranjeros han prestado (salvo alguna que otra pequeña excepción) a las relaciones operativas entre los mandos franquistas y alemanes tal y como se configuraron tras la llegada de la Cóndor.

Que a ello no se haya dedicado con intensidad quien pasa por ser el gran manitú de las interpretaciones neo-franquistas sobre la destrucción de Gernika, el ya fallecido general de división Jesús Salas Larrazábal, no es sorprendente. Que ninguno de sus numerosos seguidores hayan osado adentrarse por terreno tan poco explorado tampoco. Así que cuando el año pasado el Ministerio de Defensa y la Comisión Española de Historia Militar de la Real Academia de la Historia publicaron un grueso volumen titulado Historia Militar de España en la edad contemporánea, de 1898 a 1975, me abalancé sobre él para ver si había alguna nueva revelación. Una decisión muy sabia, habida cuenta de la discusión que se ha reencendido con ocasión de este LXXX aniversario.
Tal volumen contiene un capítulo (“Guerra aérea sobre España”) escrito por el coronel de Aviación Don Jaime de Montoto y de Simón, diplomado de Estado Mayor y licenciado en Geografía e Historia. Lo recomiendo calurosamente como ejemplo de la tergiversación que subsiste en torno a las responsabilidades por la destrucción de Gernika. Además, contiene algunos errores fácticos que dicho autor hubiera podido subsanar fácilmente de haber leído alguna obra reciente sobre la Legión Cóndor (por ejemplo, la de Stephanie Schüler-Springorum). Así quizá no hubiese escrito que fue “un cuerpo de aviadores voluntarios” o que su primer jefe fue el coronel (sic) Alexander von Scheele. Desinformación y mezcla de churras con merinas. Von Scheele fue el comandante del primer grupo de aviadores alemanes que llegó a España a principios de agosto de 1936 y los componentes de la Cóndor fueron voluntarios en solo el aspecto formal. ¿Quién iba a negarse a seguir las “invitaciones” del mando a participar en una aventura en un país exótico?

El gran conocedor de la guerra aérea que sin duda es el coronel de Montoto no ha roto la menor lanza a la hora de ubicar la responsabilidad por el desastre de Gernika en el mando alemán y el  franquista.  Su argumentación, que continuaré en un próximo post, peca de inconsistente y de carencia de profundidad analítica. Por un lado, reconoce que “inicialmente Kindelán tuvo dificultades para ejercer el mando supremo de las tres aviaciones (nacional, Legión Cóndor y Aviación Legionaria), ya que al principio era el jefe de la fuerza más débil. Derrochó prudencia y diplomacia hasta que las circunstancias cambiaron y su autoridad fue plenamente aceptada por italianos y alemanes…” (p. 254).

Pero (esta preposición da mucho juego) por otro lado no dice en qué momento del tiempo ocurrió ni hace la menor referencia a la manifestación de las limitaciones impuestas por el doc. 113. ¿Cuándo, en efecto, cambiaron las circunstancias?). ¿Desdeñó Sperrle sus instrucciones? ¿O lo hizo, acaso, su sucesor? ¿O descubrió el mando alemán en Berlín que era mejor seguir las consignas de Franco? El lector del ilustre coronel se queda a la luna de Valencia.

Es necesario, pues, profundizar un poco en el tema. Me parece notable que, salvo error u omisión (de los que nadie está totalmente a salvo), sean escasos los historiadores, militares o no, españoles o extranjeros, que se hayan dado cuenta de la significación de algunas cuestiones, conocidas sí, pero poco analizadas.

1ª La Cóndor se envió para estimular una conducción más rápida de la guerra por parte de Franco y en la esperanza de que tomara pronto Madrid. ¿O no fue así? Dado que Madrid continuó resistiendo, el 18 de noviembre de 1936 el Tercer Reich y la Italia fascista reconocieron como Gobierno de España al aparatito ad hoc montado por Franco tras su “exaltación” a la Jefatura del Estado. El establecimiento de relaciones diplomáticas tuvo impacto en la representación alemana en la ya autodenominada “España nacional”. La asumió el general Wilhelm Faupel, nazi convencido, quien presentó credenciales a finales de mes, precisamente cuando terminaban de llegar la Cóndor y su impedimenta. Warlimont y von Scheele se marcharon, pero antes el primero tuvo que volver inmediatamente a Salmanca a petición de Faupel para que le echara una mano como asesor militar. Los dos pronto chocaron y Warlimont se trasladó poco después al Tercer Reich, donde recibió el mando de un regimiento de artillería. El 21 lo recibió el propio Hitler. El contexto, en el que se examinaba la posibilidad de acrecentar fuertemente la ayuda nazi-fascista, no es relevante para nuestros propósitos.

2ª Un historiador militar normalito se habría preguntado cómo se organizó de entrada la cooperación entre las tres aviaciones. El general Salas no lo hizo. El coronel de Montoto tampoco se lo ha planteado. Sin embargo, se trata de una cuestión importante. Se sabe desde tiempo inmemorial que los aviones de la Cóndor no tardaron demasiado en entrar en combate. Suponemos que bajo mando alemán pero en estrecha relación con el franquista. ¿Cómo se llevó a cabo esta cooperación en el plano operativo? No hay que olvidar que el doc. 113, tan mencionado por numerosos autores, fue silente al respecto.

3ª Hay que tener en cuenta otra circunstancia. El Ejército español, sublevado o no, no tenía la menor experiencia de colaboración con fuerzas extranjeras. Siempre había sido un ejército para el interior. A lo sumo podría mencionarse los cortos, y muy circunscritos, contactos con los franceses tras el desembarco en Alhucemas. No conozco a nadie (sin duda por remediable ignorancia) que haya profundizado en las enseñanzas que se extrajeron de aquella breve cooperación. Los alemanes e italianos, por el contrario, tenían  más, aunque tampoco demasiadas. Los primeros habían efectuado experiencias en la Europa central y oriental con los aliados austro-húngaros y turcos. También en el Oriente Medio. Los segundos, con la Entente en el frente italiano del norte, al menos a nivel de Estados Mayores. Es decir, en su apertura a otras culturas militares superaban netamente a los españoles. Con todo, es inevitable que hubiera contactos inmediatos sobre cómo organizar las operaciones futuras. ¿Alguien ha encontrado los papeles que las ilustren? ¿Dónde están las minutas que se redactaran por parte española? Misterio. ¿O no se redactaron? ¿Deberíamos concluir que los sublevados se comportaban como un ejército tribal?

4ª Creo que la respuesta a esta última pregunta, que ya se planteó Herbert R. Southworth, es negativa. Por ahora podemos suponer que las consideraciones tácticas predominarían sobre las estratégicas. Los nuevos aviones alemanes participarían en operaciones del primer tipo, contribuyendo a solventar todo tipo de urgencias. Es decir, salvo que se demuestre lo contrario Sperrle no podría aplicar todas las amplias prerrogativas de que disfrutaba para el empleo de la Cóndor. Su misión fundamental estribaba en ayudar a Franco y, mientras no se demuestre lo contrario, hemos de pensar que a ello se dedicó desde el primer momento. Hubiera sido muy interesante que el general Salas o el coronel de Montoto hubieran aplicado su inigualable conocimiento de los recovecos de la guerra en el aire a explorar esta primera fase de las operaciones de la Cóndor y la relación entre los mandos respectivos.

5ª Afortunadamente, un historiador norteamericano, el ex teniente coronel y aviador Raymond  L. Proctor suministra algunos detalles que, hasta cierto punto, permiten rellenar varias lagunas. Por él conocemos que Sperrle empezó a dictar órdenes el 5 de noviembre, antes de que llegaran los primeros contingentes de la Cóndor. Que Varela, en su ataque a Madrid, solicitó en varias ocasiones apoyo aéreo a la aviación alemana e italiana. También sabemos que el 15 de noviembre se registró la primera participación en combate de los aviones de la Cóndor cuando empezaron a bombardear -tal y como prescribía el doc. 113- los puntos de desembarco del material soviético. Que tres días más tarde se emplearon a fondo en el bombardeo de Madrid en acciones que duraron hasta el 22. Que el 27 sus aviones respondieron a peticiones urgentes de Queipo de Llano y descargaron repetidamente bombas sobre las tropas republicanas que cercaban el Santuario de Santa María de la Cabeza a la vez que dejaron caer cuantiosos suministros a sus defensores, etc.

Así, pues, como conclusión para este post cabe pensar que, mientras no se demuestre lo contrario, los nuevos apoyos aéreos nazis se concentraron en realizar operaciones de carácter esencialmente táctico. No se olvidaron otras de mayor calado potencial, como los intentos de interrumpir el suministro de armas soviéticas a la República. Señalemos, no obstante, que desde el primer momento hubo algunas fricciones entre los mandos franquistas y el alemán. En diciembre, una vez completado el envío de la totalidad de la Legión en su primera encarnación, Sperrle adoptó una decisión que disgustó a los españoles. Los aviones alemanes apoyarían la batalla por Madrid solo por la noche para limitar las pérdidas que pudieran ocasionar los cazas soviéticos. A tal efecto se concentrarían en el bombardeo de la carretera y el ferrocarril que comunicaban Madrid con Valencia.

No nos consta que de ello se derivasen consecuencias duraderas para la cooperación futura entre nazis y franquistas. Tampoco es exagerado afirmar que no tardarían en perfeccionarse las líneas esenciales de la misma en el plano operativo. Algo que, de nuevo, los historiadores pro-franquistas (no digamos nada de los gacetilleros de turno) se han abstenido cuidadosamente de abordar. A tal aspecto dedicaré el próximo post. Como los lectores observarán, conviene aproximarnos metódicamente al tema central de esta serie.

Condiciones para el empleo de la Legión Cóndor. Comentario.

6 Junio, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Dado que el documento reproducido en el post anterior se conoce desde, por lo menos, 1950 cuando fue publicado en inglés, a los lectores no les extrañará que haya sido objeto de numerosas interpretaciones. Hay algunas, debidas a historiadores pro-nazis o pro-franquistas, realmente pintorescas. Aquí solo haré una exégesis interna, combinada con la adecuada contextualización del documento 113. Los lectores se darán pronto cuenta de que no se trata de un ejercicio vano y de que constituye la base para abordar uno de los aspectos más discutidos en relación con la destrucción de Gernika, seis meses y medio más tarde.

  1. Como pone de relieve la comunicación al embajador alemán en Roma, la decisión de enviar refuerzos aéreos a España se adoptó formalmente el 30 de octubre, pero esto no significa que fuese como reacción a la incipiente ayuda soviética a la República.

Ciertamente, que los soviéticos habían ya enviado hombres y armamento al Gobierno español lo sabían los alemanes. Pero no solo los alemanes. En los Archivos Nacionales de Londres se encuentran numerosos telegramas que dan cuenta de los rumores sobre la eventual ayuda soviética, que Moscú por cierto había espejeado claramente ante el Comité de No Intervención, caso de no detenerse el apoyo nazi-fascista a Franco. El anuncio, sabemos hoy, lo redactó el propio Stalin. Nazis y no nazis pronto tuvieron una prueba contundente. El torpedero Luchs fotografió en Cartagena el desembarco de la carga del Komsomol el 15 de octubre. El representante en España del Alto Mando alemán, teniente coronel Walter Warlimont, ordenó inmediatamente que aviones de los ya enviados a Franco bombardeasen el puerto. Es obvio que no lo haría sin concertación con los sublevados. En Cartagena había otros barcos, de distintas nacionalidades, y en la ciudad actuaban agentes consulares (honorarios o no). No hay que ser un lince para pensar que transmitieron informaciones a las capitales.

También sabemos que Franco (¡oh, Franco!) afirmó ante el cónsul general italiano en Tánger, cuando se entrevistó con él secretamente en Sevilla el 20 de septiembre, que existía una gran posibilidad de que los rusos intervinieran en España. Afirmó que planificaría su avance hacia Madrid para evitar que le cayese encima el mal tiempo antes de ocupar la capital y de que la ayuda soviética se materializara. Los británicos interceptaron el telegrama italiano. Sería muy interesante examinar sus prisas porque no da la impresión de que acelerara los preparativos. ¿Por qué?

  1. La fecha en que los alemanes empezaron a planear la formación del futuro “cuerpo de aviación” que menciona el documento 113 está muy discutida en la literatura. Numerosos historiadores proclives a Franco la retrasan todo lo posible para presentarla como reacción a la ayuda soviética. Otros, entre los que me cuento, la interpretan como medida preventiva. La inmensa mayoría que yo sepa no se entrevistaron con Warlimont. Aparte de servidor lo hizo, y dejó constancia de ello, el expiloto norteamericano Raymond L. Proctor. Según Warlimont, Canaris se entrevistó con Franco el 30 de octubre, es decir, en la misma fecha en que se envió el documento 113. Proctor afirma, citando a Warlimont, que Franco se sorprendió mucho porque no había pedido nada y, en realidad, “no lo quería”.

Podemos dudar de esta afirmación. A mi no me dijo Warlimont que estuviera presente en la entrevista entre Canaris y Franco. Lo que es más que probable que  sorprendiera al ya Generalísimo fuesen las condiciones pero no se dice no a una perita en dulce. Si había pedido en julio aviones a diestro y siniestro (léase a Hitler y Mussolini) y los había recibido en mucha mayor cuantía sin que nadie haya documentado protesta alguna por su parte, ¿iba a hacerlo a finales de octubre?  Digamos, de paso, que las afirmaciones y leyendas (como las asumidas acríticamente por R. Hidalgo Salazar y que tantos autores pro-franquistas han propagado a la mayor gloria del futuro Caudillo) son en parte una invención. Al menos no se ha encontrado ninguna evidencia que las respalde en el sentido de que no se mostrara encantado. Supondremos que Canaris, perro viejo en lides españolas, presentaría las condiciones con toda la suavidad posible. Algo que, por otra parte, también haría cualquier diplomático avisado.

Proctor tuvo, además, la oportunidad de poder entrevistarse con el comandante Hermann Plocher y el relato que de ello hace es muy plausible. Plocher fue destinado al grupo de planificación del futuro “cuerpo aéreo” a mitad de octubre. Los historiadores pro-franquistas se olvidan del episodio. ¿ Por qué? Porque significa que, por lo menos, antes de la llegada de la ayuda soviética a la República ya se había autorizado el comienzo del ejercicio de planificación.

  1. La fijación anti-soviética y pro-franquista de tantos y tan reputados expertos ha llevado a muchos a menospreciar una de las apreciaciones del posterior general Erwin Jaenecke, que estuvo en el ajo de la creación de la Cóndor. Según este militar, Hitler no estaba demasiado interesado en aquellos momentos en que la Italia fascista se hiciera con una posición demasiado fuerte en el Mediterráneo. A pesar de todas las simpatías entre los dos dictadores el amor no generaba retornos. Que Jaenecke luego aludiera a la ayuda soviética no debe hacer olvidar ese vectorcillo italiano.
  2. Pocos son los historiadores pro-franquistas, si hay alguno, que hayan hecho hincapié en que las decisiones de apoyo a Franco (político, diplomático, militar) se tomaron siempre en las capitales del futuro Eje. No hubo negociaciones con el general rebelde. Roma y Berlín decidieron siempre en función de sus propios intereses y apreciaciones. A veces tuvieron en cuenta a sus representantes sobre el terreno. En otras, no. Franco, con frecuencia a través de sus subordinados, terminó implorando más y más ayuda y a veces se le concedió en todo o en parte. O se la negaron. O le sometieron a chantaje, que de todo hubo en la Viña del Señor.
  3. La condición más importante de las expuestas a Franco fue, sin duda, la primera. El comandante en jefe alemán era quien sería responsable del manejo de la Cóndor y respondería únicamente ante Franco. Los autores pro-franquistas, en general, no han ilustrado demasiado bién cómo se instrumentó la coordinación con las fuerzas españolas e italianas. La llegada a la España de Franco de un contingente aéreo alemán con sus estructuras verticales de mando planteaba un problema estratégico, operativo y táctico. Sperrle no podría hacer lo que quisiera. Tampoco podía imponer sus concepciones como si estuviera actuando en una colonia imperial de antes de la Gran Guerra. Los italianos y los españoles no carecían de Aviación. ¿Cómo coordinar el empleo? Es obvio que esto no podía hacerse al nivel de Franco. ¿Había otros escalones con los que interactuar? Plantear la pregunta equivale a responderla: claro que la había. Era la Jefatura del Aire, al mando de la cual se encontraba nada menos que el general Kindelán.
  4. Este caballero tenía varias cualidades sobresalientes. Era monárquico a machamartillo. Solía visitar en Roma a Alfonso XIII. Estuvo metido hasta los ojos en la conspiración del 18 de julio. Sus contactos previos con los fascistas italianos están todavía por descubrir. Personalmente, me parece imposible que las negociaciones entre los monárquicos (calvosotelistas, de Renovación Española) y los fascistas para la adquisición masiva de material aéreo italiano antes de la sublevación se hicieran sin que él las conociera. ¿Quién podía dar el visto bueno a la firma de los contratos con la SIAI el 1º de julio de 1936? Algo en que los historiadores pro-franquistas, siempre prudentes, siguen sin querer inmiscuirse. ¡Quelle horreur! Calvo Sotelo a pachas con el Duce.

Kindelán fue, además, uno de los generales que con mayor vigor defendió la candidatura de Franco a la jefatura suprema de los sublevados por mor de su supuesto monarquismo. Parece raro que el Generalísimo no consultara con él en temas de aviación.

  1. Es más, suponemos que Kindelán incluso tendría algo que ver con Warlimont. Antes de que finalizara octubre de 1936 el Tercer Reich había enviado a España, según unos entusiastas de la Cóndor (Karl Ries y Hans Ring), 20 aviones Heinkel 46; uno He 50; 24 Heinkel 51; 2 He 60; 2 He 70; 2 Henschel 123; 28 Junkers 50; 3 Me Bf 109 y 5 correos. A lo mejor hubo más. No es importante para nuestros propósitos. ¿Con quién hablaba Warlimont acerca de su empleo? Algunas veces, suponemos, con Franco, pero lo más verosímil es que hablara con Kindelán. Con la llegada de los nuevos refuerzos, que respondían ya a otros planteamientos, los interlocutores inmediatos habrían de ser Franco y Kindelán. ¿O no?

Por eso en el próximo post no reproduciré verbatim ningún documento sino que exploraré cómo empezó a hacerse la coordinación entre tres fuerzas aéreas. Algo, todo hay que decirlo, que no me parece que ningún historiador pro-franquista lo haya documentado. No es una casualidad. Como tampoco lo es que el gran manitú de las “espirituales” leyendas sobre Gernika, el general Jesús Salas Larrazábal, haya pasado como un relámpago por el tema abordado en este post y el precedente. Si alguien no me cree que consulte su opus publicado en la meritoria editorial Galland Books, página 41. [Supongo que el nombre es un homenaje a tan heroico as de la Luftwaffe] y confirmará lo que escribo. Son cosas que pasan…

Condiciones para el empleo de la Legión Cóndor

30 Mayo, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Este es un documento muy notorio. En general se le glosa. Aquí se reproduce con exactitud. Toda serie de posts que quiera abordar el tema de las responsabilidades implicadas en el bombardeo y destrucción de la villa foral ha de incluir el, por así decir, acta de bautismo de la Legión Cóndor. Adelanto ya, porque quien avisa no es traidor, que la cadena de mando inscrita en el presente documento siguió teniendo validez el 26 de abril de 1937. Es una tesis que ha sido “contestada” desde que los historiadores pro-franquistas no pudieron evitar tener que reconocer que había habido un bombardeo nazi. No lo hicieron por gusto, pero incluso ellos tuvieron que rendirse a la evidencia que dio a conocer un historiador militar alemán, el entonces comandante de la Luftwaffe Klaus A. Maier, precisamente en el año en que murió Franco.

 

No. 113

El ministro de Asuntos Exteriores von Neurath al embajador von Hassell

Berlín, 30 de octubre de 1936

Querido Hassell,

Te adjunto copia de las instrucciones que ha firmado hoy mismo el ministro de la Guerra tras consultar conmigo y con el almirante Canaris, ya regresado a España, y con el general de división Sperrle, que mañana viaja también a España vía Roma.

En respuesta a tu telegrama nº 229 quisiera observar  que seguimos en lo posible con la idea de proceder al reconocimiento del Gobierno de Burgos tan pronto tenga lugar la toma de Madrid. No nos parece conveniente enviar antes a Burgos “delegados” o  “agentes”. Entre otros motivos porque lo hiciéramos el general Franco podría verse alentado a proseguir sus tácticas dilatorias. Así pues comunicaremos a Attolico [embajador italiano en Berlín] cuando venga a vernos que mantenemos el acuerdo de proceder al reconocimiento conjunto de Franco una vez caiga Madrid y que, inmediatamente después, también enviaremos un encargado de negocios ante el gobierno de Burgos. Al mismo tiempo romperemos las relaciones con el hasta ahora Gobierno de España, retiraremos nuestra embajada de Alicante y comunicaremos a la española en Berlín que su actividad ha terminado. Esta forma proceder es más que obvia y nunca hemos pretendido otra cosa.

Con mis más cordiales saludos

Tuyo

Neurath

Anexo

Berlín, 30 de octubre de 1936

Instrucciones

Para almirante Canaris

general de división Sperrle

Asuntos Exteriores (para Roma)

Con el ruego de proceder a ejecución conforme

Es absolutamente preciso defender el siguiente punto de vista ante el general Franco:

1 El Gobierno alemán considera, en atención al previsible reforzamiento de la ayuda rusa a los rojos, que el tipo de combate seguido hasta ahora por los blancos tanto en tierra como en el aire no garantiza el éxito. De continuar tal comportamiento dilatorio por muy metódico que sea  (el no aprovechamiento de la por el momento favorable situación en tierra y aire y la dispersión en la utilización del arma aérea) se pondría en riesgo lo hasta ahora conseguido.

La rápida toma de Madrid es de la mayor importancia desde el punto de vista político porque, en tal caso, tendrá lugar el reconocimiento por parte de Alemania e Italia del gobierno blanco. Con ello se sentarán las bases para adoptar medidas de apoyo mucho más amplias.

2 La premisa para un mayor apoyo de la fuerza aérea es la siguiente:

  1. El mando de las unidades alemanas en España debe corresponder al comandante en jefe alemán. El será el único asesor del general Franco en relación con el cuerpo aéreo alemán y solo responderá ante él personalmente por todas las medidas que adopte. Hacia el exterior se mantendrá la dirección española.
  2. Incorporación de todas las unidades alemanas que hoy se encuentran en España (aviación, antiaéreas, comunicaciones y servicios correspondientes) a la fuerza aérea por formar según el apartado a).
  3. Protección de las bases aéreas alemanas por medio de fuerzas de tierra suficientes y que serán reforzadas en caso necesario.
  4. Conducción más activa y mejor planificada de la guerra en las operaciones de tierra y aire. Todas ellas al servicio de la rápida captura de los puertos más significativos para los refuerzos rusos.

3 En el supuesto de que el general Franco acepte sin reserva las condiciones anteriores, se considerará continuar movilizando más ayuda alemana.

Véase anexo

Anexo a las instrucciones

Por parte alemana se piensa enviar las siguientes unidades militares:

Un grupo de bombarderos

Un grupo de cazas

Una escuadrón de aviones de reconocimiento lejano

Una escuadrilla de aviones de reconocimiento próximo

Dos compañías de comunicaciones

Dos compañías de servicios

Tres baterías antiaéreas pesadas

Dos pelotones con proyectores

Fuente: Akten zur Deutschen Auswärtigen Politik, tomo III, Deutschland und der Spanische Bürgerkrieg, Imprimerie Nationale, Baden-Baden, 1951, pp. 106s.

El comentario correspondiente se efectuará en el próximo post.

Sobre la destrucción de Gernika: desmintiendo algunas falsedades

23 Mayo, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Es axiomático que cuatro ojos ven más que dos. Por la misma razón, ocho ven, probablemente, más que cuatro. Es un axioma que estoy siguiendo con el texto de un futuro libro sobre Franco en el que he ido trabajando a lo largo de los últimos dos años con tres colegas. Ya terminado provisionalmente, están examinándolo en varios temas respetados expertos. Cuando se publique, en febrero/marzo del año próximo, confío en que no dé demasiadas alegrías a la FNFF ni a la galaxia de protectores y protegidos suyos que gira en torno a ella. Nos reiremos mucho.

Viene esto a cuento para dar a conocer mi alegría por haber circulado la semana pasada el documento de von Richthofen. Esto ha permitido a un historiador alemán, el doctor Ingo Nebel, asentado algún tiempo en Gernika y con quien coincidí en la villa foral hace un mes, llamarme la atención sobre la autoría del documento reproducido literalmente en el post precedente. Su autor no fue el jefe del Estado Mayor de la Cóndor sino alguien, si se me apura, más relevante para nuestros propósitos. Se trató de otro militar del mismo apellido, aunque no pariente, Joachim. Trabajaba en el Ministerio de Aviación, desde el cual se dirigía, supervisaba y analizaba la actuación de la Cóndor. Es decir, desde el centro del poder aéreo nazi. Por desgracia, y como es sabido, los archivos de la Cóndor los destruyó uno de los frecuentes bombardeos aliados de la capital del “Reich de los mil años” que tanto admiraron nuestros fascistas autóctonos. Lo que queda son documentos que figuraban en los archivos de otros departamentos.

El documento lo halló la profesora Stephanie Schüler-Springorum en un archivo intermedio militar alemán próximo a Berlín y lo mencionó específicamente en su libro sobre la Legión Cóndor (Krieg und Fliegen). Volvió a hacerlo en la traducción parcial de su libro en castellano, publicada por Alianza Editorial. A pesar del tiempo transcurrido no conozco a ningún historiador académico (salvo el profesor Xabier Irujo) que se haya servido de él. No hablemos de los periodistas pro-franquistas y aficionados que han disertado largo y tendido sobre el bombardeo en este año del ochenta aniversario.

Tras leer Krieg und Fliegen me puse inmediatamente en contacto con Stefanie quien, amablemente, me envió una copia. Siempre que he aludido a Gernika he aludido a la ella y a Xabier. Ahora aludo, con sumo agrado al doctor Nebel. Nunca hay que vestirse con galas ajenas.

Confieso que no me percaté en absoluto de que la autoría pudiera ser otro von Richthofen. El último renglón (“En la próxima oportunidad se enviarán a los servicios centrales proyectiles italianos de diferentes potencias”) me hizo parecer obvio que la procedencia era del jefe de EM, aunque ahora puede entenderse de otra forma. La firma, en efecto, era la de Joachim, a mayor abundamiento también teniente coronel. Avisaba, simplemente, que pronto se recibirían en Berlín muestras de las bombas italianas De todas las formas, lo traduje el documento tal cual y no se me ocurrió quitar el 2 tras el nombre del autor, que firmaba con este guarismo para diferenciarse el otro. Hoy, a la luz de esta circunstancia, me parece mucho más importante que antes el primer elemento que, en mi opinión es preciso subrayar. La fecha del documento: 28 de mayo.

Para entonces hacía más de un mes que se había producido el bombardeo y el escándalo internacional que generó estaba en plena efervescencia. Es comprensible que el autor, bien consciente de las repercusiones que había tenido en países un tanto sospechosos de lo que tramaba el Tercer Reich en general y en España en particular, tuviera cierto cuidado a la hora de redactarlo. Dicho esto, quisiera resaltar unos cuantos aspectos que llaman la atención.

  1. En la acción, como sabemos, participaron aviones italianos. Pero de esto von Richthofen 2 no hizo la menor mención. También señaló una estimación de daños que, aunque elevada, redujo sustancialmente. Cabría pensar que no era esencial para su argumentación.

En esta perspectiva dos temitas llaman la atención. El primero es que, según él, los alemanes no vieron a ningún habitante cuando visitaron la ciudad. ¿Por qué lo omitiría, cuando sabemos que, efectivamente, se habían presentado en ella poco después de su conquista? ¿Acaso se habrían escondido los gernikeses entre los escombros de sus destruidas viviendas mientras extranjeros rubios y de rutilante uniforme pudiera extasiarse ante su desolación? ¿Habrían sido evacuados para que no pudiera haber el menor contacto entre ellos?  Son preguntas retóricas. El segundo temita, más sobresaliente en mi humilde opinión, es que tampoco mencionó en ningún momento algún porcentaje o número aproximado de víctimas. Lo hizo en los casos de Durango y Eibar (disminuyéndolos) pero no en Gernika. ¿Por qué? La cuestión es para mosquear a cualquier lector.

  1. No mencionó von Richthofen 2 la participación, esencial, de cazas, alemanes e italianos, que ametrallaron a la población con gran entusiasmo. Como el cazador a la hora de pegar tiros a los conejos. [Inciso: recuerde el lector La caza, de Saura, y al enriquecido franquista que interpretó Alfredo Mayo].También cabría argumentar que la descripción de la acción no era objeto de su informe. Pero esto significa que, obviamente, no puede entenderse como un documento que refleje, siquiera a grandes rasgos, lo sucedido sino solo una parte. ¿Cuál? La que en mayo de 1937 más podría interesar en las instancias superiores de la Luftwaffe. ¿Y cuál era esta? Los resultados de lo que, entre otras finalidades, los alemanes perseguían en la campaña del Norte, que desde Berlín se monitoreaba con suma atención. Es decir, el examen comparativo de las técnicas de lanzamiento de bombas y la composición de su carga que MEJOR pudiera destruir las villas, pueblos y ciudades del Norte de España.
  2. Así llegamos al núcleo del documento. Con vistas a una guerra aérea del futuro, que previsiblemente se desencadenaría sobre países tales como Francia, Bélgica, Luxemburgo, Holanda y Polonia, todos ellos limítrofes del Tercer Reich y obstáculos a la política expansionista de Hitler, los alemanes quisieron hacer experimentos. No es una casualidad que von Richthofen 2 iniciase su informe señalando las semejanzas entre el tipo de casas del País Vasco con el que predominaba en las futuras víctimas de la agresión hitleriana. Centrándose en este aspecto, caminaba sobre seguro y podría tener la certidumbre de que su informe se acogería con interés porque de él podrían extraerse conclusiones operativas. De aquí que la carga de bombas que afirma se utilizó sobre Gernika recayera, esencialmente, en la combinación de las de mayor tamaño (250 kilos) con las incendiarias.
  3. En este sentido, von Richthofen 2 siguió un razonamiento lógico al colocar a Gernika como el punto culminante de una escalada de bombardeos sobre ciudades relativamente pequeñas y que habían acometido los italianos. Se encontró con que tanto las técnicas de lanzamiento de estos últimos como sus espoletas de acción retardada producían “excelentes” resultados. Había, pues, que abandonar las bombas de 50 kilos. Para abarcar todo el posible horizonte de destrucción convendría, además, cubrir los huecos existentes entre las de 100 y de 250 kilogramos. Estas últimas eran las de efecto más destructivo pero con pesos intermedios podría alcanzarse, tal vez, una mayor flexibilidad.
  4. En consecuencia, el informe debe entenderse como limitado a lo que su título indica. Efectos en el sentido más material y concreto posible: es decir, físicos. De lo que se trataba, insisto, era de destruir edificios de la forma más eficaz y rotunda imaginable. Sin, por supuesto, verse limitados por molestos constreñimientos relacionados con la suerte de los habitantes. Sin exagerar lo más mínimo, cabría afirmar que en el mando de la Luftwaffe se anticipaba ya, en Berlín, lo que iban a ser algunos de los bombardeos que puso en práctica en la campaña de Polonia dos años después. Pero no se anticiparon los que el Tercer Reich iba a recibir en sus ciudades en cuanto se puso de relieve la superioridad estratégica de la RAF, potenciada por la de la USAF.
  5. Es de notar la secuencia seguida por los alemanes. Lo primero que había que hacer era abrir las casas. Después una lluvia de incendiarias se abatiría sobre la ciudad. Cuando los servicios de bomberos se pusieran en marcha llegaría la hora de lo que cabría calificar de bombardeo en profundidad o bombardeo pesado. Estaba destinado a aniquilar todos los esfuerzos por extinguir los incendios y romper los conductos por los que discurría el agua. ¡Aleluya, aleluya!.
  6. Naturalmente, el informe no mencionó para nada la supuesta actuación de dinamiteros “rojos”, o de gudaris dispuestos a sacrificar su ciudad para poder echar después la culpa a los “nacionales”, o el supuesto objetivo del ataque que habría sido la destrucción de un puente de piedra sobre la ría (que no resultó dañado) y demás pamplinas que esmaltaron, y todavía esmaltan, la propaganda y las distorsiones pro-franquistas. Da, en particular, un mentís rotundo a las afirmaciones de algún que otro bondadoso testigo clerical que se prestó al jueguecito malabar que constituyó el “informe Herrán”. Una mentira piadosa siempre viene bien porque, ya sabemos, la jerarquía la perdonará tras la debida confesión. Incidentalmente, dicho informe ha sido presentado y se presenta en la historiografía afin a los “nacionales” como el documento más fidedigno de lo que ocurrió en la villa foral (aunque no lo mencionara el historiador de la corte de Franco hasta que no tuvo más remedio, ya que en inglés se conocía desde los años de la guerra civil).
  7. Obsérvese que tampoco mencionó von Richthofen 2 en ningún momento el tipo de colaboración que había existido entre los mandos alemanes, italianos y españoles. Tampoco era el propósito del informe pero, como veremos en un post ulterior, no lo necesitaba. En Berlín se conocía perfectamente.

Hubiera sido pedir mucho a los periodistas y sedicentes expertos pro-franquistas que hubiesen hecho algo parecido. A lo más que muchos de ellos llegan es a trasponer, cual palabras de evangelio, las curiosas tesis del general de división, ya fallecido, en el Ejército del Aire Jesús Salas Larrazábal. Como siguen vivitas y coleando tendré que volver sobre ellas. Pero antes es necesario profundizar en algunas otras dimensiones que, aunque conocidas, o se tratan someramente o se desfiguran. ¡Hay que salvar a Franco!. Lo veremos en los próximos posts. Y, como afirma el dicho, ¡que salga el sol por Antequera!

Gernika: un experimento, coronado con éxito, en la destrucción de ciudades en la guerra civil española

16 Mayo, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

El pasado mes de abril se conmemoró el LXXX aniversario del bombardeo y destrucción de Gernika. Los medios, en papel y digitales, se hicieron eco. Con posiciones muy varias. Las hubo factuales. No faltaron en los últimos, sobre todo de extrema derecha, opiniones pintorescas. Algunos autores me distinguieron con sus improperios. Un honor. Me horrorizaría que me hubiesen alabado, incluso mínimamente. Tampoco conozco a ninguno que se haya destacado por sus aportaciones en investigación de base.

Inmediatamente anuncié en Facebook que daría a conocer varios documentos seleccionados, pero que la extrema derecha prefiere ignorar y que, por supuesto, no se ha molestado en buscar. Tras su publicación haré en el post siguiente varios pequeños comentarios.

Interrumpo, pues, la serie dedicada al hambre en la postguerra. Volveré a ella, no quedan ya muchos posts, tras este intervalo dedicado al inagotable tema de Gernika.

Me permitiré, eso sí, no nombrar ni a los escribidores a sueldo ni a quienes se auto-presentan como “historiadores” o “periodistas”. Les dejo que se cuezan en sus certidumbres a prueba de bombas

La traducción del original alemán es de mi propia cosecha. Ha sido revisada por un amigo mío, antiguo coronel y hoy profesor de Universidad.

 

 

INFORME DEL TENIENTE CORONEL DE LA LUFTWAFFE (ACTUANDO EN ESPAÑA CON EL EMPLEO DE CORONEL) WOLFRAM VON RICHTHOFEN SOBRE BOMBARDEOS DE CIUDADES EN LA PRIMERA FASE DE LA CAMPAÑA DEL NORTE

 

Legión Cóndor                                                                          SECRETO

S/88, Sección Ia                                                                  28 de mayo de 1937

Distribución: Wilde, LA, LCh, LC II Ch, LC II 5, 2 L, S/88 Ia, S/88 Ic, borrador al archivo

 

EFECTO DE LOS BOMBARDEOS SOBRE CIUDADES ESPAÑOLAS

(FRENTE DE VIZCAYA)

(Informa v. Richthofen)

En el transcurso de las últimas cuatro semanas los españoles blancos han bombardeado varias ciudades en el frente de Vizcaya. Los ataques se repitieron varias veces al día y se lanzaron proyectiles de diversos tipos y potencia. Una corta visita al teatro de operaciones tras la captura de dichas ciudades ha dado los siguientes resultados:

 

  1. Tipo de construcción de las ciudades del norte de España

A diferencia de las edificaciones del sur, con una altura máxima de tres pisos, tejados planos y paredes de ladrillo relativamente blandas, lo que se encuentra en el norte son casas de tres y cuatro pisos y que en general cuentan con sótano. Sus muros exteriores tienen un espesor de entre un ladrillo y medio y dos ladrillos macizos o son de piedra natural (basalto o piedras de cantera) y del mismo espesor. La estructura de los tejados es de madera cubierta. La construcción es similar a la que predomina en las pequeñas ciudades de los países occidentales que nos son vecinos.

Su situación geográfica en los valles implica que las ciudades examinadas, y cuya población oscila entre 2.000 y 3.000 habitantes, tengan una alta densidad de edificación. Por lo general dos o tres calles en paralelo discurren por el fondo del valle y las casas están muy pegadas entre sí. En las laderas de los montes hay caseríos aislados algo más pequeños. No existen calles que se entrecrucen ni edificios en las partes traseras.

La riqueza mineral de la zona ha favorecido la aparición de una industria del metal bastante activa, lo que se traduce en la presencia de numerosas fábricas de armamento y que por lo general cuentan con plantillas de entre 50 y 200 hombres. Los talleres están ubicados en edificios de tres a cuatro pisos, como ocurría en la Alemania del norte entre 1910 y 1914.

 

  1. Efecto de los bombardeos

Los objetivos principales de los ataques aéreos en dicha zona fueron Durango, Eibar y Guernica. Dado que los ataques se repitieron hasta cuatro veces al día y que se lanzaron proyectiles rompedores alemanes, de 50 y 250 kilos, e italianos, de 50, 100 y 250 kilos asi como bombas incendiarias el análisis de los efectos de cada uno de estos tipos ha sido bastante difícil de evaluar. Los resultados que han podido comprobarse son los siguientes:

 

a) Durango

Bombardeado predominantemente con proyectiles rompedores italianos de 50 kilos. Cada avión lanzó tres proyectiles por procedimientos mecánicos en cada ataque. Los dispositivos pertinentes los llevan todos los aviones italianos aquí presentes. Desde una cota de 1000 metros aproximadamente los impactos de cada lanzamiento se distribuyeron en un área de entre 100 y 150 metros cuadrados.

Los daños comprobados se tradujeron en la destrucción de la estructura del tejado y del piso superior de las edificaciones. Una vez que se ha determinado y se ataca el objetivo, la técnica italiana de lanzamiento logra relativamente muchos blancos, sobre todo en el caso de impactar sobre bloques de casas. El porcentaje de daños oscila en torno al 55 por ciento de todas las edificaciones.

El número de personas muertas ronda, según las declaraciones de los habitantes, en torno a las 50 (sic) y corresponde en su mayor parte a la población civil. En cuanto se produjo el primer ataque esta no huyó hacia los bosques vecinos, como ocurrió con las tropas que había en la ciudad y otros habitantes que permanecieron en ellos en espera de que terminase el bombardeo. No había refugios. Cuando se visitó la ciudad no es de extrañar que los habitantes dieran la impresión de estar deprimidos pero no tardaron en ponerse a trabajar con vehemencia a fin de reparar en lo posible sus casas, destruídas por el bombardeo y por las sevicias de los dos bandos.

El efecto de los proyectiles rompedores alemanes de 50 kilos, que se lanzaron tanto aquí como sobre otras ciudades en pequeñas cantidades, fue similar al de los italianos.

 

b) Eibar

Se utilizaron principalmente proyectiles rompedores italianos de 100 kilos. En caso de hacer blanco dichos proyectiles atraviesan los cuatro pisos y alcanzan el sótano. No pudieron examinarse los embudos al quedar rellenados por los cascotes. Los muros no se desplomaron. Por lo demás la destrucción fue total. El efecto de la explosión se proyecta en particular hacia arriba. Las casas contiguas no resultaron demasiado afectadas.

Los repetidos ataques desde una cota de solo 600 a 800 metros, que facilitó la ausencia de cualquier tipo de defensa antiaérea o terrestre, también dieron buenos resultados aquí. Se vieron favorecidos por el procedimiento de lanzamiento italiano y el grado de destrucción alcanzado ascendió al 60 por ciento.

Cuando finalizaron todos los ataques y la presión de la infantería blanca se hizo cada vez mayor, los rojos abandonaron Eibar. Al retirarse arrojaron bidones de gasolina sobre las casas que bordeaban la calle mayor y los prendieron fuego.

Las bombas incendiarias italianas lanzadas poco antes del último ataque tuvieron como efecto más notable el incendio de unos talleres en los que se fabricaba armamento. La estructura de madera del tejado y del piso superior se quemó totalmente al igual que ocurrió con el mobiliario.

Los restantes edificios no se prestaron a la utilización de bombas incendiarias dado el elevado grado de destrucción a que ya habían sido sometidos.

La cifra de muertos se sitúa en torno a los 200 paisanos. La forma y el número de tropas rojas que perecieron no han podido determinarse. La población utilizó en gran medida los refugios construidos por los rojos – unos siete espacios en los sótanos de casas de cuatro pisos, con las ventanas y puertas protegidas con sacos de arena. Los proyectiles rompedores hicieron blanco en dos de esos refugios.

Los rojos evacuaron a la mayor parte de la población. Fue fácil observar la impresión causada por los acontecimientos precedentes en los pocos habitantes que permanecieron en la ciudad. Declararon que también tenían la intención de abandonarla para asentarse en otra comarca.

 

c) Guernica

Se utilizaron proyectiles rompedores alemanes de 250 kilos en la modalidad de lanzamiento individual y sucesivo (Reihenwurf). Tras atravesar toda la casa la detonación tiene lugar a ras del suelo produciendo embudos de unos 0,75 metros de profundidad. La casa se desploma por completo, incluídos sus muros exteriores. Los edificios vecinos muestran grietas considerables en ellos. También se utilizaron bombas incendiarias.

La destrucción de la ciudad se produjo de la manera siguiente: en el primer ataque se utilizaron ante todo bombas incendiarias que provocaron numerosos incendios en las cubiertas de los edificios. Esto resquebrajó su estructura. En los siguientes ataques se emplearon proyectiles rompedores de 250 kilos que destruyeron las conduccioness de agua, lo que impidió las labores de extinción.

Cuando estos proyectiles impactaron sobre un edificio el objetivo se desplomó totalmente. El número de blancos no fue tan elevado como en Eibar o en Durango. Aisladamente cayeron proyectiles en lugares no edificados y produjeron el embudo típico de los de 250 kilos.

Los cuatro factores ya mencionados

  • resquebrajamiento de las casas provocado por las bombas incendiarias
  • interrupción del suministro de agua y del tránsito
  • completa destrucción del edificio en el caso de un blanco perfecto (con proyectiles rompedores de 250 kilos)
  • quebranto sufrido por los muros cuando el proyectil impacta en sus inmediaciones (id.)

provocaron un grado de destrucción de la villa próximo al 75 por ciento, con un volumen de lanzamiento de 31.000 kilos de bombas desde una cota comprendida entre 600 y 800 metros.

Al visitar la ciudad no se vio a ningún habitante de los que no huyeron.

 

3) Conclusiones

En los repetidos ataques a Durango, Eibar y Guernica en abril de 1937 se lanzaron proyectiles rompedores de 50 kilos alemanes e italianos, del mismo tipo italianos de 100 kilos y alemanes de 250 kilos además de bombas incendiarias. El efecto constatado sobre las edificacioness que tanto se parecen a las de las pequeñas ciudades de Europa occidental de similar grado de edificación fue el siguiente:

  1. El proyectil rompedor de 50 kilos (alemán e italiano) destruye los tejados y el piso superior, sin que peligren los pisos inferiores o los edificios colindantes.
  2. El proyectil de 100 kilos (italiano) destruye completamente las edificaciones de cuatro alturas.
  3. El proyectil de 250 kilos (alemán) provoca el desplome total del inmueble, incluidos sus muros, y daña los colindantes.
  4. La técnica de lanzamiento italiana de tres proyectiles simultáneamente (Koppelwurf) permite alcanzar un número de blancos más elevado y un efecto superior sobre los bloques de casas que su lanzamiento individual y sucesivo. Ahora bien, solo es pertinente cuando la cobertura aérea del objetivo está garantizada, ya que si no se incrementa el número de blancos fallados.
  5. Las bombas incendiarias alemanas provocan el incendio de los tejados y debilitan por consiguiente la estructura de todo el edificio.
  6. El efecto moral de los ataques con proyectiles rompedores de 100 y 250 kilos es muy elevado. No existen posibilidades de protección en los refugios a no ser que éstos sean de construcción especialmente resistente.

Trasladado lo que antecede a las circunstancias existentes en Europa central y occidental cabe afirmar que el empleo de proyectiles rompedores de 50 kilos no provoca la total destrucción de las edificaciones. Parece oportuno utilizar espoletas de retardo como las que disponen, según hemos observado aquí, los italianos de 100 kilos.

El efecto del proyectil rompedor de 100 kilos es suficiente para destruir en amplia medida edificios muy consistentes (entre ellos, los de carácter industrial). En lo que se refiere a los bloques de viviendas, es mucho más efectiva la técnica de lanzamiento italiana.

El   alto grado de destrucción que provoca el proyectil rompedor de 250 kilos no lo hace idóneo para atacar objetivos relevantes.

Se sugiere desarrollar un proyectil rompedor de entre 100 y 150 kilos. También sería deseable probar las posibilidades de lanzamiento con diversos tipos de proyectiles.

En la próxima oportunidad se enviarán a los servicios centrales proyectiles italianos de diferentes potencias.

 

Borrador redactado por

von Richthofen

Teniente coronel

 

[Los comentarios mínimos pertinentes aparecerán en el próximo post]

 

80º aniversario del bombardeo de Gernika

15 Mayo, 2017 at 1:47 pm

Ángel Viñas en Gernika con el hijo de George Steer, Paul Preston, Xabier Irujo y Nicolas Rankin, biógrafo de Steer. (Fotografías de Vincent West)

El lado negro del “Imperio” franco-falangista

9 Mayo, 2017 at 8:35 am

Ángel Viñas

Mientras en Madrid Franco y Serrano se entregaban a los sueños de la lechera para ver si de la milagrosa botella de tan digna campesina salían las arenas y riquezas de los territorios norteafricanos que los malvados franceses se obstinaban en conservar, los británicos empezaron a pasar a la segunda fase de su identificación de las condiciones alimenticias reales que existían en la España franquista. No les bastaron los informes consulares o de personas relacionadas con el circuito diplomático. Una segunda oportunidad se la deparó el control de correspondencia que llegaba al Reino Unido. Esta durísima medida se había introducido tan pronto como estalló la guerra en 1939. Las cartas de los ciudadanos británicos y de otros países que, desde la Europa no ocupada por los nazis, escribieran a sus familiares y amigos podían dar pistas muy importantes sobre las condiciones reales que en ella existían. De pronto, la España de Franco subió rápidamente los peldaños en la escalera de atractividad. Las cartas, naturalmente, se abrían. Se copiaba lo que interesaba y luego se cerraban y enviaban a sus destinatarios. Se hacían informes periódicos. Por desgracia, no se conservan -o no he localizado- todos, pero algunos de los que fotocopié sirven para dar una idea.  

Los redactores de un informe fechado el 29 de octubre de 1940, fecha que he escogido como la más próxima a la reunión de Hendaya, se disculparon por reiterar hechos y comentarios en torno a las horribles condiciones económicas que prevalecían en España y que se acumulaban de forma monótona. No olvidaron destacar que, después de unas cosechas bastante pobres, en particular de trigo, el racionamiento del pan se había intensificado y que las penurias alimenticias no podían sino empeorar. El coste de la vida había aumentado en términos alarmantes; el mercado negro crecía exponencialmente; si bien la gente rica podía obtener todo lo que necesitaba las clases medias y trabajadoras se las veían y deseaban para sobrevivir. Añadiré que esta era la España social que uniría a todos los españoles, en los desvaríos falangistas, en la búsqueda del Imperio.

Una persona que había visitado España escribió desde Lisboa:

No es exagerado afirmar que la mitad de la población pasa hambre, que casi una tercera parte no come lo necesario y que el resto vive como reyes sin preocuparse un comino de los demás.

En dichas circunstancias muchos miembros de la colonia británica tenían que desplazarse a Portugal para adquirir productos de cara al invierno. Temían que, de no hacerlo, sus hijos también pasaran hambre.

En las zonas de Cádiz y Algeciras la situación era particularmente desastrosa. Un marinero que llegó a finales de septiembre escribió que cuando puso su ropa a secar se la robaron durante la noche. Añadió:

este viaje a España me ha abierto los ojos (…) En Cádiz tuvimos que regalar la mitad de nuestras provisiones. En Algeciras se nos da media cesta de pescado por una cucharada de azúcar o de té o un cigarrillo. La gente hace cualquier cosa con tal de que les demos un par de rebanadas de pan blanco (…) En lo que se refiere a vestimenta, todos van en harapos[1].

Esto era, sin duda, cierto. Entonces y después. Así, por ejemplo, el 27 de octubre de 1941 el gobernador civil y jefe provincial de Abastos escribió a la CAT y al ministro de Gobernación indicando que Cádiz era una de las provincias más desabastecidas de España. El número de defunciones se había elevado a límites insospechados. Se necesitaban víveres urgente y desesperadamente. El lector incrédulo podría desconfiar de la carta del marinero, pero ¿de una comunicación tan oficial?

Incluso en Canarias, las islas afortunadas, había carencias enormes de alimentos y otros productos. Apenas si se podía obtener azúcar. El pan era escaso y de muy mala calidad. La situación no había. De nuevo los lectores que no se fíen de la carta que contenía estos datos pueden acudir a las investigaciones del historiador canario Juan José Díaz Benítez y verán muchos más.

Otro informe de los censores, fechado el 26 de diciembre, constató sobriamente que no se había producido la menor mejora en las condiciones económicas, sobre todo en lo que se refería a la situación alimenticia. Continuaba causando enormes sufrimientos a los pobres y generaba preocupación en la Administración. Según un observador norteamericano las condiciones variaban:

Las mayores necesidades se ubican en la zona que se sitúa al sur de la línea que va desde Badajoz (…) y pasa por Madrid y el noroeste, entre Barcelona y Lérida (…) En Almería hay mucha mayor evidencia de hambre que en ningún otro lugar.

La siguiente referencia a los estragos del hambre provino de Bilbao y confirmaba las observaciones de Starkie en el post anterior:

Se ha estado reacondicionando la calle principal y la semana pasada dos hombres se desplomaron muertos mientras trabajaban por falta de alimentación.

De algo similar, pero referido a la capital, informó el embajador alemán en Madrid en un despacho del 11 de diciembre.

Un inglés escribió desde Huelva:

Pagamos a una asistenta para que nos limpie el gallinero todos los días pero la pobre apenas si puede andar, mucho menos trabajar, por falta de comida. Algunos hombres casi no pueden tenerse en pie pero deben ir al tajo porque de lo contrario no ganarán nada. No hay seguridad social ni ayuda de ningún tipo.

Este es uno de los ejemplos que también ha mencionado Miguel Ángel del Arco en un artículo en el que ha recopilado una selección de florilegios extraídos igualmente de los archivos británicos.

Desde Málaga se afirmó:

Es horrible ver una larga procesión de gente hambrienta que viene a mi casa todos los días para mendigar unos mendrugos de pan. Con mucha frecuencia acuden hasta treinta.

De una multitud de cartas interceptadas se dedujo en Londres, correctamente, que lo que más se necesitaba era pan. Cuando aparecía seguía siendo negruzco y estaba muy adulterado. Las autoridades acentuaban el racionamiento y dividían a la población en tres categorías. Los de la primera, que tenían ingresos por encima de cierto nivel, no recibían nada. El trabajo, si lo había, estaba muy mal organizado y los suministros de alimentos no se distribuían bien. No se practicaba ningún tipo de control para que los pobres recibieran vitaminas. Obvio: menos bocas que alimentar. Los sistemas eran extremadamente primitivos y carentes de higiene. Sin embargo, en Madrid la gente con dinero comía bien y muchos preferían irse habitualmente al restaurante.

Abundaban los rumores de que los alimentos se exportaban a Alemania en pago de la deuda de guerra. Era cierto. La gente reaccionaba mal. Algunos suministros procedían de Portugal, a pesar de la vigilancia de las autoridades del país vecino. El contrabando era generalizado. En el sur podía obtenerse algo de Gibraltar y también de Tánger.

Puede verse a montones de españoles pobres que cruzan la frontera todos los días a trabajar en Gibraltar y que regresan a sus casas por la noche. Todos llevan paquetes o cestas con comida. No es exagerado decir que son millares.

Desde Barcelona se insistió:

Todo está encareciéndose por días. Faltan muchas cosas. Otras se estropean. Apenas se puede ir en tranvía sin que se pare. Pasan semanas antes de que lo arreglen y como no hay piezas de repuesto no tarda en escacharrarse totalmente.

Son estas unas meras pinceladas de carácter impresionista. Si los observadores extranjeros veían los estragos del hambre en la población en libertad, ¿qué pasaría con las masas de reclusos? Aquí la obra de Moreno Gómez ha ensamblado datos escalofriantes. Los informes sobre la dieta hipocalórica que se practicó, por ejemplo, en la cárcel de Córdoba son literalmente espeluznantes. Los reclusos debían “subsistir” con una dieta oficial de 800 calorías diarias pero que con frecuencia se reducía a 400. Los directores de la prisión y muchos de los carceleros, los médicos y los guardias (a veces identificados, para su eterna infamia, con nombres y apellidos)  hacían su agosto con el estraperlo y las sisas a costa de los detenidos. Las condiciones sanitarias eran con frecuencia infrahumanas, comparables a las de los campos de concentración más duros del Tercer Reich y, en algunos casos, se acercaban peligrosamente a las de los campos de exterminio. La gente moría como moscas.

Los condenados a muerte que fallecían en la prisión rendían un último servicio a la PATRIA pues así se evitaba tener que malgastar balas para liquidarlos. Algo parecido a lo que hacían los Einsatzgruppen en la URSS matando de un solo tiro a la madre y al niño. En una docena de cárceles se han contabilizado, calculando hacia lo bajo, más de 6.000 muertes por enfermedad, básicamente derivadas del hambre. Como hacían los nazis en los campos de concentración más duros y, por supuesto, en los de exterminio.

¿Por qué iban a preocuparse los cancerberos y sus jefes franquistas, militares o civiles? De lo que se trataba era de romper la moral, la espina dorsal y la voluntad de resistencia de la anti-España antes de proceder, cuando fuese necesario, a su aniquilación física.  Habrá que suponer que “alguien” (¿de la ACNP tal vez? y desde luego de la CAT) tendría una migaja de responsabilidad por lo que acontecía. Que yo sepa, pocos son los autores que se la han exigido. Ya se sabe: “por el Imperio, hacia Dios”.

Dilemas internos y externos con el hambre como fondo

2 Mayo, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Se comprenderá fácilmente que la situación descrita por el ministro consejero británico en Madrid en el post precedente era negrísima sin exageración alguna. Tenía dos posibles consecuencias de la máxima importancia. La primera es que, a pesar de la potencia disuasiva del aparato represivo de la dictadura, se produjeran algaradas que pudieran incitar a los militares a intervenir. Naturalmente, no es algo que preocupara en las alturas del régimen, pero a ello se añadía que la situación internacional era lábil. Franco tenía que proyectar una imagen de fortaleza hacia el exterior. Hacia el interior era menos necesaria.  La represión -y el combate contra la resistencia armada, los maquis- podían tergiversarse convenientemente. Actuar con violencia contra una población hambrienta era algo más difícil. La alternativa era recortar prerrogativas a Falange. El resultado, señaló Yencken, podría ser una situación de caos interno en la cual los nazis nadarían a su gusto.

Para hacer ver en Londres lo potencialmente grave de la coyuntura el ministro consejero citó un episodio. En la guarnición de Madrid cuando un oficial dio la orden de formar después de la cena, los soldados permanecieron sentados y dijeron que no habían comido lo suficiente. Evidentemente el oficial no era aquel Franco juvenil que, se dice, pegó un tiro a un legionario porque le echó a la cara la bazofia que le habían servido. Imagino, por lo demás, que el episodio no trascendió a la superaherrojada prensa de la época, con los periodistas convertidos en títeres o actores de un teatro de guiñol. Con todo, había otra consecuencia potencial. El impacto sobre la política exterior del régimen a tenor de la línea, muy subrayada por la propaganda nazi, de que el Reino Unido, con su política de bloqueo, llevaba a los españoles a la hambruna. En el bien entendido que los alemanes les esperaban, con los brazos abiertos, para acogerlos en el territorio de leche y miel que había creado el “Nuevo Orden” en Europa. No en vano en España abundaba la equiparación entre los hermanos siameses, como parecían ser Hitler y Franco.

Lo cierto, sin embargo, es que había mucha gente que se aprovechaba a su gusto de la situación y que, en general, se situaban entre los vencedores. Historiadores y economistas españoles han calculado que más de la mitad de trigo se vendía en el mercado negro. ¡Tres hurras por la eficacia de la Administración! A veces se llegaba incluso a casi el 65 por ciento. En el caso del aceite las cantidades comercializadas “de extranjis” tenían un volumen muy próximo a las que llegaban al mercado oficial. Es obvio que, en comparación con los precios de tasa, en ese mercado inmortalizado en la peli de Pedro Olea Pim, pam, fuego, se obtenían plusvalías muy sabrosas (utilizado este adjetivo con la máxima propiedad). Como consecuencia, y en esto la historiografía pro o metafranquista se ha cuidado mucho de entrar, ¡faltaría más!, nació una “nueva” burguesía, vinculada al régimen y con las necesarias conexiones políticas con la CAT, con Falange y con el Ejército.

¿De quién se extrajo la plusvalía? Como quiera que los precios de las subsistencias fueron los que experimentaron mayores subidas en los dos mercados, el oficial y el negro, quienes fueron estrujadas hasta la médula fueron las clases populares o sea los vencidos. Si no hubiera habido complicidad desde los escalones de la dictadura “hubiese sido imposible movilizar y vender en torno a la mitad de la producción agrícola española y buena parte de la industrial de forma ilegal en el mercado”. Es lo que afirman dos estudiosos del tema como González Portilla y Garmendia Urdangarín, en un estudio que no ha tenido la difusión que merece.  Por supuesto que la depauperación, la subnutrición y las carencias de los “rojos” importaban un comino a los vencedores. ¿O acaso no era así?

La solución, en la medida en que estaba al alcance de los británicos, fue obvia: modular las medidas de guerra económica e intensificar la propaganda con el fin de responsabilizar de las carencias a los alemanes o, en ocasiones, a la mala gestión de las autoridades franquistas, según conviniera en función de la coyuntura. Al tiempo necesitaban hacer comprender a las huestes agrupadas férreamente en torno al Caudillo que no había mucho futuro en el estrechamiento de la alianza con el Tercer Reich. Era mejor, más conveniente y sobre todo más seguro para su porvenir mantener la no beligerancia. Se trataba de una tarea difícil pero no imposible en la medida en que Franco y Serrano actuasen con un mínimo de racionalidad y que los alemanes siguieran, erre que erre, por el camino del estrujamiento de la economía española. Nunca agradeció Franco, imaginamos, al tan admirado Führer lo mucho que contribuyó a salvarle.

En la información sobre las condiciones que reinaban en España terció una persona muy respetada, el profesor Walter Starkie, que asumía la función de director del Instituto Británico en Madrid y que había apoyado la autodenominada “causa nacional” durante la guerra civil. Starkie destacó la atmósfera de sufrimiento que dominaba en la capital, en gran medida ocasionada por el hambre. Una escena muy habitual era la de ver desplomarse en la calle a hombres, mujeres y niños, afirmó.  Era duro entrar en ciertos sitios donde abundaban pequeñines famélicos. Lo que había de “auxilio social” no se daba a quienes no habían sido depurados o exonerados de cualquier tipo de relación con los vencidos. Esto, no se le ocultará a los lectores, era venganza trapera en estado químicamente puro.

Las cartillas de racionamiento y sus cupones, aunque no suministraban lo suficiente para un adulto, tampoco eran garantía de conseguir algo. La picaresca entró en acción. Como señala Maluquer, a finales de 1950 (¡) el INE registró 29.480.935 cartillas individuales para una población censada de 28.086.052. ¡Había que sobrevivir! Y, naturalmente, los muertos ayudaban a los vivos.

Según Starkie las carencias se hacían sentir por doquier. Un día no se encontraba pan. En otro el aceite de oliva desaparecía. No se había visto cerveza desde julio (Starkie escribió esto en noviembre). Los garbanzos, parte integrante de la dieta española desde los fenicios, aparecían solo en pequeñísimas cantidades. La vida se movía en torno a la noria del estraperlo, como en los días del lazarillo de Tormes, Guzmán de Alfarache o la pícara Justina. Recordemos que también fue en tiempos de Imperio. Franco podía pensar que los genes de la población no lo habían olvidado.

En las alturas del poder se conocía la situación. Había gente como, por ejemplo, Carrero Blanco que, en plan de economista genial, se descolgó en junio de 1941 con un largo estudio:  Consideraciones sobre el problema de los abastecimientos. Su tesis era que la intervención administrativa debía hacerse lo más absoluta posible, tasándose todos los productos. Aspiraba, nada menos, que a introducir un elemento de planificación tipo nazi (ya que no soviético) en un país cuya Administración era un auténtico desastre.

El amistoso tono de las relaciones políticas con el Tercer Reich coloreó las económicas y comerciales, si bien el estallido de la guerra europea perfiló el fin del estado de excepción que había reinado en las relaciones comerciales desde los primeros momentos de la sublevación. Varios acuerdos en diciembre de 1939 así lo preludiaron. En sus cartas a Serrano Suñer, Franco había llamado la atención sobre la necesidad de evitar que “España tenga que sufrir ninguna hipoteca en sus territorios ni en su economía” ni “enclaves dentro de nuestro territorio”. Es más, “si a un país se le despoja de la mayoría de sus centros de producción y de sus productos se convierte de hecho en una colonia del que los posee”.

¡Mi admiración más rendida ante tal muestra de sagacidad!  Los planes alemanes, transmitidos a Serrano, parecían a Franco “obra de administradores fríos y egoístas desprovistos de todo sentido político”. Sin duda, a él no le gustaría que “sus” funcionarios fuesen así pero, desgraciadamente, para los vencidos lo eran. ¡Qué importaba! El hambre purificaba los espíritus.

[He hecho todo lo posible para que precisamente este post aparezca en la presente fecha del 2 de mayo. Por ello de la heroicidad del pueblo. Se levantó contra los franceses. Sobrevivió al hambre, aunque muchos perecieron en uno y otro caso].

Organización y hambre en 1940

25 Abril, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Las hambrunas españolas de los primeros años cuarenta se han explicado de muy diversas formas. Algunas tienen que ver con las condiciones de producción de alimentos. Otras con la carencia de inputs para la agricultura. Un tercer grupo enfatiza las difíciles circunstancias creadas por la segunda guerra mundial, que agravaron las consecuencias de la previa guerra civil. Todas tienen un granito de verdad, pero todas también dejan de lado los problemas de la distribución, de la comercialización y de la administración del racionamiento. Estas variables son de orden interno. Son las que pueden ponerse en el debe de la gestión gubernamental inspirada por el inmarcesible Caudillo que fue el victorioso general Francisco Franco. No es de extrañar que la literatura que las pone de relieve en primer lugar no haya contentado demasiado a los historiadores que han alabado, y siguen alabando, la presciencia sobrenatural de SEJE.

Quien esto escribe no es ni economista agrario ni mucho menos experto en agricultura. Es, simplemente, un ratoncillo de archivo, en busca de evidencia primaria relevante de época y que trata, bien o mal, de interpretarla como puede. En este sentido el informe global que en noviembre de 1940 envió a Londres el ministro consejero de la embajada británica, el diplomático de origen australiano Arthur Yencken, me parece un ejemplo que no conviene en modo alguno pasar por alto. Yencken llevaba en Madrid cierto tiempo. El embajador Hoare lo apreciaba sobremanera. Estaba en el núcleo duro de la operación SOBORNOS y, en varias ocasiones, sirvió como encargado de negocios en ausencia de su jefe inmediato. No era un don nadie, aunque su nombre se haya esfumado en la oscuridad del pasado (murió en un accidente de aviación en 1944, que algunos achacan erróneamente a un acto de sabotaje alemán).

Para el ministro consejero, al trasladar a Londres las impresiones de sus colegas en la Ciudad Condal, y desde la atalaya de la embajada, en donde se recibían los informes consulares sobre la situación en las diversas partes de España, todas las señales hacían prever que el invierno de 1940/41 sería muy duro y que la situación alimenticia se aproximaría a la hambruna. Las condiciones habían empeorado visiblemente en los últimos meses y en muchas provincias eran muy, muy negras. Las carencias se habían convertido para las grandes masas en un problema diario casi insoluble. Sin saberlo, el diagnóstico británico coincidía con el que por aquellas fechas también envió a Berlín el embajador nazi. Los dos enemigos mortales suministraban a sus respectivas capitales informaciones parecidas.

Yencken ofreció una explicación en cuanto a los motivos. En primer lugar, el agotamiento económico y financiero producido por la guerra y la incapacidad subsiguiente de financiar las importaciones necesarias para complementar stocks. Esto es correcto. Se le olvidaron la vocación de autarquía fascista de la dictadura y la desaforada intervención en los mecanismos de producción, distribución y consumo. Añadió la decrepitud de los transportes y, eso sí, la incompetencia de la Administración. Sobre todo ello planeaba la corrupción de la maquinaria burocrática encargada de la gestión: los “Abastos”, quizá el sector más odiado por todo el mundo. Las consignas para la prensa eran, por el contrario, llamar la atención sobre la entrega a los rusos de las unidades de la Flota por los malvados republicanos y sobre el expolio del oro, amén de los preparativos para volar las poblaciones. Unos criminales, vaya. Es un tema que ha estudiado Francisco Sevillano.

El ministro consejero se permitió contar un chiste a sus superiores. Cuando Serrano Suñer fue a Berlín, Hitler le explicó la fórmula para reducir Inglaterra por hambre. ¿Cómo?, preguntó el español. El Führer replicó: “Muy sencillo. Exportaremos a Inglaterra toda su organización de Abastos y se rendirá en una semana”.

Goebbels, probablemente, no conocería tal chiste. Sin embargo, cuando uno de sus sicarios, el jefe para España del partido nazi, Hans Thomsen, le rindió visita a principios de noviembre de 1940, el ministro de Ilustración Popular (sic) y Propaganda recogió sus impresiones

Situación simplemente increíble. Franco y Suñer a la rastra de la Iglesia. Muy impopulares. No se abordan las cuestiones sociales. Un barullo tremendo. Falange sin mucha influencia (sic). La economía hace aguas por los cuatro costados. Mucha Grandezza pero nada detrás. Alemania considerada como un país de ensueño…

Naturalmente Thomsen arrimaba el ascua a su sardina e informaría en el sentido que mejor impacto para él tuviese en Berlín pero también el embajador nazi se referiría a la dramática situación económica y social de la España “pre-imperial”.

El tema de la CAT requeriría un tratamiento más pormenorizado. Baste con indicar aquí que el plantel directivo en aquella época estaba copado por militares. Los uniformados se habían infiltrado en casi todos los escalones inferiores, de acuerdo con su graduación. Entrar en la CAT comportaba un seguro de vida y la posibilidad de hacerse con un “paquete” más o menos considerable. De aquí que hasta para llegar al “sublime” puesto de ordenanza los gobernadores civiles debían presentar a los elegidos al comisario general, con expresa relación de los méritos que poseyeran.

Por lo demás, no se ocultaba a nadie los beneficios de que el personal de la CAT disfrutaba. Como señaló en su tesina María Ángeles Arranz Bullido no necesitaba salvaconductos para viajar, recibía becas para estudios, gozaba de ventajas en los suministros de artículos intervenidos y racionados, se le concedían gratificaciones especiales “por méritos excepcionales”. Y, lo más goloso, podía hacer todos los “chanchullos” que quisieran. En cierta medida -y salvando las distancias- los alimentos eran entonces algo similar a lo que el terreno rural recalificable en urbano representó en los años del “aznarato” y después, aunque en mucho más cutre.

Además de las carencias señaladas Yencken insistió en que una de las dificultades radicaba en las disposiciones que prohibían trasladar los excedentes de una provincia a  otras sin permiso de Abastos. Este tipo de segmentaciones, que se lanzaron a todo trapo en abril de 1939, las explotó la burocracia hasta límites insospechados. Las órdenes administrativas se veían entrabadas por multitud de trampas, una de las cuales era la venta de tales permisos a precios exorbitantes a los “enchufados”.

El resultado era que los campesinos no tenían incentivos para vender sus productos mientras que los consumidores, que veían imposible abastecerse por medios legales, recurrían al mercado negro y al estraperlo. Era posible adquirir huevos, carne, leche, pollos y otros productos en los pueblecitos próximos a Madrid. Ahora bien, a precios más bajos que la mitad de los que se pedían en la capital, en el supuesto de que los productos existieran en ella. Esto no siempre era el caso. Luego se vendían en la urbe. Tales actuaciones habían llegado a adquirir proporciones muy alarmantes. Las multas se habían incrementado notablemente pero sin grandes resultados.

El mercado negro era, inevitablemente, el imán que atraía a las clases medias y pudientes capaces de pagar sobreprecios. Tenían la posibilidad de hacerlo. Desde la más temprana fecha los sublevados de 1936 habían puesto en marcha una gran contrarreforma agraria. Como ha recordado Maluquer en la posguerra se desarrolló una segunda gran transformación en la que los propietarios pasaron a explotar la tierra directamente. Dados los elevados precios en el mercado negro, y la reducción drástica de los costes laborales, la tasa de ganancia se disparó. Entre los vencedores había gente que acumuló mucho dinero. Un cínico diría que para llegar a tal situación se había hecho, en parte, la guerra.

Por el contrario, las clases más humildes tenían que sobrevivir con sus cartillas cuyos cupones solo permitían adquirir cantidades en el límite más reducido posible, próximo al que se daría en circunstancias de hambruna. En ciertos sitios los cupones para la carne solo existían en el papel.  Un trabajo de campo realizado en Huelva demostró por ejemplo las discrepancias entre lo que diariamente se percibia per capita en un mes -las cantidades que van en primer lugar- y las raciones oficiales : pan (2,75-12), patatas (5,75-7,5), vegetales secos (0,25-6,25), arroz (nada-3), azúcar (0,5-1), aceite (0,75-1,5), café (nada-0,3), bacalao (nada-2,25), carne (1,25-3,75). Raciones expresadas en onzas. (Una onza=28,35 gramos). Son datos que recogieron los británicos.

Lo que la gente comía eran garbanzos y lentejas, dieta poco reconfortante. Sin grasas ni aceite. Aparte de algunas algaradas en Cataluña en el resto del país la población malvivía hambrienta, de pésimo humor y sin fuerzas apenas para rebelarse. La tarea de contener la miseria de los pobres, sin que se traspasaran los límites de peligro, correspondía a las organizaciones de caridad. Todas las controlaba Falange que, además de extremadamente incompetente, estaba minada por la corrupción y funcionaba con inmensos sesgos ideológicos. ¡Viva la revolución nacionalsindicalista!