Negrín y Cataluña (III)

12 diciembre, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

En los dos posts anteriores he esquematizado brevemente la figura política de Negrín antes de la sublevación militar en julio de 1936 (sobre la que unos colegas y servidor diremos algo nuevo en un próximo libro ya en prensa) y su talante como ministro de Hacienda en el Gobierno de Largo Caballero. Ambos posts podrían haberse ampliado considerablemente (el tema, por ejemplo, del “oro de Moscú” que todavía agitan algunos en la más pura tradición franquista por el mundo cibernético da para mucho) pero no constituyen el meollo de esta pequeña serie. En el presente post abordaré muy esquemáticamente (con mis excusas a los expertos) los rasgos fundamentales que me parecen esenciales para entrar en materia y que delimitaron las pautas del comportamiento del profesor Juan Negrín.

El desplome del aparato estatal en la zona leal al Gobierno y los rápidos avances territoriales de los sublevados crearon una dificilísima situación para la conducción de la guerra. Es un tema bien conocido. No en vano operó como un toque de alarma el que toda la franja norte, de Vizcaya hasta las fronteras con Galicia, estuviera aislada del grueso de la zona republicana en el momento en que Largo Caballero asumió la presidencia del Consejo. Un mes más tarde, los rebeldes, alcanzada la unidad de mando el 1º de octubre (sobre la cual se ha escrito mucho, pero sin pesar sistemáticamente todos los factores en juego en la larga historiografía pro-franquista) estaban a las puertas de Madrid.

En tales circunstancias no sorprende lo más mínimo que la racionalidad económica que abanderaba Negrín chocase con frecuencia con la situación política. El lugar en donde, potencialmente, se jugaba a medio plazo el destino de la República era Cataluña. Lo avalaban tres factores: estaba, afortunadamente, en la retaguardia; tenía la condición de ser el único territorio fronterizo con pasos francos hacia el país vecino y disponía de una, para la época, importante capacidad industrial. Por el contrario, la aportación del Norte podía, prácticamente, descontarse. Los envíos habían de realizarse o bien por tierra a través de Francia o por vía marítima. Las circunstancias no eran demasiado propicias en ninguno de ambos casos.

Ahora bien, no extrañará lo más mínimo que la Generalitat se colapsara al igual que el aparato del Gobierno central, durante los cruciales meses iniciales. La autoridad se vio inerme en un contexto en el que el poder efectivo florecía de las bocas de los mosquetones. Apareció un fenómeno revolucionario que continúa inspirando a todo antisistema de pro, en España y fuera de España (¿hemos de recordar al Enzensberger del corto verano de la anarquía?). Como en la región Centro llevó cierto tiempo restablecer un semblante de autoridad capaz de asumir las responsabilidades no tanto para luchar en el frente (las milicias nunca consiguieron penetrar demasiado en Aragón) sino para abordar una tarea menos exaltante: la de proporcionar recursos y elementos que permitieran potenciar la capacidad de combate allí donde efectivamente se combatía.

Los principales desafíos se advirtieron pronto. Son sobradamente conocidos y han sido estudiados ad nauseam. Había que construir (y no solo reconvertir) una administración para la guerra. En segundo lugar, era preciso reestructurar radicalmente el aparato productivo, sobre todo el industrial, y reorientarlo hacia el esfuerzo bélico. En tercer lugar, era imprescindible disciplinar las corrientes comerciales con el exterior con el fin de canalizar sus aportaciones hacia el sector militar de la economía.

Este triple desafío se vio cortocircuitado. Las variopintas fuerzas políticas y sindicales divisaron en la nueva situación la posibilidad no solo de hacer la revolución que, según Orwell, tanto le impresionó sino de sobrepasar las competencias estatutarias. El Gobierno central no estaba en condiciones de imponerse (que no tardó demasiado en evacuar Madrid, por si las moscas). La situación en Cataluña, y en particular sus implicaciones “antisistémicas”, reforzaron los prejuicios de los diplomáticos británicos in situ, liderados por un exaltado cónsul general cuyos despachos causaron un daño a la República imposible de reparar. La exultante “revolución” se convirtió en susto y rabia hoy inimaginables para el Gobierno de Londres.

Al cabo de dos meses se suprimió el Comité Central de Milicias Antifascistas y apareció un remedo de gobierno con la constitución de un nuevo Consejo de la Generalitat y la creación de un Consejo de Economía. Con la industria desorganizada y atenazada por las incautaciones y las colectivizaciones, con los propietarios y cuadros técnicos amedrentados y, en ocasiones, en fuga o liquidados pura y simplemente era difícil que la mejora se tradujese rápidamente en contribuciones al combate.

Los historiadores y economistas catalanes, sin ocultar las dificultades, presentan por lo general un panorama relativamente positivo de estas contribuciones.  Yo confieso estar influido por los análisis e informaciones del consejero comercial y económico soviético Artur Stajewski, cuyos telegramas y despachos consulté hace muchos años en Moscú.

Se trata de un personaje injustamente olvidado. Cuando se le menciona, suele caracterizársele como el negro inspirador de Negrín. No fue así. Para los últimos meses de 1936 y principios de 1937 lo que aparece en sus despachos es una realidad caótica, a una distancia sideral con las disposiciones legales, una inagotable y extenuante confrontación política y sindical y, no en último término, débiles niveles de producción. El deseo de realizar operaciones económicas con países extranjeros, la apropiación de una buena parte de lo producido y una gran desconfianza -cuando no clara hostilidad- hacia el gobierno de Valencia fueron rasgos permanentes.

Un episodio revelado y mal interpretado por un par de guerreros de la guerra fría (Ronald Radosh y Mary Habeck) es ilustrativo. En diciembre de 1936 el conseller de Economía, el cenetista Joan P. Fábregas, quiso importar carbón desde el Reino Unido. Como no había divisas para pagarlo, pensó en obtener una garantía soviética. La compensaría, afirmó, con la fabricación de locomotoras y motores diésel. Los soviéticos replicaron que lo que tenía que hacer era solicitar al Ministerio de Hacienda la autorización para obtener las divisas. Sin necesidad de subrayar la estupidez de la propuesta lo cierto es que llovía sobre mojado.

Mencionaré otro episodio. A finales de octubre o principios de noviembre de 1936 la Generalitat quiso comprar a la URSS materias primas tales como cobre, manganeso, níquel, wolframio, cinc, antimonio, cianuro de potasio y sosa. No sé si había consultado con los ministros competentes (Negrín, de Gracia o López), pero sí que nada menos que el Politburó decidió rechazar la propuesta. Autorizó en cambio la exportación de los productos designados por el Gobierno de Valencia y cuya financiación correría a cargo de los rusos.

Un tercer ejemplo. Los ministros Joan García Oliver y Federica Montseny y el secretario general de la CNT Mariano R. Vázquez se entrevistaron con Stajewski. Este les preguntó sobre lo que pensaban hacer en cuanto a producción industrial para la guerra, ya que no existían planes coordinados. La respuesta fue que estaban a favor de ellos siempre y cuando un cierto porcentaje de la producción se quedara en Barcelona. Añadiré que lo que subyacía era la idea de que hiciera o no hiciese falta.

¿Resultados? No se aprovechaba suficientemente el potencial catalán ni para el combate ni para cubrir las necesidades de la población. Este fue un veredicto que Prieto y Negrín compartieron con Stajewski. Viajaron a Barcelona con el fin de organizar una comisión paritaria que analizase lo que había ocurrido desde julio. Poco a poco fueron acercándose posiciones. Es un tema interesante, pero en el que no es posible entrar aquí. También se lograron avances en coordinación de la política de divisas, siempre con grandes dificultades. Negrín accedió a suministrar ciertos montantes a la Generalitat o a reembolsar pagos por importaciones.

Los desencuentros más acusados se presentaron en el terreno de la coordinación de la producción de material de guerra. Fugazmente aparecieron tendencias en favor de la creación de un ejército catalán, quizá en remedo del autoproclamado “Ejército de Euzkadi”. Ahora bien, lo que pudo hacerse, más o menos figurativamente, en una región aislada de los teatros de operaciones como era el norte, hubiese debilitado considerablemente la capacidad política del Gobierno central de haberse llevado a cabo en Cataluña.

En la documentación sobre estas y otras querellas destaca la relativa a una reunión de consellers con Negrín y Prieto. Entre los primeros figuraban Tarradellas, Abad de Santillán y Comorera.  La actitud del cónsul soviético, Vladimir Antonov-Ovseenko, enfureció a Negrín quien le acusó de ser “más catalán que los catalanes”. La áspera réplica fue que él era “un revolucionario, no un burócrata”. Negrín amenazó entonces con dimitir y añadió, medio en broma, que el Gobierno podía luchar también contra los vascos y los catalanes, pero no contra la URSS.

Este episodio fue muy trascendente. El Politburó moscovita reprobó oficialmente y con toda dureza al cónsul, algo bastante notable y, por lo que sé, poco frecuente. En aquella época una censura a tan alto nivel podía preludiar las más serias consecuencias. Por su parte, Negrín logró asegurarse el control, gracias a los Carabineros, de la frontera franco-catalana.

Como si danzasen en la cubierta del Titanic, la demediada Generalitat y el angustiado Gobierno de Valencia se vieron afectados por los denominados hechos de mayo. Vista la impotencia de la primera en ahogar la mini-sublevación anarquista/poumista el segundo rescató las responsabilidades en materia de orden público y apagó sin la menor vacilación unos encontronazos mitificados hasta hoy en la literatura.

(Continuará)

Negrín y Cataluña (II)

5 diciembre, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

A Negrín la sublevación de los militares le sorprendió tanto como a la inmensa mayoría de los políticos republicanos. No se ha encontrado constancia alguna de que tuviese ninguna premonición especial. Es cierto que en las alturas del Gobierno algunos ministros no las tenían todas consigo y que, por ejemplo, en el PSOE Indalecio Prieto, entre otros, había dado un toque de alarma de vez en cuando. Incluso, con presciencia, había llamado la atención sobre la esfinge en que parecía haberse convertido el general Francisco Franco. En cualquier caso, la sublevación estalló. En mes y medio había ganado tanto terreno y atraído, de grado o por fuerza, a tantos españoles de a pie que el débil Gobierno Giral que había hecho frente a la misma no era sostenible.

En septiembre el presidente de la República, Manuel Azaña, se rindió a la evidencia de que era imprescindible incorporar al Gobierno el más amplio haz de fuerzas políticas.  El nuevo presidente del Consejo, Francisco Largo Caballero, líder del PSOE, formó un gabinete en el que estaban representados casi todos los sectores leales a la República, incluyendo los comunistas. Los anarcosindicalistas declinaron participar. Los catalanes, por la vía de ERC, participaron a través de José Tomás Piera al que se le atribuyó la cartera de Trabajo, Sanidad y Previsión Social.  En esta dinámica, Largo Caballero -que mantuvo a Giral como ministro sin cartera- no pudo prescindir de su principal contrincante en el seno del PSOE, Indalecio Prieto, quien asumió las responsabilidades de Marina que se ampliaron también a Aire.

Con Prieto entró Negrín. Su competencia en temas económicos y hacendísticos y sus contactos exteriores fueron, sin duda, factores adicionales que indujeron su nombramiento como ministro de Hacienda. No fueron los únicos. Negrín había mostrado su lealtad al PSOE y a sus dirigentes tras la malhadada “revolución de octubre”. Es cierto que también había destacado como integrante de la corriente prietista, pero no había cortado lazos con los caballeristas.

La cartera de Hacienda no era, todo hay que decirlo, ninguna sinecura. Las hostilidades habían descoyuntado en mes y medio el aparato productivo y la dotación de recursos económicos españoles. Ambos quedaron divididos por nuevas fronteras impuestas por las armas. En estas condiciones de inmensa dislocación, pasar de una economía de paz a otra de guerra era un desafío sin precedentes en la historia española y para el cual los maltrechos cuadros administrativos estaban muy mal pertrechados.

Negrín contaba, eso sí, con armas poderosas. También las había tenido su predecesor, el profesor Enrique Ramos, de Izquierda Republicana. Las había utilizado tímidamente. En la panoplia figuraba en primer lugar el control del Banco de España, entonces una sociedad anónima privada, pero con una especial relación con el Estado que le había otorgado el derecho de emisión de billetes en exclusiva. No era una figura jurídica exclusiva. La misma se daba en otros países. En segundo término, el Gobierno a través del Ministerio de Hacienda tenía acceso a las reservas metálicas de la entidad. Por último, por mediación del Centro Oficial de Contratación de Moneda dicho Ministerio ejercía la supervisión y el control de las relaciones financieras con el exterior. Los mecanismos habían funcionado con corrección en los años anteriores y su manejo se hacía, afortunadamente, en Madrid. Tampoco en ello España difería en lo sustancial de otros países que practicaban igualmente tal tipo de políticas en las condiciones de depresión internacional de los años treinta.

El nuevo ministro se empleó a fondo en la utilización de las tres armas e imprimió en su manejo una dinámica acorde con la marcha de la guerra. No tenía, en cambio, competencias en materia de comercio exterior. La cartera de Industria y Comercio fue a parar a otro socialista, Anastasio de Gracia. Cuando Largo Caballero remodeló el gobierno, el 4 de noviembre, para dar entrada a los anarquistas, los temas comerciales pasaron a Juan López Sánchez.  Dos catalanes, Joan García Oliver y Federica Montseny, también cenetistas, asumieron Justicia y Sanidad.   De Gracia se hizo cargo de Trabajo y Previsión Social y ERC quedó representada por Jaume Ayguadé i Miró, sin cartera.

La estrategia que Negrín rápidamente puso en práctica puede resumirse con brevedad como sigue:

  1. Fortalecimiento del aparato funcionarial que de él dependía.
  2. Recuperación del control sobre la regulación de las actividades económicas y financieras.
  3. Atención a las necesidades que en ambos planos imponía la contienda.

Como científico metódico y sistemático, el lema de Negrín estribó siempre, desde el primer momento, en asignar a la guerra como prioridad absoluta los recursos escasos. Si la guerra se perdía, adiós a la República y a sus sueños. Esta fue una constante en el pensamiento de Negrín, desde el principio hasta el amargo final.

De este postulado (evidente para la nueva fuerza política de masas en que se convirtieron los comunistas, como ha analizado Fernando Hernández Sánchez) se derivaba automáticamente la imprescindibilidad del fortalecimiento de la autoridad del Estado. Esto era algo a lo que numerosos representantes de partidos y sindicatos rendían pleitesía retóricamente. La vida diaria de Negrín, sin embargo, estuvo confrontada con la necesidad de hacer frente a un inmenso caos, al taifismo y a la disgregación en la toma de decisiones.

Era intolerable, por ejemplo, que la gestión de la frontera franco-catalana permaneciese en manos anarquistas. Los vitales contactos por tierra con el exterior se veían sometidos a las veleidades de jefes e incluso jefecillos locales de la CNT/FAI. De aquí el fortalecimiento de los Carabineros como cuerpo de élite, que terminaron provistos de las mejores armas ligeras que Negrín pudo adquirir en Francia gracias a los buenos oficios de su colega francés de Hacienda Vincent Auriol.

También era injustificable que el Gobierno, ya fuese en Madrid o luego en Valencia, no pudiese reforzar los controles de exportación de divisas o que no centralizara los activos en moneda extranjera. Si en los años de paz la República había dispuesto de un aparato normativo sumamente restrictivo, ¿cómo permitir que se fuese al garete en una situación de guerra abierta? El raudal de decretos y órdenes ministeriales que vertió sobre la Gaceta ha de verse en esta perspectiva. Algunos consiguieron ser efectivos. Otros no.

¿Qué hacer con los recursos fungibles propiedad de quienes se habían levantado en armas? ¿Iban a mantenerse muertos, ocultos en los bancos, sin prestar su contribución a la defensa del régimen? De aquí la creación de la Caja de Reparaciones que estudió en su momento Glicerio Sánchez Recio.

En alguno de mis libros he abordado las nuevas medidas que adoptó el ministro de Hacienda. También he cuantificado varios de sus resultados. Las más importantes y discutidas estribaron en poner a salvo las reservas metálicas trasladándolas a los polvorines de La Algameca, radicados en Cartagena, intensificar los envíos a Francia que ya había iniciado Ramos y, sobre todo, enviar casi las tres cuartas partes del total a Moscú, previa discusión y autorización del Gobierno. Algo que la historiografía antinegrinista nunca reconoció. Y, si se me apura, sigue sin reconocer.

Lo que Negrín hizo fueron ejemplos de un tipo de racionalidad económica como la que demostraron los británicos al encarar la guerra europea cuatro años más tarde y que llevaron al límite en un ejercicio sin precedentes en el Reino Unido de subordinación de la economía a las necesidades de la contienda. En qué medida el nuevo ministro estuvo influido por sus experiencias en Alemania al comienzo del primer conflicto mundial no está documentado, pero hubo de tener algún impacto. Negrín y su familia no abandonaron dicho país hasta octubre de 1915, cuando el bloqueo aliado ya mordía duramente entre la población.

Ciertamente Negrín se vio apoyado en su tarea inicial por varios altos funcionarios con experiencia en lo que se refería a la regulación de las relaciones económicas y financieras con el exterior. Pero también había sido el caso de su antecesor y que se había mostrado mucho menos enérgico y orientado en su corta etapa de gestión.

Mientras tanto, y no se subrayará lo suficiente, el desplome del aparato estatal y los rápidos avances territoriales de los sublevados habían creado una dificilísima situación para la conducción de la guerra. Toda la franja norte, de Vizcaya hasta las fronteras con Galicia, había quedado aislada en el momento en que Largo Caballero asumió la presidencia del Consejo. Un mes más tarde, los rebeldes, alcanzada rápidamente la unidad de mando, estaban casi a las puertas de Madrid. Llegaba el momento de decisiones fundamentales, muy estudiadas en el plano militar. Hubo otros.

 

(Continuará).

Negrín y Cataluña (I)

28 noviembre, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

En la Biblioteca Central de la Universidad de Valencia se ha estado exhibiendo una exposición sobre la biblioteca particular que Juan Negrín conservó en París, ciudad en la que vivió de 1946 a 1956 tras su regreso de Londres. La selección de los libros que integran la exposición ha corrido a cargo del profesor Salvador Albiñana, que ha procurado representar en ella los múltiples intereses intelectuales del polifacético hombre de Estado. No es este el momento de abordar los significados de los libros representados, entre los que abundan varios de los publicados por la famosa Editorial España que Negrín fundó junto con Luis Araquistaín y Julio Álvarez del Vayo a finales de los años veinte. Sí quiero señalar que, para celebrar el cierre de la exposición, la Universidad de Valencia me  había invitado el pasado mes de mayo a dar una conferencia conmemorativa. Cumplí el encargo y elegí como tema de la misma la relación que Negrín tuvo con Cataluña durante la guerra civil. La conferencia se publicará, espero, en la red de la Universidad. Sin embargo, teniendo en cuenta que el contenido podría interesar tal vez a los amables lectores que me hacen el honor de seguir este blog, y el hecho de que el tema catalán haya ocupado un lugar central en la política y discusiones del presente, voy a tratar de ampliarla, siquiera sea un pelín, en este y en los próximos posts. Innecesario es señalar que tanto una como otros se aferran a la máxima que aspiro a poner en términos operativos de que la historia no se escribe con mitos. Ni para la derecha, ni para la izquierda. Todavía no he podido, ni querido, apearme del burro de que los valores de la Ilustración siguen teniendo vigencia, incluso en estos tiempos de mentiras, fake news y populismos baratos. En el presente post recordaré algunos rasgos de Juan Negrín que me parecen imprescindibles para comprender los siguientes.

El catedrático de Fisiología de la Universidad Central profesor Juan Negrín López empezó a entrar en la historia política de España con su afiliación al PSOE en abril de 1929. Confirmó su entrada, con letras algo mayores, cuando fue elegido diputado a las Cortes constituyentes por la circunscripción de Las Palmas en junio de 1931. Dio un salto cualitativo en 1936 al asumir en la guerra civil la cartera de Hacienda. Llegó a su cota más alta al convertirse en mayo de 1937 en presidente del Consejo de Ministros. Encarnó la legalidad republicana en el exilio hasta 1945, cuando una conspiración de corte palaciego le precipitó en el abismo. En 1946 fue expulsado del PSOE, con tres docenas de sus compañeros, en circunstancias poco claras. Murió en París, en el exilio, en 1956. En la casa en que habitó el Ayuntamiento parisino colocó una placa conmemorativa que refleja este hecho. El 4 de febrero de 2008 me correspondió el honor de presenciar el acto en compañía de su nieta Carmen Negrín, del embajador de España Francisco Villar, del presidente de la Fundación Juan Negrín de Las Palmas, José A. Medina y de Gabriel Jackson, entre muchos otros.

No ha habido político alguno en el siglo XX más denostado y vilipendiado que Negrín. Lo fue por compañeros de su propio partido. Lo fue por representantes de un amplio abanico de fuerzas políticas que abarcan desde franquistas y neofranquistas a anarcosindicalistas, desde ciertos sectores comunistas a los trotskistas o semitrotskistas. Desde liberales de pro a gentes e intelectuales sin partido. Es más, lo fue durante muchos, muchos años. Sin embargo, y tras un largo silencio, en julio de 2008, en el 37 Congreso Federal del PSOE, fue rehabilitado con todos los honores y readmitido a la militancia a título póstumo junto con los compañeros que con él fueron expulsados. Carmen Negrín recogió el carnet que así lo atestiguaba.

Los archivos que su nieta donó en parte, digitalizados, al Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca y en su totalidad, digitalizados y en papel a la Fundación que lleva el nombre del político canario a Las Palmas de Gran Canaria, constituyen una fuente inagotable de información. Está por ver si la familia de su gran contrincante, el general Francisco Franco, hace lo propio con los papeles que, al parecer, nunca llegaron a la FNFF. Por lo demás no deja de tener bemoles que los papeles de Stalin sean hoy consultables en Moscú, incluso en lo que se refiere a los aspectos más sórdidos de su dictadura y no los de su homólogo español. Paradojas…

Toda una pléyade de historiadores, españoles y extranjeros (empezando por Juan Marichal, Manuel Tuñón de Lara, Ricardo Miralles, Enrique Moradiellos, Josep Puigsech, Herbert R. Southworth, Paul Preston, Helen Graham, Gabriel Jackson y un largo etcétera entre quienes también figura servidor) han defendido a Negrín. Todos se han batido a lo largo del tiempo contra una tradición que encabezaron las grandes luminarias de la historiografía franquista desde sus comienzos y que en el extranjero abanderó Burnett Bolloten, tras abandonar sus veleidades procomunistas. En esta línea le han seguido con denuedo Stanley G. Payne y numerosos historiadores de lengua inglesa, francesa y alemana. No puedo dejar de mencionar al gran prohombre, mitógrafo y encendido valedor de SEJE que fue Ricardo de la Cierva, de quien algo diremos en un próximo libro que he escrito con varios colegas.

La historiografía basada en fuentes primarias ha dado un mentís a los detractores de Negrín. Como ya señaló el New York Times en un artículo necrológico, el catedrático de Fisiología y expresidente del Consejo de Ministros nunca tuvo nada que temer de la historia.

En esta serie de posts me centraré solo en un aspecto de su compleja personalidad: los rasgos esenciales de su relación con Cataluña durante la guerra civil. En ella manifestó un patriotismo sin mácula y una voluntad de resistencia que no tuvieron sus críticos.

Es más que verosímil que este patriotismo fuese debido a la conjunción de dos factores ambientales: el primero su condición de canario alejado de la Península en su niñez, juventud y adolescencia; el segundo, su larga estancia en el extranjero, en la Alemania guillermina, a la que llegó para estudiar medicina cuando era un chavalito de 14 años. Fue en Alemania donde se doctoró en Medicina, se casó con una joven de origen ruso y empezó su vida profesional, empezando como tantos otros -incluso servidor- a trabajar como ayudante en la Universidad.

En resumidas cuentas: la formación académica, profesional y humana de Negrín tuvo lugar en el extranjero. Polifacético, políglota y científico, es un caso absolutamente único, por lo que sé, entre los presidentes del Gobierno españoles. Tampoco, todo hay que decirlo, eran frecuentes tales características entre sus colegas extranjeros de la época. Para introducir el tema de esta serie me parece imprescindible hacer una breve presentación de los comienzos de su carrera política.

En la primera legislatura republicana, de 1931 a 1933, Negrín no tuvo ningún cargo parlamentario de relieve. Fue elegido como uno de los cinco miembros de la comisión directiva del grupo socialista. Representó al PSOE en las comisiones de Estado, Hacienda y Presupuestos.

Su adscripción a tales comisiones se explica fácilmente. Hablaba idiomas, varios y bien. Su fuerte eran el alemán y el francés, pero también se manejaba en inglés, en italiano y en ruso. Más tarde aprendió, mejor o peor, otros. Su curiosidad lingüística fue insaciable. Parece obvio que en las circunstancias de los años treinta en España, esto era algo más que notable. Que formara parte de la comisión de lo que en la actualidad se denomina de Asuntos Exteriores resultaba lógico. También había estudiado Economía, sin llegar a graduarse. Esto no era tan raro como pudo parecer durante muchos años en España. La universidad alemana de la época se guiaba por los principios que había enunciado Humboldt. Los estudiantes gozaban de plena libertad para configurar su plan de estudio aunque es verosímil que el de Medicina se atuviera a un patrón preciso. Dado el carácter de las enseñanzas de Economía en la Alemania de su época, Negrín tuvo que sumergirse por fuerza en la historia económica, la hacienda pública y la sociología. Siempre con un sesgo historicista, que era absolutamente dominante. Su incorporación a la comisión de Hacienda también era lógico. Y, naturalmente, en un partido como el socialista de aquella época en el cual sus exponentes más notorios eran juristas, un diputado como él podía desempeñar también un papel importante en la comisión de Presupuestos. En esta, aparte de los temas propios, se veían otros como los de la sanidad y educación para los cuales el flamante diputado canario estaba más que cualificado.  No participó en la limitada Comisión Mixta del Estatuto de Cataluña ni en la de Traspasos de competencias a la Generalitat, pero sí cabe suponer que un diputado disciplinado, trabajador, sistemático y con gran capacidad de análisis tomaría plena conciencia de los desiderata catalanes y, en general, de la problemática de la inserción de la Generalitat y sus futuras competencias en el marco jurídico y político general de España.

Negrín logró labrarse en las Cortes republicanas una buena reputación en los ámbitos de su competencia profesional. Viajó por diversos países, participó en reuniones internacionales y estableció contactos con políticos y correligionarios extranjeros. En particular, con los franceses. Su amistad con figuras relevantes de entre los socialistas del país vecino, sobre todo con Vincent Auriol y Jules Moch, data de aquellos años. Tuvo consecuencias para su gestión política ulterior e incluso para la evolución de la española en los años sucesivos.

 (Continuará)

La “realidad” política de la oposición en España durante el franquismo según algunas de sus fuentes más entrañables

21 noviembre, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Hace ya tiempo que debería haber escrito este post. Se lo debo a un amigo, compañero y colega de tribulaciones. Lo he ido dejando seducido por varias series que exigían tratamientos un tanto alargados. Ahora, que ya he terminado la serie sobre Companys, y antes de empezar otra, todavía no prefigurada, cumplo con aquella obligación. Aseguro a mis amables lectores que “disfrutarán”, caso de seguir mis recomendaciones. 

Juan José del Águila es un investigador dedicado a ir sacando evidencia que ponga de manifiesto la realidad policial de la España de Franco. Lo conocí gracias a un libro suyo sobre el famoso Tribunal de Orden Público que me produjo un gran impacto. Jurista de formación, defensor de acusados ante el mismo, magistrado jubilado, en vez de dedicarse a jugar al golf o pasear a los nietos hace, en su especialidad, lo que quien esto escribe hace en la suya: escribir y dar a la luz trabajos rígidamente basados en EPRE, es decir, en evidencia documental relevante de época. No puedo por menos de confesar que muchas de sus investigaciones han alumbrado mis trabajos. Siempre que ha sido necesario, me he basado en ellos aprovechando el principio de las ventajas comparativas. ¿Para qué hacer lo que otro ya hace bien?

En el estudio de la represión franquista, Juanjo del Águila me lleva una distancia sideral. Es jurista, yo no. Ha actuado como defensor de acusados y condenados políticos. A mi no se me hubiese podido ocurrir. Nos une, sin embargo, un compromiso común: no hay que olvidar el pasado, hay que trabajarlo, es preciso poner al descubierto sus aristas más bravas. Ambos coincidimos en un cierto perfeccionismo. Su libro sobre el TOP adolecía de una carencia que le pareció intolerable. No se había basado sobre todas las sentencias emitidas por dicho organismo. Ha seguido, pues, en la brecha hasta que ha colmado dicha laguna. Mi próximo libro, escrito con tres colegas y que ya voy anunciando, también responde al mismo propósito: si hay agujeros en la argumentación, es necesario cerrarlos tan pronto como sea posible.

En sus pesquisas Juanjo dio con la colección casi completa de Boletines de Información de la Brigada Político-Social franquista y los de su antecesora. ¿Qué creen los amables lectores que se le ocurrió? Pues ni más ni menos que ponerlos a disposición de todos los interesados en su blog. Ahí, al alcance de cualquier click de ratón, se encuentran algunos de los documentos más dramáticos y más secretos del mundo policial franquista.

Compárese esta forma de proceder con la de nuestro bienaventurado Ministerio del Interior al preparar una historia del mismo, encargada a dos funcionarios y de la que ya me he hecho eco en este mismo blog. En tal historia -ciertamente desde los orígenes de la institución- apenas si se menciona la BPS.

Si algún día los archivos de Interior fuesen accesibles en su totalidad, como suele ocurrir en los países de nuestro entorno, con las limitaciones fijadas por disposiciones en general claras, sería posible reconstruir las actividades de dicha brigada. Mientras ello ocurre, la mejor forma de acercarse a su mundo ideológico y su percepción de las “fuerzas oscuras” que pretendían subvertir un régimen supuestamente católico, social, regeneracionista (Stanley G. Payne dixit) y de derecho estriba en acudir a los boletines de información de la misma.

El lector puede encontrarlos en el blog Justicia y dictadura de Juan José del Águila:

https://justiciaydictadura.wordpress.com/2017/04/18/relacion-provisional-de-los-boletines-informativos-de-la-brigada-politico-social-bps-que-actualmente-estan-en-el-archivo-privado-de-juan-jose-del-aguila/

Son de fácil consulta. También verán los lectores que el eximio “historiador” de las izquierdas españolas, el comisario Eduardo Comín Colomer, algunas de cuyas obras son textos absolutamente impagables, fue responsable de los boletines previos, denominados algo más que candorosamente de “Información Antimarxista”. Curiosamente, los primeros datan de 1938. Dado que fue en este año cuando la flamante policía política del “nuevo Estado” empezó a recibir colaboración técnica de expertos tan destacados y entregados como los de la Gestapo y de las SS es verosímil -aunque no está del todo probado- que el input nacionalsocialista tuviera algo que ver con la introducción de tan moderna práctica.

Tampoco conviene olvidar que tras el fallecimiento del ministro responsable de inicial tal colaboración, el nunca olvidado general Severiano Martínez Anido, de amarga memoria, quien le sucedió en el cargo, amalgamado ya con el de ministro de Gobernación, fue el cuñado de SEJE, don Ramón Serrano Suñer. Que yo sepa, jamás dedicó un artículo, y ni siquiera una línea, a lo mucho que se aprovechó de tales responsabilidades. Caso único en la historia: un ministro al frente de un Ministerio encargado de la represión que no dice una palabrita de lo mucho que, sin duda, aprendería y que indudablemente no figuraba en el temario de las oposiciones que hizo al Cuerpo de Abogados del Estado.

Juan José del Águila se lo ha puesto fácil a los lectores. Los boletines, en torno a una cincuentena, están reproducidos íntegramente y en el blog puede consultarse tanto su título como su contenido. Hay auténticas joyas.

Por lo demás, el blog cuenta con una completa biografía de su autor, desde sus más tiernos pasos por este valle de lágrimas, sin descuidar los lagrimones vertidos en la lucha antifranquista (lo que le valió un expediente que le obligó a cambiar de Universidad). También tuvo que enfrentarse a las delicias de un Consejo de Guerra y no dejó de probar la bondad de las prisiones de Franco.

Se trata, pues, de alguien que escribe con conocimiento de causa, que mezcla “práctica” con teoría y que ha escrito sucintas biografías de algunos de los represores más odiosos de la dictadura, como el inmarcesible coronel Eymar, de supertrístisima fama y que aparece en uno de los relatos de Alberto Méndez en Los girasoles ciegos. Conviene comparar la imagen que en dicho relato aparece con la de Eymar que ha trabajado Juanjo del Àguila.

Mi consejo: no dejen de echar un vistazo al blog y si se interesan por la clandestinidad durante el franquismo, vista con los fríos ojos de la policía política, descarguen los boletines. Con su publicación on line Juanjo del Àguila ha prestado un gran servicio a los estudiosos, que merece ser ampliamente conocido y reconocido.

Una forma de contextualizar el “Documento Companys”

14 noviembre, 2017 at 11:14 am

Ángel Viñas

El peso histórico de un solo documento, como el expuesto en los tres posts precedentes, no puede limitarse a un análisis crítico interno. Es preciso contextualizarlo. Esta es una labor tediosa que requiere ciertas habilidades por parte de quien lo haga. Puede tenerlas en el grado requerido o no. Cuando di clases en un master de Historia Contemporánea (guerra civil, franquismo) en la UCM hace varios años, una de las posibilidades que ofrecí a la hora de preparar el trabajo de fin de curso estribaba en hacer una crítica de ciertos documentos. Todavía recuerdo uno que me impresionó poderosamente hace casi cuarenta años cuando lo descubrí: una carta del ministro subsecretario de la Presidencia almirante Luis Carrero Blanco a su compañero el ministro de Asuntos Exteriores Fernando María Castiella sobre la relación con Estados Unidos. Databa, creo, de 1961 y me pareció absolutamente fundamental para abordar la comprensión que la dictadura tenía de sí misma y de su relación con la escena internacional. Los resultados de la contextualización que realizaron algunos asistentes difirieron entre sí. Lo normal. Con ello mostraron su capacidad relativa de quizá llegar a ser historiadores excelentes, buenos o simplemente normalitos.

 

Utilizaré el “documento Companys” para señalar cómo yo procedería si tuviese que escribir un artículo académico sobre el Consejo de Guerra y el fusilamiento del expresidente de la Generalitat. Advierto que no soy un experto en el tema y que no he leído demasiado sobre el caso. También que, obviamente, no tengo la menor intención de escribirlo.

Lo primero que haría sería tratar de encontrar la evidencia primaria de época conexa. Es decir, la documentación relacionada con el consejo de guerra que pueda encontrarse en los archivos relevantes. Estos no son numerosos. Lo normal es que se encuentren en Barcelona y en Madrid (o tal vez solo en Madrid, dada la significación de Companys).

Simultáneamente, porque el buscarla y encontrarla -si existe- puede llegar algún tiempo, examinaría la evidencia externa, es decir, la utilizada de cara al exterior de los círculos militares, a saber, noticias de prensa y eventuales declaraciones. Lo haría para fijar hechos en primer lugar y para no olvidar, en segundo término, las interpretaciones dadas en la época.

Una vez acumulado un cierto volumen de información que considerase suficiente lo ordenaría cronológica y temáticamente y ME PONDRÍA A ESCRIBIR. Es decir, haría un primer borrador basado en las fuentes localizadas hasta ese momento. No me preocuparía de las lagunas que subsistieran. Trataría de identificar el hilo conductor de los hechos y, por ende, del relato que tuviera en cuenta todos ellos.

En él las lagunas serían perceptibles. Probablemente existirían incongruencias, inconsistencias y saltos no explicados. Entonces, Y SOLO ENTONCES, sería el momento de comparar mi pre-relato con el existente en la bibliografía. Se presentarían discordancias, positivas y negativas. Positivas porque, si el documento no era conocido, nadie que hubiese escrito sobre el caso lo habría tenido en cuenta. Algo de cajón. Negativas porque en la literatura se habrían explorado datos conexos. La bibliografía existente colmaría verosímilmente muchas lagunas, pero no siempre en el sentido que se desprendiera del pre-relato.

Acomodar este pre-relato con los conocimientos disponibles en la literatura es una labor a la que no cabe renunciar. Forma parte integrante del proceso de contextualización de un determinado documento. Permite corroborar, o no, lo escrito por otros autores y al investigador apoyarlos o no.

Todo lo que antecede es fácilmente comprensible pero no agota las posibilidades que se abren al historiador. Es preciso definir los límites de la contextualización. Pueden ser más amplios o más estrechos. Los objetivos y criterios del investigador se revelan en tal delimitación. Conviene que los haga explícitos. En el caso que nos ocupa se me ocurren varios: ¿aclarar el “caso Companys” por sí mismo?, ¿hacer de él una ilustración, un ejemplo, de los procedimientos judiciales de la dictadura en 1940?, ¿o se quiere más bien demostrar la aplicación torticera de las bases “legales” de que se sirvieron los vencedores durante la guerra civil y después? Cabe abrir las puertas a comparaciones. ¿Hubo otros casos más o menos similares al de Companys?. ¿Qué similitudes y diferencias pueden apreciarse?

Tampoco cabe dejar de lado el “aprovechamiento” que la dictadura hizo del juicio y condena a muerte del expresidente de la Generalitat. ¿Qué fines se persiguieron? ¿Cuáles fueron las reacciones que suscitó? ¿Qué lecciones extrajo la historiografía subsiguiente? ¿Por qué se mitifió el caso Companys y no otros similares?

En este sentido, una comparación ineludible es el fusilamiento de varios destacados socialistas que comparten con Companys la condición de haber sido entregados por los nazis a las autoridades franquistas con la connivencia, en mayor o menor medida, de las autoridades de la Francia de Vichy. Siempre con la presencia de uno de los policías más siniestros de la ya por sí siniestra dictadura como fue el inspector Pedro Urraca Rendueles.

Algunos de los viejos empleados de la embajada de España en Bélgica todavía se acuerdan de él y de cuando estaba incrustado en ella para, se decía, vigilar al exilio español en este país. Hay una biografía sobre dicho personaje, pero que no he tenido la menor curiosidad por leer. Quizá contenga más datos sobre el consejo de guerra y no sería correcto por mi parte no darla a conocer por si alguien de quienes me hacen el honor de leer estos posts quisiera consultarla.

Es imposible no aludir, en cualquier caso, al consejo de guerra paralelo al que fueron sometidos, entre otros, Julián Zugazagoitia, director del periódico El Socialista, ministro de Gobernación en el primer Gobierno Negrín y secretario general de Defensa Nacional en el segundo y tercero. O su compañero periodista, y también socialista, Francisco Cruz Salido. Como es archisabido, ambos fueron fusilados, en tanto que otras personas que los acompañaron en el respectivo consejo de guerra fueron posteriormente indultadas. Aparte de que los tres fueron acusados de haberse rebelado en 1936 y de que los ejecutaron vilmente con un mes de diferencia, ¿cabría determinar algún elemento en común o discrepante entre los inicuos procesos que llevaron a la muerte a Zugazagoitia, Cruz Salido y Companys?

Todavía cabría hacer una contextualización más amplia a dos niveles.

El primero sería comparar la causa contra Companys con la seguida en otros casos de los que conocemos los pormenores y la atmósfera en que tuvo lugar el consejo de guerra correspondiente. Sin entrar en honduras, en las que el historiador puntilloso debería profundizar, me vienen a la memoria los recuerdos del profesor Nicolás Sánchez- Albornoz (Cárceles y exilios, Barcelona, Anagrama, 2012) sobre el consejo de guerra que lo juzgó junto con otros trece encartados el 12 de diciembre de 1945. Este distinguido historiador hace un recuento completo de sus proclamadas actividades delictivas, sus experiencias en la cárcel, sus recuerdos de otros prisioneros que fueron ejecutados y su propio consejo de guerra en el que los juzgadores no sintieron la necesidad de tomar nota. En su caso la petición del fiscal de tres años se dobló a seis. También compara Sánchez-Albornoz la actitud de su defensor (que hizo un alegato probablemente tan corto como el que se dio en el caso de Companys) con el amplio escrito presentado por otro en la causa seguida contra el cineasta Ricardo Muñoz Suay y otros miembros del PCE. Este defensor desmontó punto por punto la acusación del fiscal. Fue el teniente Emilio Andrés Méndez Vigo y me pregunto si no sería familia del actual Ministro de Educación y Cultura.

El segundo nivel estribaría en encajar el consejo de guerra seguido contra Companys en la dinámica y procedimientos en boga al final de la guerra. Sobre estos temas la bibliografía es ya muy abundante. Son numerosos los investigadores que han trabajado en tales ámbitos. Aquí no sería procedente enumerar ni siquiera los más importantes. Me permitiré mencionar dos trabajos de síntesis, disponibles en internet, a los cuales pueden acudir los lectores que así lo deseen. Se trata de los artículos de Francisco Moreno Gómez “La gran acción represiva de Franco que se quiere ocultar” y de Juan José del Àguila Torres “La represión política a través de la jurisdicción de guerra y sucesivas jurisdicciones especiales del franquismo” en el número 1 extraordinario de la revista Hispania Nova (http://e-revistas.uc3m.es/index.php/HISPNOV/index). Los amables lectores me perdonarán que haga honesta publicidad de dicho número, escrito con la intención que se describe en mi prólogo.

El caso Companys es uno de los más sobresalientes de la inmediata posguerra, pero no cabe olvidar que fue solo una de las puntas de un iceberg de dimensiones inconmensurables y que solo en los últimos años ha empezado a emerger. Son pocos los que salen con honor entre los acusadores y jueces. Son infinitamente más abundantes los que perecieron delante de pelotones de ejecución al amparo de una legislación (que databa en ocasiones como el Código de Justicia Militar de finales del siglo XIX) utilizada torticera e ilegítimamente en contra de quienes no quisieron someterse a la dictadura militar que empezó a erigirse en la España sublevada en julio 1936.

Innecesario es señalar que no se ha escrito todavía sobre aquellos polvos todo lo que puede y debe escribirse para situar historiográficamente todos los sucesivos lodos. En nuestra modestia, tres colegas de aventuras archivísticas y servidor nos hemos conjurado para aportar nuestro granito de arena a resituar alguno. El resultado de nuestras pesquisas aparecerá, según nos dice CRITICA, en la segunda mitad del mes de enero. En estas semanas estoy abrumado trabajando sobre el índice onomástico y analítico que espero facilite la lectura. Confiamos en que el público nos haga el honor de adquirir el mamotreto de casi 650 páginas. Algunos se sentirán defraudados. Es posible que la mayoría no albergue tal sentimiento.

Un testimonio directo sobre el consejo de guerra hecho a Companys (y II)

7 noviembre, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Aparte la relevancia histórica de una figura como la de Companys el testimonio de una persona presente en el consejo de guerra al que fue sometido no es desdeñable. Afirmo esto porque no hay muchos casos en que los condenados por alguna de las múltiples parodias que los militares sublevados iniciaron tan pronto como estalló la rebelión de 1936 dejaran constancia de sus recuerdos de aquel encuentro, fatídico para tantos. Es verdad que un testigo avezado podría haber escrito muchas más cosas al cónsul general alemán en Barcelona, pero no hay que pedir peras al olmo. Probablemente al representante del Tercer Reich le interesaba más la atmósfera del consejo que los detalles jurídicos o técnicos que lo esmaltaron. El lector debe ser consciente de que las evidencias empíricas no son siempre de tal naturaleza como la que, muchos años después, desearían los historiadores. Con este caveat imprescindible, continúo la reproducción del testimonio.

“A las diez en punto se constituye el Consejo y pocos momentos después, conducido por la Guardia Civil y acompañado del teniente coronel gobernador de la fortaleza, es conducido. Companys anta aquel, atravesando la plaza de armas, procedente de su alojamiento.

La sala está atestada. Asisten unas trescientas personas, en su mayoría jefes y oficiales del Ejército. Hay algunos jefes y elementos de Falange, así como paisanos, perfectamente controlados. También concurren hasta una docena de señoritas.

Companys aparece sentado en el banquillo, siendo su aspecto normal si bien demacrado, ofreciendo su semblante un color terroso. Viste traje claro y calza alpargatas.

Previa la venia del presidente, comienza el instructor a leer el apuntamiento, que, aunque algo extenso, es concreto, determinándose en forma clara los antecedentes y actuación del encartado. Se leen también los informes de la Policía y Guardia Civil; también se citan declaraciones de algunos testigos, entre ellos Armenteros, capitán Bravo (sic), señor Sánchez Cañete y un funcionario del Ayuntamiento. Cuando tiene lugar la lectura del informe de la policía se hacen en él alusiones a la vida privada del encartado y este, entonces, se levanta de su asiento y pide permiso al presidente para decir que lo se ha leído es “canallesco y falso”. Pretende continuar, mas es invitado por aquel a sentarse, debiendo exponer lo que desee cuando le llegue su vez. Dice entonces Companys que nada manifestará entonces y se sienta.

Se lee también la declaración de Companys, en la cual resalta la conversación sostenida con el general Goded y cuando este fue trasladado a su presencia en el Palacio de la Generalidad. Dice Companys que, estando fracasado el Movimiento en Barcelona, el día 19, fue detenido el general Goded y conducido a su despacho, en donde aquel le manifestó que “la fatalidad le había vencido”; siendo entonces invitado por Companys a hablar por la radio para evitar todo derramamiento de sangre inútil a lo cual accedió voluntariamente el general, ya que ante le dijo aquel a este que no le coaccionaba para tal fin, contestando el mismo entonces que ya lo sabía, pues si esa hubiera sido intención no se lo hubiera tolerado.

Terminada la lectura por el juez, comienza el fiscal su acusación, en la cual se limita a citar los hechos que se deducen más o menos del apuntamiento, sin proceder a análisis profundos. Estima ha rozado el procesado el delito de traición, penado en el Código de Justicia Militar, al pretender desmembrar la Patria, e incluso inducir a determinada nación extranjera a declarar la guerra a España, pero más bien, dice, cae de lleno en el delito de rebelión militar, por todo lo cual solicita se le imponga al encartado pena de muerte.

La actuación del fiscal ha sido muy discreta, ya que esta se ha limitado simplemente a enumerar las actividades de Companys, mas en forma escueta y sin mayores complicaciones. Aparece el fiscal algo emocionado, careciendo de brillantez su informe.

El defensor, en forma muy breve y concisa, estima que su patrocinado es autor en todo caso del delito de auxilio a la rebelión con atenuantes, por lo que considera debe imponérsele la pena de veinte años y un día. Basa su informe en el hecho de que aquél ningún mal hizo directamente y siempre que pudo evitar sufrimientos a los perseguidos los realizó (sic).

Al terminar el defensor su informe, se dirige al procesado el presidente por si desea hacer alguna manifestación, levantándose este y dice: “La historia nos juzgará a todos; si se me condena a muerte, moriré por mis ideales, pero sin rencor”.

A continuación es despejada la sala, para deliberar en sesión secreta el Consejo. Pasa algún tiempo y no se reanuda la vista, por lo que los asistentes, que aun esperaban una nueva llamada, abandonan el castillo.

En el día de ayer vuelve a recibir la visita de sus hermanas Companys y habiendo entrado en capilla en las últimas horas de dicho día se despiden del mismo aquéllas en forma serena”.

 


COMENTARIO

Aquí termina la parte del informe relativa al juicio. Lo que sigue ya lo he reproducido hace dos semanas en el post que describe el fusilamiento.

¿Cómo enjuiciar el informe desde el punto de vista del historiador que busca evidencia primaria relevante de época (EPRE)? En lo que sigue haré unas breves consideraciones. No se trata aquí de dar ninguna lección de teórica. Esto es algo que me propongo hacer en un post ulterior. En primer lugar es preciso examinar la consistencia interna del informe.

1º En lo que se refiere al juicio por el Consejo de Guerra resulta evidente que el autor dejó de lado aspectos importantes. Por ejemplo, no dice nada acerca de cuándo sus miembros volvieron a reunirse para pronunciar sentencia. Esto puede deberse a varias circunstancias. Quizá no lo presenció y no se atrevió a poner por escrito algo que no había visto. Tal vez entendió que así correspondía mejor a la confianza que en él hubiera depositado el cónsul general alemán. O a lo mejor no tuvo curiosidad por enterarse vía algún otro asistente que hubiese presenciado el fallo. En todo caso, el informe no dice nada acerca de la forma en que Companys la recibió.

2º Paradójicamente estas carencias me llevan a pensar que el informe, tal y como se escribió, resulta creíble. El testigo da su testimonio de lo que ha visto y oído. Ahí se para. No va más allá. No inventa nada. La introducción solo sirve para poner de manifiesto los antecedentes de lo que él ha presenciado. Como es obvio que no estuvo en la Dirección General de Seguridad ni en la Comisaría de Policía ni sabía nada de cómo se llevó a cabo el apresamiento de Companys no hace la menor referencia a ello. El grueso de lo que escribió es, esencialmente, lo que vio.

3º ¿Contiene el informe contradicciones? La respuesta es negativa. La exposición discurre linealmente, en forma cronológica. Los aspectos atmosféricos, fáciles de captar pero que no se transcriben en la prosa judicial del consejo de guerra, reciben toda su importancia. Más, quizá, que la referencia a esta, que es minúscula, aunque no por ello intrascendente. Así, por ejemplo, el testigo describe la sala (pobretona). La alusión al carburo, por si se producía algún corte de luz, es sintomática. También alude a la concurrencia. Fue elevada. Trescientas personas suponen un conjunto numeroso. Su composición es la esperada, pero hay alguna sorpresa. La mayoría la constituyeron jefes y oficiales. Que hubiese falangistas no llama la atención. Cabe preguntarse quiénes habrían sido los civiles (paisanos). El testigo afirma que estaban perfectamente controlados. Esto significada que pudieron ser elegidos con sumo cuidado. Para mí algo muy revelador es que hubiera habido también “señoritas”. No por prejuicios misóginos, claro, sino porque el historiador debe preguntarse acerca de los motivos por los cuales se permitió su asistencia. ¿Estaban relacionadas con los miembros del Consejo de Guerra o militares asistentes? ¿Eran familiares de víctimas de la represión republicana? ¿Cómo se seleccionaron?

4º Muy significativos son los juicios de valor que hace el informante sobre la calidad de las exposiciones del fiscal y del defensor. El primero no le impresionó por su calidad. El segundo le resultó mejor. De la descripción se trasluce que los papeles fueron estereotipados. Que el fiscal acusara a Companys de traición por “querer desmembrar España” induciendo la intervención de una potencia extranjera está dentro de lo esperado. La dictadura siempre lanzó dardos y venablos contra la intervención soviética y proclamó a cuatro vientos la francesa (faltando gravemente a la verdad histórica), pero como desgraciadamente no he leído las actas del Consejo de Guerra, no puedo pronunciarme al respecto. Estaba dentro de lo “normal” que la acusación más potente fuese la de “rebelión militar”. Es un argumento que se encuentra ya en los primeros consejos de guerra desde agosto de 1936. Era dar la vuelta a la tortilla. Quienes se habían rebelado eran los leales a la legalidad. El mundo al revés. El Derecho retorcido como si fuera un calcetín que tirar a la basura. Incidentalmente, este es el argumento más sólido para defender la anulación de las sentencias emitidas por tales consejos, aunque todavía hoy sesudos juristas proclamen a los cuatro vientos que dicha anulación no procede.

5ª La defensa utilizó el único razonamiento posible en aquellas circunstancias. Reducir la acusación de rebelión a la de auxilio a la rebelión. Se hizo en numerosos otros Consejos de Guerra. La diferencia estribaba en que en este caso la pena prevista no era de muerte sino de prisión. Una diferencia sustancial para los encartados.

Podrían aducirse algunos puntos adicionales propios de la crítica interna, pero no son sustantivos. El informe puede considerarse como un documento de cierta importancia en cuanto se refiere a atmósfera y, sobre todo, al desmontaje del mito sobre la muerte de Companys con los pies desnudos pegados al suelo catalán. Sin embargo, de utilizarse como documento histórico habría que hacer otra cosa adicional que es la que da valor al trabajo del historiador. Me refiero a su contextualización. No cabe extraer grandes conclusiones de uno o dos o tres documentos considerados aisladamente. Incluso cuando resisten las pruebas relacionadas con la crítica interna.  Es preciso situarlos en contexto. Es lo que me propongo hacer en el próximo post desde un punto de vista más general.

Un testimonio directo sobre el consejo de guerra hecho a Companys (I)

31 octubre, 2017 at 8:23 am

Ángel Viñas

Me sugiere un amable lector que traiga a este blog la parte del informe del testigo que presenció el fusilamiento de Companys y que se refiere al Consejo de Guerra a que se le sometió. Lo hago para complacer esta petición con la esperanza de que pueda interesar a otros lectores. Cuando di a conocer el informe en diciembre de 1976 apenas si habíamos salido del dogal de la dictadura franquista. La ley Fraga de 1966 de prensa e imprenta estaba todavía en vigor y sus preceptos se cumplían, aunque ya no a rajatabla. Sin embargo, mi libro titulado EL ORO ESPAÑOL EN LA GUERRA CIVIL había sido secuestrado. Con ello quiero indicar que la publicación de aquel informe había de hacerse con cuidado, tanto por HISTORIA 16 como por quien esto escribe. Ruego, pues, tener en cuenta tal circunstancia. Precisamente para evitar posibles dificultades, el informe fue precedido de una larga introducción. Con ella comienzo este post. Lo continuaré en el próximo. 

 

“Terminada la Guerra civil española los servicios alemanes radicados en España desplegaron una actividad incesante de información acerca de las dificultades, las luchas y la situación del nuevo régimen. Con fáciles contactos en la Administración, en el partido único, en las fuerzas armadas y de seguridad, amparados en la germanofilia de ciertas capas de la población, los diplomáticos y agentes consulares alemanes, los servicios secretos y la Gestapo filtraron hacia Berlín una corriente continua de noticias en torno a la situación de España y los jalones más relevantes que la definieron.

Uno de los documentos más patéticos que, a través de la Embajada alemana en Madrid, encontró vía libre hacia Berlín y la Wilhelmstrasse es el que se refiere al juicio y ejecución de Luis Companys i Jover, el expresidente de la Generalitat de Cataluña, hace ahora treinta y seis años.

No hace mucho tiempo que Luis Romero, Josep M. Poblet y Josep Benet han rememorado los últimos momentos de Companys (1). Sus afirmaciones encuentran complemento en la nota entregada al cónsul general alemán en Barcelona por un testigo presencial -no identificado en los documentos consultados- del juicio y posterior fusilamiento.

Desde entonces, el Consulado germano en la Ciudad Condal se mantendría atento a las respercusiones que despertó la ejecución de Companys, remitiendo noticias a la Embajada en Madrid.

El juicio y ejecución del antiguo president la Generalitat quedó documentado ante el gran público en el denominado Libro blanco de Cataluña (2), gracias al acta del Consejo de Guerra que lo condenó a muerte. Mucho más tarde, el acta fue reproducida en otra obra de amplia difusión (3). Para complementar el seco documento jurídico, bien conocido, hemos exhumado la patética nota entregada al cónsul general alemán en Barcelona por la persona –“merecedora de toda su confianza”-, testigo presencial del juicio y de la ejecución.

El cónsul alemán atribuyó gran importancia al relato, lo calificó inmediatamente de secreto y lo remitió por vía segura a la Embajada en Madrid. Los servicios de inteligencia de Canaris fueron informados del caso.

El desarrollo del juicio y de la ejecución quedan ilustrados en el relato. El Consulado buscaría más noticias: las circunstancias detalladas en que tuvo lugar el Consejo de Guerra contra Companys se dieron a conocer subrepticiamente en un panfleto de la oposición, distribuído poco más tarde en Barcelona (…) Tanto la nota informativa como la traducción alemana del panfleto de referencia se encuentran entre el material procedente de los archivos de la Wilhelmstrasse, microfilmado por los aliados tras la segunda Guerra mundial. El documento en torno al juicio y a la ejecución de Lluis Companys  i Jover figura en su versión castellana original”.

Tal fue la introducción. Se observará el cuidado puesto en su redacción. Ningún adjetivo comprometedor. Referencia a obras previas, una de ellas ya publicada en España. Humildad. Simple deseo de aportar un nuevo dato hasta entonces desconocido. Lo que me había encontrado por casualidad. El número de HISTORIA 16 no tuvo problemas. Servidor, aparte del que me ocasionó el tema del oro, tampoco. La información sobre el consejo de guerra fue la siguiente que reproduzco en este y en el próximo post.

 

“D.C.I/3316

Barcelona, 15 de octubre de 1940.

NOTA INFORMATIVA

Informe: Sobre Luis Companys Jover

Procedente de la Dirección General de Seguridad, llegó hace unos quince días el que durante el período rojo fue Presidente de la Generalidad de Cataluña.

En esta ciudad debía incoarse el procedimiento correspondiente y verse el Consejo de Guerra que lo juzgase.

Durante la pasada semana se llevan a efecto las diligencias correspondientes, formulando sus conclusions provisionales tanto el fiscal como el defensor. Se señaló el día de ayer para la celebración del Consejo de Guerra.

Durante los breves días en que se procedió a recoger los datos necesarios y se han practicado las oportunas diligencias, Companys ha permanecido alojado en un departamento situado en el Castillo de Monjuich, próximo a la verja del rastrillo de la Plaza de Armas de dicha fortaleza. Como únicas visitas ha recibido las de sus dos hermanas residentes en esta ciudad, siendo atendido debidamente por los servicios de la prisión. En sus conversaciones se ha mostrado tranquilo y resignado ante su próximo fin. Se ha quejado del trato recibido en los calabozos de la Dirección General de Seguridad así como en la Prefectura de Policía de París. Decía que se le había exhibido como a una fiera o ejemplar raro.

Durante la corta estancia de Companys en Montjuich no ha tenido comunicación alguna con los demás detenidos, habiéndose observado en éstos determinada actitud, produciéndose un hecho -el de recibir aquél un escrito en el pan que le servían- y el cual no ha tenido trascendencia alguna.

En el día de ayer y a las diez horas se constituye el Consejo de Guerra que ha de juzgarle y el cual estaba formado por Generales y presidido por el de esta categoría Excmo. Sr. D. Manuel González y González. Las funciones de juez las desempeñó el general Puig, las de fiscal el teniente coronel del Cuerpo Jurídico Sr. Querol y las de defensor el capitán de Artillería, nombrado de oficio Sr. Colubí. Respecto a este ultimo, hay que hacer notar que durante los primeros días del Movimiento perdió a su hermano, capitán de la misma Arma, el cual defendiendo Atarazanas contra la horda roja murió en su puesto; las fuerzas que mandaba este capitán ocasionaron la muerte, el día 19 de julio, al tristemente célebre Ascaso, en cuyo lugar de caída, mortalmente herido, permanecieron depositados ramos de flores en los días siguientes a aquélla. El defensor, Sr. Colubí, le hizo presente esta circunstancia a Companys, si bien y a pesar de ello, le defendería como era su deber.

La vista tuvo lugar en el departamento situado en el frente sur del patio de armas del Castillo y muy próximo al ángulo oeste del mismo; exactamente en el mismo local en que estaba alojada la Sección de Transmisiones del Batallón de Montaña número 1 en el año 1930.

La sala es pequeña. Al fondo se sitúan las mesas para la presidencia, el juez, etc. etc. y en el resto del local hay colocadas sillas para los asistentes. El departamento ha sido recién blanqueado y pintadas sus puertas, así como instaladas luces eléctricas; ya que no tiene prevision de cualquier avería se observan unos “petromax” para sustituir al fluído eléctrico, si fuera necesario.

Prestan servicio extraordinario de vigilancia fuerzas del Ejército, distribuídas por el interior y proximidades de la fortaleza. En el patio de armas se halla formada una sección de la Guardia Civil, al mando de un official. La entrada en el Castillo está restringida a los que directamente intervienen en el proceso o servicio relacionados con él. No obstante, a media mañana, se permite el acceso de varios jefes y oficiales que acuden a presenciar el acto.

Poco antes de comenzar la vista se recibe la visita del gobernador militar de la plaza, el cual inspecciona los servicios establecidos y da algunas instrucciones relacionadas con los mismos. A continuación abandona el Castillo”.

(Continuará)

 

  1. En Historia y Vida, núm 100, julio de 1976, p. 26, en Vida I mort de Lluis Companys, Editorial Portic, Barcelona, octubre de 1976, y en Arreu, número cero, respectivamente.
  2. Ediciones de la Revista de Cataluña, Buenos Aires, 1956.
  3. Catalunya sota el régim franquista, Volum I, Éditions Catalanes de París, 1973, pp. 388-390.

El fusilamiento de Companys visto por un testigo

24 octubre, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Se ha conmemorado este año, en circunstancias de todos conocidas, el LXXVII aniversario del fusilamiento del antiguo president de la Generalitat de Catalunya. Estoy seguro de que los historiadores catalanes habrán escrito largo y tendido sobre su figura y su legado. Quien redacta estas líneas también ha escrito algo. No es el momento de entrar en ello. Lamento no haber podido concurrir antes a la conmemoración del aniversario. Al fin y al cabo, creo haber sido el primer historiador no catalán que publicó, en los albores mismos de la Transición, el testimonio sobre su fusilamiento elaborado al momento por un testigo ocular. Ignoro si la historiografía catalana especializada se ha hecho eco de él o no. Me he preguntado si no sería oportuno reproducirlo y, mis lectores me perdonarán, he llegado a una conclusión afirmativa. Ellos juzgarán.

El testimonio es parte de un documento que el testigo, no identificado, entregó al cónsul general alemán en una fecha anterior al 31 de octubre. El diplomático nazi afirmó que se trataba de un hombre de toda confianza. Aun así, debió de recabar más datos por otros conductos. En su escrito de transmisión, clasificado como secreto, a la embajada del Tercer Reich en Madrid afirmó literalmente que “en el informe no se incluye que Companys, con perfecta calma, fue fumando a la ejecución y murió con el grito “¡Viva Cataluña!”.

La parte del informe del testigo, escrito en castellano, que se refiere a la ejecución reza como sigue:

“Desde las últimas horas de la tarde se establece por las fuerzas de Asalto (sic) servicios de vigilancia en los alrededores del castillo y carretera que va al cementerio de Casa Antúnez. Llegan los forenses y el piquete de ejecución. Las personas que se mueven en las inmediaciones del sentenciado no duermen en toda la noche. Este sigue tranquilo y es asistido por dos capellanes militares, con los cuales conversa sobre materia de religión, admitiendo ha sido, en su vida, dominado por un confusionismo absoluto sobre tales extremos, mas conoce que es un gran pecador. Admite la preparación que le ofrecen los sacerdotes para recibir las sagradas formas. En la madrugada se dice misa, que es oída por el condenado a muerte; este confiesa y comulga. Terminada esta ceremonia, conversa con los que le acompañan, principalmente con los sacerdotes, que no se separan de él ni un momento; el defensor también le asiste en estos sus últimos momentos.

Dan las seis, hora señalada para la ejecución, pero aun es de noche. Se espera un poco más y veinte minutos después, según el reloj de la Plaza de Armas, se organiza la fúnebre comitiva. Companys sale de su alojamiento fumando un pitillo y sereno. Se inicia la marcha desde el rastrillo de entrada en el patio del castillo; rompe aquélla un soldado, llevando un crucifijo en alto; siguen otros dos, alumbrando el camino con dos potentes faroles de gasolina; a continuación, marcha el condenado con los dos sacerdotes y el defensor, seguidos por el juez, jefe de la fortaleza y diversos oficiales; cierra la marcha un piquete de la Guardia Civil al mando de un oficial.

Domina el silencio más absoluto y así se llega al pasadizo subterráneo que, descendiendo desde la explanada norte del castillo, comunica esta con el foso que da a la Exposición.

El descenso se efectúa lentamente y de uno en uno. Al llegar abajo solo se oye hablar animadamente al reo con los sacerdotes; incluso sonríe. En sus últimos pasos es invitado por sus confesores a que se desprenda de todo sentimiento material y eleve su alma a Dios.

Por fin se hace alto, se despide de sus acompañantes inmediatos y es conducido cerca del muro; su marcha es decidida; empieza a romper las primeras claridades del nuevo día; los zapatos blancos que lleva el condenado, así como el pañuelo de bolsillo, destacan claramente en la oscuridad.

Mira de frente al pelotón, sin titubeos, y al dar el oficial que manda el piquete la voz de firmes a sus fuerzas, levanta, se oye la voz de apunten y fuego (sic). La sentencia ha sido cumplida. Se acerca el oficial y dispara un tiro de gracia, que repite. Los forenses proceden a reconocer el cadáver, el cual es colocado en una camilla y cubierto por una manta colorada. Se la transporta a la ambulancia que le ha de conducir al cementerio.

Y así terminó su existencia el que en vida fue Luis Companys Jover”.

He reproducido el informe tal y como lo encontré, con la referencia a los Asaltos y la mala redacción de una frase.  Se halla en los Archivos Nacionales norteamericanos, Documentos secretos de la embajada alemana en Madrid, Legajo Innere Lage in Spanien: 7. 3. 39-9.41, Serial 492, fotogramas 232826 a 232831. Es verosímil, pero no lo he comprobado, que también se halle en los Archivos Nacionales británicos en Kew, cerca de Londres. La nota del Consulado General está en el fotograma 232825.

He señalado que el cónsul general indicó que el informe no contuvo el grito de “¡Visca Catalunya!”. Las razones son hoy difíciles de explicar. Quizá el informante, tan detalloso en ocasiones, no lo consideró importante.

Ahora bien, el Consulado General fue algo más allá. En el mismo serial, y en los fotogramas 232834 a 232836, aparece la traducción al alemán de una octavilla que no tardó en circular por Barcelona y que estaba fechada el 28 de noviembre. Llevaba por título “La verdad sobre el fusilamiento de Companys”. En lo que aquí nos interesa contenía los siguientes párrafos que he retraducido al castellano (tal vez el original estuviese escrito en catalán):

“El 15 de octubre, a las 6.30 de la madrugada, se le fusiló en los fosos del castillo, poco después de darle conocimiento de la sentencia (…) Poco antes de su muerte pidió permiso para descalzarse, con el fin de tocar con sus propios pies la tierra catalana al morir, afirmando: “Muero por Cataluña y por la República. Me alegro de poder morir en Cataluña y si algo me apena es el no haber podido hacer más por mis ideales. Valor a todos los que se quedan, esperanza y fortaleza. ¡Visca Catalunya!”

Evidentemente los dos textos no casan, salvo en la hora del fusilamiento. Algo, pues, no funciona. Los alemanes no dijeron nada sobre el origen y procedencia de la octavilla. Quien la escribió hubo de saber algo, pero no cabe descartar que distorsionara el amargo final. La imagen del reo que proclama sus convicciones al frente del pelotón de ejecución y que solicita permiso para pisar con sus pies desnudos la tierra catalana es una imagen potente. Quizá mítica. En todo caso, poderosa. ¿Responde a la realidad de los hechos?

Es la que ha sobrevivido. El exgobernador del Banco de España republicano durante la guerra civil, Lluis Nicolau d´Olwer, la reprodujo en sus Records de mestres i amics como sigue:

“… De tota la trajectòria de Lluis Companys una sola imatge, punyent, inesborrable, resterà a la memoria del nostre poble: la d´un home que a frec de la seixantena, grisos els cabells, brillants el ulls, que no s´ha deixat embenar, descalç per tal d´aferrar els peus a la terra pairal, cau afusellat a Montjuïc cridant -com un darrer clam d´amor, d´esperança y de fe – Visca Catalunya”.  

Todo colectivo humano tiene derecho a sus héroes. También a sus mitos. Una parte de la tarea del historiador estriba en ver lo que hay detrás de unos y otros. Del lado franquista, dos figuras fueron elevadas a cimas absolutamente inmarcesibles: José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco Bahamonde. Al primero ya se le ha hecho descender algunos peldaños de aquella inmensa altura. También se reconoce que, de cara al 18 de julio, los dos no se llevaron precisamente demasiado bien. Con respecto, ¡ay!, al segundo un grupo de colegas y servidor nos hemos entretenido en destripar varios de los mitos que aún le rodean. Quizá, con ello contribuyamos a bajarle todavía más del pedestal en que algunos siguen manteniéndolo. Es una tarea que sigue siendo tan necesaria hoy como ayer, pero esperemos que menos que mañana. Los lectores podrán ver el resultado de nuestros esfuerzos en una de las próximas publicaciones de CRITICA.

 

Nota: el documento anterior es parte de un artículo que publiqué, con una introducción ad hoc, en el número 8 de la entonces nueva y combativa revista Historia 16 en diciembre de 1976, un año después de la muerte de Franco, bajo el título “Juicio y ejecución de Companys”. También contenía un informe más amplio, fechado el 15 de octubre de 1940, sobre la detención y el consejo de guerra al que fue sometido. Ambos temas son conocidos hoy mucho mejor que entonces. Ignoro si alguien lo habrá integrado al acervo biográfico o historiográfico sobre la figura del político catalán. En la duda, me he abstenido de reproducirlo. Podría hacerlo, si los amables lectores están interesados, en un futuro post.

En recuerdo del profesor Manuel Tuñón de Lara y en la brega por recuperar el pasado

17 octubre, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

Voy haciendo un pequeño recorrido por libros que se me han ido acumulando encima de mi mesa en los últimos meses. En un post pasado me referí a uno, en el que he participado, sobre las relaciones internacionales y la Segunda República, sobre todo en la época de paz. Ahora toca el turno a otro libro, muy calentito pues acaba de salir al mercado, en el que también aparezco. Es mucho más grueso y aborda toda una serie de temas que pueden y, en mi modesta opinión, deben llamar la atención de todos los interesados por la historia contemporánea de España.

Se trata de una serie de trabajos coordinados por el profesor José Luis de la Granja, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco. Todos ellos giran en torno a la figura de Manuel Tuñón de Lara (a quien solíamos llamar cariñosamente pero siempre con respeto Manolo), uno de los maestros de referencia para los historiadores de mi generación.

No es el primer libro que se dedica a su memoria, pero ahora se cumplen veinte años desde su fallecimiento. José Luis, junto con Alberto Reig ambos discípulos directos en la Universidad de Pau, ha convocado a una quincena de historiadores, españoles y franceses, para que diserten sobre el estado actual de la historiografía propia acerca de la España del siglo XX (título de una de las obras más conocidas de Tuñón). La idea estribaba en alentar reflexiones sobre la obra tuñoniana o en invitar a que plasmen sus recuerdos de él como persona e historiador. Inevitablemente, también se solicitaron semblanzas autobiográficas en las que nuestro desaparecido amigo y maestro desempeñó un papel de primer orden. Es bonito leer a Joseph Perez, Paul Aubert y Jean-Michel Desvois, alumnos y/o amigos de Tuñón. El volumen, cuidadosamente editado y con un índice onomástico que permite satisfacer la curiosidad del lector, se lee con facilidad. Nadie ha querido cocer un ladrillo académico. Al contrario.

Fuera del mundillo de los especialistas, para quienes debiera de ser lectura obligada, ¿por qué es interesante este libro? En mi opinión, por cuatro razones.

La primera es porque permite acercar a las jóvenes generaciones una imagen vívida de la obra y carácter de uno de los historiadores malditos durante el franquismo. Puedo afirmarlo con cierta autoridad. En el breve lapso de tiempo en que, por azares del destino, me tocó abordar las responsabilidades de director general de Ordenación Universitaria y Profesorado (sobre lo que siempre me he negado a escribir) sondeé el terreno para ver si alguna Universidad estaba dispuesta a aceptar a Tuñón de Lara como catedrático extraordinario, sin que tuviera que financiar ella la cátedra con sus propios fondos. No sorprenderá a los amables lectores que me encontrase con una negativa cerrada. Ningún rector quiso dar la más mínima batalla por él. Si Manolo Tuñón finalmente recaló en la UPV fue gracias a los esfuerzos de otros amigos.

Uno de los más entrañables recuerdos que de él guardo es el de un viaje en autocar en Alemania, en junio de 1987, en el que íbamos los asistentes a un coloquio en Göttingen sobre la guerra civil con motivo del L aniversario (las actas las editaron Manfred Engelbert y Javier García de María en la editorial Vervuert).  Íbamos alegres y nos desgañitábamos con canciones de tiempos pasados. Tuñón, a quien yo no había oído nunca cantar, se despachaba a su gusto. Mi mujer tampoco lo ha olvidado hoy.

A Tuñón siempre lo pusieron como chupa de dómine los turiferarios del régimen. No faltaron los periodistas, de cuyo nombre nadie quiere hoy acordarse pero que empapelaban la corte de los milagros del simpar “Caudillo”. Todavía subsiste alguna que otra repercusión en una parte de la infraliteratura histórica que pulula por las librerías españolas. En parte porque Tuñón siguió una metodología marxista y porque fue uno de los introductores más comprometidos en la “gran batalla” por la historia social en España, episodio estudiado por Ángeles Barrio.

La segunda razón es porque varios de los capítulos de la obra presentan una visión razonada y crítica del estado actual de la historiografía española en temas relacionados con la Restauración (de Manuel Suárez Cortina), la República, la guerra civil, el franquismo (sumamente interesante el capítulo sobre este último debido a Glicerio Sánchez Recio, que nunca defrauda) y la transición. Son algo heterogéneos en extensión, ambiciones y tratamiento. Van precedidos por un encuadramiento de los nacionalismos, debido a la pluma del profesor Juan Sisinio Pérez Garzón. En general, los capítulos sobre historiografía son relativamente similares en longitud, salvo el relativo a la segunda República. Su autor, Eduardo González Calleja, ya catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, piensa que en la actualidad podría haber más de cinco mil títulos sobre el período. Descontada la guerra civil, de bibliografía inabarcable, se trata del régimen político que mayor atención ha suscitado.

La tercera razón es porque las diferencias entre la visión de unos y otros autores de los temas objeto de estudio ofrecen al lector la posibilidad de contrastar hasta qué punto difieren las aportaciones historiográficas. No existe una historia, con pretensiones científicas, que pueda caracterizarse como cerrada. No hay nada que cambie tanto como el pasado, ha dicho algún autor. No es ningún chusquero. Nuevos enfoques, nuevos descubrimientos y la creciente distancia cambian la percepción y la reconstrucción del pasado. Sucede no solo en historia contemporánea sino incluso en la comprensión de los albores de la humanidad. En consecuencia, hay que ser humilde y, con frecuencia, más que humilde.

La cuarta razón es porque la panoplia de la historiografía es auténticamente nacional, es decir, se concentra esencialmente en la hecha por autores españoles. Algo que, como ya he dicho tantas veces, jamás se lo propuso el franquismo. Bajo él lo que se escribió fue una historia oficial, desde presupuestos e intereses oficiales, y siempre a la mayor gloria del régimen. Los jóvenes historiadores españoles, para enterarse de por dónde iban los tiros, tenían que beber de las fuentes que abrían autores extranjeros, sobre todo británicos, franceses y norteamericanos.

Finalmente, porque el libro contiene recuerdos e historia sobre los famosos Coloquios de Pau. Unos encuentros en los que los historiadores del interior intercambiaban en libertad en el exterior, fuera del alcance de la thought police franquista, opiniones e información sobre sus temas de investigación y aprendían del contacto mutuo y con historiadores extranjeros, bajo la batuta de Manuel Tuñón. En este sentido, me parece una excelente idea el haber incorporado a este volumen un trabajo ya publicado, pero no demasiado conocido, del profesor Eloy Fernández Clemente sobre los coloquios y su propia experiencia en ellos, y los recuerdos de Carmelo Garitaonandía de la llegada de Tuñón al UPV.

La obra tiene una particularidad adicional. Es viva, tan viva como la vida misma. Contiene, de la pluma de autores como Santos Juliá o José Álvarez Junco, visiones que iluminan el camino que todavía queda por recorrer. Y ello es porque, como afirma el primero, hay partes de nuestro pasado inmediato, por ejemplo, la Transición, de los que todavía no puede hacerse historia propiamente dicha. A pesar de los cuarenta años transcurridos, los enfoques siguen estando todavía demasiado teñidos de política. Su capítulo, “De modelo a régimen”, es un ensayo brillante que levantará polémica. De lectura obligada.

Personalmente tengo que dar las gracias a Alberto Reig. En su brillante capítulo sobre el Tuñón de Lara que él conoció ha dejado espacio para uno de los episodios en que coincidimos los tres durante largo tiempo: la gestación de la serie documental titulada ESPAÑA EN GUERRA que proyectó TVE por el segundo canal coincidiendo con el L aniversario del estallido. A mí se me había olvidado ya que, en la etapa final, estaba tan agotado de viajar por Europa y Estados Unidos que, de vez en cuando, me quedaba frito durante las discusiones, antes de relanzarme en ellas. Los historiadores que participamos en el programa (algunos de los cuales por desgracia ya no están entre nosotros) supimos acercar posturas, conocimientos y desiderata para presentar un relato equilibrado con el que todos estuvimos contentos. No sé si hoy, treinta años más tarde, cuando se conocen muchas más cosas y se han aplicado nuevos métodos y enfoques ello sería posible.

¿Curiosidades? Destacaré dos: el análisis, debido a José Luis de la Granja, de la correspondencia cruzada entre Tuñón y Max Aub, muy reveladora del talante en un momento crucial de la evolución del pensamiento político entre exiliados, y la reproducción por parte de Francisco Rojas Claros de tres programas de radio de Tuñón emitidos por Radio París en los años 1961 y 1964.

Así, pues, si alguien quiere rememorar un pasado (que a muchos puede parecer lejano) pero que todavía pesa sobre nuestras cabezas, adentrarse en algunas de las querellas que lo entrecruzaron y aprender sobre cómo se escribe hoy la historia del mismo, no conozco mejor introducción que la que ha conseguido reunir el profesor de la Granja, antiguo becario del Gobierno francés en Pau. De verdad, no se la pierdan. Probablemente aprenderán y, algo de lo que estoy casi seguro, también disfrutarán.

 

José Luis de la Granja (coord.), LA ESPAÑA DEL SIGLO XX A DEBATE. HOMENAJE A MANUEL TUÑÓN DE LARA

Editorial Tecnos, Madrid, 2017, 438 pp.

¿De la tragedia a la farsa? No necesariamente

12 octubre, 2017 at 8:30 am

Ángel Viñas

He tratado de seguir la máxima de este blog (“La historia no se escribe con mitos”) bien consciente de que mitos y un tipo de historia van, con frecuencia, íntimamente ligados. En el post precedente anuncié que en el siguiente acudiría a algunos enlaces en red que me han parecido importantes para explicarme lo que ha ido ocurriendo en Cataluña. Mi selección es personal y no me la ha dictado nadie. Los historiadores del futuro distinguirán entre mito y realidad, pero los hombres que sufren la historia también tienen derecho a exponer sus opiniones en el momento de sufrirla. ¿No se acude con frecuencia a Chaves Nogales, a Orwell, a Zugazagoitia, a Arrarás o Aznar (Manuel)? Obraron como testigos, como hombres de su tiempo, comprometidos y trataron de dejar su interpretación de lo que habían vividoEl historiador viene después con su afilado cuchillo y los despedaza y pasa por el cendal. Lo mismo ocurrirá con lo que hemos presenciado en Cataluña. En cualquier caso, rompo con el ritmo de posts y publico este tan pronto como me ha sido posible. No sé lo que deparará el futuro inmediato.

En la actualidad, con la superabundancia de información, la interpretación del pasado va indisolublemente ligada a la conquista de la “hegemonía” del relato. Pero, mientras esa “conquista” se materializa o no, tenemos que apañarnos con lo que hay.

En lo que sigue van los enlaces que me han parecido más útiles. Distingo entre historiadores españoles con su visión del largo plazo y comentaristas extranjeros españoles que me han impresionado. Termino con una comparación que a muchos parecerá odiosa. No presentaré excusas por ella y, a diferencia de lo que he hecho siempre en otros posts, no me enzarzaré en discusión alguna.

Historiadores españoles

19 de septiembre. http://www.eldiario.es/politica/voy-proceso-independencia-Catalunya-imparable_0_688031278.html

21 de septiembre. http://www.eldiario.es/politica/Cataluna-referendum-Elvira-Roca_0_688031314.html

24 de septiembre. http://www.eldiario.es/politica/batalla-buenos-malos-posiblemente-perdamos_0_689431120.html

25 de septiembre. http://www.eldiario.es/politica/sustituido-democracia-parlamentaria-callejera-populista_0_690481573.html

Ensayistas españoles

27 de septiembre. http://www.revistadelibros.com/blogs/torre-de-marfil/cataluna-lo-posible-anterior-i

4 de octubre. http://www.revistadelibros.com/blogs/torre-de-marfil/cataluna-lo-posible-anterior-ii

29 de septiembre. http://www.revistadelibros.com/articulo_imprimible.php?art=1620&t=blogs

Ensayistas en el extranjero

24 de septiembre. http://www.liberation.fr/debats/2017/09/21/l-avenir-de-l-europe-se-joue-a-nouveau-en-catalogne_1597969

25 de septiembre. http://www.lefigaro.fr/vox/politique/2017/09/25/31001-20170925ARTFIG00131-referundum-catalan-l-independance-n-est-qu-un-slogan.php

4 de octubre. http://www.cer.eu/insights/crunch-time-catalonia-why-spain-needs-constitutional-overhaul

Los lectores advertirán que no he acudido a historiadores extranjeros. Salvo Paul Preston, no conozco a ninguno que pueda pronunciarse con autoridad sobre el trasfondo histórico de la presente crisis.

He leído diariamente, durante más de un mes, fuentes muy varias (El PaísLa VanguardiaEl ConfidencialPúblico entre las españolas y The GuardianThe Financial TimesPoliticoEuroActiv, entre las extranjeras). Ocasionalmente he echado vistazos a Le Monde, LibérationLe Figaro y Die Frankfurter Allgemeine Zeitung. He dejado de lado mi trabajo habitual, he escrito algunos posts en chats extranjeros y he guardado numerosos recortes.

¿Qué conclusión he sacado? Pues, ni más ni menos, que a lo que hemos asistido ha sido algo que ya planteó el profesor Javier García Fernández (El País, 31 de agosto, “El autogolpe independentista” y en otros anteriores y posteriores). Un golpe de Estado con un largo proceso de gestación. La continua alimentación de un movimiento de masas, el control de los medios de comunicación públicos y de la policía, la exaltación del “pueblo” y sus virtudes, el aprovechamiento de la crisis económica como preludio a un descabezamiento de la legalidad y de la institucionalidad no solo españolas sino, más sangrantemente, catalanas. Cuando me di cuenta escribí un artículo titulado “Berlín 1933-Barcelona 2017”. No se publicó.

La actitud del Gobierno español me recordó, salvando las distancias, a la del Gobierno republicano en 1936. Se enteró de por dónde iba la conspiración, pero no supo atajarla.

Esta tarde he visto en el canal del Parlament catalán su sesión. Desde el principio hasta el final. La propuesta del presidente Puigdemont no me sorprendió. Se había especulado con ella y dos informaciones aparecidas en la prensa me habían predispuesto a pensar que así ocurriría. ¿Cuáles fueron?

La primera una noticia aparecida en el Financial Times que reproduzco a continuación:

ADVERTENCIA DE MAS. EL EXLIDER CATALÁN EXPRESA PRUDENCIA SOBRE UNA “INDEPENDENCIA REAL”

Cataluña todavía tiene que mucho trabajo por delante antes de alcanzar una “real independencia”, según el expresidente de la región, y ello a pesar de “haberse ganado el derecho” de separarse de España.

Artur Mas -en la fotografía votando en el referéndum del pasado domingo- dijo ayer al FINANCIAL TIMES que la región también tenía que tener en cuenta la previsible reacción de Madrid. En afirmaciones que pueden entenderse como una llamada a la prudencia dijo que hay “algunas cosas que todavía no tenemos” y señaló temas tales como el control territorial, la recaudación de impuestos y el sistema judicial.

EL EX-LIDER DE CATALUÑA ACONSEJA PRUDENCIA

Mas afirma que la región se ha ganado el derecho a la independencia, pero advierte de la reacción de Madrid

Tobias Buck – Barcelona y Michael Stothard – Madrid

El ex líder catalán ha advertido de que la región todavía no está preparada para una “independencia real” cuando las empresas incrementan la presión contra el gobierno separatista para que retroceda de una ruptura total la semana próxima.

Las llamadas a los separatistas para que moderen o retrasen sus planes se produjeron en paralelo a la aprobación por el Gobierno español de un decreto-ley que facilita a las empresas trasladar sus sedes oficiales fuera de Cataluña (…)

En observaciones que cabe entender como una llamada a la prudencia Artur Mas, expresidente y exdirigente del PDeCat, proindependentista y que gobierna la Generalitat, afirmó que la región todavía tiene que sentar las bases de “una independencia real”.

El Sr. Mas dijo al FT que la región “se había ganado el derecho de convertirse en un Estado independiente” pero reconoció que hay un debate entre los dirigentes catalanes sobre si ahora es el momento de proclamar una DUI o no. Subrayó también que era preciso ser pragmáticos y tener en cuenta la posible reacción de Madrid.

“Lo importante es que la declaración produzca un país que sea realmente independiente y para ser independiente hay que tener algunas cosas que todavía no tenemos”, tales como el control del territorio, la recaudación de impuestos y el sistema judicial. Seguidamente añadió: “Nos hemos ganado el derecho de ser un país independiente. La cuestión ahora es cómo ejercemos tal derecho y en esto evidentemente hay que tomar algunas decisiones. Tales decisiones deben tener un único objetivo: no se trata tan solo de proclamar la independencia sino de cómo podemos convertirnos en un país auténticamente independiente”.

Los elementos duros de las CUP piden una rápida ruptura con España, pero Carles Puigdemont (…) se ha visto sometido a una creciente presión por parte de sus aliados más moderados para que retrase la declaración.

Santi Vila, otro miembro del PDeCat, también ha solicitado más tiempo para el diálogo afirmando que una DUI conduciría a la “suspensión de la autonomía” y a conflictos callejeros…”

Apareció en la edición del fin de semana, 7 y 8 de octubre de 2017, 1ª y 2ª página.

La segunda es más enjundiosa. Se debe al profesor Andreu Mas-Colell, excatedrático de economía en la Universidad de Harvard y exconsejero de Universidades primero y de Economía después con el expresidente Mas.

EL PRIMER DÍA DE LO QUE VENDRÁ DESPUÉS

¡Qué día! ¡Orgullo! Es el sentimiento después del 1-O. Un pueblo que se comporta como ayer lo ha hecho el catalán no podrá ser vencido. Hoy hemos alzado muy altas la cabeza y la moral. Hoy somos más fuertes y hemos de sentirnos más seguros que hace un mes. El camino hacia el 1-O y el 1-O mismo han generado un impacto tal en la opinión pública internacional que no favorece nada al gobierno central. La actuación del gobierno español (la brutalidad, las acusaciones de sedición…) ante una movilización ejemplar de la gente ha servido de acicate. Cataluña ya figura en la lista de problemas en los cuales Europa sabe que tarde o temprano tendrá que implicarse.

Un referéndum punto por punto no hemos conseguido hacerlo. Siempre hemos sabido que el gobierno del PP podría desnaturalizarlo, dispuesto como estaba a aceptar el coste de ponerse en evidencia internacionalmente. Lo estaba y lo ha estado. Ellos sabrán lo que se hacen.

Y nosotros, ¿qué haremos ahora? Más allá de las reacciones de protesta que puedan tener lugar esta semana, una opción es mantener un posicionamiento ofensivo y encaminarse directamente a la DUI. Al fin y al cabo, la independencia tiene mayoría en el Parlament y si se nos impide sistemáticamente hacer el referéndum que correspondería no podemos paralizar todo dando la clave de nuestro futuro a quienes no nos toman en consideración. No discutiré, por lo tanto, la legitimidad de la DUI. Sin embargo, creo que la pregunta que hemos de plantearnos es otra, y es la de la oportunidad. ¿Qué nos aporta una DUI inmediata? Quizá decepcione a alguno si digo lo que para mí es evidente: de aquí a un mes Cataluña no será independiente. Si no hemos tenido fuerza suficiente para hacer el referéndum que queríamos difícilmente la tendremos para proclamar y consolidar un Estado independiente. En sí misma esta observación no descalifica la opción de la DUI. Se puede argumentar que un final de etapa épico merece la pena. Tampoco lo discuto. Si el gobierno central continúa cometiendo errores lo tenemos garantizado. Sin embargo, puede ser un final patético si no comete tantos, con un govern de la Generalitat a merced del viento (“twisting in the wind”, dicen los ingleses), expuesto a la penosa evidencia de no poder contar con la plena obediencia de jueces, policías o empresas (a la hora, por ejemplo, de recaudar impuestos) y perdiendo, día tras día, el apoyo internacional que ha ido ganando. La DUI a corto plazo es, pues, un riesgo que cabe evaluar con la cabeza fría y sin confiar en exceso en los errores del adversario.

Peor que la DUI misma sería que la hiciéramos a falta de otra cosa. Se ha impuesto en demasía la idea de que el govern de la Generalitat solo tiene dos alternativas: la DUI o convocar unas elecciones autonómicas que, inevitablemente, llevarían acarreada una derrota y el retorno a la política autonómica tradicional. Sin embargo, en las circunstancias actuales de después del 1-O existen otras opciones.

Un solo ejemplo. Imaginemos que se anuncia, con cierta solemnidad, que no se renuncia a nada pero que, durante algún tiempo, entre uno y dos años, no se recurrirá a la unilateralidad (podría decirse una “suspensión activa y temporal de la unilateralidad”). Se trataría de un mensaje que se enviaría bien alto a los ciudadanos de Cataluña, como de España, y sobre todo del mundo. Por descontado continuaríamos luchando contra todas las agresiones, pasadas y futuras, a la Generalitat, y persistiríamos en hacer oir nuestra voz por todas partes (esta es la parte “activa”).  ¿Por qué proceder así?: pues porque siempre hemos sabido que la lucha sería larga, porque conviene mantener las estructuras de resistencia, para ir sumando sectores catalanes que todavía no han dado un paso adelante o que están dándolo en este momento y, sobre todo, porque eso será aplaudido en un mundo que fijará su mirada en el gobierno español con la esperanza de que aprovechará lo que se interpretará como una mano extendida. A los ojos europeos, y del mundo, la posición catalana del conflicto se cargaría de razón. Hago constar que no es lo mismo un encadenamiento de movimientos tácticos en el día a día que implique, de facto, la ausencia de unilateralidad durante un cierto período, que una situación en la que se hace un anuncio previo de no unilateralidad para el mismo período.  Lo segundo tiene mucha más fuerza y alcance estratégico. Indica que seguimos tomando la iniciativa y que no vamos a remolque. También creo que no se debería ir más allá de los compromisos previos. Al final del período todo queda abierto.

Si no se sigue el camino de la DUI el horizonte máximo de unas elecciones autonómicas sería de dos años. Cabría, claro es, sopesar la posibilidad de ir a elecciones a corto plazo. Sé que es peligroso y yo mismo he escrito que si el president acaba disolviendo el Parlament y convoca elecciones autonómicas sería una señal de derrota. Por tanto, habría que ser muy cuidadoso. Después de un 1-O que nos enorgullece y nos fortalece, unas autonómicas no serían un paso atrás si, y solo si, se cumple una condición: que Junts pel Sí vuelva a presentarse con un programa similar al que acabo de describir, y que, como el 27-S, volviéramos a darles un carácter plebiscitario. Como ya dijimos el 27-S, si no pueden contarnos en un referéndum nos contarán aprovechando procesos electorales imposibles de prohibir. Añado un matiz importante: si el gobierno de Madrid pretende destituir al president o al vicepresident, entonces el camino de las elecciones ya no tendríamos que abordarlo. Les facilitaríamos la tarea.

Tampoco hemos de olvidar que en el 2019 hay elecciones europeas, otra magnífica oportunidad para contarnos y enviar un mensaje potente de la vocación europea de Cataluña. Tengámoslo bien presente: habiendo llegado adonde hemos llegado, Europa es un factor determinante de nuestro futuro.

Este artículo se publicó en el periódico ARA el 2 de octubre, al día siguiente del referéndum. Obsérvese la combinación: orgullo, tono épico, afirmación de la legitimidad del resultado, creencia en la necesidad de una DUI, pero prudencia, exquisita prudencia. Cataluña, como afirmaría el Señor Mas pocos días después, todavía no está lista para convertirse en un estado. Tiene que desarrollar las imprescindibles estructuras y eso lleva tiempo. LO NECESITA.

Al tiempo han ocurrido algunos fenómenos no demasiado bien previstos. El discurso del rey; las duras advertencias de la UE y de algunos Estados Miembros, en particular Alemania y Francia; el goteo de los cambios de residencia social de grandes empresas catalanas, incluido el grupo Planeta, con el que publico mis libros; la preocupación suscitada por la huelga general; el ascendente que parecían conseguir las CUP para crear una República que se saldría del molde europeo occidental; los cada vez más alarmados editoriales de La Vanguardia; el poder del Estado y una determinación creciente del Gobierno de Madrid para tomar medidas y restablecer el orden constitucional.

Pero, claro, hay que salvar la cara. De aquí la alambicada formulación del president del Govern, suscrita por 72 parlamentarios catalanes. No será atendida. En mi modesta opinión, el golpe de Estado parlamentario del 6/7 de septiembre, aprobado por los mismos firmantes de la declaración de independencia con efectos suspensivos, fue un gravísimo error de la Generalitat que la ha manchado irremediable y trágicamente. No pueden coexistir dos legalidades contrapuestas en un territorio, sobre todo si una de ellas carece de títulos suficientes de legitimidad.

Es temprano para saber si hemos asistido a una farsa o no. Escribo estas líneas a las 10.30 de la noche del 10 de septiembre. Pero no cabe olvidar que las repeticiones pueden terminar mal. El intento de golpe de Estado “legal” de Franco en febrero de 1936 desembocó en otro sangriento (la farsa precedió a la tragedia). El del 23-F fue una farsa del principio al fin. La concatenación de conductas individuales y colectivas en condiciones dadas como las que existen hoy en España no ha terminado de producir efectos. ¿Pasaremos de la tragedia a la farsa? El futuro está abierto. Lo hacen los hombres y mujeres, pero en condiciones dadas. Su libertad no es omnímoda. Lo dijo un señor barbudo a mitad del siglo XIX.